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Manuel Moretti (Estelares): “Lo único que me importa es la verdad que esconde una melodía
Estelares está de gira por Europa presentando Los Lobos, su décimo álbum de estudio: empiezan el 3 de septiembre en Barcelona, dentro de Cosquín Rock, y en cuatro días pasan por Madrid, Londres y Berlín. Aprovechando su paso por Barcelona, hemos hablado con Manuel Moretti, líder y compositor de la banda, sobre la gira, el nuevo disco y treinta años de carrera. Este es un adelanto; la entrevista completa se publicará en el próximo número impreso de Uve Magazine.
Empezáis esta gira europea el 3 de septiembre en Barcelona y, en cuatro días, pasáis por Madrid, Londres y Berlín. ¿Cómo afrontáis una gira tan concentrada y con públicos que, en principio, pueden ser bastante diferentes entre sí?
Manuel Moretti: Mirá, a esta altura de nuestras vidas lo afrontamos, ante todo, con mucha gratitud y como un hermoso juego de resistencia. Es verdad que es una locura: cuatro ciudades en cuatro días, cambiar de hotel, de idioma, de clima mental. Pero el público, en el fondo, no es tan distinto si viene a buscar lo mismo. Nosotros hacemos canciones populares y tanto en Londres como en Berlín tocaremos en salas de 400 personas principalmente para un público argentino. Estelares es una banda de pop-rock que busca la emoción, y la emoción es un lenguaje universal.
La gira llega con Los Lobos, vuestro décimo álbum de estudio. Después de tantos discos, ¿qué tenía que aportar este para que sintierais que valía la pena grabar otro álbum de Estelares?
MM: Cada disco nuevo es, ante todo, una necesidad biológica y de salud mental para mí. Yo compongo todo el tiempo para ganarle a la neurosis, para ordenar el caos que tengo en la cabeza. Los Lobos tenía que aportar frescura y, sobre todo, verdad. No queríamos repetir fórmulas mecánicas. Sentíamos que después de la densidad y el aire apocalíptico de Un mar de soles rojos (que fue un disco muy pandémico), necesitábamos volver a juntarnos como manada a tocar el rock y el pop que nos gusta, con más aire, con más espacio para que respiren los instrumentos.
En tus influencias conviven músicos como Spinetta, Miguel Abuelo o Lou Reed con Leonardo Favio, Roberto Carlos o la tradición de la canción romántica. ¿Te has considerado siempre un músico de rock o te reconoces más como un compositor de canciones?
MM: Yo me reconozco, ante todo y por sobre todas las cosas, como un hacedor de canciones. El rock es una actitud, es una cultura en la que me crié y que me encanta, por supuesto. Adoro a Lou Reed y a Charly García. Pero a mí me conmueve el melodrama, la canción popular melódica. Para mí, Leonardo Favio o Roberto Carlos son tan rockeros y tan inmensos como Spinetta. Lo que yo busco es la melodía perfecta que te estruje el corazón, esa que escuchás en la radio mientras lavás los platos y te hace llorar. Los géneros son etiquetas para las disquerías; a mí lo único que me importa es la verdad que esconde una melodía.
Cuando vuelves a cantar una canción escrita por el Manuel Moretti de hace veinticinco o treinta años, ¿sigues reconociendo a la persona que la escribió o hay momentos en los que te resulta casi ajena?
MM: Es una pregunta muy profunda. Hay momentos en los que me da un poco de pudor o ternura escuchar al Manuel de los 90, porque veo a un tipo roto, desesperado, buscando la salvación a los gritos. A veces me siento ajeno a esa desesperación porque hoy tengo una vida más ordenada, tengo a mis hijas, tengo otra paz. Pero cuando canto esos temas arriba del escenario, la conexión vuelve a ser total. Es como mirar una foto vieja: cambiaste, tenés más arrugas, pero los ojos siguen siendo los mismos.
La entrevista completa a Manuel Moretti, muy pronto, en el próximo número impreso de Uve Magazine.
