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Author

Emain Juliana

Emain Juliana

Autora de Simbología de las flores. Arte, cine y literatura y Fuerzas ocultas. Edita, diseña y escribe algún artículo que otro.

Música

I Took the Road Less Traveled gana dos premios en EE. UU

by Emain Juliana 20/04/2026
written by Emain Juliana

El documental I Took the Road Less Traveled, centrado en la trayectoria del músico cangués Diego Avello, Bull, sigue ampliando su recorrido después de su estreno europeo en el Teatro Conde Toreno de Cangas del Narcea, celebrado el pasado 15 de febrero. La película, dirigida por Budro Partida, reconstruye el itinerario vital y musical del artista desde Asturias hasta Estados Unidos, con paso por México, y pone el foco no solo en su carrera, sino también en el esfuerzo, la emigración y las dificultades de abrirse camino fuera de su lugar de origen.

Ahora, el filme suma además dos nuevos premios que confirman la fuerza de su recorrido. Según ha compartido el propio equipo en redes, I Took the Road Less Traveled acaba de ganar el Best Documentary Feature en AustinIFF y el People’s Choice Award en el Fiesta SATX Film & Music Festival.

La proyección en Cangas tuvo un valor especial por tratarse de la primera presentación europea del documental en la tierra natal de Bull, un gesto cargado de sentido para una historia que parte de la memoria personal y termina convirtiéndose en un relato sobre identidad, perseverancia y fidelidad a una vocación. Uve Magazine ya había destacado además la dimensión internacional del proyecto y su recepción en Estados Unidos, donde el filme había comenzado a reunir atención dentro del ámbito festivalero.

20/04/2026 0 comments
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Arte

¿Cómo empezar una pequeña colección de arte?

by Emain Juliana 16/04/2026
written by Emain Juliana

Hay una idea que conviene desmontar desde el principio, porque suele espantar a quien siente curiosidad por el arte pero todavía no se atreve a comprar: una colección no comienza cuando uno adquiere varias piezas caras, comienza cuando uno empieza a distinguir entre una imagen que le gusta, una reproducción bien hecha y una obra que, además de interesarle visualmente, tiene una lógica e interés material detrás. En ese tramo inicial, que suele transcurrir sobre soporte de papel, uno puede moverse entre reproducciones, fotografía, grabados, litografías, pequeñas acuarelas y obra menor de artistas emergentes. Lo importante es entender que una reproducción decorativa y una edición limitada no son lo mismo. Una estampa original nace de un proceso de transferencia y de una edición, mientras que tiendas de museo como la del Thyssen venden, pósteres, láminas y reproducciones Fine Art pensadas para decoración, pero no deben confundirse con obra gráfica original.

Si nos gusta la ilustración o la serigrafía merece la pena echar un vistazo en tiendas como La Postalera, que trabajan con láminas de artistas, hay otros espacios especializados de un perfil parecido que permiten acercarse a piezas asequibles de ediciones cuidadas: El Moderno Gallery reúne impresiones giclée y ediciones limitadas, Los Artistas del Barrio cuenta con una sección amplia de láminas de distintos creadores. Este tipo de proyectos puede ser una muy buena puerta de entrada para quien quiere empezar a comprar obra con cierta identidad y con información más clara sobre artista, formato y soporte.

Una reproducción adquirida en una tienda puede servir para empezar, aprender qué nos gusta, que tipo de arte nos dice algo, los formatos que preferimos o los que mejor pueden quedar en nuestras paredes y también para decidir si lo que de verdad nos interesa es la pintura, la fotografía, el grabado o otro tipo de arte. El problema aparece cuando se quiere saltar demasiado deprisa de la afinidad estética al supuesto hallazgo coleccionable. Hay ediciones fotográficas muy asequibles y muy bien planteadas, por ejemplo; como las Magnum Editions, que se ofrecen como impresiones pigmentarias de archivo en ediciones limitadas de 100 ejemplares, y ahí ya entramos en otro terreno, porque no estamos ante una simple lámina, estamos ante una pieza con una tirada definida y una formulación comercial mucho más precisa. Empezar por ahí puede tener bastante sentido si a uno le atrae la fotografía, pero solo cuando sabe qué está comprando y no confunde una edición seria con cualquier imagen impresa en buen papel.

Para quien quiera dar el paso desde la reproducción hacia una pequeña colección propiamente dicha, las pequeñas galerías siguen siendo uno de los mejores lugares de aprendizaje, porque permiten ver la pieza in situ, se puede obtener información sobre la obra, preguntar dudas, comparar con otras piezas, hablar de la edición, la tirada y salir con algo más que un recibo. No hace falta entrar en una gran galería internacional ni pensar en cifras estratosféricas. En España, una feria como ESTAMPA se presenta precisamente como un espacio dedicado al coleccionismo y a la curaduría, y su programa COLECCIONA insiste en informar y normalizar la figura del coleccionista, cosa que resulta muy útil porque coleccionar no es una extravagancia de la élite, hay precios y arte para todos los bolsillos, además, desde el punto de vista práctico, la compra en galería permite pedir lo que cualquier comprador prudente debería pedir: ficha técnica, estado de conservación, certificado si existe, y documentación complementaria. Artsy recomienda precisamente solicitar condition reports, certificados de autenticidad y otros documentos de apoyo, además de preguntar por el cuidado futuro de la obra.

También hay muchos creadores que venden su arte sin intermediarios, si tenemos en cuenta la trayectoria artística, hacemos cierto seguimiento, nos gusta su obra, y sabemos de antemano que documentos de autenticidad debemos pedir sobre cada obra, es una muy buena opción, al fin y al cabo, nadie va a proporcionar tanta  información sobre la obra a nivel artístico y documental, que el propio creador.

Las plataformas de subasta online, entre ellas Catawiki, son muy buenas como herramienta de rastreo y acceso a piezas pequeñas, pero conviene tratarlas con cautela. La propia plataforma exige a los vendedores prueba verificable de autenticidad y procedencia, y considera válidos, entre otros documentos, los certificados del artista, los certificados emitidos por una galería reconocida, las facturas de compra, las referencias a catálogos o los propios archivos de artista y la documentación de procedencia. Sobre el papel, eso parece estupendo. El problema es que la existencia de una norma no equivale a una garantía: una investigación difundida en Países Bajos en 2025 recogió algunas quejas por falsificaciones, eso evidentemente no es la norma y  no obliga a descartar la plataforma, pero sí a ser cautelosos, leer las fichas con frialdad, pedir imágenes de detalle y prestar mucha atención a la información proporcionada.

Los rastros, los mercadillos y las ferias de antigüedades merecen un apartado aparte, porque pueden ser una escuela magnífica o una fábrica de errores monumentales. Allí sí aparecen, de vez en cuando, estampas antiguas, fotografías interesantes, acuarelas menores, dibujos académicos, pruebas de taller y piezas que no están fuera del alcance de un comprador modesto. Si nadie sabe decirnos qué técnica es, si una litografía se presenta como si fuera un grabado, si una reproducción se vende como “obra antigua” sin más datos, o si la atribución depende únicamente de una firma, lo prudente si el precio es elevado es retirarse. Antes de comprar nada debemos fijarnos en la técnica, el soporte, los   márgenes, el estado de la obra, el reverso, los sellos, anotaciones y procedencia, que  cuentan tanto como la imagen en si misma. Christie’s y la IFPDA insisten, de hecho, en que el papel, la edición y las marcas materiales forman parte de la autenticidad de una estampa y son un detalle importante para especialistas.

