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Arte

Arte

El infierno de Dante: Doré y Rauschenberg en Madrid

by Uve Magazine 10/10/2026
written by Uve Magazine

La Fundación Canal reúne en Madrid las interpretaciones que Gustave Doré y Robert Rauschenberg realizaron del Infierno de Dante Alighieri. A través de 111 obras gráficas, la exposición permite descubrir cómo un mismo texto literario dio lugar a dos concepciones del arte separadas por casi un siglo.
Cuando Dante Alighieri escribió la Divina comedia a principios del siglo XIV, difícilmente podía imaginar hasta qué punto su descripción del infierno determinaría la representación artística del castigo y la condenación. Su viaje por los nueve círculos del inframundo, acompañado por el poeta Virgilio, ofrecía una geografía precisa del pecado, poblada por personajes históricos, criaturas mitológicas y almas sometidas a tormentos que guardaban relación con sus faltas. Más de siete siglos después, ese universo continúa proporcionando materia de trabajo a los artistas.

La Fundación Canal de Madrid presenta, del 7 de octubre de 2026 al 5 de enero de 2027, El infierno de Dante. Doré y Rauschenberg, una exposición comisariada por Lola Durán Úcar que reúne las dos series completas que Gustave Doré (1832-1883) y Robert Rauschenberg (1925-2008) dedicaron a la primera parte del poema. Aunque ambos partieron del mismo texto, sus imágenes responden a preocupaciones artísticas y sociales considerablemente distintas.
En 1861, Gustave Doré publicó sus célebres ilustraciones del Infierno, una serie de 75 xilografías que terminaría convirtiéndose en una de las representaciones más conocidas de la obra de Dante. Su interpretación, vinculada al Romanticismo, construye un paisaje de montañas, precipicios, bosques y arquitecturas imposibles, donde las figuras humanas parecen insignificantes frente a la inmensidad del escenario.
Doré prestó especial atención a los contrastes entre luces y sombras, a la anatomía de los condenados y a la expresividad de sus gestos. Sus ilustraciones fueron concebidas como una narración visual que acompaña el avance de Dante y Virgilio, deteniéndose en los episodios de mayor intensidad. Para ejecutarlas contó con grabadores especializados, entre ellos Héliodore Pisan, responsable de las estampas de la edición de Hachette de 1862 que puede contemplarse en la exposición.
Uno de los ejemplos más conocidos es el encuentro con Paolo y Francesca, los amantes condenados a girar eternamente arrastrados por una tormenta. Doré los representa abrazados, suspendidos en el aire, mientras otros cuerpos se retuercen a su alrededor. La composición transforma el episodio literario en una imagen de enorme dramatismo, en la que el sufrimiento convive con la belleza de las figuras.
Casi cien años después, Robert Rauschenberg emprendió una interpretación completamente diferente. Entre 1958 y 1960 realizó sus XXXIV dibujos para el Infierno de Dante, una serie en la que incorporó fotografías procedentes de revistas, imágenes publicitarias, dibujos, pintura y transferencias sobre papel.
En lugar de reconstruir visualmente el mundo medieval, Rauschenberg trasladó los personajes y conflictos del poema a la sociedad estadounidense de mediados del siglo XX. Dante puede aparecer representado mediante la fotografía de un hombre corriente extraída de un anuncio de ropa interior, mientras que Virgilio adopta ocasionalmente la apariencia de un atleta o un hombre de negocios. Entre los condenados surgen políticos, militares y figuras reconocibles de la cultura de masas.

Su interpretación introduce cuestiones relacionadas con el poder político, la violencia institucional y la sociedad de consumo. En el círculo de los fraudulentos, por ejemplo, los demonios que amenazan a Dante y Virgilio son sustituidos por fuerzas policiales antidisturbios. En otros pasajes aparecen referencias a la Guerra Fría y a las tensiones militares de la época.
La exposición presenta las 35 litografías offset de la edición Macorini de 1965, que reproducen los 34 dibujos originales del artista, conservados actualmente en el MoMA, además de la portada de la serie. El ejemplar expuesto pertenece a una tirada de 250.
El contraste entre ambos autores resulta especialmente evidente en el último círculo del infierno, donde Dante sitúa a los traidores y al propio Lucifer, atrapados en un inmenso lago helado. Doré representa al demonio como una criatura gigantesca, inmóvil y abatida, cuyas alas ocupan buena parte del espacio. Rauschenberg, en cambio, introduce referencias a la amenaza nuclear y a la destrucción asociada al conflicto político del siglo XX.
Organizada siguiendo el descenso por los nueve círculos, la muestra permite comparar las soluciones que cada artista encontró para representar los mismos acontecimientos. El diseño expositivo, realizado por Enrique Bonet, incorpora fragmentos del poema que ayudan a situar las escenas dentro de la narración.
Más allá de las diferencias técnicas, El infierno de Dante. Doré y Rauschenberg plantea una cuestión que atraviesa buena parte de la historia del arte: cómo una obra literaria puede adquirir significados diferentes según la época en la que se interpreta. Doré encontró en Dante un universo apropiado para desarrollar los ideales estéticos del Romanticismo; Rauschenberg utilizó ese mismo relato para examinar algunas de las contradicciones de la sociedad contemporánea.
La distancia entre ambas propuestas demuestra también que los grandes clásicos literarios no permanecen encerrados en el periodo histórico en el que fueron escritos. Cada nueva interpretación incorpora las inquietudes de su tiempo. Y, en el caso de Dante, el infierno continúa ofreciendo suficientes imágenes y conflictos humanos como para que artistas de siglos distintos encuentren en él algo que contar.

Información de la exposición

El infierno de Dante. Doré y Rauschenberg

Fundación Canal, Sala Mateo Inurria 2, Madrid
Del 7 de octubre de 2026 al 5 de enero de 2027
De 11:00 a 20:00 h; miércoles de 11:00 a 15:00 h
Entrada gratuita
Comisaria: Lola Durán Úcar
10/10/2026 0 comments
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Arte

CAUTÍN, un río a contracorriente

by Valeria Cruz 08/09/2026
written by Valeria Cruz

Del 6 de octubre de 2026 al 17 de enero de 2027, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza acoge CAUTÍN, la primera exposición individual en Europa de Seba Calfuqueo, artista mapuche nacida en Santiago de Chile en 1991. La muestra, presentada junto a TBA21 Thyssen-Bornemisza Art Contemporary, reúne más de veinticinco obras de nueva producción y parte de una investigación desarrollada durante más de dos años en torno al río Cautín, uno de los cauces más significativos de la Araucanía.

Seba Calfuqueo. Opacidad Agua

Calfuqueo trabaja desde hace más de una década sobre identidad, territorio y memoria mapuche, aunque su obra evita reducir esos conceptos a categorías aisladas. En CAUTÍN, el paisaje se convierte en archivo, el agua adquiere una dimensión política y espiritual, y la propia idea de recorrido se plantea como una forma de cuestionar la historia lineal. La exposición propone remontar el río a contracorriente, desde su desembocadura en el Pacífico hasta su nacimiento en el volcán Lonquimay, siguiendo una lógica circular que se vincula con la concepción mapuche del tiempo.

Ese movimiento en sentido inverso no es un simple recurso expositivo. El Cautín atraviesa un territorio marcado por sucesivos procesos de colonización, desde la presencia española hasta las campañas del Estado chileno y la privatización del agua durante la dictadura de Pinochet. Frente a una visión que convierte tierra y agua en recursos, la cosmovisión mapuche entiende ambos elementos como fuerzas inseparables y dependientes entre sí. A partir de esa tensión, Calfuqueo construye una exposición donde el territorio no aparece como paisaje contemplativo, sino como espacio vivido, disputado y transformado.

El recorrido comienza en el océano con una animación 3D protagonizada por Carmen, la madre de la artista, que atraviesa el Cautín mientras las ballenas Trempulkawe transportan a los difuntos hacia su conversión en espíritus. La muestra concluye en el volcán, donde una instalación cerámica deja caer una cascada de pelo sintético, en referencia a los procesos de imposición cultural ejercidos sobre las comunidades indígenas durante las misiones evangelizadoras.

Entre ambos extremos, la exposición despliega un conjunto de lenguajes que van de la cerámica y el bordado a la videoperformance, la animación, la fotografía y el mural. Una de las instalaciones reúne doce piezas zoomórficas que reinterpretan el metawe, vasija tradicional mapuche utilizada para recoger y fermentar líquidos, al combinarla con especies autóctonas del entorno del Cautín, algunas amenazadas, como la ranita de Darwin o el huillín. También se muestran nueve pinturas acrílicas bordadas a mano y varios textiles cartográficos que mezclan planimetrías, patrones sagrados y especies vegetales y animales del territorio.

