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Category:

Arte

ArtePersonajes

Peder Mørk Mønsted, el paisajista paciente

by Emain Juliana 12/05/2026
written by Emain Juliana

Hay pintores que parecen haber elegido la paciencia como método. Peder Mørk Mønsted (Dinamarca, 1859 – Fredensborg, 1941) fue uno de ellos. Paisajista danés de finales del XIX y comienzos del XX, su nombre no se menciona con la frecuencia que merecería fuera de los círculos especializados, pese a ser uno de los grandes pintores del paisaje nórdico. Suele encuadrárselo en el realismo y el naturalismo, aunque esas etiquetas dicen poco de un pintor que se propuso llevar la naturaleza al lienzo con una fidelidad minuciosa, casi obsesiva.

Peder Mønsted. Sunset over a forest lake

Su formación explica buena parte de la solidez técnica posterior. Estudió en Aarhus y después en la Academia de Copenhague entre 1875 y 1879, con maestros como Julius Exner y Niels Simonsen. Pasó también por el entorno de Peder Severin Krøyer y, durante el invierno de 1882-1883, trabajó en París con William-Adolphe Bouguereau. De esa mezcla de tradición danesa, disciplina académica y contacto con otros centros europeos procede la exactitud con la que coloca una rama, un reflejo o una sombra sobre la nieve sin que el resultado se enfríe.

Viajó mucho —Italia, Francia, Suiza, Noruega, Grecia, Argelia o Egipto figuran entre sus destinos—, pero sus cuadros más reconocibles siguen anclados en Escandinavia. Caminos rurales, bosques densos, riachuelos, lagos, campos abiertos y escenas nevadas componen su repertorio. El agua nunca cumple una función decorativa: organiza la composición, duplica los árboles, introduce profundidad y permite que la luz recorra la escena, con una claridad que recuerda a ciertos maestros holandeses.

Algunas veces se ha hablado de una cualidad casi fotográfica en su trabajo, pero conviene matizarlo. Mønsted no imita a una cámara fotográfica: construye la escena desde una lógica pictórica, calculando caminos, troncos, orillas y líneas de sombra para que el ojo avance muy despacio hacia el fondo. El detalle existe, pero siempre está subordinado a una estructura.

Peder Mørk Mønsted. Wood in snow

El tratamiento de la nieve es probablemente uno de los aspectos más primorosos de su pintura. El blanco rara vez aparece de manera uniforme: hay blancos fríos, zonas azuladas, sombras grises, reflejos amarillentos donde toca el sol, capas más densas junto a los caminos y superficies más limpias en los claros. Sus paisajes invernales tienen una quietud marcada, pero no resultan rígidos; conservan el aire de una mañana reciente, con huellas, árboles desnudos y una luz baja que da la sensación de tiempo suspendido. La nieve le sirve además para simplificar la escena, cubre parte del terreno, reduce el ruido visual y permite que troncos, casas, cercas o senderos adquieran más peso.

Sus bosques no son espacios amenazantes. Hay densidad, sombra y profundidad, pero también una voluntad de claridad. Le interesa cómo la luz penetra en la masa vegetal, cómo atraviesa las ramas y hojas, cómo toca el suelo o se rompe sobre el agua. Sus árboles tienen peso, edad, dirección, textura. Cuando aparecen figuras humanas, quedan integradas en el entorno: no dominan la naturaleza, cohabitan de forma discreta. De ahí esa sensación de mundo amplio, anterior y posterior a la presencia humana, que recorre toda su obra.

Peder Mørk Mønsted. Skovparti med åløb 1923

En vida tuvo reconocimiento y sus cuadros fueron apreciados por coleccionistas europeos, ingleses y estadounidenses. Muchos permanecen hoy en colecciones privadas, aunque también hay ejemplos en instituciones como el Dahesh Museum de Nueva York. Su pintura ha recuperado interés dentro del redescubrimiento reciente de la pintura escandinava.