Hay varias señales que conviene aprender pronto, porque ayudan mucho a separar una pieza original de una compra dudosa. La numeración en fracción, por ejemplo 12/50, indica el número concreto del ejemplar y el total de la edición numerada; la IFPDA recuerda además que esa cifra no incluye las pruebas. Las siglas A.P. o E.A. remiten a pruebas de artista, mientras que B.A.T., bon à tirer, designa la prueba final aprobada por el artista como modelo para la tirada. También son útiles los blindstamps o chops, que pueden identificar al impresor o al editor, y las marcas de agua del papel, que a veces permiten reconocer la fábrica, el tipo de papel e incluso orientar la datación. En las técnicas calcográficas, la huella de la plancha, el plate mark, puede ser otra pista material valiosa. Al mismo tiempo, es importante señalar que no todas las estampas van firmadas a mano, hay obras auténticas firmadas directamente en plancha, estampilladas o incluso inicialadas. Dicho de otra manera, una marca aislada no autentifica nada por sí sola, pero varias marcas que mantengan cierta coherencia entre sí pueden decirnos bastante sobre la obra.

Con los certificados ocurre algo parecido. Mucha gente los trata como si fueran una prueba definitiva, cuando en realidad son solo una pieza más del expediente. Durante años se consideraron la prueba mas fidedigna en autentificación de una obra, hoy día han empezado a ponerse en cuestión y aunque pueden validarse como registro histórico de ventas y vínculo con el artista, ya no se leen de forma aislada. Por eso la factura importa tanto: es la prueba básica de compra y debe conservarse siempre. Si además existen cartas de experto, referencias a un catálogo, historial de exposición, etiquetas de galería o cualquier rastro de procedencia, mejor todavía. Getty, al definir la historia de propiedad de una obra, incluye precisamente el paso de un dueño a otro, las ventas públicas, los marchantes que la manejaron y las marcas o etiquetas físicas asociadas a ese recorrido. Quien empieza una colección pequeña no necesita convertirse en detective, pero sí en alguien que guarda papeles y no compra piezas sin cierta información.

Una vez que hemos adquirido nuestra obra hay otro aspecto importante que hay que tener en cuenta, y es la conservación. La Library of Congress advierte que la luz produce daños permanentes e irreversibles, y que ese daño es acumulativo, de modo que una iluminación tenue durante mucho tiempo puede afectar tanto como una exposición intensa durante menos tiempo. Por eso, en el caso de obras valiosas sobre papel, ni siquiera recomienda la exhibición permanente y sugiere, para exposiciones largas, enmarcar una buena reproducción y conservar el original en mejores condiciones. Cuando se enmarca un original, el marco pasa a formar parte de la conservación: los materiales en contacto con la obra deben ser químicamente estables, la pieza no debe tocar el cristal y el acristalamiento debería filtrar la radiación ultravioleta. Para fotografías y papeles, se recomienda un entorno relativamente seco, fresco y estable, en torno al 30–50 % de humedad relativa, lejos de áticos, sótanos, radiadores, muros exteriores y zonas de condensación.

Para finalizar, una costumbre útil es crear una catalogación personal. Una colección pequeña empieza a parecer una colección cuando uno sabe qué tiene, dónde lo compró, cuánto pagó, qué técnica es, qué medidas tiene la hoja y la imagen, si está firmada, qué número de edición lleva, qué marcas aparecen en el reverso y qué documentos la acompañan, demás del estado en que hemos adquirido la obra, eso significa abrir una ficha, aunque sea pequeña, para cada pieza, guardar la factura, fotografiar anverso y reverso, anotar defectos visibles y no separar nunca la obra de su documentación. Coleccionar bien, incluso cuando se colecciona poco, tiene que ver con aprender a conservar la historia de la pieza.

Comprar arte es una manera estupenda de llevar a casa algo que hace más bella e interesante la vida cotidiana. Una pieza bien elegida puede cambiar nuestro estado de ánimo o dar carácter a nuestras paredes. Además, hay algo especialmente satisfactorio en saber que esa elección responde a nuestro propio gusto e identidad. Empezar una pequeña colección, aunque sea poco a poco, puede dar muchas alegrías y hacer que la relación con el arte deje de ser lejana para volverse diaria y cercana.

Bibliografía

Artsy, “What You Need to Know About Buying Your First Artwork”.
Artsy, “Certificates of Authenticity, Explained”.
Catawiki, “Post-War, Contemporary Art & Prints Submission Guidelines”.
Christie’s, “Collecting Guide: Key Things to Know About Prints and Multiples”.
Getty, Categories for the Description of Works of Art.
Library of Congress, “Care, Handling and Storage of Works on Paper”.
Library of Congress, “Limiting Light Damage”.
Library of Congress, “Preservation Guidelines for Matting and Framing”.
IFPDA, Glossary of Terms and Techniques.
Magnum Photos Store, “Magnum Editions”.
La Postalera, “Láminas”.
El Moderno Gallery, “Impresión Giclée Edición Limitada”.
Los Artistas del Barrio, “Láminas”.
Catawiki, “Art Guidelines”.

16/04/2026 0 comments
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Vidas en conflicto

Charles Baudelaire, o la belleza herida de la modernidad

by Emain Juliana 13/04/2026
written by Emain Juliana

La figura de Charles Baudelaire se suele situar bajo un rótulo que, aunque no sea falso, se queda corto: el poeta maldito, que desafió a su tiempo y pagó por ello. Todo eso forma parte de su historia, pero si uno se detiene de verdad en su vida y en su obra, lo que aparece es algo más complejo y más interesante: un escritor que comprendió con una claridad poco común que la modernidad no iba a producir solo progreso, sino también hastío, degradación moral, y una belleza inseparable ya de la ruina. Baudelaire  fue importante por escribir grandes poemas, pero también porque supo ver antes que muchos cómo se transformaba la sensibilidad moderna y encontró una forma nueva para expresarla.

Nació en París en 1821. Su padre murió cuando él era aún niño, y la posterior boda de su madre con el general Aupick fue, según suele señalarse, uno de los grandes núcleos de conflicto en su vida. No conviene explicarlo todo por ahí, pero sí entender que Baudelaire desarrolló muy pronto una relación difícil con la autoridad y con la idea del éxito social que el nuevo marido de su madre representaba tan bien. Hay en él, desde joven, una mezcla de orgullo, susceptibilidad, conciencia de sí mismo y deseo de singularidad que no encaja dentro de un orden que solo valora lo útil. Esa desazón, que en otros habría sido circunstancial, en Baudelaire se convirtió en la forma de relacionarse con lo que lo rodeaba.

Su juventud estuvo marcada por los excesos,  pero también por la férrea voluntad de construirse a sí mismo como una figura estética. El dandismo en Baudelaire no fue simplemente  vanidad o afición al lujo, aunque ambos elementos existieran, mas bien, una tentativa de afirmación en un mundo que tendía a vulgarizarlo todo. Vestirse, hablar, cultivar una actitud, hacer de la propia presencia una forma de reserva: todo eso respondía a la necesidad de no dejarse absorber por la mediocridad burguesa. El problema es que esa afirmación simbólica convivía con una dependencia económica constante. Baudelaire dilapidó buena parte de su herencia y su familia logró que se le impusiera una tutela financiera, lo que lo hirió profundamente y lo condenó durante años a vivir bajo la presión continua de la deuda.

Esa humillación material para  Baudelaire fue decisiva. Quería escribir, traducir, pensar el arte, intervenir en la cultura de su tiempo, pero debía hacerlo mientras lo acosaban los  acreedores, soportando retrasos editoriales y una sensación crónica de insuficiencia. Esa tensión no empobreció su obra y además le hizo consciente del precio de la independencia y del modo en que la vida moderna convertía incluso la sensibilidad en mercancía o en espectáculo.

