Chris Kraus, una escritora entre la autobiografía, la crítica y el true crime

by Uve Magazine

Chris Kraus es escritora, crítica cultural y una de las autoras estadounidenses que con mayor libertad ha trabajado en los límites entre ficción, autobiografía y ensayo. Antes de publicar novelas estudió interpretación y pasó casi dos décadas realizando performances y películas experimentales en Nueva York; más tarde se trasladó a Los Ángeles, donde comenzó a escribir. Desde 1990 es coeditora de Semiotext(e), editorial independiente muy vinculada al pensamiento contemporáneo y a la experimentación literaria. Ha sido becaria Guggenheim, ocupó en 2019 la Cátedra Mary Routt de Escritura en Scripps College y fue escritora residente en ArtCenter College entre 2020 y 2024. Su obra ha sido traducida a diecisiete idiomas.

Su trayectoria literaria comenzó relativamente tarde. Kraus había desarrollado ya una carrera dentro del cine experimental y la crítica cultural cuando publicó, en 1997, Amo a Dick, el libro que acabaría convirtiéndola en una autora de culto. La novela parte de una situación autobiográfica: una cineasta casada, cercana a los cuarenta años, se enamora de un conocido intelectual y comienza a escribirle cartas, algunas de ellas junto con su marido. Sin embargo, aquello que parecía una historia de obsesión sentimental terminaba interrogando el deseo femenino, las relaciones de poder, el fracaso artístico y la posibilidad de convertir la propia intimidad en literatura. Semiotext(e) define precisamente el libro como una ruptura de la separación tradicional entre realidad y ficción, privacidad y expresión personal.

El reconocimiento no fue inmediato. Amo a Dick necesitó años para encontrar a sus lectores y convertirse en una referencia para una nueva generación feminista; su adaptación televisiva en 2016 volvió a situarlo en primer plano. Aquel éxito tardío resulta importante porque buena parte de la literatura posterior de Kraus continúa interrogando un problema que ya estaba allí: qué ocurre cuando una autora utiliza su propia vida sin convertir necesariamente el resultado en unas memorias. Dosier de prensa Los cuatro pas…

En Aliens & Anorexia y Sopor siguió borrando esas fronteras. Narración, ensayo, arte y experiencia personal comenzaron a mezclarse hasta formar una escritura en la que el argumento convencional importaba menos que las relaciones que podían establecerse entre materiales aparentemente alejados. Kraus no abandona nunca lo autobiográfico, pero progresivamente deja de utilizarlo únicamente como centro de la narración para convertirlo en una vía de acceso a asuntos sociales, culturales y políticos más amplios.

Ese cambio resulta especialmente visible en Verano del odio. La novela presenta a Catt, alter ego de Kraus, que viaja a Albuquerque y entra en contacto con Paul, un hombre que ha pasado por prisión. A partir de esa relación aparecen el sistema penal estadounidense, la desigualdad, la propiedad inmobiliaria y las diferencias de clase. La propia presentación de Semiotext(e) subraya ese intento de Catt por aproximarse a una realidad estadounidense que siente más concreta que el mundo de la crítica académica y artística en el que se mueve. Catt reaparecerá años después en Los cuatro pasaron el día juntos. Dosier de prensa Los cuatro pas…

Entre ambas novelas se encuentra también un libro fundamental para comprender la evolución de Kraus: After Kathy Acker, publicada en 2017. En esta biografía literaria de la escritora experimental Kathy Acker recurrió a una amplia investigación de archivo y a conversaciones con amigos y colaboradores de la autora. La experiencia personal dejaba así espacio a otra forma de escritura: observar una vida ajena mediante documentos, testimonios y restos del pasado para reconstruir, al mismo tiempo, el ambiente cultural de una época.

Ese interés por la investigación alcanza otra dimensión en Los cuatro pasaron el día juntos. Kraus comenzó el proyecto pensando en escribir un libro de true crime, a partir de un asesinato cometido en 2019 por tres jóvenes en Iron Range, una antigua región minera de Minnesota. Sin embargo, durante la investigación descubrió que el paisaje de aquellas pequeñas poblaciones obreras le recordaba al Connecticut de su infancia, antes de que su familia emigrara a Nueva Zelanda. “Tal vez todo era el mismo libro”, explicaría después. Dosier de prensa Los cuatro pas…

La novela comenzó entonces a ampliarse. Al crimen se sumaron la historia de sus padres, su infancia, la desindustrialización estadounidense, la pobreza rural, la metanfetamina, la política, las redes sociales y el deterioro de su matrimonio con un hombre afectado por la adicción. En una entrevista con The New Yorker, Kraus explicó además las dificultades de escribir hoy un true crime siguiendo modelos clásicos como A sangre fría: las personas son mucho más conscientes de las consecuencias públicas de sus palabras y resulta cada vez más complicado obtener la clase de testimonios en los que se apoyaban aquellas investigaciones.

Por eso Los cuatro pasaron el día juntos supone un cambio y, al mismo tiempo, una continuación. En Amo a Dick, Kraus comenzó por su propia intimidad para terminar hablando del mundo que la rodeaba; casi treinta años después inicia el recorrido desde fuera, desde un asesinato y las vidas de unos desconocidos, y termina regresando a su familia y a sí misma. Ella prefiere hablar de «novela de no ficción» antes que de autoficción, porque su escritura trabaja con diarios, entrevistas, documentos y hechos reales que después reorganiza.

Por eso, su incursión en el true crime no supone una ruptura, sino una evolución lógica de su obra. Kraus lleva décadas utilizando vidas concretas —la suya o la de otros— para observar cuestiones más amplias: la clase social, la violencia, la adicción, la desigualdad y las tensiones de la sociedad estadounidense.

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