Mønsted pintó bosques, costas, ríos y campos como quien sabe que la naturaleza habla por sí sola. Evita el efectismo, y quizá ahí esté buena parte de su fuerza: en esa forma de convertir un sendero, una corriente de agua o una mañana de invierno en una escena que sigue viva mucho después de haber sido pintada.

Peder Mønsted. Vinterlandskap

BIBLIOGRAFÍA

Dahesh Museum of Art. «Spotlight on January–February 2017: Peder Mønsted».

Christie’s. Ficha de lote de Peder Mørk Mønsted, Bordighera, Liguria.

Sotheby’s. Ficha de lote de Peder Mørk Mønsted, Winter.

Sotheby’s. Ficha de lote de Peder Mørk Mønsted, Charlottenlund Forest.

Galerie Paffrath. «Peder Mønsted».

MacConnal-Mason Gallery. «Peder Mørk Mønsted».

DailyArt Magazine. «Life and Work of Peder Mørk Mønsted».

MutualArt. Fichas de obras y resultados de subasta de Peder Mørk Mønsted.

Artnet. Perfil de artista y registros de mercado de Peder Mørk Mønsted.

12/05/2026 0 comments
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AgendaArte

Carmen Laffón: la materia silenciosa de una vida

by Uve Magazine 04/05/2026
written by Uve Magazine

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza dedicará, del 23 de junio al 27 de septiembre de 2026, una gran exposición a Carmen Laffón, una de las creadoras españolas más singulares de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI. Bajo el título Carmen Laffón. Variaciones, la muestra, comisariada por Paula Luengo, reúne 78 obras entre óleos, carboncillos y esculturas, y propone un recorrido por los temas que acompañaron a la artista durante más de sesenta años de trabajo. No se plantea como una revisión lineal de su trayectoria, sino como una manera de entrar en su mundo a través de aquello que volvió una y otra vez a sus manos: una muñeca, una cuna, un cesto, un armario, una azotea, el perfil de Sanlúcar, el Coto de Doñana, la viña, la cal o las salinas.

La exposición se organiza en nueve secciones dedicadas a sus motivos más frecuentes. El recorrido comienza con la muñeca Marcelina y las cunas, dos temas vinculados a la infancia, pero tratados desde una sensibilidad que no idealiza la niñez. En las Marcelinas de los años sesenta aparece una atmósfera cercana al realismo mágico, mientras que las cunas de los años noventa, de mayor formato, introducen una idea de fragilidad que recorre buena parte de su obra. Después llegan los bodegones, donde Laffón trabaja con objetos modestos y ensaya formatos, técnicas y maneras de ordenar el espacio. Sus mesas, a menudo divididas entre la superficie superior y la caída del mantel, muestran un equilibrio muy medido entre detalle y disolución, como si el objeto quisiera afirmarse y desaparecer al mismo tiempo.

Los interiores domésticos ocupan otro lugar fundamental. Canastas, costureros y máquinas de coser hablan de una esfera íntima, ligada al trabajo manual y a la vida cotidiana, pero también permiten entender cómo la artista fue modificando su relación con las cosas. Lo que al principio formaba parte de una composición más amplia termina ocupando el centro de la obra, ampliado, aislado, convertido en presencia principal. Algo parecido sucede con los armarios, uno de sus proyectos más prolongados, desarrollado entre 1973 y 2018. A partir de una pequeña alacena, Laffón realiza versiones en pintura y, desde 1995, también en bronce, hasta convertir ese mueble en una estructura casi flotante, cada vez más alejada del realismo inicial.

El paisaje aparece unido a Sevilla y, sobre todo, a Sanlúcar de Barrameda. En sus vistas urbanas de los años sesenta y setenta, las azoteas y los perfiles de ciudad van dejando paso al cielo y a la línea horizontal, una composición que anticipa sus obras sobre el Coto de Doñana. Desde finales de los setenta, el Coto visto desde Sanlúcar se convierte en uno de sus motivos más personales. Laffón lo pinta en distintas horas, estaciones y condiciones atmosféricas, con una atención muy precisa a la luz de la desembocadura del Guadalquivir. En las versiones tardías, realizadas entre 2011 y 2014, ese paisaje se acerca a la abstracción sin abandonar del todo su origen.