Su relación con Jeanne Duval, actriz y bailarina de origen haitiano, ha sido simplificada muchas veces, ya como una historia puramente tóxica, ya como una mera fuente exótica de inspiración. Ninguna de las dos lecturas basta. Jeanne fue una presencia central en su vida y en su obra, una figura marcada por el deseo, el desgaste, la dependencia, el resentimiento y la fascinación. En muchos poemas de Las flores del mal aparece esa mezcla entre atracción corporal, idolatría, cansancio, una herida que caracteriza la experiencia amorosa baudeleriana. El amor en Baudelaire no ofrece consuelo ni redención; se presenta como una fuerza intensísima que eleva y degrada al mismo tiempo, que vuelve más viva la percepción y más dolorosa la conciencia.

Ahí conviene entrar de lleno en Las flores del mal, porque es el centro de su obra y el lugar donde su vida, su época y su imaginación se entrelazan para alcanzar la plenitud literaria. Publicado en 1857, el libro fue procesado por ofensa a la moral pública y seis de sus poemas quedaron censurados durante décadas. Ese escándalo, que todavía hoy suele repetirse como anécdota obligada, importa menos por el morbo que por lo que revela. La poesía de Baudelaire fue censurada porque rompía con la idea de que lo poético debía elevar, purificar o embellecer la experiencia. En sus versos, la belleza aparece unida a la carroña, al maquillaje, al vicio, al perfume, al cansancio, a la ciudad, al pecado, al sexo y al tedio.

La estructura misma del libro es reveladora. La sección de “Spleen et Idéal” plantea ya una oscilación central en Baudelaire: el impulso hacia la elevación, hacia la belleza, el arte o el éxtasis, frente al peso del hastío, de la materia, del tiempo y de la caída. El spleen no es solo aburrimiento, también es una forma de asfixia del alma y representa una conciencia muy opaca de encierro, de repetición y degradación. En poemas como “Spleen”, “El enemigo” o “La campana rota”, el tiempo no aparece como una sucesión neutra, pero si como fuerza corrosiva que vacía al sujeto y va arruinando su energía interior. Por eso su poesía tiene una gravedad tan particular: no canta solo al deseo o a la melancolía, sino al desgaste mismo de la conciencia moderna.

Al mismo tiempo, Baudelaire no se limita a lamentar esa condición. También descubre en ella una nueva materia estética. Una carroña, uno de sus poemas más conocidos, es ejemplar en este sentido. Allí el cadáver en descomposición escandaliza, pero realmente sirve para plantear una cuestión central: la belleza ya no puede separarse  del tiempo y de la muerte. El poeta mira de frente lo abyecto y desagradable y lo incorpora sin ennoblecerlo falsamente. Ese gesto cambia muchas cosas. La poesía deja de ser un lugar protegido y empieza a registrar la mezcla incómoda de fascinación y repulsión que define buena parte de la sensibilidad moderna.

También su atención a la ciudad fue decisiva. Baudelaire entendió París  como experiencia. En Cuadros parisinos  y en sus poemas en prosa aparece el flâneur, esa figura del paseante que observa la multitud, las calles, los rostros anónimos, los residuos de la vida urbana… Pero no se trata de simple costumbrismo. La ciudad en Baudelaire es el espacio donde la belleza se vuelve fugaz, donde todo pasa y desaparece y el sujeto experimenta a la vez excitación y extrañamiento. El célebre soneto “A una transeúnte” condensa muy bien esta cuestión: el deseo nace de un cruce instantáneo, de una aparición perdida en el flujo urbano, de una intensidad condenada a no cumplirse. Esa poética de lo pasajero, de lo instantáneo y de lo incompleto es una de sus grandes herencias.

No menos importante fue su trabajo como crítico de arte. Baudelaire escribió sobre Delacroix, sobre los Salones, sobre Constantin Guys y sobre la pintura de su tiempo con una lucidez que lo convierte en algo más que un poeta que opinaba sobre cuadros. En esos textos reflexionó sobre la modernidad como un problema estético, defendió la imaginación frente al naturalismo plano y supo captar que el artista moderno debía enfrentarse a un presente cambiante sin renunciar a la intensidad. Su famoso elogio de lo transitorio, de lo fugitivo y de lo contingente como parte de la belleza moderna no era una fórmula vacía, sino la definición de una tarea difícil: encontrar una forma de expresarse en medio de lo inestable.

También sus traducciones de Poe fueron fundamentales.  Baudelaire reconoció en Poe a un hermano en la lucidez herida y en la exploración de las zonas oscuras de la mente. Traducirlo fue, en cierto modo, una forma de leerse también a sí mismo. Esa relación ayuda a entender por qué su obra se mueve entre el análisis frío y la obsesión.

Los últimos años de su vida fueron duros. Siguió endeudado, enfermo, fatigado, cada vez más golpeado por el deterioro físico. En 1866 sufrió en Bélgica un accidente cerebrovascular que lo dejó gravemente afectado, con problemas de lenguaje y parálisis. Murió en 1867, sin haber conocido una estabilidad verdadera ni un reconocimiento constante. Sin embargo, esa existencia rota no quedó convertida en puro desperdicio biográfico. De ella salió una obra que cambió la poesía porque aceptó algo que su en siglo preferían obviar: que la belleza moderna está herida, que el deseo lleva dentro cansancio, que la ciudad produce visiones y vacío, y que el arte, si quiere decir algo verdadero, no puede apartar la vista de todo lo anterior.

La vida de Baudelaire fue complicada por las deudas, el conflicto familiar, la enfermedad, las relaciones desgastantes y el choque con la moral de su tiempo, pero lo decisivo es que de todas esas dificultades no salió una obra caótica. En sus poemas no hay desorden confesional, hay una elaboración rigurosa y una escritura exacta. Por eso sigue siendo tan central: porque no embelleció la modernidad, la observó cuando empezaba a pudrirse y encontró en esa podredumbre una forma nueva de belleza.

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Pensamiento

Ojos sanpaku o leer el destino en un rostro

by Emain Juliana 30/03/2026
written by Emain Juliana

Hay conceptos que, en cuanto salen de su contexto original y empiezan a circular por revistas, programas, foros y redes, dejan de ser solo palabras y se convierten en pequeñas máquinas de sugestión. Sanpaku es una de ellas. Basta con que alguien la mencione junto a la fotografía de un actor, una cantante o un personaje  para que alrededor de su rostro empiece a construirse una interpretación entera, como si en la mirada estuviese impresa una advertencia que nadie supo leer a tiempo. Esa es, en el fondo, lo que significa el término: no describe solo un rasgo ocular, sino que activa la imaginería cultural, que necesita creer que el cuerpo delata.

La palabra sanpaku procede del japonés y suele traducirse como “tres blancos”, en referencia a aquellos ojos en los que puede apreciarse la esclerótica, la parte blanca, en tres zonas alrededor del iris. En la práctica, el término se utiliza sobre todo cuando ese blanco se ve de forma llamativa por debajo o por encima, lo que altera la expresión habitual de la mirada y hace que muchas personas la perciban como extraña, tensa, cansada o inquietante. El concepto comenzó a extenderse fuera de Japón en el siglo XX, sobre todo gracias a George Ohsawa, impulsor de la macrobiótica, que convirtió este rasgo en una señal de desorden físico o mental y lo integró en un discurso más amplio sobre alimentación, salud, equilibrio y destino.

Dentro de esa tradición, se distinguía entre dos variantes. Cuando el blanco se veía bajo el iris, se hablaba de yin sanpaku, asociado a vulnerabilidad, agotamiento o exposición al peligro; cuando el blanco aparecía por encima, se hablaba de yang sanpaku, al que se atribuían impulsividad, descontrol o una violencia interior latente. Estas asociaciones, que hoy siguen repitiéndose en muchos contenidos virales, no forman parte de un diagnóstico médico reconocido, pero si de una forma de lectura del rostro emparentada con la fisiognomía.