Seba Calfuqueo

El cuerpo ocupa igualmente un lugar central en el proyecto. Una videoperformance sitúa a la propia Calfuqueo en el río como espacio de paso y fricción, mientras otra animación recupera la figura del shumpall, espíritu acuático híbrido y cambiante, que conecta con la experiencia de transición de la artista. A ello se suma un mural dedicado al Cautinazo, episodio clave en las luchas por la restitución territorial mapuche entre 1968 y 1973.

El color azul atraviesa toda la exposición. El kalfü, azul sagrado del pueblo mapuche, estructura tanto las obras como la museografía diseñada por Andrea Muniáin. El vínculo es también personal: Calfuqueo significa “pedernal azul” en mapudungún. Ese azul, sin embargo, no aparece como recurso decorativo, sino como parte de un sistema simbólico en el que materiales naturales y artificiales conviven sin jerarquía.

Calfuqueo habla de “materiales travestis” para referirse a elementos que desdibujan categorías: cerámicas de reflejos metálicos, pelo artificial, superficies brillantes y materiales que combinan lo orgánico con lo sintético. La elección no es accidental. CAUTÍN evita idealizar el territorio y no borra sus zonas turbias, sus conflictos ni sus contradicciones. Lo sucio, lo brillante y lo artificial forman parte de una misma realidad.

La trayectoria internacional de la artista refuerza el peso de esta exposición. Su obra forma parte de colecciones como TATE Modern y Centre Pompidou, ha estado presente en la Bienal de Venecia y en 2026 recibió el Focus Stand Prize de Frieze New York. Tras su paso por Madrid, CAUTÍN viajará al Centro Cultural La Moneda de Santiago de Chile entre mayo y septiembre de 2027 y, en 2028, llegará a The Wallach Art Gallery de Nueva York.

08/09/2026 0 comments
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ArteNoticias

Yayoi Kusama: el infinito como refugio

by Beatriz Menéndez Alonso 28/08/2026
written by Beatriz Menéndez Alonso

Murió el 14 de agosto, aunque la noticia de su muerte se conoció días después. Yayoi Kusama tenía noventa y siete años y, según el comunicado difundido por su estudio, continuó pintando hasta sus últimos días. Hay algo apropiadamente kusamiano en esa última imagen: una mujer frente a un lienzo, todavía haciendo aparecer puntos, flores, calabazas y redes que comenzaron perteneciendo a un universo privado y terminaron formando parte del nuestro.

Se marcha una de las artistas más reconocibles de nuestro tiempo, pero también una pionera que entendió antes que muchos que el arte podía escapar de los museos. Podía vestirse, caminar por las calles, ocupar un escaparate, entrar en una casa. Podía multiplicarse hasta el infinito.

Kusama pasó buena parte de su vida mirando aquello que los demás no podían ver.

Desde niña experimentó alucinaciones. Las flores podían cubrir una habitación; los patrones se desprendían de los objetos y se extendían por las paredes, el techo, las ventanas y su propio cuerpo. Para otros, aquellas visiones habrían sido únicamente una amenaza. Para Kusama se convirtieron en una forma de conocimiento.

Pintó lo que veía.

Y descubrió que una obsesión podía convertirse en lenguaje.

Nació en Matsumoto, en 1929, en una familia conservadora que no recibió con entusiasmo su deseo de convertirse en artista. Más tarde llegaría Nueva York, donde en los años cincuenta y sesenta se encontró con una escena artística masculina, competitiva y extraordinariamente fértil. Kusama no llegó allí para ocupar un lugar: tuvo que inventárselo.

Lo hizo con una mezcla de obstinación y extravagancia.

Esculturas blandas de formas fálicas, performances, desnudos, redes infinitas y superficies enteras invadidas por puntos. Su obra tenía algo de juego infantil y, al mismo tiempo, algo profundamente inquietante. Parecía alegre hasta que uno se detenía a mirar.

La repetición se convirtió en su método.

Repetir una forma hasta el agotamiento. Cubrir una superficie hasta hacerla desaparecer. Multiplicar un objeto hasta que dejara de ser un objeto. El punto dejaba de ser un punto y se convertía en multitud; la multitud terminaba borrando al individuo.

Kusama llamó a este proceso self-obliteration: la desaparición del yo.

Quizá por eso sus habitaciones infinitas resultan tan hipnóticas. El espectador no contempla simplemente una obra: entra en ella. Los espejos multiplican las luces y el cuerpo hasta hacer desaparecer, durante unos instantes, la frontera entre quien mira y aquello que está mirando.

La experiencia es hermosa, pero también ligeramente inquietante.

Como casi todo en Kusama.

Yayoi Kusama. Haym of Life 1987

Su historia en Nueva York tuvo además una herida más difícil de cerrar. En una escena dominada por hombres, vio cómo determinados procedimientos que ella había explorado eran retomados por artistas masculinos que obtenían una atención y un reconocimiento que a ella le habían sido negados.

Andy Warhol, Claes Oldenburg o Lucas Samaras formaban parte de aquel mundo que Kusama observaba con una mezcla de fascinación y desconfianza.

La cuestión no era únicamente quién había llegado primero.

Era quién tenía derecho a ser escuchado.

Kusama regresó a Japón después de aquellos años y, tras un periodo de gran dificultad, ingresó voluntariamente en una institución psiquiátrica de Tokio. Allí encontró una estructura que le permitió continuar trabajando y, sobre todo, preservar una rutina artística.

Mientras el mundo del arte avanzaba sin ella, Kusama siguió pintando.

Y después, inesperadamente, el mundo regresó.

En 1993 representó a Japón en la Bienal de Venecia. Llegaron después los grandes museos, las exposiciones multitudinarias y una popularidad que acabaría desbordando el territorio del arte contemporáneo.

La artista que había trabajado durante décadas en los márgenes se convirtió en una de las imágenes más reconocibles de la cultura popular.

Yayoi Kusama. Every Day I Pray For Love, 2023
With All My Love for the Tulips, I Pray Forever, 2013

El museo salió a la calle

Fue su encuentro con Louis Vuitton el que llevó esa transformación a una escala global. Marc Jacobs, entonces director creativo de la maison, conoció a Kusama en Tokio y quedó fascinado por su energía creativa. En 2012, sus lunares llegaron a bolsos, vestidos, abrigos, zapatos y accesorios, mientras los escaparates de Louis Vuitton se transformaban en grandes superficies cubiertas por su universo visual.

Lo interesante de aquella colaboración no era solamente que el arte apareciera sobre objetos de lujo. Era que la propia frontera entre obra y objeto comenzaba a desaparecer.

El museo había salido a la calle.

La influencia de Kusama alcanzó también la belleza. En 2011 colaboró con Lancôme en una edición limitada de Juicy Tubes. Sus formas podían pasar de una instalación monumental a un objeto pequeño, cotidiano, destinado a las manos.

Kusama había conseguido algo extraordinariamente difícil: convertir un lenguaje profundamente personal en un código universal.

Sus puntos podían habitar una sala de espejos o un bolso. Una calabaza podía convertirse en una escultura monumental o en una imagen reproducida sobre cualquier superficie.

La obra ya no necesitaba un pedestal.

Podía acompañarnos.

La paradoja del infinito

Las redes sociales encontraron en sus instalaciones un escenario perfecto. Los visitantes entraban en las habitaciones de espejos y salían con una fotografía. El infinito se convertía en fondo; la desaparición del yo, en una imagen destinada precisamente a conservarlo.

No deja de ser una ironía.

Kusama quería disolver el yo.

Instagram quería conservarlo.

Pero incluso ahí persistía la lógica de su obra. La repetición podía hacer desaparecer las cosas, pero también podía hacerlas soportables. Una flor repetida cien veces deja de ser una flor. Mil flores pueden convertirse en una superficie. Un millón, en una especie de cielo.

Quizá pintar consistía para Kusama en eso: llenar el mundo de signos hasta que dejara de resultar amenazante.

Entre todos sus símbolos, la calabaza ocupa un lugar singular.

Frente al infinito, la calabaza es humilde. Tiene peso, forma, tierra. Kusama decía que las calabazas le hablaban y que le proporcionaban estabilidad y paz.

En Naoshima, una enorme calabaza roja espera junto al mar.

El mar no tiene puntos.

El cielo tampoco.