La etapa final de la exposición se centra en series de gran formato como La cal, La sal y La viña. En ellas, la artista se fija en materiales y trabajos humildes: los utensilios de los encaladores, las montañas blancas de las salinas de Bonanza, los cestos cargados de uvas de la viña que rodeaba su estudio. Laffón elimina casi siempre la figura humana, pero deja sus huellas en los objetos, en las herramientas, en las materias trabajadas. Esa ausencia da a las obras una intensidad particular, porque todo parece detenido después de haber sido usado, tocado o cuidado.

Carmen Laffón. Variaciones será la primera gran exposición dedicada a la artista desde su muerte. Su interés no está únicamente en reunir obras de distintas épocas, sino en mostrar cómo una creadora puede construir un lenguaje propio insistiendo en unos pocos motivos hasta agotarlos, transformarlos y devolverlos al espectador con otra densidad. En Laffón, la repetición nunca es costumbre: es una forma de conocimiento.

04/05/2026 0 comments
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AgendaArteEventos

Banksy: la imagen como forma de protesta

by Emain Juliana 27/04/2026
written by Emain Juliana

Pocos artistas contemporáneos han logrado una presencia tan mediática como Banksy sin renunciar al anonimato. Sus imágenes circulan por museos, subastas, libros, camisetas y redes sociales, pero muchas de ellas nacieron en la calle, sobre paredes que nadie imaginaba que serían contempladas como una obra de arte. Banksy no inventó el arte urbano ni el estarcido, pero entiende muy bien cómo funciona una imagen en la calle. Sus obras no dependen de una gran complejidad técnica, sino de una combinación bastante precisa entre sencillez, ironía y contexto.

El estarcido ha sido clave en su forma de trabajar. La plantilla le permite actuar deprisa, repetir una imagen y mantener una línea clara en la calle, donde no hay tiempo ni las condiciones de un taller. Esa rapidez define su estilo.

Sus temas son igualmente reconocibles. Banksy ha trabajado sobre la guerra, la vigilancia, el abuso de poder, el consumo, la desigualdad, la infancia o la migración, casi siempre a través de escenas de apariencia sencilla y de un humor que rara vez es inocente. A veces la obra parece amable en el primer vistazo, pero ese efecto dura muy poco. Enseguida se percibe algo que no encaja del todo: un soldado que está donde no debe, una cámara que vigila demasiado, una niña situada en una escena que crea confusión, una rata que parece entender la ciudad mejor que sus propios habitantes.

Durante décadas, su identidad fue una incógnita y formó parte de la curiosidad que rodeaba su obra, pero en marzo de 2026, una investigación de Reuters desveló a Robin Gunningham, como posible identidad de Banksy; según ese trabajo, Gunningham habría adoptado después el nombre de David Jones, aunque el artista no ha confirmado públicamente esa noticia.

Banksy ha criticado muchas veces la conversión del arte en mercancía, pero sus piezas se venden por cifras estratosféricas y algunas de sus intervenciones urbanas se protegen o se convierten en objeto de especulación. El caso más famoso ocurrió en 2018, cuando una versión de Girl with Balloon se autodestruyó parcialmente justo después de ser adjudicada en Sotheby’s. La acción parecía una crítica al sistema de subastas, aunque terminó aumentando todavía más la fama de la obra.

Banksy critica el sistema del arte y, al mismo tiempo, forma parte de él. Sus imágenes permiten discutir quién decide el valor de una pieza, por qué unas pintadas se borran y otras se conservan, qué diferencia hay entre una pared ocupada por publicidad y una pared ocupada por una imagen crítica, o qué ocurre cuando una obra creada para la calle acaba siendo tratada como un objeto de colección.