Durante siglos, en distintas tradiciones, se ha intentado leer el carácter en la superficie del cuerpo. La fisiognomía, que aspiraba a establecer una correspondencia entre rasgos físicos y cualidades morales o psicológicas, gozó de enorme prestigio en determinados periodos, aunque hoy esté ampliamente desacreditada. La Encyclopaedia Britannica lo resume sin rodeos: la mayor parte de esos intentos han sido desmentidos, de modo que la fisiognomía suele considerarse pseudociencia. Y, sin embargo, la necesidad de leer el alma en la cara no ha desaparecido nunca.

Kristen Stewart. Imagen de depositphotos

Ahora bien, si se aparta todo ese aparato interpretativo y se vuelve al terreno de lo real, conviene recordar que no existe una categoría médica llamada “ojos sanpaku” que permita deducir rasgos psicológicos o morales de una persona. Que se vea más blanco alrededor del iris puede deberse a variaciones anatómicas normales, a la forma de los párpados, a la estructura facial y a circunstancias clínicas concretas. En oftalmología se utiliza el concepto de scleral show para describir una visibilidad acentuada de la esclerótica, y algunas afecciones, entre ellas ciertos trastornos relacionados con la posición del ojo o de los párpados, pueden hacer que ese aspecto resulte más evidente. Entre las causas posibles del proptosis o exoftalmos, por ejemplo, se encuentran algunos problemas tiroideos, como la enfermedad de Graves.

En el cine, en la ilustración, en el cómic o en el manga, una mirada en la que el blanco del ojo se hace más visible puede utilizarse para sugerir intensidad, amenaza, agotamiento o desarreglo, de modo que el rasgo acaba funcionando como un recurso expresivo. No importa tanto si el espectador conoce la palabra sanpaku; importa que ya ha aprendido a asociar cierta forma de la mirada con determinados estados o tipos de personaje. 

En la cultura popular moderna, además, el término ha encontrado un terreno fértil en la obsesión por las celebridades. Se ha hablado de ojos sanpaku en figuras cuya vida estuvo marcada por el exceso o una muerte prematura, como si la mirada hubiese anticipado el desenlace. No es casual. La cultura de la fama siempre ha necesitado señales retrospectivas, pequeñas pistas que permitan ordenar el caos de una biografía y dar a la tragedia una apariencia de coherencia. Después de que algo terrible ocurra, aparece esa necesidad de decir que ya estaba ahí, que podía verse, que alguien lo había advertido. El mito se alimenta justamente de esa relectura posterior.

Uno de los casos más citados en la difusión del término fue el de John F. Kennedy, a quien Ohsawa señaló como ejemplo de este rasgo antes de su asesinato. El episodio contribuyó mucho a la circulación del concepto en Occidente, porque le dio el ingrediente que toda superstición necesita para fortalecerse: una coincidencia convertida en prueba. 

Timothée Chalamet. Imagen de depositphotos

Quizá por eso esta idea ha terminado relacionándose a nombres como Marilyn Monroe, James Dean, John Lennon, Elvis Presley o Amy Winehouse, y también, en tiempos más recientes, a rostros como los de Billie Eilish, Kristen Stewart, Bella Hadid, Rami Malek o Timothée Chalamet, porque cuando una figura pública reúne un aura de belleza, rareza, fragilidad, exceso o una vida que el público relee en clave trágica, siempre surge la tentación de encontrar en su cara una señal premonitoria. Al final, más que hablar de unos ojos concretos, el término acaba diciendo algo sobre nuestra costumbre de convertir ciertos rostros en mito y de creer que, si observamos bien una fotografía, vamos a encontrar en ella una clave que nunca estuvo realmente ahí.

Fuentes consultadas

George Ohsawa, You Are All Sanpaku.

Encyclopaedia Britannica, voz “Physiognomy”.

PubMed, artículos sobre scleral show y visibilidad de la esclerótica.

Cleveland Clinic, información médica sobre proptosis y alteraciones en la apariencia ocular.

30/03/2026 0 comments
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En cortoEntrevistasLiteratura

Entrevista a Lara Palancar, librera de La Tercera Palabra (Oviedo)

by Emain Juliana 23/03/2026
written by Emain Juliana

En la calle del Rosal, en pleno centro de Oviedo, se encuentra La Tercera Palabra, una librería independiente que abrió sus puertas hace menos de un año y que ya se ha convertido en una parada habitual para muchos lectores. Detrás del proyecto están Lara Palancar y Juan Navarro, que decidieron cambiar de rumbo vital para levantar un espacio donde los libros se eligen con cuidado y se recomiendan con conocimiento. Su catálogo se inclina especialmente hacia los clásicos, la literatura japonesa, el ensayo, infantil y algunos títulos de segunda mano, pero también hacia todo aquello que invite a leer con tranquilidad. Además de vender libros, la librería acoge clubes de lectura, talleres y presentaciones, lo que la ha transformado en un pequeño punto de encuentro cultural en el barrio. En esta entrevista, nos cuentan cómo surgió la idea, por qué apostaron por este modelo y qué tipo de lector entra hoy por su puerta.

Interior de la librería. Imagen de José Antonio Pernia López

Abrir una librería hoy no parece el camino más fácil. ¿Cómo nació realmente el proyecto de La Tercera Palabra?

Podríamos decir que el proyecto nace de una mezcla entre idealismo y pragmatismo.

Si bien tiene origen en mi vocación como librera , que surge de mi amor a los libros, mi experiencia durante cuatro años en una librería de Granada y mi cansancio de unas condiciones laborales deplorables; luego se junta con un proyecto de vida en Asturias junto a Juan, que es profesor de historia y geografía y opositó en esta Comunidad Autónoma.

Entonces, una idea romántica que es casi un sueño cristaliza gracias a condiciones materiales.

La librería toma su nombre de La tercera palabra, de Alejandro Casona. ¿Qué os llevó a elegir ese nombre?

Conocí a Alejandro Casona con trece años al leer Flor de leyendas gracias a un profesor de Lengua y literatura que ahora con perspectiva relaciono con esos maestros de las misiones pedagógicas cambiando el campo por un barrio de la periferia de Madrid y trabajadores rurales por pandilleros. Más adelante nos hizo actuar en La Dama del Alba, también de Casona, donde me tocó interpretar a La Peregrina. Cuando tantos años después me vi quebrándome la cabeza para elegir un nombre (me hubiese encantado La montaña mágica pero ya existía otra librería que se llamaba así) recordé a este profesor, a su vocación por difundir la literatura sin prejuicios y con cariño, a Alejandro Casona, que además era asturiano, y La Tercera Palabra, que significa amor en la obra homónima y a la que me aferré como a un tablón flotando tras un naufragio en el mar tras algunos eventos traumáticos en mi anterior trabajo. Así llegó este nombre a nosotros.

Además, tenemos que confesar que nos gusta el toque misterioso que le da a la librería.

Detalle de la librería. Imagen de José Antonio Pernia López

Muchos proyectos libreros nacen hoy alrededor de la novedad editorial. Vosotros habéis apostado con fuerza por los clásicos. ¿Es una elección que nace de vuestro propio gusto como lectores o también de una forma de posicionarse frente a la cultura actual?

Nace sobre todo de nuestro gusto como lectores y tiene, además, algo de posicionarnos frente a la forma de consumo cultural actual. No es exactamente frente a la cultura actual, porque sí creemos que ahora se escribe muy bien, sobre temas muy interesantes, como consecuencia natural a los tiempos que estamos viviendo. Y que además, ¡se edita muy bien!, y Asturias es muy buen ejemplo de ello, aquí hay varias editoriales muy buenas, con buen catálogo y muy cuidado.

Nosotros somos lectores principalmente de clásicos y a veces nos produce pánico la vorágine de publicaciones, producciones y sagas que se editan, se leen y muchas veces se olvidan, por eso apostamos por tener un buen fondo con libros que conocemos y depender lo mínimo posible de la novedad rotativa con la que no creamos ningún vínculo y que es más difícil conocer en profundidad y recomendar.