Pero Kusama puso lunares sobre la calabaza como quien coloca pequeñas señales en mitad de una extensión demasiado grande.

Durante muchos años, el mundo consideró a Yayoi Kusama una extravagancia. Después la convirtió en una celebridad. Finalmente, quizá empezó a comprenderla.

No fue simplemente la mujer de la peluca roja, los lunares y las habitaciones infinitas. Fue una artista que convirtió su experiencia interior en una disciplina y aquello que la separaba de los demás en un lenguaje que los demás podían reconocer.

Su vida estuvo marcada por una palabra sencilla: volver.

Volver al pincel.
Volver al punto.
Volver al espejo.
Volver a la flor.
Volver a la calabaza.

Hasta el final.

Hay algo conmovedor en saber que continuó pintando durante sus últimos días. Como si, a los noventa y siete años, todavía quedara algo que añadir a aquella interminable conversación con el infinito.

Se ha ido Yayoi Kusama.

Pero sus puntos permanecen.

En los museos, en los escaparates, en los vestidos, en los espejos y en la memoria de quienes alguna vez entraron en una de sus habitaciones y dejaron de saber, durante unos minutos, dónde terminaban ellos y dónde empezaba el mundo.

Quizá eso sea lo más parecido a la eternidad que puede ofrecernos un artista.

No permanecer.

Sino multiplicarse.

28/08/2026 0 comments
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ArteLiteraturaNoticias

Ilu Ros ilustra una nueva edición de Romancero gitano de Federico García Lorca

by Sandra Marquez 25/08/2026
written by Sandra Marquez

El próximo 3 de septiembre, Lumen publicará una nueva edición de Romancero gitano, de Federico García Lorca, ilustrada por Ilu Ros. La publicación supone el regreso de la dibujante al universo del poeta granadino, al que ya dedicó Federico, su biografía ilustrada de 2021, y Una trilogía rural, donde reinterpretó Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba.

Publicado por primera vez en 1928, Romancero gitano es uno de los libros fundamentales de Lorca y una de las obras más reconocibles de la poesía española del siglo XX. Casi cien años después de su aparición, Ilu Ros propone una nueva lectura visual de unos poemas cuyo imaginario continúa formando parte de nuestra cultura. La luna, el caballo, el agua, el cuchillo, la sangre, el deseo y la muerte aparecen una y otra vez como elementos de un lenguaje con el que Lorca transformó la tradición del romance.

En esta edición, Ilu Ros interpreta los poemas a través de sus ilustraciones y lleva al dibujo los personajes, escenas y símbolos del Romancero gitano. Su trabajo parte de la fuerza visual que ya contiene la poesía de Lorca y ofrece una lectura actual de un libro publicado hace casi un siglo.

Ilu Ros nació en Mula, Murcia, en 1985 y estudió Bellas Artes y Comunicación Audiovisual en la Universidad de Granada. En 2011 se trasladó a Londres, donde vivió durante varios años y comenzó a desarrollar profesionalmente su trabajo como ilustradora. Su obra se ha centrado especialmente en la narración gráfica, la memoria, la cultura popular y la literatura.

Su primer libro, Hey Sky, I’m on My Way: A Book About Influential Women, apareció en 2018. En 2020 publicó con Lumen Cosas nuestras, un libro construido a partir de recuerdos familiares, costumbres y elementos de la cultura popular española. La obra fue seleccionada para representar a España en la Bienal de Ilustración de Bratislava de 2021.

La relación de Ilu Ros con Federico García Lorca adquirió una dimensión mayor en 2021 con la publicación de Federico. En este libro se acercó a la vida y la obra del escritor mediante textos, dibujos, escenas biográficas y referencias a quienes formaron parte de su entorno. El título recibió el reconocimiento de Libro Murciano del Año.

Un año después publicó Una trilogía rural, dedicada a Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba. Ros conocía estas obras desde niña a través de las representaciones teatrales que había visto en su localidad y regresó a ellas después del trabajo realizado para Federico. El volumen obtuvo el Primer Premio al Libro Mejor Editado de 2022, concedido por el Ministerio de Cultura.

En 2025 publicó Una casa en la Ciudad, un trabajo relacionado con sus años en Londres y con la experiencia de construir una vida lejos del lugar de origen. A lo largo de su trayectoria también ha colaborado como ilustradora con distintos medios y publicaciones.

Romancero gitano reúne dieciocho romances y contiene algunos de los poemas más conocidos de Federico García Lorca, entre ellos «Romance de la luna, luna», «La monja gitana», «Romance sonámbulo» y «Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino de Sevilla». Lorca recurrió a la forma tradicional del romance y creó a partir de ella un universo propio, marcado por una fuerte presencia de imágenes y símbolos que recorren todo el poemario.

Con esta nueva edición, Ilu Ros continúa el trabajo que lleva varios años desarrollando alrededor de la obra de Federico García Lorca, esta vez centrado en su poesía. El volumen llegará a las librerías el próximo 3 de septiembre.

25/08/2026 0 comments
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AgendaArte

Las exposiciones imprescindibles del otoño de 2026

by Sandra Marquez 12/08/2026
written by Sandra Marquez

El otoño abre tradicionalmente el periodo más activo de los museos, cuando las instituciones presentan las exposiciones destinadas a ocupar buena parte de su programación hasta comienzos del año siguiente. La temporada de 2026 combina retrospectivas de artistas cuya obra ha sido revisada en numerosas ocasiones con propuestas que pretenden modificar la manera en que los conocemos. Dalí será observado a través de su relación con Freud, Lee Krasner dejará de aparecer como una figura secundaria junto a Jackson Pollock y Mary Cassatt recuperará el lugar que ocupó dentro del impresionismo. Junto a ellas, varias exposiciones dedicadas a artistas vivos recuerdan que los museos no son únicamente espacios para ordenar el pasado, sino lugares en los que se discuten los símbolos, los conflictos y las imágenes del presente.

Dalí y Freud, en el Museo Thyssen

Entre el 20 de octubre de 2026 y el 24 de enero de 2027, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presentará El universo freudiano de Dalí, una exposición que recorrerá la trayectoria del artista catalán a partir de la influencia que ejercieron sobre él los escritos de Sigmund Freud. La muestra reunirá unas 130 pinturas, dibujos, esculturas y vídeos procedentes de colecciones europeas y norteamericanas.

Dalí leyó La interpretación de los sueños durante sus años en la Residencia de Estudiantes y encontró en el psicoanálisis una vía para convertir sus fantasías, miedos y deseos en un lenguaje visual. El recorrido partirá de su entorno familiar y avanzará hacia su incorporación al surrealismo, la creación del método paranoico-crítico y el encuentro que mantuvo con Freud en Londres en 1938. La exposición continuará hasta sus últimas décadas para demostrar que, aunque Dalí declarase haber sustituido el psicoanálisis por la ciencia y la religión, las imágenes dobles, los cuerpos transformados y la lógica del sueño nunca desaparecieron de su obra.

Kenny Scharf y el lado inquietante de la cultura popular

El mismo museo inaugurará el 29 de septiembre una exposición dedicada a Kenny Scharf, que permanecerá abierta hasta el 17 de enero de 2027. Vinculado a la escena artística del East Village neoyorquino de los años ochenta, Scharf compartió espacios y experiencias con figuras como Keith Haring y Jean-Michel Basquiat, aunque desarrolló un lenguaje reconocible, poblado por criaturas mutantes, rostros caricaturescos, automóviles y referencias a los dibujos animados.

La apariencia desenfadada de sus obras puede ocultar una lectura más incómoda. Tras sus colores y personajes aparecen la amenaza nuclear, el consumismo, la contaminación y la ansiedad asociada al futuro tecnológico. Su presencia en la programación del Thyssen permitirá observar cómo el grafiti y las imágenes procedentes de la televisión, la publicidad y el entretenimiento terminaron entrando en las instituciones artísticas. Será también una de las exposiciones que aporten una mirada contemporánea a una temporada madrileña dominada por nombres históricos.

Hans Baldung Grien, entre el deseo y la muerte

El Museo Nacional del Prado dedicará una de sus principales muestras del otoño a Hans Baldung Grien, discípulo de Alberto Durero y una de las figuras más singulares del Renacimiento alemán. La exposición podrá visitarse entre noviembre de 2026 y marzo de 2027 y permitirá acercarse a un pintor que desarrolló una obra en la que conviven las escenas religiosas, el desnudo, la brujería y la conciencia de la muerte.