El Museo Banksy de Madrid parte precisamente de esa idea: reunir una parte amplia de su trabajo para que el visitante pueda ver obras que, en conjunto, crean una visión mucho mas precisa de toda su envergadura como artista.

Situado en el Paseo de la Esperanza 1, en Arganzuela, el museo reúne más de 170 piezas, incluidas reproducciones a tamaño real de algunos de sus murales más conocidos. La visita permite acercarse a imágenes como La chica del globo rojo o Banksy’s Rage, el lanzador de flores, pero también a otras piezas con diferentes temáticas como la guerra, el consumo, la vigilancia, la infancia, la migración o el uso político de la imagen. No es necesario conocer previamente la historia del arte urbano para entrar en la exposición, porque el propio recorrido va mostrando cómo trabaja Banksy.

Además de la exposición, el Museo Banksy de Madrid ofrece visitas guiadas en varios idiomas y un taller de serigrafía al estilo Banksy durante los fines de semana. La propuesta resulta interesante porque acerca al público a una de las técnicas que mejor explican la difusión de su obra: una imagen reproducible, clara y pensada para circular. En ese sentido, el museo no solo funciona como una recopilación de piezas conocidas, sino como una forma de entender por qué Banksy pasó de las paredes de la ciudad a ocupar un lugar central en la cultura visual de las últimas décadas.

Museo Banksy Madrid

27/04/2026 0 comments
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AgendaArte

Flandes en el Thyssen

by Uve Magazine 22/04/2026
written by Uve Magazine

Hay tradiciones artísticas que, aun cuando cambian de siglo, de técnica y de sensibilidad, conservan una manera reconocible de interrogar el mundo. Eso es, en buena medida, lo que propone In situ / Ex situ II, el nuevo curso del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza organizado con la colaboración de VISITFLANDERS, que se celebrará del 23 de abril al 20 de junio de 2026 en formato híbrido. Si la primera edición se detenía en los grandes nombres de la pintura flamenca entre los siglos XV y XVII, esta segunda parte avanza hacia un territorio distinto, más cercano y a la vez más inestable, para seguir la evolución de esa tradición desde finales del siglo XIX hasta el presente.

La propuesta no se limita a encadenar autores de prestigio, plantea una línea de continuidad entre épocas muy distintas a partir de varias cuestiones de fondo como la mirada, la materialidad de la pintura y la relación de la obra con su entorno. No se trata solo de estudiar a Rysselberghe, Ensor, Magritte o Delvaux como artistas aislados, más bien es una reflexión sobre la manera en que el arte flamenco fue reformulando sus imágenes, tensiones y hasta su idea misma de realidad al entrar en la modernidad y, más tarde, en el arte contemporáneo.

El recorrido arranca con Théo van Rysselberghe, figura decisiva para comprender la recepción del neoimpresionismo en Bélgica y uno de los fundadores de Les Vingt, aquella sociedad artística que sirvió de plataforma para buena parte del arte moderno en su contexto. Después llegará James Ensor, cuyo universo de máscaras, deformaciones y gestos grotescos sigue conservando una potencia poco domesticable, como si su pintura hubiese entendido muy pronto que lo inquietante no pertenece solo al sueño o a la fantasía, sino también a la vida social y a sus ceremonias. Más adelante, el curso se detendrá en Felix de Boeck y Victor Servranckx para abordar la deriva hacia la abstracción en una Flandes atravesada por las fracturas de la guerra y por la necesidad de inventar nuevas formas para un tiempo nuevo.

Uno de los núcleos más sugerentes del programa será, sin duda, el dedicado a René Magritte y Paul Delvaux. No porque el surrealismo necesite presentación, sino porque en el ámbito flamenco adquirió un espesor particular, menos entregado al automatismo que a una forma calculada de extrañeza. En Magritte, la imagen piensa; en Delvaux, el sueño se vuelve escenario detenido, casi litúrgico, y produce una inquietud que no depende del sobresalto, sino de la precisión con que lo irreal ocupa el mundo visible. Que el curso pase por ellos tiene sentido: si algo demuestra la pintura flamenca del siglo XX es su capacidad para volver extraño lo cotidiano sin romper del todo con la tradición de la figuración.