En una época en la que todo parece inmediato, ¿qué papel creéis que pueden tener los clásicos para un lector contemporáneo?

Calvino decía que los clásicos sirven para entender quiénes somos y adónde hemos llegado, también decía “que no se crea que los clásicos se han de leer porque «sirven» para algo” y “lo deseable de un futuro que se ha de conquistar es garantizado por la memoria de un pasado perdido».” Entonces, en la época actual los clásicos pueden jugar el papel de entender mejor el mundo que nos rodea, convertirse en ancla en un momento en el que todo es líquido y pasa demasiado rápido; además tienen ese matiz de evocar lo pasado que cuadra con la nostalgia actual que nos invade un poco a todos y, por último, nos amplían la visión del mundo y esto nos hace ser mejores personas. Además cuando leemos que, por ejemplo, la protagonista de una novela de hace cien años de Emilia Pardo Bazán sufría las mismas inseguridades que nosotras o que en el siglo XII un noble japonés se enfrentaba a las mismas inseguridades, somos capaces de ver el mundo con mayor perspectiva y de sentir consuelo al relativizar ciertas cosas.

¿Qué autoras y autores pensáis que siguen estando un poco olvidados por los lectores en España?

Estamos contentos porque creemos que últimamente se están recuperando muchos escritores o escritoras pero siempre hay pequeñas joyas que pasan desapercibidas, sobre todo si son anteriores al siglo XIX. A Juan y a mí nos encanta, por ejemplo, la literatura del siglo XVI y XVII, la novela picaresca nos parece muy divertida. María de Zayas, por ejemplo, fue una escritora feminista que escribió Novelas amorosas y ejemplares, una especie de Decameron español y que casi nadie conoce o lee.

Interior de la librería. Imagen de José Antonio Pernia López

En La Tercera Palabra hay una presencia notable de literatura japonesa. ¿Qué creéis que encuentra un lector europeo en esa tradición que quizá no encuentra en la literatura occidental?

Esto lo explica muy bien Tanizaki en su ensayo Elogio de la sombra, en él, el autor hace un alegato a favor del arte, la literatura y la cultura japonesa que se desenvuelve en el matiz, lo sutil, la penumbra, lo no-nombrado; mientras la sociedad occidental responde a lo pragmático, lo claro, lo moderno, lo nuevo o lo inmediato. Y eso puede encontrarse al leer su literatura, algo que de nuevo en el momento en el que vivimos, nos puede servir para parar y ver las cosas desde otra perspectiva.

¿Qué clásico os ha sorprendido ver que sigue enganchando a lectores muy jóvenes?

La ganadora indiscutible es Jane Austen seguida de cerca, tal vez, por La metamorfosis. También hay picos  de compras que responden mucho a adaptaciones cinematográficas, como ha pasado con Frankenstein o con Cumbres borrascosas.

¿Qué os encontráis más a menudo: lectores que vienen con una idea clara o lectores que descubren un libro por el camino?

La balanza está bastante equilibrada, probablemente sean más los que descubren un libro por el camino pero muchas veces vienen con una idea clara y no les importa esperar uno o dos días a que pidas el libro si en ese momento no lo tienes en la librería.

Muchas librerías hablan de ser “espacios culturales”. En la práctica, ¿qué significa para vosotros esa expresión?

En la práctica, tenemos un espacio destinado a actividades que tengan que ver con la cultura, desde presentaciones, clubs de lectura, talleres de historia del arte a cursos sobre autoras, meteoritos o historia de Japón. Me cuesta definir este concepto sin caer en expresiones cursis, trilladas o ambiguas. Diría que de alguna forma, el que una librería sea, además un “espacio cultural”, la distingue de una mera tienda de libros a un lugar que vive con la intención de promover la cultura y los encuentros entre lectores.

¿Qué se pierde cuando desaparece una librería de barrio?

Ay, esta pregunta es algo dolorosa. Por un lado, se pierde lo que se pierde cuando cierra cualquier comercio de barrio. La cercanía, el trato personal, el asesoramiento de una persona especializada en su campo… Pero además en el caso de una librería se pierde esa oportunidad de acceso a la cultura, oportunidad para descubrir mundos nuevos. El otro día escuchaba decir a otro librero de Galicia que en el barrio donde él se había criado, que no tenía biblioteca, ni cine, ni museos… tenía una sola librería donde de pequeño se compraba los clásicos en ediciones de bolsillo y así comenzó su pasión por los libros de una persona que terminó siendo también librero. ¡Cuánto hubiera perdido él si esa librería de su barrio hubiese cerrado!

Si tuvierais que explicar a alguien que nunca entra en librerías por qué debería hacerlo, ¿qué le diríais?

Juan siempre dice que se tiene todo que ganar y nada que perder al entrar en una librería. Tiene algo de lo que tiene entrar en un museo, se te ofrecen centenares de pequeñas obras y puedes curiosear y, de verdad lo creemos, puedes descubrir tantas cosas.

Y una última pregunta inevitable para libreros: si hoy tuvierais que poner un solo libro en manos de alguien que empieza a tomarse en serio la lectura, ¿cuál sería y por qué?

Normalmente hago unas pocas preguntas a cada lector para saber qué libro recomendar pero si me tengo que tirar a la piscina… probablemente por los tiempo que corren se me viene a la cabeza Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi, que además de ser una novela entrañable, con una escritura cálida y personajes inolvidables, es a su vez un homenaje a quienes viven por y para la literatura y una obra que habla del compromiso social y político cuando la historia se tuerce. Por si fuera poco, todo esto tiene uno de mis inicios preferidos de la literatura:

Sostiene Pereira que le conoció un día de verano. Una magnífica jornada veraniega, soleada y aireada, y Lisboa resplandecía. (…) Y él, Pereira, reflexionaba sobre la muerte. En aquel hermoso día de verano, con aquella brisa atlántica que acariciaba las copas de los árboles y un sol resplandeciente, y con una ciudad que refulgía, que literalmente refulgía bajo su ventana, y un azul, un azul nunca visto, sostiene Pereira, de una nitidez que casi hería a los ojos, él se puso a pensar en la muerte. ¿Por qué? Eso, a Pereira, le resulta imposible decirlo.

Con esta entrevista he querido acercarme a una librería reciente que, pese a su corta trayectoria, ya deja ver una forma muy definida de entender el oficio. En las respuestas de La Tercera Palabra aparecen cuestiones que van más allá de la apertura de un nuevo espacio: el criterio con el que se elige un fondo, la relación con los lectores, las dificultades del presente y la voluntad de sostener un proyecto propio sin plegarse del todo a la lógica de la prisa. Leerlas permite entender mejor no solo cómo nace una librería independiente, sino también qué clase de lugar aspira a ser.

23/03/2026 0 comments
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LiteraturaPensamiento

Lecturas para una atención cada vez más breve

by Emain Juliana 18/03/2026
written by Emain Juliana

Cada cierto tiempo surge una idea que prende rápido porque parte de una inquietud bastante extendida: que cuesta concentrarse, que se lee de otra manera y que los libros, como casi todo, también se están adaptando a ese cambio. Ayer he leído un artículo publicado por El Cultural  que argumenta que las novelas son hoy más simples porque el promedio de palabras por frase ha ido bajando durante el último siglo. La afirmación llama la atención, y no del todo sin motivo, aunque conviene examinarlo con un poco mas de detenimiento.

La base del asunto no es ficción. Sí existen análisis recientes que apuntan a que, al menos en una parte importante de la narrativa comercial en inglés, las oraciones se han ido acortando con el paso de las décadas. The Economist publicó en 2025 un análisis sobre centenares de superventas del New York Times y señalaba precisamente esa tendencia: la prosa de muchos títulos populares es hoy más breve y más directa que hace varias décadas. Es decir, el artículo acierta de pleno al detectar un cambio de ritmo en uno de los sectores más visibles del mercado editorial.