Baldung se alejó de la serenidad asociada habitualmente al Renacimiento para crear cuerpos sometidos al paso del tiempo, figuras femeninas vinculadas con fuerzas sobrenaturales y composiciones en las que la sensualidad aparece unida a la amenaza. Aunque su nombre resulta menos conocido en España que los de Durero o Cranach, su producción permite comprender hasta qué punto el arte del siglo XVI estuvo atravesado por temores, supersticiones y conflictos religiosos.

Rilke y la pintura española

También en el Prado, Rilke y el arte español conmemorará el centenario de la muerte de Rainer Maria Rilke y estudiará la relación del poeta con las obras y los lugares que conoció durante su estancia en España. Rilke viajó por el país entre 1912 y 1913 y encontró en Toledo, en El Greco y en determinados paisajes españoles una experiencia que influyó en su escritura.

La propuesta no pretende ilustrar poemas mediante pinturas, sino seguir el proceso por el que una imagen contemplada puede trasladarse hacia otro lenguaje. Dentro de una programación formada principalmente por exposiciones monográficas, este diálogo entre literatura y artes visuales ofrece una perspectiva distinta, porque coloca la experiencia del espectador en el centro del recorrido: antes de convertirse en escritor ante una pintura, Rilke también fue alguien que se detuvo a mirar.

Fernando Sánchez Castillo y las formas del poder

Una de las incorporaciones más necesarias a esta selección es La Perla Peregrina, la exposición de Fernando Sánchez Castillo instalada en el Palacio de Velázquez del parque del Retiro. Abierta desde el 24 de junio de 2026, podrá visitarse gratuitamente hasta el 8 de marzo de 2027 y reúne cerca de doscientas obras realizadas durante las últimas dos décadas.

Sánchez Castillo trabaja con monumentos, emblemas políticos, vehículos, gestos y relatos históricos para mostrar que la representación del poder no es natural ni permanente. En sus obras, una escultura monumental puede convertirse en un columpio y dos vehículos antidisturbios pueden ejecutar una danza. La alteración de escalas y funciones elimina la solemnidad de esos objetos y permite examinar las narraciones que sostienen.

El título procede de la historia de la Perla Peregrina, una joya que pasó por la corte española, salió del país con José Bonaparte y terminó vinculada a Richard Burton y Elizabeth Taylor. Su recorrido funciona como una metáfora de la autoridad, el deseo y el valor, que cambian a medida que los objetos pasan de unas manos a otras.

Bilbao apuesta por los artistas vivos

El Guggenheim Bilbao concentrará durante el otoño varias exposiciones dedicadas a creadores vivos. Hasta el 1 de noviembre podrá verse Igshaan Adams. Levantando el polvo: El archivo del cuerpo, una instalación formada por once tapices de gran formato y varias esculturas de alambre suspendidas. El artista sudafricano parte de las huellas dejadas por cuerpos que bailan sobre superficies preparadas para registrar sus movimientos. Esas marcas se transforman posteriormente en tejidos realizados de forma colectiva por personas de su comunidad.

A esta muestra se sumarán Ever is Over All, de Pipilotti Rist, desde el 1 de octubre de 2026; una exposición de Steve McQueen, que abrirá el 9 de octubre; y una intervención de Zadie Xa a partir del 19 de noviembre. Con ellas, el museo bilbaíno convertirá el otoño en una sucesión de miradas sobre el cuerpo, el espacio, la identidad y la imagen en movimiento.

Renoir and Love

La National Gallery de Londres presentará del 3 de octubre de 2026 al 31 de enero de 2027 Renoir and Love, la exposición más importante dedicada al pintor francés en el Reino Unido durante los últimos veinte años. Reunirá más de cincuenta obras y se centrará en el modo en que Renoir representó los afectos, las amistades, el cortejo y las nuevas formas de ocio de la sociedad urbana.

Bailes, conversaciones, comidas y encuentros al aire libre permitieron al artista construir una imagen de la vida moderna que suele interpretarse como una celebración despreocupada. Sin embargo, esas escenas también hablan de las diferencias sociales, de los límites impuestos a las mujeres y de los espacios en los que las personas podían observarse y relacionarse. La exposición buscará revisar esa aparente ligereza sin negar el atractivo inmediato de su pintura.

Yinka Shonibare conversa con Gainsborough

La National Gallery reservará también un espacio para el artista británico-nigeriano Yinka Shonibare. Del 15 de octubre de 2026 al 7 de febrero de 2027, su intervención establecerá una conversación con Thomas Gainsborough y con una de las obras más conocidas de la pintura británica.

Shonibare suele emplear tejidos estampados, figuras sin cabeza y referencias a la historia europea para examinar el colonialismo, la identidad y la construcción de las jerarquías sociales. Sus piezas cuestionan la idea de que las tradiciones nacionales hayan surgido de forma aislada, pues revelan los intercambios económicos y culturales ocultos tras las imágenes. Situar su trabajo junto a Gainsborough permitirá revisar el retrato aristocrático y preguntarse qué historias quedan fuera cuando una pintura representa el poder y el privilegio.

Arte y moda en los años noventa

La Tate Britain inaugurará el 8 de octubre de 2026 The 90s: Art and Fashion, una exposición que reunirá a cerca de setenta artistas, fotógrafos y diseñadores. En lugar de presentar el arte y la moda como ámbitos separados, el proyecto examinará cómo ambos compartieron espacios, modelos, publicaciones y formas de provocación durante aquella década.

La selección incluirá obras de creadores que continúan en activo, entre ellos Damien Hirst, Sarah Lucas y Steve McQueen, y permitirá revisar un periodo marcado por la expansión de los medios, la cultura de club, las revistas independientes y la transformación de Londres en un centro internacional de creación. La distancia temporal permite ahora observar los años noventa no solo como una suma de tendencias reconocibles, sino como el origen de muchas relaciones actuales entre el arte, la imagen pública y el mercado.

Mary Cassatt recupera su independencia

El Museo de Orsay dedicará a Mary Cassatt una gran exposición entre el 6 de octubre de 2026 y el 31 de enero de 2027, coincidiendo con el centenario de su fallecimiento. Será la primera gran muestra organizada por un museo nacional francés en torno a una artista que participó de forma activa en el grupo impresionista y desarrolló buena parte de su carrera en Francia.

Cassatt es conocida por sus escenas de mujeres, madres e hijos, aunque esta asociación ha favorecido una lectura limitada de su obra. Sus composiciones, su atención a la autonomía femenina y su interés por la estampa japonesa revelan a una artista que intervino en los debates de la modernidad y no a una simple cronista del ámbito doméstico. La exposición pretende recuperar esa independencia y devolverle un lugar central dentro de la historia del impresionismo.

Krasner y Pollock, en paralelo

El Metropolitan Museum of Art de Nueva York reunirá más de 120 obras en Krasner and Pollock: Past Continuous, abierta del 4 de octubre de 2026 al 31 de enero de 2027. Será la primera gran exposición neoyorquina dedicada a cualquiera de los dos artistas en más de veinte años y la primera que siga conjuntamente el desarrollo completo de sus carreras.

El planteamiento resulta importante porque Lee Krasner fue presentada durante décadas, ante todo, como esposa y defensora del legado de Jackson Pollock. La exposición analizará sus relaciones e influencias, pero también sus diferencias. Krasner mantuvo una investigación que atravesó la abstracción, el collage y las formas naturales, mientras que Pollock quedó asociado al gesto y al mito del artista atormentado. Observarlos en paralelo no significa volver a subordinarlos, sino examinar cómo dos trayectorias conectadas pudieron avanzar en direcciones propias.

El otoño de 2026 estará marcado, por tanto, por las revisiones. Dalí será leído desde el psicoanálisis, Cassatt desde su autonomía y Krasner fuera de la sombra de Pollock. Junto a ellas, Scharf, Sánchez Castillo, Adams, Shonibare, Rist, McQueen y Xa introducirán problemas que pertenecen al presente, desde la representación del poder hasta las identidades culturales y la memoria del cuerpo. La temporada no se limitará a reunir obras conocidas: planteará qué relatos han construido los museos y cuáles necesitan ser modificados.

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AgendaArteEventos

Dalí frente al inconsciente

by Uve Magazine 04/08/2026
written by Uve Magazine

Entre el 20 de octubre de 2026 y el 24 de enero de 2027, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presentará El universo freudiano de Dalí, una exposición que propone recorrer la trayectoria de Salvador Dalí desde una perspectiva decisiva para comprender su obra: la influencia que ejercieron sobre él las teorías de Sigmund Freud. Comisariada por Jaime Brihuega, la muestra reunirá alrededor de 130 pinturas, dibujos, esculturas y vídeos procedentes de colecciones europeas y norteamericanas.