El cierre estará dedicado al arte flamenco del siglo XXI y a su posición dentro del circuito internacional, con nombres como Luc Tuymans o Ann Veronica Janssens y con atención también al peso de sus museos, galerías y grandes citas como la feria de Bruselas. Es un final coherente, porque permite entender Flandes no solo como una herencia histórica, sino como un espacio todavía fértil para la experimentación, donde la pintura, la instalación y las nuevas formas de percepción siguen reformulando preguntas antiguas sobre la imagen, el cuerpo y la experiencia. Más que un simple curso panorámico, In situ / Ex situ II parece plantearse como una invitación a leer la continuidad de una tradición sin reducirla a museo, escuela o repertorio, y a comprobar que ciertas obsesiones visuales no desaparecen: cambian de forma, se afinan, se vuelven más ambiguas y regresan.

El curso In situ / Ex situ II se celebrará del 23 de abril al 20 de junio de 2026, en formato híbrido, con sesiones online y presenciales. La parte presencial tendrá lugar en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, situado en el Paseo del Prado, 8, 28014 Madrid.

22/04/2026 0 comments
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Arte

¿Cómo empezar una pequeña colección de arte?

by Emain Juliana 16/04/2026
written by Emain Juliana

Hay una idea que conviene desmontar desde el principio, porque suele espantar a quien siente curiosidad por el arte pero todavía no se atreve a comprar: una colección no comienza cuando uno adquiere varias piezas caras, comienza cuando uno empieza a distinguir entre una imagen que le gusta, una reproducción bien hecha y una obra que, además de interesarle visualmente, tiene una lógica e interés material detrás. En ese tramo inicial, que suele transcurrir sobre soporte de papel, uno puede moverse entre reproducciones, fotografía, grabados, litografías, pequeñas acuarelas y obra menor de artistas emergentes. Lo importante es entender que una reproducción decorativa y una edición limitada no son lo mismo. Una estampa original nace de un proceso de transferencia y de una edición, mientras que tiendas de museo como la del Thyssen venden, pósteres, láminas y reproducciones Fine Art pensadas para decoración, pero no deben confundirse con obra gráfica original.

Si nos gusta la ilustración o la serigrafía merece la pena echar un vistazo en tiendas como La Postalera, que trabajan con láminas de artistas, hay otros espacios especializados de un perfil parecido que permiten acercarse a piezas asequibles de ediciones cuidadas: El Moderno Gallery reúne impresiones giclée y ediciones limitadas, Los Artistas del Barrio cuenta con una sección amplia de láminas de distintos creadores. Este tipo de proyectos puede ser una muy buena puerta de entrada para quien quiere empezar a comprar obra con cierta identidad y con información más clara sobre artista, formato y soporte.

Una reproducción adquirida en una tienda puede servir para empezar, aprender qué nos gusta, que tipo de arte nos dice algo, los formatos que preferimos o los que mejor pueden quedar en nuestras paredes y también para decidir si lo que de verdad nos interesa es la pintura, la fotografía, el grabado o otro tipo de arte. El problema aparece cuando se quiere saltar demasiado deprisa de la afinidad estética al supuesto hallazgo coleccionable. Hay ediciones fotográficas muy asequibles y muy bien planteadas, por ejemplo; como las Magnum Editions, que se ofrecen como impresiones pigmentarias de archivo en ediciones limitadas de 100 ejemplares, y ahí ya entramos en otro terreno, porque no estamos ante una simple lámina, estamos ante una pieza con una tirada definida y una formulación comercial mucho más precisa. Empezar por ahí puede tener bastante sentido si a uno le atrae la fotografía, pero solo cuando sabe qué está comprando y no confunde una edición seria con cualquier imagen impresa en buen papel.