Imagen de Martín Bonetto
Amon Amarth ha publicado «Eight Legs of Thunder», nuevo adelanto de The Allfather Awakens, el próximo álbum de la banda sueca, que verá la luz el 2 de octubre a través de Metal Blade Records. El lanzamiento llegará acompañado de una gira europea que pasará por Barcelona y Madrid en noviembre.
La nueva canción parte de Sleipnir, el caballo de ocho patas asociado a Odín en la mitología nórdica, uno de los motivos que han acompañado a Amon Amarth a lo largo de buena parte de su trayectoria. Musicalmente, «Eight Legs of Thunder» recupera algunos de los elementos más reconocibles del grupo, con un riff construido sobre un ritmo de galope y un estribillo pensado para el directo.
El videoclip, dirigido por Dariusz Szermanowicz, traslada esta referencia mitológica a un escenario bastante distinto del habitual imaginario vikingo de la banda. La historia se desarrolla como un western contemporáneo, entre carreteras, camionetas y personajes inspirados en el cine del Oeste, mientras Sleipnir aparece integrado en una secuencia de carácter fantástico.
«Eight Legs of Thunder» es el último adelanto de The Allfather Awakens, un disco formado por diez canciones en el que Amon Amarth vuelve a utilizar la mitología y la historia nórdicas como punto de partida. Odín ocupa de nuevo una posición central en las letras y en la iconografía del álbum, aunque la banda aclara que no se trata de un trabajo conceptual, sino de una colección de historias relacionadas con el conflicto, el sacrificio y los relatos del mundo antiguo.
El grupo ha introducido también algunos cambios en su proceso de composición. El álbum fue grabado en dos sesiones, separadas por varios meses, en el estudio del productor Jacob Hansen en Dinamarca. Parte del material comenzó a escribirse durante las giras, en lugar de esperar al regreso de la banda al estudio, y cada canción fue trabajada de manera independiente. En las guitarras, Amon Amarth ha buscado además un sonido algo menos moderno, recuperando amplificadores Marshall.
El nuevo álbum incluye canciones ya presentadas como «Gjallarhorn», «Upphaf» y «We Rule the Waves», además de temas como «Kvasir’s Blood», «Die With a War Cry», «Raven God», «Oden’s Hunt» y «Ascending Like an Eagle».
Tras la publicación de The Allfather Awakens, Amon Amarth recorrerá Reino Unido y Europa durante octubre y noviembre con una nueva producción escénica inspirada en el salón dorado de Odín. La gira llegará a España los días 13 de noviembre, al Sant Jordi Club de Barcelona, y 14 de noviembre, a Vistalegre en Madrid, antes de continuar hacia Lisboa.
Formados en Tumba, Suecia, en 1992, Amon Amarth han construido durante más de tres décadas una de las carreras más reconocibles del death metal melódico europeo. La formación actual está integrada por Johan Hegg, Olavi Mikkonen, Johan Söderberg, Ted Lundström y Jocke Wallgren.
Estelares regresa a Europa con cuatro conciertos en septiembre
La banda argentina Estelares volverá a Europa este mes de septiembre con una gira que pasará por Barcelona, Madrid, Londres y Berlín. Con casi tres décadas de trayectoria, el grupo liderado por Manuel Moretti mantiene una posición destacada dentro del rock argentino y ha construido un repertorio en el que conviven el rock, el pop y la canción de autor.
La gira comenzará el 3 de septiembre en Barcelona, dentro de Cosquín Rock, continuará el día 4 en la Sala Uni de Madrid y seguirá después por Londres, donde actuarán el 5 de septiembre en Oslo, y Berlín, con un último concierto el día 6 en Badehaus.
Formados en La Plata, Estelares han desarrollado una trayectoria marcada por el peso de las melodías y por unas letras que se han convertido en uno de los rasgos más reconocibles de la banda. Discos como Sistema Nervioso Central, Una temporada en el amor, Las antenas o Un mar de soles rojos han acompañado distintas etapas de su carrera, mientras canciones como “Ella dijo”, “Un día perfecto”, “Aire”, “Es el amor”, “Cristal” o “Las trémulas canciones” forman parte de su repertorio más conocido.