Dalí conoció los escritos de Freud a comienzos de la década de 1920, mientras estudiaba en Madrid y residía en la Residencia de Estudiantes. La lectura de La interpretación de los sueños le ofreció un marco desde el que observar sus propios temores, deseos y obsesiones. Aquello que hasta entonces pertenecía al ámbito de la intimidad podía convertirse en materia artística. Los complejos familiares, la sexualidad, la culpa, el deseo insatisfecho o el miedo a la muerte dejaron de ser únicamente experiencias personales para transformarse en imágenes.

La exposición parte de los primeros años del pintor en Figueres y Cadaqués, donde se formaron algunos de los recuerdos que aparecerían posteriormente en su obra. Dalí creció bajo la sombra de un hermano, también llamado Salvador, que había muerto antes de su nacimiento. Cuando tenía diecisiete años falleció su madre, mientras que su padre, de carácter severo, contrajo matrimonio poco después con una hermana de la fallecida. A esta situación se sumó la relación con Ana María, su hermana y una de sus primeras modelos, retratada en obras como Retrato de Ana María y Figura en una mesa.

Los paisajes del cabo de Creus también ocuparon un lugar esencial en este imaginario. Las playas, los acantilados y las formaciones rocosas de Cadaqués proporcionaron a Dalí un repertorio de siluetas que reaparecería durante décadas. En sus cuadros, el paisaje mediterráneo dejó de ser una mera localización para convertirse en el espacio donde se representaban recuerdos, pulsiones y visiones.

El segundo apartado se centra en los años de la Residencia de Estudiantes y en su relación con Federico García Lorca y Luis Buñuel. Durante este periodo, Dalí conoció el surrealismo francés, leyó a Freud y se interesó por los dibujos científicos de Santiago Ramón y Cajal. Mientras experimentaba con distintos estilos, comenzaron a aparecer algunos de los elementos que definirían su lenguaje posterior: cuerpos fragmentados, alusiones sexuales, formas orgánicas y escenas que parecen desarrollarse dentro de un sueño. Obras como Los esfuerzos estériles o Los deseos insatisfechos permiten observar esta transformación.

Tristán enloquecido, 1944

En 1929, ya instalado durante temporadas en París, Dalí se incorporó al movimiento surrealista encabezado por André Breton. Fue también entonces cuando conoció a Gala Éluard, que se convertiría en su compañera, modelo y colaboradora. Pinturas como El hombre invisible, Los placeres iluminados o Guillermo Tell muestran a un artista que había aprendido a representar el inconsciente mediante imágenes nítidas, aunque sometidas a una lógica perturbadora.

Entre 1932 y 1937 desarrolló su método paranoico-crítico, una de sus principales aportaciones al surrealismo. Dalí defendía que el artista podía interpretar la realidad mediante asociaciones irracionales, descubriendo en una misma figura varias imágenes posibles. De este procedimiento surgieron composiciones dobles y escenarios en los que nada posee un significado estable. En obras como El gran paranoico, Soledad paranoico-crítica o Nacimiento de los deseos líquidos, la percepción se convierte en un territorio incierto.

El momento central de la exposición será el encuentro entre Dalí y Freud, celebrado en Londres en 1938 gracias a la intervención del escritor Stefan Zweig. Para el pintor, conocer al fundador del psicoanálisis suponía encontrarse con una de las figuras que más habían condicionado su pensamiento. Freud, por su parte, observó con interés a aquel artista español de actitud exaltada y quedó impresionado por su capacidad técnica. Durante la reunión, Dalí realizó un dibujo del psicoanalista, que también formará parte de la muestra.

El recorrido concluye con las obras realizadas después de 1940. Aunque Dalí aseguró que sus intereses se habían desplazado hacia la religión, la ciencia y el mundo clásico, la influencia freudiana no desapareció. Las formas blandas, los desdoblamientos, las escenas oníricas y las asociaciones inesperadas continuaron presentes en pinturas como Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar o Apoteosis de Homero.

El universo freudiano de Dalí permitirá así observar su carrera como un prolongado diálogo con el inconsciente. Freud proporcionó al pintor un vocabulario con el que interpretar sus obsesiones; Dalí, a su vez, convirtió aquel pensamiento en imágenes que han pasado a formar parte del imaginario del siglo XX.

Acantilados, 1926
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ArtePersonajesVidas en conflicto

Sarah Bernhardt, la actriz que transformó el teatro

by Emain Juliana 20/07/2026
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Reconstruir la vida de Sarah Bernhardt exige adentrarse en un territorio donde los hechos documentados se solapan con los rumores y las exageraciones de los periódicos y magazines de la época, incrementadas por la propia Bernhardt. Pocas figuras del siglo XIX participaron con tanta conciencia en la elaboración de su propio personaje. Sus memorias, Ma double vie, publicadas en 1907, son fundamentales para conocer su trayectoria y conocer a la propia artista,  pero no pueden leerse de manera neutral, puesto que Sarah Bernhardt organizó sus recuerdos con cierta teatralidad, omitió algunos asuntos peliagudos y convirtió otros en escenas rocambolescas. La leyenda que acabó rodeándola fue una parte inseparable de su vida profesional.

Sarah-Henriette-Rosine Bernard nació en París en octubre de 1844, aunque ni siquiera hay certeza absoluta sobre el día exacto. La fecha más aceptada es el 22 de octubre, pero ella acostumbraba a celebrar su cumpleaños el día 23, mientras que el acta reconstruida que presentó en 1914 indicaba el 25. La destrucción de numerosos registros civiles durante la Comuna de París de 1871 contribuyó a esta incertidumbre, y que acabó siendo una versión más de su biografía contradictoria.

Su madre, Judith-Julie Bernard, conocida como Youle, procedía de una familia judía de origen neerlandés y ejercía como cortesana en París. Nadie llegó a saber con seguridad quién era el padre de Sarah. La actriz aseguró que la familia paterna había financiado su educación, pero las investigaciones posteriores han planteado diferentes hipótesis sin que ninguna haya podido demostrarse. Todo esto alimentó las especulaciones sobre sus orígenes, y ella no quiso desmentirlas, quizá porque comprendió muy pronto que el misterio también podía contribuir a hacer memorable su nombre.

Durante la infancia vivió alejada de su madre, primero al cuidado de otras personas y después en varios internados. Estudió en un colegio religioso próximo a Versalles, fue bautizada como católica y durante algún tiempo llegó a considerar seriamente la posibilidad de ingresar en un convento. Aquella educación no borró su ascendencia judía, que más adelante sería utilizada contra ella por periodistas y adversarios antisemitas. Cuando recibió ataques por esta razón, respondió reivindicándose como descendiente del pueblo judío, aunque su relación con la religión y con la identidad familiar fue compleja.

Su entrada en el teatro tampoco respondió, al menos en un principio, a una vocación inequívoca. Según contó en sus memorias, fue el duque de Morny, medio hermano de Napoleón III y una figura influyente del Segundo Imperio, quien recomendó a su familia que la presentara al Conservatorio de París. Bernhardt estudió arte dramático durante dos años y, al concluir su formación, ingresó en la Comédie-Française, donde debutó en septiembre de 1862.

Aquel comienzo estuvo muy lejos de ser triunfal. Las críticas fueron discretas y su relación con la compañía terminó en forma de una ruptura abrupta después de un enfrentamiento con otra actriz. Tras abandonar la institución, atravesó un periodo de inestabilidad durante el cual actuó en teatros menores y encontró dificultades para obtener papeles importantes. En 1864 nació su único hijo, Maurice Bernhardt, a quien crio sin estar casada. La paternidad se ha atribuido generalmente al príncipe belga Henri de Ligne, aunque la relación no desembocó en matrimonio y los detalles siguen sin estar completamente esclarecidos.

En la sociedad francesa del Segundo Imperio, la maternidad fuera del matrimonio podía comprometer la reputación de una mujer, y en el caso de Bernhardt se convirtió en uno de los argumentos utilizados para presentarla como una figura escandalosa. Sin embargo, esa reprobación social debe situarse dentro de la posición ambigua que ocupaban las actrices en el siglo XIX. El teatro podía proporcionarles fama, dinero y una independencia poco frecuente, pero también las sometía a una vigilancia moral constante. Se esperaba que estuvieran expuestas ante el público y, al mismo tiempo, se las censuraba por vivir fuera de las convenciones reservadas a las mujeres consideradas respetables.