Para quien quiera dar el paso desde la reproducción hacia una pequeña colección propiamente dicha, las pequeñas galerías siguen siendo uno de los mejores lugares de aprendizaje, porque permiten ver la pieza in situ, se puede obtener información sobre la obra, preguntar dudas, comparar con otras piezas, hablar de la edición, la tirada y salir con algo más que un recibo. No hace falta entrar en una gran galería internacional ni pensar en cifras estratosféricas. En España, una feria como ESTAMPA se presenta precisamente como un espacio dedicado al coleccionismo y a la curaduría, y su programa COLECCIONA insiste en informar y normalizar la figura del coleccionista, cosa que resulta muy útil porque coleccionar no es una extravagancia de la élite, hay precios y arte para todos los bolsillos, además, desde el punto de vista práctico, la compra en galería permite pedir lo que cualquier comprador prudente debería pedir: ficha técnica, estado de conservación, certificado si existe, y documentación complementaria. Artsy recomienda precisamente solicitar condition reports, certificados de autenticidad y otros documentos de apoyo, además de preguntar por el cuidado futuro de la obra.

También hay muchos creadores que venden su arte sin intermediarios, si tenemos en cuenta la trayectoria artística, hacemos cierto seguimiento, nos gusta su obra, y sabemos de antemano que documentos de autenticidad debemos pedir sobre cada obra, es una muy buena opción, al fin y al cabo, nadie va a proporcionar tanta  información sobre la obra a nivel artístico y documental, que el propio creador.

Las plataformas de subasta online, entre ellas Catawiki, son muy buenas como herramienta de rastreo y acceso a piezas pequeñas, pero conviene tratarlas con cautela. La propia plataforma exige a los vendedores prueba verificable de autenticidad y procedencia, y considera válidos, entre otros documentos, los certificados del artista, los certificados emitidos por una galería reconocida, las facturas de compra, las referencias a catálogos o los propios archivos de artista y la documentación de procedencia. Sobre el papel, eso parece estupendo. El problema es que la existencia de una norma no equivale a una garantía: una investigación difundida en Países Bajos en 2025 recogió algunas quejas por falsificaciones, eso evidentemente no es la norma y  no obliga a descartar la plataforma, pero sí a ser cautelosos, leer las fichas con frialdad, pedir imágenes de detalle y prestar mucha atención a la información proporcionada.

Los rastros, los mercadillos y las ferias de antigüedades merecen un apartado aparte, porque pueden ser una escuela magnífica o una fábrica de errores monumentales. Allí sí aparecen, de vez en cuando, estampas antiguas, fotografías interesantes, acuarelas menores, dibujos académicos, pruebas de taller y piezas que no están fuera del alcance de un comprador modesto. Si nadie sabe decirnos qué técnica es, si una litografía se presenta como si fuera un grabado, si una reproducción se vende como “obra antigua” sin más datos, o si la atribución depende únicamente de una firma, lo prudente si el precio es elevado es retirarse. Antes de comprar nada debemos fijarnos en la técnica, el soporte, los   márgenes, el estado de la obra, el reverso, los sellos, anotaciones y procedencia, que  cuentan tanto como la imagen en si misma. Christie’s y la IFPDA insisten, de hecho, en que el papel, la edición y las marcas materiales forman parte de la autenticidad de una estampa y son un detalle importante para especialistas.

Hay varias señales que conviene aprender pronto, porque ayudan mucho a separar una pieza original de una compra dudosa. La numeración en fracción, por ejemplo 12/50, indica el número concreto del ejemplar y el total de la edición numerada; la IFPDA recuerda además que esa cifra no incluye las pruebas. Las siglas A.P. o E.A. remiten a pruebas de artista, mientras que B.A.T., bon à tirer, designa la prueba final aprobada por el artista como modelo para la tirada. También son útiles los blindstamps o chops, que pueden identificar al impresor o al editor, y las marcas de agua del papel, que a veces permiten reconocer la fábrica, el tipo de papel e incluso orientar la datación. En las técnicas calcográficas, la huella de la plancha, el plate mark, puede ser otra pista material valiosa. Al mismo tiempo, es importante señalar que no todas las estampas van firmadas a mano, hay obras auténticas firmadas directamente en plancha, estampilladas o incluso inicialadas. Dicho de otra manera, una marca aislada no autentifica nada por sí sola, pero varias marcas que mantengan cierta coherencia entre sí pueden decirnos bastante sobre la obra.