Lo que ya no resulta tan convincente es convertir ese dato en una prueba empírica de que las novelas son peores, más pobres o menos inteligentes. Una frase corta no vuelve simple a una novela por sí sola, del mismo modo que una frase larga no la vuelve mejor. La escritura no funciona como una tabla de medidas. Hay textos de apariencia limpia que esconden bastante complejidad y otros mucho más cargados que, cuando uno los lee, solo son estilo y lingüística, y por tanto, no contienen tanto como prometen. Los estudios sobre complejidad textual llevan tiempo insistiendo en que la dificultad de un texto depende de más cosas: el vocabulario, la estructura, la densidad de ideas, la forma de relacionarlas y también el tipo de lector al que ese texto se enfrenta.

El debate se vuelve más interesante cuando se desplaza un poco el foco. Quizá la pregunta no sea si las novelas son ahora más simples, sino qué tipo de lectura encaja mejor en nuestro presente. Leer hoy no se parece demasiado a leer hace cincuenta años. Leémos entre interrupciones constantes, con menos continuidad, con menos silencio y una competencia feroz por la atención. En ese contexto, no sorprende que buena parte del mercado empuje hacia libros que entren muy rápido, avancen pronto pero no exijan demasiada paciencia en las primeras páginas. Ahí sí hay una transformación clara, y seguramente bastante más reveladora que el simple recuento de palabras por frase.

Los datos sobre hábitos de lectura ayudan a entender mejor el marco. Un estudio publicado en iScience mostró que la lectura diaria por placer en Estados Unidos cayó más de un 40% entre 2003 y 2023. En el Reino Unido, una encuesta de YouGov señaló que un 40% de los adultos no había leído ni escuchado ningún libro en los últimos doce meses. En España el panorama es menos áspero, aunque tampoco invita al triunfalismo: el Barómetro de Hábitos de Lectura de 2025 situó en el 66,2% el porcentaje de población mayor de catorce años que lee libros por ocio. No estamos, por tanto, ante una desaparición de la lectura, pero sí ante una relación más frágil e irregular y también más condicionada por el entorno digital.

Por eso el problema quizá no esté en que la literatura haya perdido valor, sino en que el contexto castiga cada vez más todo lo que requiere cierta demora. No hace falta caer en el dramatismo para reconocer el cambio de pradigma. Un libro que pide tiempo y atención durante horas compite hoy con formas de consumo mucho más instantáneas que generan dopamina en minutos o incluso segundos. Eso influye en cómo leen las personas, en cómo editan las editoriales y en cómo escriben muchos autores y autoras que saben que, si no enganchan enseguida a los lectores y lectoras, su obra puede pasar desapercibida desde el principio.

También conviene desconfiar un poco del gesto nostálgico que suele colarse en este tipo de debates. La literatura popular del pasado tampoco fue un territorio lleno de obras densas y exigentes en su totalidad.  Siempre de todo: libros concebidos para vender mucho, fórmulas repetidas, historias de lectura ágil y una escritura más funcional. Un buen ejemplo es Rocambole, uno de los primeros super ventas, el personaje literario creado en el siglo XIX por el prolífico escritor francés Pierre Alexis Ponson du Terrail, que, a medio camino entre el aventurero y el ladrón de guante blanco, llegó a convertirse en una figura central de la narrativa popular de su tiempo. Aunque hoy su obra apenas conserve presencia entre el gran público, Ponson du Terrail ocupó un lugar importante en la transición entre la novela gótica, el folletín y la consolidación del héroe moderno de aventuras. No es casual, de hecho, que del nombre de su protagonista naciera el adjetivo «rocambolesco», con el que todavía hoy se designa algo extraordinario, exagerado o inverosímil. La diferencia entre la época de Rocambole y nuestro días es que ahora este tipo de literatura se ve venir con más claridad y se extiende en un ecosistema donde todo circula más deprisa y todo parece necesitar una entrada inmediata. 

A decir verdad, lo más interesante de todo esto no está en discutir si una novela con frases cortas vale menos, sino en preguntarse qué clase de cultura favorece o dificulta una lectura más atenta. Porque una sociedad no se empobrece solo cuando sus libros cambian de ritmo, sino cuando cada vez cuesta más reunir la atención que exigen para interiorizarlos y comprenderlos de verdad. Y esa cuestión va mucho más allá del estilo: afecta a la educación, a la propia cultura, a la tecnología, al trabajo, al ocio y a la vorágine de la inmediatez en la que nos vemos inmersos cada día.

Muchas novelas comerciales tienden hoy a una prosa mucho más breve y más directa. Sí, los hábitos de lectura han cambiado y en bastantes casos se han debilitado. Lo que no queda demostrado de manera automática es que la literatura contemporánea sea, por ello, más simple en cuanto a la temática y a la profundidad. Quizá lo que tenemos delante no sea una literatura menor, sino una literatura hecha a la medida de su tiempo, de una época que se lleva muy mal con la tranquilidad, la lentitud y todo aquello que exige demorarse un poco más de la cuenta. Y eso, más que cerrar el debate, lo vuelve bastante más interesante.

18/03/2026 0 comments
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AgendaMúsica

Whitechapel anuncia su gira europea con parada en Madrid y Barcelona

by Emain Juliana 09/03/2026
written by Emain Juliana

El deathcore vuelve a tomar Europa con fuerza. La banda estadounidense Whitechapel ha anunciado una nueva gira por el continente que recorrerá más de veinte ciudades entre enero y marzo de 2027. El tour, titulado “Burn Forever European Tour”, contará además con tres nombres destacados del metal actual: Sylosis, 200 Stab Wounds y Tribal Gaze, formando un cartel que promete noches especialmente intensas para los seguidores de los sonidos más extremos.

El grupo, formado en Knoxville (Tennessee) y considerado uno de los referentes del deathcore moderno, llevaba tiempo sin realizar una gira europea como cabeza de cartel. El guitarrista Alex Wade ha explicado que el objetivo era regresar con un cartel potente que reuniera a algunas de las bandas más agresivas del panorama actual. Según ha señalado, esta serie de conciertos pretende reunir tanto a seguidores veteranos como a nuevas generaciones que han descubierto a Whitechapel en los últimos años.

La gira comenzará el 22 de enero de 2027 en Leipzig (Alemania) y atravesará buena parte del continente con paradas en países como Bélgica, Irlanda, Francia, Italia, Suiza, República Checa, Austria o los países nórdicos. El recorrido incluye también dos conciertos en España: 5 de febrero en la Sala Wagon/Lab de Madrid y 6 de febrero en la sala Razzmatazz 2 de Barcelona, dos ciudades donde la banda ha conseguido reunir un público fiel desde hace más de una década.

En el caso del Reino Unido, las fechas se desarrollarán bajo un formato ligeramente distinto, ya que Whitechapel compartirá protagonismo con Sylosis en un sistema de co-cabezas de cartel. Esto significa que ambas bandas alternarán el cierre de los conciertos dependiendo de la ciudad, algo que añade un elemento adicional de interés para los seguidores británicos.

El anuncio de la gira llega acompañado del estreno de un nuevo vídeo para la canción “Nothing is Coming for Any of Us”, tema que forma parte del último trabajo del grupo, Hymns in Dissonance. Este álbum ha sido descrito por diversos medios especializados como uno de los trabajos más contundentes de su carrera reciente, recuperando la agresividad de sus primeros discos mientras incorpora una producción más moderna y una estructura compositiva más compleja.