A lo largo de estos años el grupo también ha colaborado con músicos españoles, entre ellos Enrique Bunbury, en “Aleluya”, y Nacho Vegas, en “200 monos”, dos conexiones que refuerzan el vínculo de Estelares con el público de este lado del Atlántico.
La gira europea de 2026 será, por tanto, una nueva oportunidad para reencontrarse con una banda que ha mantenido una presencia constante dentro del rock en español y que llega a estas cuatro ciudades con buena parte de su historia sobre el escenario.
Murió el 14 de agosto, aunque la noticia de su muerte se conoció días después. Yayoi Kusama tenía noventa y siete años y, según el comunicado difundido por su estudio, continuó pintando hasta sus últimos días. Hay algo apropiadamente kusamiano en esa última imagen: una mujer frente a un lienzo, todavía haciendo aparecer puntos, flores, calabazas y redes que comenzaron perteneciendo a un universo privado y terminaron formando parte del nuestro.
Se marcha una de las artistas más reconocibles de nuestro tiempo, pero también una pionera que entendió antes que muchos que el arte podía escapar de los museos. Podía vestirse, caminar por las calles, ocupar un escaparate, entrar en una casa. Podía multiplicarse hasta el infinito.
Kusama pasó buena parte de su vida mirando aquello que los demás no podían ver.
Desde niña experimentó alucinaciones. Las flores podían cubrir una habitación; los patrones se desprendían de los objetos y se extendían por las paredes, el techo, las ventanas y su propio cuerpo. Para otros, aquellas visiones habrían sido únicamente una amenaza. Para Kusama se convirtieron en una forma de conocimiento.
Pintó lo que veía.
Y descubrió que una obsesión podía convertirse en lenguaje.
Nació en Matsumoto, en 1929, en una familia conservadora que no recibió con entusiasmo su deseo de convertirse en artista. Más tarde llegaría Nueva York, donde en los años cincuenta y sesenta se encontró con una escena artística masculina, competitiva y extraordinariamente fértil. Kusama no llegó allí para ocupar un lugar: tuvo que inventárselo.
Lo hizo con una mezcla de obstinación y extravagancia.
Esculturas blandas de formas fálicas, performances, desnudos, redes infinitas y superficies enteras invadidas por puntos. Su obra tenía algo de juego infantil y, al mismo tiempo, algo profundamente inquietante. Parecía alegre hasta que uno se detenía a mirar.
La repetición se convirtió en su método.
Repetir una forma hasta el agotamiento. Cubrir una superficie hasta hacerla desaparecer. Multiplicar un objeto hasta que dejara de ser un objeto. El punto dejaba de ser un punto y se convertía en multitud; la multitud terminaba borrando al individuo.
Kusama llamó a este proceso self-obliteration: la desaparición del yo.
Quizá por eso sus habitaciones infinitas resultan tan hipnóticas. El espectador no contempla simplemente una obra: entra en ella. Los espejos multiplican las luces y el cuerpo hasta hacer desaparecer, durante unos instantes, la frontera entre quien mira y aquello que está mirando.
La experiencia es hermosa, pero también ligeramente inquietante.
Como casi todo en Kusama.
Su historia en Nueva York tuvo además una herida más difícil de cerrar. En una escena dominada por hombres, vio cómo determinados procedimientos que ella había explorado eran retomados por artistas masculinos que obtenían una atención y un reconocimiento que a ella le habían sido negados.
Andy Warhol, Claes Oldenburg o Lucas Samaras formaban parte de aquel mundo que Kusama observaba con una mezcla de fascinación y desconfianza.
La cuestión no era únicamente quién había llegado primero.
Era quién tenía derecho a ser escuchado.
Kusama regresó a Japón después de aquellos años y, tras un periodo de gran dificultad, ingresó voluntariamente en una institución psiquiátrica de Tokio. Allí encontró una estructura que le permitió continuar trabajando y, sobre todo, preservar una rutina artística.
Mientras el mundo del arte avanzaba sin ella, Kusama siguió pintando.
Y después, inesperadamente, el mundo regresó.
En 1993 representó a Japón en la Bienal de Venecia. Llegaron después los grandes museos, las exposiciones multitudinarias y una popularidad que acabaría desbordando el territorio del arte contemporáneo.