Con los certificados ocurre algo parecido. Mucha gente los trata como si fueran una prueba definitiva, cuando en realidad son solo una pieza más del expediente. Durante años se consideraron la prueba mas fidedigna en autentificación de una obra, hoy día han empezado a ponerse en cuestión y aunque pueden validarse como registro histórico de ventas y vínculo con el artista, ya no se leen de forma aislada. Por eso la factura importa tanto: es la prueba básica de compra y debe conservarse siempre. Si además existen cartas de experto, referencias a un catálogo, historial de exposición, etiquetas de galería o cualquier rastro de procedencia, mejor todavía. Getty, al definir la historia de propiedad de una obra, incluye precisamente el paso de un dueño a otro, las ventas públicas, los marchantes que la manejaron y las marcas o etiquetas físicas asociadas a ese recorrido. Quien empieza una colección pequeña no necesita convertirse en detective, pero sí en alguien que guarda papeles y no compra piezas sin cierta información.

Una vez que hemos adquirido nuestra obra hay otro aspecto importante que hay que tener en cuenta, y es la conservación. La Library of Congress advierte que la luz produce daños permanentes e irreversibles, y que ese daño es acumulativo, de modo que una iluminación tenue durante mucho tiempo puede afectar tanto como una exposición intensa durante menos tiempo. Por eso, en el caso de obras valiosas sobre papel, ni siquiera recomienda la exhibición permanente y sugiere, para exposiciones largas, enmarcar una buena reproducción y conservar el original en mejores condiciones. Cuando se enmarca un original, el marco pasa a formar parte de la conservación: los materiales en contacto con la obra deben ser químicamente estables, la pieza no debe tocar el cristal y el acristalamiento debería filtrar la radiación ultravioleta. Para fotografías y papeles, se recomienda un entorno relativamente seco, fresco y estable, en torno al 30–50 % de humedad relativa, lejos de áticos, sótanos, radiadores, muros exteriores y zonas de condensación.

Para finalizar, una costumbre útil es crear una catalogación personal. Una colección pequeña empieza a parecer una colección cuando uno sabe qué tiene, dónde lo compró, cuánto pagó, qué técnica es, qué medidas tiene la hoja y la imagen, si está firmada, qué número de edición lleva, qué marcas aparecen en el reverso y qué documentos la acompañan, demás del estado en que hemos adquirido la obra, eso significa abrir una ficha, aunque sea pequeña, para cada pieza, guardar la factura, fotografiar anverso y reverso, anotar defectos visibles y no separar nunca la obra de su documentación. Coleccionar bien, incluso cuando se colecciona poco, tiene que ver con aprender a conservar la historia de la pieza.

Comprar arte es una manera estupenda de llevar a casa algo que hace más bella e interesante la vida cotidiana. Una pieza bien elegida puede cambiar nuestro estado de ánimo o dar carácter a nuestras paredes. Además, hay algo especialmente satisfactorio en saber que esa elección responde a nuestro propio gusto e identidad. Empezar una pequeña colección, aunque sea poco a poco, puede dar muchas alegrías y hacer que la relación con el arte deje de ser lejana para volverse diaria y cercana.

Bibliografía

Artsy, “What You Need to Know About Buying Your First Artwork”.
Artsy, “Certificates of Authenticity, Explained”.
Catawiki, “Post-War, Contemporary Art & Prints Submission Guidelines”.
Christie’s, “Collecting Guide: Key Things to Know About Prints and Multiples”.
Getty, Categories for the Description of Works of Art.
Library of Congress, “Care, Handling and Storage of Works on Paper”.
Library of Congress, “Limiting Light Damage”.
Library of Congress, “Preservation Guidelines for Matting and Framing”.
IFPDA, Glossary of Terms and Techniques.
Magnum Photos Store, “Magnum Editions”.
La Postalera, “Láminas”.
El Moderno Gallery, “Impresión Giclée Edición Limitada”.
Los Artistas del Barrio, “Láminas”.
Catawiki, “Art Guidelines”.