Las críticas han destacado especialmente el equilibrio entre brutalidad y técnica que caracteriza a este nuevo material. En él conviven pasajes de guitarras extremadamente densas, secciones de batería explosivas y la voz característica de Phil Bozeman, cuya presencia vocal sigue siendo uno de los rasgos más reconocibles de la banda.

El impacto del disco también se ha reflejado en las listas de ventas. Durante su primera semana logró situarse en el número 2 del ranking Current Hard Rock Albums de Billboard, además de alcanzar posiciones destacadas en otras clasificaciones dedicadas al rock y al metal independiente. Para una banda que lleva cerca de dos décadas de trayectoria, estos resultados confirman que su base de seguidores continúa creciendo.

El cartel de la gira refuerza además la diversidad dentro del metal extremo actual. Sylosis, procedentes del Reino Unido, combinan thrash moderno con death metal técnico; 200 Stab Wounds, surgidos en Estados Unidos, representan una nueva generación del death metal más crudo; mientras que Tribal Gaze aportan una aproximación más cercana al metal clásico de los noventa. Esta mezcla de estilos dentro del mismo circuito de conciertos permite atraer a públicos distintos sin perder coherencia sonora.

Con este tour, Whitechapel consolida una etapa de renovación en su carrera. Lejos de limitarse a repetir fórmulas que ya funcionaron en el pasado, la banda parece decidida a explorar territorios más oscuros y pesados sin abandonar la precisión técnica que siempre la ha caracterizado. Si la respuesta del público europeo mantiene el entusiasmo que han generado los primeros anuncios, el “Burn Forever European Tour” podría convertirse en una de las giras de metal extremo más destacadas de 2027.

09/03/2026 0 comments
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CineLiteratura

Cumbres borrascosas o cómo perder a Emily Brontë por el camino

by Emain Juliana 04/03/2026
written by Emain Juliana

El fin de semana pasado he visto la nueva adaptación de Cumbres borrascosas y puedo resumir la experiencia como única, pero no de una manera positiva; más bien he salido de la sala con una sensación de horror y desconcierto a partes iguales. Sí que es cierto que en ningún momento he podido dejar de fijar mi atención en la pantalla; eso sí que hay que reconocerlo.

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero es inevitable, todas las adaptaciones que he visto hasta la fecha son bastante más fidedignas y captan el espíritu de la novela de una manera mucho más eficaz.

Pero, antes de nada, ¿de qué va Cumbres borrascosas?

La novela de Emily Brontë cuenta la historia de Heathcliff, un niño encontrado en la calle y recogido por el señor Earnshaw que se lleva a su casa en Cumbres Borrascosas. Le da el nombre de Heathcliff y lo cría como a uno más de sus hijos. Earnshaw le muestra un afecto evidente, lo protege y lo educa, lo que provoca los celos de su hijo Hindley.

Mientras Hindley lo desprecia y lo maltrata, Catherine Earnshaw establece con Heathcliff un vínculo muy estrecho.

Cuando el señor Earnshaw muere, Hindley hereda la casa y rebaja a Heathcliff a la condición de sirviente. Aun así, el vínculo entre Heathcliff y Catherine continúa siendo el centro de la historia, aunque ella decide casarse con Edgar Linton, un hombre de posición social mucho más estable. Esa decisión hiere profundamente a Heathcliff, que abandona la casa durante un tiempo y regresa más tarde convertido en un hombre decidido a vengarse de quienes considera responsables de su sufrimiento.

A partir de ese momento su carácter (orgulloso, obstinado y profundamente rencoroso) marca el destino de todos los que lo rodean. Heathcliff arrastra a Catherine, Edgar, Hindley, Isabella Linton y a la siguiente generación de la familia en una cadena de resentimientos y dependencias que se extiende durante años, hasta que la historia encuentra cierta resolución en los hijos de ambos linajes. Todo el relato llega al lector a través de la narración de Ellen Dean, que reconstruye estos acontecimientos para el señor Lockwood, visitante y testigo indirecto de lo ocurrido en Cumbres Borrascosas.

No quiero destripar la película por si a alguna persona le apetece asistir a tal martirio, pero si voy a comentar algunas cuestiones.

Vamos por partes. El montaje y el ritmo hacen que la historia se cuente a trompicones y, además, aparece tremendamente sexualizada en momentos que poco aportan a lo que se está narrando. A esto se suma la ausencia de personajes que son fundamentales en la novela y que son indispensables para desarrollar buena parte de la trama. Ni están ni se les espera la señora Earnshaw, los señores Linton, Hindley, Hareton, Linton —hijo de Heathcliff e Isabella—, ni la propia hija de Catherine Earnshaw, Cathy. Ya puestos, tampoco aparece el señor Lockwood, inquilino de la Granja de los Tordos, al que Ellen Dean cuenta toda la historia de los personajes.

Con todas estas ausencias, la historia se centra completamente en una relación tórrida entre Catherine y Heathcliff  y la película termina pareciendo una mala novela de dark romantasy llevada al cine. Los mismos diálogos se repiten hasta la extenuación, hay escenas demasiado impactantes, decorados chillones, los juegos de negro brillante, rojo brillante, blanco y rosa empolvado… todo colocado simplemente para mantener la atención del espectador pero sin simbolismo real y de peso (hay que decir que están en la Granja de los Tordos). A los personajes no se les dota de profundidad y no llegas a entender realmente por qué toman ciertas decisiones o sus motivaciones reales.

También hay decisiones de casting que chocan demasiado con la descripción original de los personajes, véase el propio Edgar Linton o la misma Catherine Earnshaw por ejemplo.

La obra de Emily Brontë trata sobre el orgullo, la jerarquía social, resentimiento y los conflictos sentimentales no resueltos que pasan de una generación a otra, realmente no necesita exageraciones porque la violencia que contiene ya está interiorizada en los personajes.

Dicho de otra manera: puede ser una película llamativa, incluso hipnótica en ciertos momentos, pero si se conoce bien la novela es difícil no salir con la sensación de que lo que se ha adaptado tiene poco que ver con Cumbres borrascosas y bastante más con vender una idea demasiado diferente y comercial de ella.

Dirección: Emerald Fennell

Producción: Emerald Fennell, Margot Robbie, Josey McNamara

Guión: Emerald Fennell

Basada en: Cumbres Borrascosas de Emily Brontë

Música: Anthony Willis (banda sonora) Charli XCX (canciones)

Fotografía: Linus Sandgren

Montaje: Victoria Boydell

Protagonistas: Margot Robbie, Jacob Elordi, Shazad Latif, Hong Chau, Alison Oliver

País: Reino Unido, Estados Unidos

Año: 2026

VALORACIÓN: 2 DE 5
04/03/2026 0 comments
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Literatura

La Tribuna y la promesa de la revolución

by Emain Juliana 27/02/2026
written by Emain Juliana

Cuando Emilia Pardo Bazán publica La Tribuna en 1883, decide situar la acción en los años que rodean la Revolución de 1868 porque en ese momento histórico se extendió la idea de que la política podía transformar la vida de la gente común. Antes de que el levantamiento obligara a abandonar el trono a Isabel II, el país llevaba tiempo atravesando un desgaste político que había erosionado la confianza en el sistema constitucional, cuyo funcionamiento dependía de una alternancia pactada entre facciones que manipulaban los procesos electorales y restringían la participación a quienes cumplían determinados requisitos económicos.

A medida que avanzaba la década de 1860, el descontento político se unió a una crisis económica que afectó con fuerza a las ciudades y que dejó claro que el sistema no ofrecía seguridad ni estabilidad para buena parte de la población. En ese contexto comenzó a organizarse una oposición que reunía a grupos distintos pero que coincidía en una idea básica: el régimen estaba agotado y era necesario iniciar un proceso que ampliara la representación política. El Pacto de Ostende fue el paso decisivo para coordinar esa estrategia y preparó el levantamiento de septiembre de 1868, que muchos interpretaron como la oportunidad real de cambiar el rumbo del país.