La consolidación de Bernhardt comenzó en el Théâtre de l’Odéon, donde encontró un repertorio que le permitió desarrollar las cualidades de su interpretación. En 1869 obtuvo uno de sus primeros éxitos importantes con Le Passant, de François Coppée, en la que encarnaba a Zanetto, un joven trovador. La elección anticipaba su posterior interés por los personajes masculinos y mostraba una disposición a traspasar las divisiones tradicionales del reparto teatral.

Durante la guerra franco-prusiana y el sitio de París de 1870, el Odéon fue convertido en hospital y Bernhardt participó en la atención a los heridos. Este episodio, que contrasta con la imagen frívola o extravagante que difundían algunas crónicas, permite comprender que su presencia pública no se limitó solamente al escenario. A lo largo de su vida intervino en causas cívicas y políticas, aunque sus posiciones no siempre respondieran a un programa ideológico estable.

El éxito alcanzado en el Odéon facilitó su regreso a la Comédie-Française en 1872. Allí interpretó a la reina de Ruy Blas, de Victor Hugo, y a Fedra en la tragedia de Racine, además de otros personajes del repertorio francés. Hugo elogió especialmente su voz, que acabaría siendo recordada como una «voz de oro», mientras que en 1875 fue nombrada sociétaire, una de las distinciones más importantes dentro de la institución.

Su manera de actuar pertenecía a una tradición que no puede juzgarse únicamente mediante los criterios del naturalismo posterior. Bernhardt construía sus interpretaciones a través de la voz, el ritmo, las pausas, la postura y también una gestualidad minuciosamente estudiada. No reproducía de manera natural una conversación cotidiana, sino que elevaba el texto y fijaba cada escena en la memoria de los espectadores. Los registros sonoros que se conservan son insuficientes, mientras que las filmaciones corresponden a una etapa tardía de su carrera, por lo que resulta muy difícil reconstruir con exactitud el efecto real que producía sobre el escenario. Sin embargo, los testimonios de sus contemporáneos muestran que poseía una capacidad excepcional para convertir las representaciones en acontecimientos memorables.

En 1880, durante una gira de la Comédie-Française por Londres, Bernhardt presentó su dimisión. La ruptura tuvo graves consecuencias económicas y provocó un conflicto con la institución, pero también marcó el inicio de la etapa más importante de su trayectoria. Al abandonar la compañía dejó de depender de un repertorio y de una dirección ajenos, formó su propia empresa teatral y comenzó a ejercer un control mucho mayor sobre los papeles que interpretaba, las producciones en las que participaba y la forma en que se presentaba ante el público.

Ese mismo año emprendió una gran gira por Estados Unidos, a la que seguirían numerosos viajes por Europa, América, Australia y otros territorios. Gracias a estas giras, Sarah Bernhardt se convirtió en una de las primeras estrellas teatrales cuya fama alcanzó una dimensión verdaderamente internacional. Su rostro circulaba en fotografías, grabados, periódicos, postales y carteles antes de que llegara a las ciudades, de modo que muchos espectadores ya creían conocerla antes de verla actuar. Fue pionera del merchandising, la celebridad dejó de depender exclusivamente de su presencia física sobre el escenario y comenzó a construirse mediante una red de imágenes y objetos impresos.

Entre sus papeles más conocidos se encontraban Margarita Gautier en La dama de las camelias, de Alexandre Dumas hijo; Doña Sol en Hernani y la reina de Ruy Blas, de Victor Hugo; Fedra, de Racine; Fédora y Floria Tosca en las obras de Victorien Sardou, y el joven duque de Reichstadt en L’Aiglon, de Edmond Rostand. A través de estos personajes se especializó en figuras dominadas por la pasión y el conflicto, con cierto aire romántico debido a la proximidad de la muerte, que le permitían desplegar la intensidad de su voz y de su presencia escénica.

La interpretación de personajes masculinos fue una parte constante de su carrera. Además de Zanetto, encarnó a Lorenzaccio, al protagonista de L’Aiglon y, de manera célebre, a Hamlet. En 1899 representó al príncipe danés en una adaptación francesa y poco después participó en una filmación de la escena del duelo. Aunque no fue la primera mujer que interpretó a Hamlet, su fama internacional concedió a aquel reparto una repercusión desconocida hasta entonces.

Estos papeles suscitaron discusiones sobre la edad y el sexo del intérprete. Bernhardt argumentaba que determinados personajes requerían una sensibilidad especial y una voz que no dependían del género de quien los interpretase. De este modo, el reparto no convencional se convirtió en una seña de identidad artística: era ella, y no la tradición ni la opinión de los críticos, quien decidía qué personajes podía representar.

Su independencia también se manifestó en la gestión de los teatros. Entre 1893 y 1899 dirigió el Théâtre de la Renaissance, donde supervisó repertorios, vestuario, escenografías y cuestiones empresariales mientras continuaba actuando. Allí estrenó Gismonda, de Victorien Sardou, La Princesse lointaine, de Edmond Rostand, y llevó a escena Lorenzaccio, de Alfred de Musset.

En 1899 asumió la dirección del Théâtre des Nations, que pasó a llamarse Théâtre Sarah-Bernhardt. Que una mujer dirigiera una institución teatral asociada además a su propio nombre suponía algo más que una operación publicitaria. Bernhardt se convirtió en responsable de todas las decisiones de una empresa cultural importante, en una época en la que la dirección de los teatros permanecía casi por completo en manos masculinas.

Esto no significa que todos sus proyectos fueran rentables. Sus producciones requerían inversiones de un alto coste, algunas obras provocaron pérdidas y las giras internacionales servían en ocasiones para recuperar el capital empleado. Su trayectoria empresarial estuvo acompañada por deudas, litigios y conflictos contractuales, asumió los mismos riesgos que cualquier empresario teatral, en lugar de limitarse a prestar su nombre a decisiones tomadas por otros.

Bernhardt comprendió además que la fama moderna exigía una imagen reconocible. Desde los primeros años de su carrera había trabajado con fotógrafos como Nadar, sus retratos no eran un simple reflejo real de la artista: la ropa, la pose y la luz reforzaban su condición de figura artística. Más adelante, las fotografías realizadas por Napoleon Sarony y otros autores acompañaron sus giras y permitieron que su imagen circulara por distintos países.

La colaboración con Alphonse Mucha, iniciada en 1894 a raíz del cartel de Gismonda, llevó esta construcción visual a una nueva escala. Las figuras alargadas típicas del Art Nouveau, los ornamentos y las composiciones verticales de Mucha proporcionaron a Bernhardt una identidad gráfica que podía reconocerse de inmediato. La actriz entendió que la publicidad era una prolongación de la representación y del trabajo escénico. El cartel, la fotografía, la entrevista y el objeto promocional extendían su presencia más allá del escenario y contribuían a mantener la expectación entre una gira y la siguiente.

Su fama no fue, por tanto, el resultado espontáneo de su talento. Bernhardt fue una gran actriz, pero también una administradora muy consciente de su rostro y de su nombre, así como de las historias que circulaban sobre ella. Incluso de algunas de las anécdotas más extravagantes, como la afirmación de que dormía en un ataúd, pero deben entenderse dentro de esa estrategia de publicidad. Existen fotografías en las que aparece recostada en uno y ella misma colaboró en la difusión de la historia.

Después de la tempestad, 1880

Bernhardt no solo se dedicó al teatro, estudió escultura, expuso obras en el Salón de París y recibió encargos. Entre las piezas conservadas se encuentra el retrato funerario en mármol de su marido, Jacques Damala, realizado hacia 1889. Durante mucho tiempo esta faceta fue tratada como la afición de una celebridad, pero la continuidad de su trabajo, su participación en exposiciones y el número de obras realizadas indican que formó parte de su trayectoria artística. También escribió piezas teatrales, relatos y memorias, aunque su nombre haya quedado ligado principalmente al escenario.

La muerte de Ofelia, 1880

En 1882 se había casado con Aristides Damala, un actor griego conocido como Jacques Damala. El matrimonio fue muy breve y conflictivo, aunque nunca llegaron a divorciarse. Damala padeció una adicción a la morfina y murió en 1889. La relación ha dado lugar a numerosos relatos sensacionalistas, algunos de los cuales resultan difíciles de comprobar. Como ocurre con otros episodios de su vida privada, conviene distinguir entre la documentación disponible y el repertorio de historias con el que la prensa alimentó su fama.