La artista que había trabajado durante décadas en los márgenes se convirtió en una de las imágenes más reconocibles de la cultura popular.
El museo salió a la calle
Fue su encuentro con Louis Vuitton el que llevó esa transformación a una escala global. Marc Jacobs, entonces director creativo de la maison, conoció a Kusama en Tokio y quedó fascinado por su energía creativa. En 2012, sus lunares llegaron a bolsos, vestidos, abrigos, zapatos y accesorios, mientras los escaparates de Louis Vuitton se transformaban en grandes superficies cubiertas por su universo visual.
Lo interesante de aquella colaboración no era solamente que el arte apareciera sobre objetos de lujo. Era que la propia frontera entre obra y objeto comenzaba a desaparecer.
El museo había salido a la calle.
La influencia de Kusama alcanzó también la belleza. En 2011 colaboró con Lancôme en una edición limitada de Juicy Tubes. Sus formas podían pasar de una instalación monumental a un objeto pequeño, cotidiano, destinado a las manos.
Kusama había conseguido algo extraordinariamente difícil: convertir un lenguaje profundamente personal en un código universal.
Sus puntos podían habitar una sala de espejos o un bolso. Una calabaza podía convertirse en una escultura monumental o en una imagen reproducida sobre cualquier superficie.
La obra ya no necesitaba un pedestal.
Podía acompañarnos.
La paradoja del infinito
Las redes sociales encontraron en sus instalaciones un escenario perfecto. Los visitantes entraban en las habitaciones de espejos y salían con una fotografía. El infinito se convertía en fondo; la desaparición del yo, en una imagen destinada precisamente a conservarlo.
No deja de ser una ironía.
Kusama quería disolver el yo.
Instagram quería conservarlo.
Pero incluso ahí persistía la lógica de su obra. La repetición podía hacer desaparecer las cosas, pero también podía hacerlas soportables. Una flor repetida cien veces deja de ser una flor. Mil flores pueden convertirse en una superficie. Un millón, en una especie de cielo.
Quizá pintar consistía para Kusama en eso: llenar el mundo de signos hasta que dejara de resultar amenazante.
Entre todos sus símbolos, la calabaza ocupa un lugar singular.
Frente al infinito, la calabaza es humilde. Tiene peso, forma, tierra. Kusama decía que las calabazas le hablaban y que le proporcionaban estabilidad y paz.
En Naoshima, una enorme calabaza roja espera junto al mar.
El mar no tiene puntos.
El cielo tampoco.
Pero Kusama puso lunares sobre la calabaza como quien coloca pequeñas señales en mitad de una extensión demasiado grande.
Durante muchos años, el mundo consideró a Yayoi Kusama una extravagancia. Después la convirtió en una celebridad. Finalmente, quizá empezó a comprenderla.
No fue simplemente la mujer de la peluca roja, los lunares y las habitaciones infinitas. Fue una artista que convirtió su experiencia interior en una disciplina y aquello que la separaba de los demás en un lenguaje que los demás podían reconocer.
Su vida estuvo marcada por una palabra sencilla: volver.
Volver al pincel.
Volver al punto.
Volver al espejo.
Volver a la flor.
Volver a la calabaza.
Hasta el final.
Hay algo conmovedor en saber que continuó pintando durante sus últimos días. Como si, a los noventa y siete años, todavía quedara algo que añadir a aquella interminable conversación con el infinito.
Se ha ido Yayoi Kusama.
Pero sus puntos permanecen.
En los museos, en los escaparates, en los vestidos, en los espejos y en la memoria de quienes alguna vez entraron en una de sus habitaciones y dejaron de saber, durante unos minutos, dónde terminaban ellos y dónde empezaba el mundo.
Quizá eso sea lo más parecido a la eternidad que puede ofrecernos un artista.
No permanecer.
Sino multiplicarse.
Dolly Parton, una de las figuras más importantes de la música popular estadounidense, murió este martes 25 de agosto en Nashville a los 80 años, después de una breve lucha contra el cáncer. La cantante falleció en el Vanderbilt-Ingram Cancer Center acompañada por sus seres queridos, según confirmó su equipo.