La Constitución de 1869 estableció el sufragio universal masculino y reconoció libertades que ampliaron el debate público. Por primera vez, muchos hombres que habían quedado fuera del sistema podían participar formalmente en la vida política. Las mujeres, en cambio, seguían excluidas del voto, pero la revolución extendió la idea de que el cambio era posible, aunque el poder siguiera concentrado en los mismos espacios de siempre.

Pero ¿de qué va La Tribuna?

«En una ciudad portuaria del norte de España, Amparo, joven cigarrera de carácter vehemente y gran facilidad de palabra, se convierte en líder espontánea de sus compañeras de fábrica en los años convulsos que preceden a la Primera República. Su fe apasionada en la igualdad, la justicia social y la República federal crece al mismo tiempo que su relación con Baltasar Sobrado, un burgués que la desea pero no está dispuesto a reconocerla como igual. Cuando Amparo queda embarazada y es abandonada, la distancia entre los ideales revolucionarios y la realidad social se vuelve irreparable. Emilia Pardo Bazán construye una novela lúcida y amarga sobre clase, género y poder, donde la proclamación de la República no supone la redención personal ni colectiva, sino un nuevo escenario para viejas injusticias».

En ciudades como A Coruña, donde la Fábrica de Tabacos reunía a muchas mujeres con salario propio, la prensa empezó a tener un papel real en la vida diaria. Los periódicos circulaban y se leían en grupo, de modo que el trabajo se convertía también en un espacio de debate político. Cuando Amparo lee en voz alta y explica las noticias a sus compañeras, extiende idea de que la política podía dar acceso a un mundo que antes parecía reservado a otros. En ese momento histórico se expande la creencia de que el cambio político podía influir también en la vida personal, especialmente en la de las trabajadoras y la novela recoge esa idea con confianza.

Después del derrocamiento de Isabel II y durante el periodo en el que gobernó Amadeo I de Saboya, junto con la experiencia republicana, quedó claro que cambiar la forma del Estado no modificaba por sí mismo las desigualdades sociales. El debate era más amplio y la prensa tenía más libertad, pero las mujeres seguían apartadas de las decisiones políticas y las diferencias entre clases seguían limitando las oportunidades reales. En ese contexto se entiende el conflicto de La Tribuna, donde la confianza plena en la revolución convive con una realidad que limita las posibilidades reales de la protagonista.

El contexto político no es un simple escenario. Es la razón por la que Amparo cree que su destino puede cambiar. Sin ese clima de apertura y de confianza en la revolución, no se entendería ni su implicación política ni la experiencia que atraviesa cuando descubre que el poder sigue estando donde siempre ha estado.

27/02/2026 0 comments
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Música

¿Por qué el metal sinfónico vuelve a llenar salas en 2026?

by Emain Juliana 20/02/2026
written by Emain Juliana

Si alguien dio por amortizado el metal sinfónico, probablemente no ha mirado la agenda de conciertos de este año, porque basta con repasar las fechas de gira de Amaranthe, Epica, Tarja Turunen & Marko Hietala o Brainstorm para comprobar que el género no solo sigue muy vivo, sino que vuelve a reunir a miles de personas en salas que, hasta hace poco, parecían demasiado grandes para una propuesta que muchos daban por reducida en su nicho.

El metal sinfónico tuvo su auge entre finales de los años noventa y mediados de los dos mil, con un pico muy claro aproximadamente entre 2003 y 2008.

El germen surge primero. En los años noventa ya había bandas que combinaban metal con elementos orquestales. Un buen ejemplo es Therion, que en 1996 lanzó Theli, un disco importante porque incorporó coros y estructuras casi operísticas dentro del metal. En 1997, Nightwish publicó Angels Fall First, un álbum que sirvió como base para definir el estilo que luego sería muy reconocido dentro del género.

El verdadero salto llega a comienzos de los 2000. Cuando Nightwish publica Once en 2004 y entra en circuitos más amplios de distribución, el metal sinfónico deja de ser un género que se escuchaba casi íntegramente en Europa para convertirse en fenómeno mundial dentro del metal. Paralelamente, Within Temptation con The Silent Force (2004) y Epica con The Phantom Agony (2003) consolidan la fórmula.

Hoy quienes rondamos los cuarenta o cincuenta podemos celebrarlo, porque ese subgénero que sonaba con fuerza cuando empezábamos a patear salas está otra vez en primera línea. Sin embargo, reducir el fenómeno a una cuestión generacional sería simplificarlo demasiado. Quienes hoy rondan los veinte años han llegado al metal sinfónico sin la sensación de que fue «algo de los dos mil», ya que lo han descubierto en un ecosistema digital donde conviven sin jerarquías una banda sonora épica, un tema de pop oscuro, metal extremo y una canción de Nightwish o de Apocaliptica. En ese ambiente, donde las playlists ya no separan las décadas como antes, el metal sinfónico se cuela de manera natural y llega a gente nueva que lo siente fresco porque lo están conociendo justo ahora.

A esto se suma algo más profundo que tiene que ver con el momento social. Hoy en día, vivimos en un entorno donde la economía es inestable, todo sucede muy rápido, estamos constantemente bombardeados de información y hay una sensación de incertidumbre que afecta a distintas generaciones.  En un contexto donde la vida cotidiana se organiza alrededor de tareas fragmentadas y estímulos demasiado breves, este género propone algo que va en la dirección contraria: temas largos y contundentes e intensos pero a la vez en cierta manera relajantes. Esa estructura, que exige bastante atención sonora resulta muy atractiva precisamente porque rompe con el ritmo frenético que domina otros espacios de consumo cultural, con su escala amplia y su dramatismo, permite canalizar esa tensión colectiva en un entorno compartido donde  no se vive en solitario, sino mas bien en comunidad.

La manera en que la gente escucha música hoy en día también tiene mucho que ver. Cuando la mayoría de lo que escuchamos a diario son canciones cortas y sueltas, el concierto toma otro sentido. Se vuelve una experiencia en sí misma, algo que realmente vale la pena, y que justifica gastar en la entrada, el viaje, el hotel y todo lo demás. El metal sinfónico entra en este tipo de experiencia, porque los integrantes no solo tocan canciones, sino que construyen una atmósfera completa que combina la fuerza instrumental con un espectáculo épico visual, o sea, un recuerdo para toda la vida. La gente siente que está viviendo algo único, algo que no podría hacer en casa, y esa sensación de teatro es suficiente para que valga la pena ir a un lugar lleno.

El género, además, ha sabido adaptarse a los estándares actuales sin perder su identidad. Las producciones son más elaboradas, los arreglos están trabajados con mayor detalle, la integración de elementos electrónicos o corales se realiza con una intención clara. Esa actualización evita que suene revenido y anclado a una etapa concreta y facilita que dialogue con otras corrientes del metal contemporáneo, lo que amplía su alcance sin diluir lo que lo hace reconocible.

También influye el clima cultural, donde proliferan historias de gran escala en cine, series y videojuegos que han normalizado una estética mas expansiva y dramática. El metal sinfónico siempre trabajó con esa dimensión narrativa, de modo que ahora conecta con una sensibilidad acostumbrada diversos canales y formatos. Cuando las letras abordan mundos imaginarios o luchas interiores que se expresan con fuerza, el público no percibe exceso, mas bien una coherencia con el imaginario que ya consume a diario.

Por eso, cuando en 2026 vemos entradas agotadas, no se trata de algo pasajero ni solo de nostalgia generacional, sino más bien de la mezcla entre un grupo de oyentes fieles que nunca desaparecieron y una nueva audiencia que lo descubre sin prejuicios, en un momento social que impulsa propuestas atractivas.

20/02/2026 0 comments
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