También se le atribuyeron relaciones con varios aristócratas, artistas y políticos. Algunas están documentadas, mientras que otras proceden de rumores. Su posible relación sentimental con la pintora Louise Abbéma ha sido objeto de interpretaciones posteriores, aunque las fuentes no permiten determinar con certeza su veracidad. La prensa explotó sus amantes, su matrimonio fallido, sus gastos, su vestuario y cualquier conducta que pudiera presentarse como una desviación del modelo femenino predominante de la época.

Su intervención en el caso Dreyfus mostró que estaba dispuesta a asumir también riesgos políticos. Bernhardt apoyó la revisión de la condena de Alfred Dreyfus, el capitán francés acusado falsamente de traición en medio de una campaña marcada por el antisemitismo. Su posición la enfrentó a sectores nacionalistas y a parte de la prensa, durante algún tiempo, a su propio hijo Maurice. Al defender a Dreyfus se exponía a perder popularidad y a reavivar los ataques contra su ascendencia judía, por lo que no puede considerarse un gesto sin consecuencias.

También apoyó algunas reivindicaciones relacionadas con las mujeres y encarnó, mediante su propia trayectoria, una independencia profesional poco habitual. No obstante, resultaría anacrónico presentarla como una feminista en el sentido contemporáneo. Su importancia histórica reside en haber ejercido un control excepcional sobre su trabajo, sus ingresos y su imagen, mientras desafiaba mediante los hechos muchas de las limitaciones impuestas a las mujeres de su tiempo.

Bernhardt supo además adaptarse a los cambios técnicos que transformaron el espectáculo a comienzos del siglo XX. Participó en Le Duel d’Hamlet, filmado hacia 1900, y más adelante intervino en películas como La Dame aux camélias y La Reine Élisabeth. Esta última, estrenada en 1912, circuló internacionalmente y permitió que una nueva generación de espectadores conociera su trabajo a través de la pantalla.

El cine mudo no podía conservar uno de sus recursos fundamentales, puesto que eliminaba la voz que había fascinado a sus contemporáneos. Sus movimientos, concebidos para la distancia del escenario, podían además resultar enfáticos ante una cámara. Sin embargo, su participación en aquellas producciones demuestra que no se aferró exclusivamente al teatro ni rechazó un medio que todavía se encontraba en formación. Como había hecho con la fotografía y el cartel, trató de adaptar su presencia a una tecnología capaz de llevar su imagen mucho más lejos.

En febrero de 1915, después de años de problemas en la rodilla derecha, le amputaron la pierna. La intervención fue consecuencia del deterioro acumulado de la articulación, agravado por lesiones y por las exigencias físicas de su trabajo, y no de una sola caída, como se ha repetido en algunas versiones. Tenía setenta años, pero la amputación no puso fin a su carrera. Adaptó las puestas en escena para actuar sentada o apoyada, continuó apareciendo en público y participó en actuaciones destinadas a los soldados franceses durante la Primera Guerra Mundial.

En 1914 había sido nombrada caballera de la Legión de Honor y más adelante fue ascendida al grado de oficial. En este reconocimiento influyeron tanto su carrera como su actividad durante las guerras de 1870 y 1914. La actriz asociada durante décadas con el escándalo, el exceso y la provocación terminó convertida en una figura representativa de la cultura francesa.

Sarah Bernhardt murió en París el 26 de marzo de 1923. Su funeral congregó a una multitud y confirmó que su nombre había dejado de pertenecer únicamente a la historia del teatro. Fue enterrada en el cementerio del Père-Lachaise después de una carrera que se había prolongado durante seis décadas y que se desarrolló durante el Segundo Imperio, la Tercera República, el nacimiento de la cultura de masas y la aparición del cine.

20/07/2026 0 comments
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AgendaArte

Rubens en el Thyssen: lo que escondía Venus y Cupido

by Valeria Cruz 18/06/2026
written by Valeria Cruz

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta hasta el 13 de septiembre de 2026 un montaje especial en la sala 19 de su colección permanente dedicado a la restauración de Venus y Cupido, de Peter Paul Rubens. No es una exposición al uso: es una invitación a mirar por debajo de la pintura.

El proyecto, de año y medio de duración, ha combinado estudios técnicos, análisis de laboratorio e intervención directa sobre la obra. El resultado más visible es la recuperación del equilibrio cromático original, sepultado durante años bajo capas de barniz envejecido que habían virado al amarillo y alterado la percepción de los colores, sobre todo en las zonas más claras del cuadro. Eliminado ese velo, la pintura respira de otro modo.

Lo que reveló la radiografía

El estudio radiográfico confirmó un estado de conservación razonablemente bueno, aunque dejó ver unos desgarros en la zona central que probablemente motivaron un reentelado en algún momento de la historia del cuadro. El lienzo original, una sola pieza, fue recortado en todos sus bordes, seguramente para sanearlos.

Más interesante aún es lo que la radiografía dice sobre el modo de trabajar de Rubens. Las figuras de Venus y Cupido presentan ricas capas de óleo con empastes densos, mientras que el fondo aparece casi inacabado, una diferencia técnica que, lejos de ser un descuido, responde a una decisión consciente. Se distingue además una imprimación de blanco de plomo aplicada exclusivamente sobre las zonas de las figuras, con el propósito probable de acentuar la luminosidad y el volumen de las carnaciones frente al fondo oscuro.

La reflectografía infrarroja muestra un dibujo subyacente seguro y definido, lógico si se tiene en cuenta que Venus y Cupido es en realidad una copia de una obra de Tiziano: Rubens partía de un referente claro y no necesitaba tantear. Pero eso no significa que no dudara. Los restauradores han identificado pequeñas modificaciones entre el dibujo inicial y la versión definitiva. La más llamativa afecta a la mirada de Venus en el espejo: en origen, el artista la dirigía hacia el espectador; en la versión final, la desvía hacia su izquierda. También la posición de los pies de Cupido varía ligeramente entre el boceto subyacente y la pintura terminada.

Materiales y técnica

El análisis de laboratorio ha permitido identificar con precisión la estructura de capas del cuadro. Sobre el lienzo, una primera capa de carbonato cálcico; encima, una imprimación gris a base de albayalde, carbonato cálcico y carbón vegetal; después, el óleo. Como barniz, una combinación de colofonia y cera de abejas, propia de un acabado mate.

El marco, francés de estilo Regencia y posterior a la obra, también ha pasado por el taller. Tallado en madera y dorado al agua, alternaba zonas brillantes y mate. Su restauración incluyó limpieza con disolventes, consolidación de grietas con adhesivo vinílico y animal, relleno de pérdidas con estuco artesanal y reintegración cromática con acuarelas y témperas, protegidas finalmente con resina acrílica.

Cómo se presenta

El montaje en sala combina recursos digitales interactivos, imágenes comparativas, detalles ampliados y una proyección audiovisual que guía al visitante por las distintas fases de la intervención. No hace falta ningún conocimiento previo para seguirlo: el recorrido está pensado para que cualquier persona entienda qué se hizo, por qué y qué se encontró por el camino.

18/06/2026 0 comments
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AgendaArte

Ewa Juszkiewicz: el retrato europeo bajo sabotaje

by Uve Magazine 27/05/2026
written by Uve Magazine

Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Del 26 de mayo al 6 de septiembre de 2026. Comisario: Guillermo Solana.

Hay un gesto que se repite en casi todos los cuadros de Ewa Juszkiewicz (Gdańsk, Polonia, 1984) y que basta para desorientar al espectador: el rostro ha desaparecido. Donde la tradición del retrato europeo prometía una identidad legible —unos ojos, una boca, una mirada que devolviera la nuestra—, la artista polaca interpone una cascada de cabello, un nudo de telas, un ramo de flores o un racimmo de fruta. El resultado, como ha señalado el propio museo, es a la vez extrañamente divertido, inquietante y sorprendentemente tierno. Juszkiewicz conserva todas las señas del estatus y el refinamiento dieciochesco, pero bloquea precisamente aquello que el retrato debía mostrar.

Ewa Juszkiewicz The Letter (after Adélaïde Labille-Guiard), 2023 Óleo sobre lienzo. 145 x 115 cm. Colección privada. © Ewa Juszkiewicz

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza dedica a esta artista, dentro del programa vinculado a la Colección Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza, su primera exposición monográfica en una institución museística. Comisariada por Guillermo Solana en estrecha colaboración con la propia Juszkiewicz, la muestra reúne más de una veintena de pinturas realizadas entre 2013 y la actualidad —la mayoría de los últimos años— e incluye un conjunto de obras concebidas específicamente para esta cita madrileña. Que su debut individual ocurra en un museo célebre por su colección de retrato no es casual: la propuesta convive con esa tradición a la vez que la pincha desde dentro.