Nacida en Tennessee en 1946, Parton convirtió una infancia humilde en el punto de partida de una carrera que se prolongó durante más de seis décadas. Llegó a Nashville siendo muy joven y, después de sus primeros trabajos como compositora y de su etapa junto a Porter Wagoner, comenzó una trayectoria en solitario que terminaría por convertirla en una de las grandes autoras e intérpretes del country.
Canciones como Jolene, Coat of Many Colors, 9 to 5 o I Will Always Love You la convirtieron en una figura conocida mucho más allá del público del country. Parton escribió miles de canciones y supo moverse entre el country y el pop sin abandonar una forma de escribir en la que aparecían de manera constante sus orígenes, las relaciones personales, el trabajo o la vida de las mujeres. I Will Always Love You, publicada originalmente por ella en 1974 y convertida años después en un éxito mundial por Whitney Houston, es probablemente uno de los ejemplos más conocidos de la dimensión que alcanzaron sus composiciones.
También desarrolló una extensa carrera como actriz, con películas como 9 to 5 y Steel Magnolias, y construyó una imagen pública reconocible que utilizó con inteligencia y sentido del humor. Bajo el cabello rubio, los vestidos brillantes y una estética deliberadamente exagerada había, además, una compositora que conocía perfectamente la industria en la que trabajaba y que consiguió mantener durante décadas el control sobre buena parte de su obra.
Su actividad fue mucho más allá de la música. A través de la Dollywood Foundation creó en 1995 la Imagination Library, un programa dedicado a enviar gratuitamente libros a niños desde su nacimiento hasta los cinco años, que con los años llegó a distribuir cientos de millones de ejemplares. También financió programas educativos, ayudas para víctimas de desastres y proyectos sanitarios, además de contribuir con un millón de dólares a la investigación que participó en el desarrollo de la vacuna de Moderna contra la covid-19.
Fue compositora, cantante, actriz, empresaria y una figura de la cultura popular estadounidense que consiguió mantenerse presente durante varias generaciones sin dejar de escribir ni de trabajar. Quedan sus canciones, pero también una forma muy particular de entender la fama: tomársela con humor mientras se tomaba muy en serio su trabajo.
Ilu Ros ilustra una nueva edición de Romancero gitano de Federico García Lorca
El próximo 3 de septiembre, Lumen publicará una nueva edición de Romancero gitano, de Federico García Lorca, ilustrada por Ilu Ros. La publicación supone el regreso de la dibujante al universo del poeta granadino, al que ya dedicó Federico, su biografía ilustrada de 2021, y Una trilogía rural, donde reinterpretó Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba.
Publicado por primera vez en 1928, Romancero gitano es uno de los libros fundamentales de Lorca y una de las obras más reconocibles de la poesía española del siglo XX. Casi cien años después de su aparición, Ilu Ros propone una nueva lectura visual de unos poemas cuyo imaginario continúa formando parte de nuestra cultura. La luna, el caballo, el agua, el cuchillo, la sangre, el deseo y la muerte aparecen una y otra vez como elementos de un lenguaje con el que Lorca transformó la tradición del romance.
En esta edición, Ilu Ros interpreta los poemas a través de sus ilustraciones y lleva al dibujo los personajes, escenas y símbolos del Romancero gitano. Su trabajo parte de la fuerza visual que ya contiene la poesía de Lorca y ofrece una lectura actual de un libro publicado hace casi un siglo.
Ilu Ros nació en Mula, Murcia, en 1985 y estudió Bellas Artes y Comunicación Audiovisual en la Universidad de Granada. En 2011 se trasladó a Londres, donde vivió durante varios años y comenzó a desarrollar profesionalmente su trabajo como ilustradora. Su obra se ha centrado especialmente en la narración gráfica, la memoria, la cultura popular y la literatura.
Su primer libro, Hey Sky, I’m on My Way: A Book About Influential Women, apareció en 2018. En 2020 publicó con Lumen Cosas nuestras, un libro construido a partir de recuerdos familiares, costumbres y elementos de la cultura popular española. La obra fue seleccionada para representar a España en la Bienal de Ilustración de Bratislava de 2021.
La relación de Ilu Ros con Federico García Lorca adquirió una dimensión mayor en 2021 con la publicación de Federico. En este libro se acercó a la vida y la obra del escritor mediante textos, dibujos, escenas biográficas y referencias a quienes formaron parte de su entorno. El título recibió el reconocimiento de Libro Murciano del Año.
Un año después publicó Una trilogía rural, dedicada a Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba. Ros conocía estas obras desde niña a través de las representaciones teatrales que había visto en su localidad y regresó a ellas después del trabajo realizado para Federico. El volumen obtuvo el Primer Premio al Libro Mejor Editado de 2022, concedido por el Ministerio de Cultura.
En 2025 publicó Una casa en la Ciudad, un trabajo relacionado con sus años en Londres y con la experiencia de construir una vida lejos del lugar de origen. A lo largo de su trayectoria también ha colaborado como ilustradora con distintos medios y publicaciones.
Romancero gitano reúne dieciocho romances y contiene algunos de los poemas más conocidos de Federico García Lorca, entre ellos «Romance de la luna, luna», «La monja gitana», «Romance sonámbulo» y «Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino de Sevilla». Lorca recurrió a la forma tradicional del romance y creó a partir de ella un universo propio, marcado por una fuerte presencia de imágenes y símbolos que recorren todo el poemario.
Con esta nueva edición, Ilu Ros continúa el trabajo que lleva varios años desarrollando alrededor de la obra de Federico García Lorca, esta vez centrado en su poesía. El volumen llegará a las librerías el próximo 3 de septiembre.
El 18 de agosto de 1936 Federico García Lorca fue asesinado entre Víznar y Alfacar. Noventa años después, el lugar exacto en el que se encuentran sus restos continúa sin conocerse. Esa ausencia forma ya parte de su historia, pero también ha contribuido a que, en muchas ocasiones, su muerte ocupe tanto espacio como su obra.
Lorca continúa en los escenarios, en las canciones, en las aulas, en los murales y en los libros. Cada generación parece encontrar una manera distinta de acercarse a él y, con frecuencia, de utilizarlo para formular sus propias preguntas. En este 2026, cuando se cumplen noventa años de su asesinato, las conmemoraciones se han sucedido en distintos lugares de España. Granada volvió a recordarlo en Alfacar, muy cerca del lugar en el que fue ejecutado, mientras Madrid organizó un recorrido nocturno por los espacios de la ciudad relacionados con su vida y su obra.
Hay pocos escritores españoles del siglo XX cuya figura haya sobrevivido de una manera semejante. No se trata únicamente de que Bodas de sangre, Yerma o La casa de Bernarda Alba continúen representándose, ni de que el Romancero gitano siga formando parte de las lecturas escolares. Lorca ha desbordado hace tiempo el ámbito de la literatura. Sus versos han pasado al flamenco, al rock y al pop, y han sido retomados por intérpretes de generaciones muy distintas. Camarón convirtió La leyenda del tiempo en uno de los encuentros más importantes entre la poesía lorquiana y la música popular, mientras artistas posteriores han seguido recurriendo a sus textos o a su imaginario. En los últimos años, nombres como Rosalía, Rozalén, Dellafuente o Lola Índigo han vuelto a acercarse, de formas muy diferentes, a ese universo.
Esta presencia constante en ámbitos muy distintos ayuda a entender por qué Lorca sigue siendo un autor tan leído y representado. No quedó limitado a la poesía o al teatro: también se interesó por la música, el dibujo y la cultura popular, y buena parte de su obra nació de esa relación entre distintas formas de creación. Con La Barraca, el proyecto de teatro universitario ambulante creado durante la Segunda República, recorrió pueblos españoles representando obras del Siglo de Oro. Detrás de aquella iniciativa había una idea sencilla: llevar el teatro a lugares donde apenas existía acceso a este tipo de propuestas culturales.
Sin embargo, la importancia que han adquirido su biografía, su asesinato y todo lo que su figura representa puede hacer que, en ocasiones, se hable más de Lorca que de sus libros.
Su nombre está ligado a la memoria de la Guerra Civil, a la represión franquista y también a la historia de la homosexualidad en España. En Lorca confluyen varias formas de violencia y de silencio que marcaron buena parte del siglo XX español.