Ewa Juszkiewicz The Harpist (after Thomas Sully), 2023 Óleo sobre lienzo, 260 x 173 cm. Colección privada. © Ewa Juszkiewicz

Una conversación con el pasado

Desde hace más de una década, Juszkiewicz reinterpreta el retrato femenino europeo, en especial el de los siglos XVIII y XIX, mediante la distorsión y la sustitución. Su punto de partida son obras concretas o ecos difusos de la pintura histórica; nombres como Élisabeth Vigée Le Brun o Johann Heinrich Tischbein aparecen citados directa o indirectamente. Sobre esa base aplica una técnica minuciosa, casi reverencial con sus modelos, y a continuación introduce el sabotaje: una paleta más viva y saturada, una sensibilidad heredada del surrealismo y un tratamiento inconfundiblemente contemporáneo.

La pregunta de fondo es por qué el rostro femenino, durante siglos, estuvo tan sometido a normas. En aquellos retratos, no solo la pose, la vestimenta o el entorno reflejaban expectativas sociales: el propio semblante respondía a ideales de belleza marcados por el decoro y la contención. Es esa relación entre belleza y restricción la que se sitúa en el núcleo del trabajo de Juszkiewicz. Al ocultar la cara, desplaza la atención hacia las telas, las flores y las frutas, elementos asociados al bodegón y a la tradición decorativa. Subraya así cómo la mujer fue concebida como sujeto estético dentro del género, al tiempo que otorga nuevo significado a esos objetos. En palabras del comisario durante la presentación, la artista habría clavado en el corazón del retrato la estaca del bodegón.

Ewa Juszkiewicz Gloriosa, 2025 Óleo sobre lienzo, 200 x 160 cm. Colección privada. © Ewa Juszkiewicz

Entre lo humano y lo no humano

El efecto de estas intervenciones va más allá de la denuncia. Privadas de rostro, las figuras escapan a cualquier lectura fija y abren cada imagen a múltiples interpretaciones. Situadas en un territorio incierto entre lo humano y lo no humano, las pinturas cuestionan qué puede representar hoy el retrato y qué entendemos por identidad, semejanza o presencia. La artista no destruye el género: lo ensancha hasta redefinir sus límites.

Esa ambición explica la repercusión internacional de una creadora todavía joven. Su obra se ha mostrado en el Brooklyn Museum de Nueva York, el Centre Pompidou-Metz, el Musée d’Art Moderne de París, el Museo Picasso Málaga o el National Museum of China de Pekín, y forma parte de colecciones como las de la Albertina de Viena, el Long Museum de Shanghái o el Museum of Contemporary Art San Diego.

Para el público español, la cita del Thyssen ofrece la oportunidad de descubrir por primera vez, y de un modo amplio, un universo visual que revisita lo antiguo para interrogar lo que damos por sentado: cómo miramos a las mujeres y cómo las hemos representado.

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ArtePersonajes

Peder Mørk Mønsted, el paisajista paciente

by Emain Juliana 12/05/2026
written by Emain Juliana

Hay pintores que parecen haber elegido la paciencia como método. Peder Mørk Mønsted (Dinamarca, 1859 – Fredensborg, 1941) fue uno de ellos. Paisajista danés de finales del XIX y comienzos del XX, su nombre no se menciona con la frecuencia que merecería fuera de los círculos especializados, pese a ser uno de los grandes pintores del paisaje nórdico. Suele encuadrárselo en el realismo y el naturalismo, aunque esas etiquetas dicen poco de un pintor que se propuso llevar la naturaleza al lienzo con una fidelidad minuciosa, casi obsesiva.

Peder Mønsted. Sunset over a forest lake

Su formación explica buena parte de la solidez técnica posterior. Estudió en Aarhus y después en la Academia de Copenhague entre 1875 y 1879, con maestros como Julius Exner y Niels Simonsen. Pasó también por el entorno de Peder Severin Krøyer y, durante el invierno de 1882-1883, trabajó en París con William-Adolphe Bouguereau. De esa mezcla de tradición danesa, disciplina académica y contacto con otros centros europeos procede la exactitud con la que coloca una rama, un reflejo o una sombra sobre la nieve sin que el resultado se enfríe.

Viajó mucho —Italia, Francia, Suiza, Noruega, Grecia, Argelia o Egipto figuran entre sus destinos—, pero sus cuadros más reconocibles siguen anclados en Escandinavia. Caminos rurales, bosques densos, riachuelos, lagos, campos abiertos y escenas nevadas componen su repertorio. El agua nunca cumple una función decorativa: organiza la composición, duplica los árboles, introduce profundidad y permite que la luz recorra la escena, con una claridad que recuerda a ciertos maestros holandeses.

Algunas veces se ha hablado de una cualidad casi fotográfica en su trabajo, pero conviene matizarlo. Mønsted no imita a una cámara fotográfica: construye la escena desde una lógica pictórica, calculando caminos, troncos, orillas y líneas de sombra para que el ojo avance muy despacio hacia el fondo. El detalle existe, pero siempre está subordinado a una estructura.

Peder Mørk Mønsted. Wood in snow

El tratamiento de la nieve es probablemente uno de los aspectos más primorosos de su pintura. El blanco rara vez aparece de manera uniforme: hay blancos fríos, zonas azuladas, sombras grises, reflejos amarillentos donde toca el sol, capas más densas junto a los caminos y superficies más limpias en los claros. Sus paisajes invernales tienen una quietud marcada, pero no resultan rígidos; conservan el aire de una mañana reciente, con huellas, árboles desnudos y una luz baja que da la sensación de tiempo suspendido. La nieve le sirve además para simplificar la escena, cubre parte del terreno, reduce el ruido visual y permite que troncos, casas, cercas o senderos adquieran más peso.

Sus bosques no son espacios amenazantes. Hay densidad, sombra y profundidad, pero también una voluntad de claridad. Le interesa cómo la luz penetra en la masa vegetal, cómo atraviesa las ramas y hojas, cómo toca el suelo o se rompe sobre el agua. Sus árboles tienen peso, edad, dirección, textura. Cuando aparecen figuras humanas, quedan integradas en el entorno: no dominan la naturaleza, cohabitan de forma discreta. De ahí esa sensación de mundo amplio, anterior y posterior a la presencia humana, que recorre toda su obra.

Peder Mørk Mønsted. Skovparti med åløb 1923

En vida tuvo reconocimiento y sus cuadros fueron apreciados por coleccionistas europeos, ingleses y estadounidenses. Muchos permanecen hoy en colecciones privadas, aunque también hay ejemplos en instituciones como el Dahesh Museum de Nueva York. Su pintura ha recuperado interés dentro del redescubrimiento reciente de la pintura escandinava.

Mønsted pintó bosques, costas, ríos y campos como quien sabe que la naturaleza habla por sí sola. Evita el efectismo, y quizá ahí esté buena parte de su fuerza: en esa forma de convertir un sendero, una corriente de agua o una mañana de invierno en una escena que sigue viva mucho después de haber sido pintada.

Peder Mønsted. Vinterlandskap

BIBLIOGRAFÍA

Dahesh Museum of Art. «Spotlight on January–February 2017: Peder Mønsted».

Christie’s. Ficha de lote de Peder Mørk Mønsted, Bordighera, Liguria.

Sotheby’s. Ficha de lote de Peder Mørk Mønsted, Winter.

Sotheby’s. Ficha de lote de Peder Mørk Mønsted, Charlottenlund Forest.

Galerie Paffrath. «Peder Mønsted».

MacConnal-Mason Gallery. «Peder Mørk Mønsted».

DailyArt Magazine. «Life and Work of Peder Mørk Mønsted».

MutualArt. Fichas de obras y resultados de subasta de Peder Mørk Mønsted.

Artnet. Perfil de artista y registros de mercado de Peder Mørk Mønsted.

12/05/2026 0 comments
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El infierno de Dante: Doré y Rauschenberg en Madrid
by Uve Magazine 10/10/2026
Chris Kraus, una escritora entre la autobiografía, la crítica y el true crime
by Uve Magazine 05/10/2026
El viento de Gonzalo Suárez
by Beatriz Menéndez Alonso 02/10/2026

Artículos aleatorios

Amon Amarth anuncian su gran gira europea 2026
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Una reina implacable, banquetes de sangre y el duelo convertido en venganza
by Verónica García-Peña 15/09/2025
YOU: El cuerpo como arquitectura radical
by Uve Magazine 30/04/2025

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