Fue detenido y asesinado en agosto de 1936, pocas semanas después del comienzo de la Guerra Civil. Desde entonces, su muerte ha quedado unida a la violencia política de aquellos primeros meses y a la represión ejercida en la zona sublevada. El hecho de que sus restos no hayan sido localizados ha reforzado todavía más esa relación entre su figura y la cuestión de los desaparecidos, porque Lorca no es únicamente una víctima conocida: su caso remite a miles de personas cuyos cuerpos siguen en fosas o cuyo paradero nunca llegó a esclarecerse. Por eso, cada intento de localizar sus restos ha tenido una dimensión que supera lo biográfico.
Durante la dictadura, además, su figura quedó sometida a una lectura parcial. Lorca era demasiado importante para desaparecer por completo del panorama cultural, pero determinados aspectos de su vida y de su obra resultaban incómodos para el Régimen. Se podía hablar del poeta, del dramaturgo o del autor del Romancero gitano, pero no tanto sobre las circunstancias de su asesinato y, sobre todo, su homosexualidad. Durante años, esa parte de su vida fue tratada con rodeos y se evitaba nombrarla de forma directa.
Ese silencio condicionó también la lectura de su obra. En algunas de sus obras más personales, el deseo aparece unido al secreto, a la imposibilidad de vivir abiertamente y al conflicto entre lo que una persona siente y lo que la sociedad le permite expresar. El público es quizá el ejemplo más evidente, porque cuestiona de forma abierta las convenciones sexuales y sociales de su tiempo, mientras que los Sonetos del amor oscuro muestran un amor que durante décadas fue presentado de manera mucho más ambigua de lo que permiten leer los propios poemas.
Lorca fue también un escritor que experimentó con formas teatrales y poéticas que todavía hoy exigen una lectura atenta.
La casa de Bernarda Alba, por ejemplo, puede leerse como un drama rural marcado por las convenciones sociales de su tiempo, pero también como una historia sobre el control ejercido sobre el cuerpo y el deseo. Yerma permite hablar de maternidad, frustración y mandato social desde una mirada muy diferente de la que podía tener un espectador en los años treinta. Poeta en Nueva York parece escrito desde un mundo anterior al nuestro y, sin embargo, algunas de sus imágenes sobre la deshumanización de la ciudad moderna resultan sorprendentemente próximas.
Ahí se encuentra probablemente una de las razones de la supervivencia de Lorca. Sus textos siguen admitiendo nuevas lecturas.
Amon Amarth ha publicado «Upphaf», el primer tema acústico en más de treinta años de trayectoria. El single sale a través de Metal Blade Records en todas las plataformas digitales, con producción de Jacob Hansen y vídeo dirigido por Pavel Trebukhin. Es el anticipo de su próximo álbum de estudio.
El título viene del nórdico antiguo: upphaf significa «comienzo», «origen». La banda sueca retira aquí la distorsión y la percusión que definen su death metal melódico y deja a la vista el esqueleto de la composición: melodías repetidas, coros, una estructura que se parece más al relato oral que a la canción de arena. La propia discográfica describe el tema como una pieza reimaginada para el hogar de una casa comunal, y la imagen resulta exacta. Lo que funciona ante 85.000 personas en Wacken se prueba ahora en formato de fuego y voz.
La operación tiene interés más allá del cambio de textura. El repertorio de Amon Amarth lleva décadas trabajando material narrativo de raíz escandinava —Odín, las travesías, la muerte en combate— con la gramática del metal extremo. «Upphaf» invierte los términos y devuelve ese material a algo cercano a su forma de transmisión original: una historia cantada, sin amplificación, para un grupo reducido de oyentes. El resultado señala hasta qué punto la fuerza del catálogo del grupo depende del volumen y hasta qué punto depende del relato.
Treinta años de expansión
Formados en Tumba (Suecia) en 1992, Amon Amarth han pasado de la escena death sueca a los grandes recintos internacionales. Han compartido escenario con Slayer, Guns N’ Roses, Foo Fighters y Pantera, y agotaron entradas en The Forum de Los Ángeles y en el Red Rocks Amphitheatre de Denver. Han encabezado Bloodstock en dos ocasiones, acumulan cuatro presencias en Download entre 2008 y 2019 y ocho en Summer Breeze entre 2003 y 2024, seis de ellas como cabezas de cartel. Su actuación en Wacken en 2024, ante 85.000 personas, fue calificada por la revista Louder como una demostración de fuerza sostenida a lo largo de diecinueve canciones.
Las cifras acompañan. Jomsviking y Berserker alcanzaron el número uno en las listas alemanas de álbumes; The Great Heathen Army (2022) lideró la lista Billboard de Hard Rock en Estados Unidos y la de álbumes en Canadá, y obtuvo una nominación al Grammy sueco en la categoría de mejor disco de hard rock o metal.
The Row
El fenómeno más comentado de su directo no lo firma la banda, lo firma el público. El consenso sitúa el origen del llamado Viking row en el concierto de Bloodstock de 2009: los asistentes se sientan en el suelo y reman al unísono en un barco imaginario. En 2022 el grupo lo convirtió en canción con «Put Your Back into the Oar»; Johan Hegg explicó entonces que el tema estaba dedicado a los seguidores que lo habían inventado. La práctica se ha extendido a conciertos de otros artistas y a acontecimientos ajenos a la música, incluidos los públicos del Mundial de 2026.
Formación
- Johan Hegg — voz
- Olavi Mikkonen — guitarra
- Johan Söderberg — guitarra
- Ted Lundström — bajo
- Jocke Wallgren — batería
Gira europea 2026
El grupo llega a la península en noviembre con tres fechas:
- 13 de noviembre — Barcelona, Sant Jordi Club
- 14 de noviembre — Madrid, Vistalegre
- 15 de noviembre — Lisboa, Sala Tejo
Antes recorrerán Reino Unido (Manchester, Londres y Wolverhampton, del 9 al 11 de octubre) y el resto de Europa: París, Esch-sur-Alzette, Stuttgart, Frankfurt, Amberes, Den Bosch, Hamburgo, Gotemburgo, Estocolmo, Helsinki, Tallin, Gliwice, Leipzig, Oberhausen, Budapest, Viena, Bamberg, Praga, Berlín, Múnich, Milán y Zúrich. En Norteamérica girarán con Dethklok y Castle Rat.
La Feria del Libro de Madrid cambia de dirección tras un cese que sorprende al sector
La Asociación de Librerías de Madrid ha comunicado este lunes 6 de julio el fin de la etapa de Eva Orúe al frente de la Feria del Libro de Madrid, cargo que ocupaba desde 2022. La entidad agradece en su comunicado “cinco años de trabajo, dedicación y compromiso”, y destaca los avances logrados en sostenibilidad y programación cultural durante las cinco ediciones celebradas bajo su dirección.
La propia Orúe, sin embargo, ha descrito la salida como un despido inmediato y ha señalado que no comparte las razones alegadas por la asociación, aunque ha evitado detallarlas por confidencialidad. El presidente de la entidad, Luis M. Tigeras, ha negado que la decisión guarde relación con el descenso de ventas y visitantes registrado en la última edición, celebrada entre el 29 de mayo y el 14 de junio y marcada por la visita del papa León XIV, la presencia de Bad Bunny y una ola de calor. Tigeras ha atribuido esos resultados a factores puntuales y ha descartado también cualquier vínculo con las tensiones surgidas por los pabellones patrocinados, presentados por primera vez este año.
Orúe llegó al cargo en 2022 para suceder a Manuel Gil, y se convirtió entonces en la primera mujer en dirigir la feria en más de ochenta años de historia. Periodista y escritora nacida en Zaragoza, ha trabajado en prensa, radio y televisión, y ha sido corresponsal en Reino Unido, Francia y Rusia.
Por el momento no se ha anunciado sustituto. La Asociación de Librerías de Madrid afirma estar ya trabajando en una nueva etapa que refuerce el papel de las librerías como pieza central del ecosistema cultural madrileño, en un año que además marca el camino hacia el 50 aniversario de la Asociación, que se celebrará en 2027.