16/04/2026 0 comments
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ArteLiteratura

Artemisa: la diosa de la Luna reclama su trono

by Verónica García-Peña 11/04/2026
written by Verónica García-Peña

La cazadora del arco de plata que hoy da nombre al regreso de la humanidad al espacio

Más de medio siglo después de que Apolo abandonara la superficie lunar, su hermana gemela reclama el trono. La NASA ha bautizado su misión más ambiciosa como Artemis II (Artemisa en castellano), rescatando del sitial de los mitos a la cazadora del arco de plata. Pero, ¿quién es esta deidad que hoy da nombre a una gesta que nos permitirá ver, por primera vez en la historia, el lado oculto de la Luna?

Artemisa es, en la mitología griega, la personificación de la Luna y la dueña absoluta de todo lo que permanece salvaje. Hija de Zeus y Leto, el rasgo que mejor la define es la autonomía. Su madre no era una deidad menor, sino una Titánide, una de las figuras de la generación anterior a los dioses del Olimpo que, para su desgracia, conoció muy de cerca el peso del castigo divino. Su historia es la de una madre que tuvo que vagar por medio mundo perseguida y sin encontrar un lugar donde cobijarse para dar a luz. La razón era el odio que Hera, la esposa de Zeus, le tenía por su embarazo. Tanto es así que lanzó una maldición prohibiendo a cualquier tierra firme u hogar bajo el sol que acogiera a Leto para que esta pudiera parir. Al final, Leto encontró refugio en la errante isla de Delos, un trozo de roca flotante que, al no estar anclado al fondo marino, técnicamente no incumplía el castigo de la reina de los dioses.

En ese mundo del Olimpo donde el destino de las mujeres solía ser la sumisión, el matrimonio forzoso o la violencia directa —disfrazada a menudo de romance en muchos textos clásicos—, Artemisa nació aprendiendo que el control sobre su propia existencia era su mejor escudo. Por eso pidió a su padre el don de la soltería eterna y la libertad para vivir fuera del Olimpo, armada con un arco y un carcaj de flechas, lejos de las estructuras que convertían a otras como ella en constantes objetos de deseo o moneda de cambio. El poeta Calímaco, en su Himno a Artemisa, relata que siendo apenas una niña, sentada en las rodillas de Zeus, ya tenía claro que mantener su independencia (es decir, su virginidad) era la única forma de no pertenecer a nadie.

Esa libertad y firmeza definen también su faceta como diosa de la caza, pues ella rastrea, no se rinde ante lo salvaje y protege su territorio con una ferocidad implacable. Su famoso arco de plata —fabricado específicamente para ella por los Cíclopes, que eran los artesanos de los dioses— tiene una curva que los antiguos identificaban con la luna creciente. Ese arco le servía tanto para abatir presas como para marcar una frontera imposible de traspasar, pues nadie podía cruzar sus dominios sin su permiso.

De hecho, acercarse a Artemisa siempre tuvo un precio y su belleza funcionaba como una advertencia. El mito de Acteón —un célebre héroe y cazador tebano entrenado por el centauro Quirón— es el recordatorio más crudo de ese carácter. Tras ser pillado in fraganti mientras espiaba a la diosa bañándose desnuda en un manantial, fue transformado por Artemisa en un ciervo. Incapaz de hablar, Acteón terminó siendo devorado por su propia jauría de perros, que no lograron reconocer a su amo bajo la piel del animal. Artemisa no perdonaba la invasión de su intimidad porque su libertad no era negociable.

La diosa vivía en las montañas acompañada por un séquito de ninfas que su padre le regaló: sesenta oceánides (hijas de Océano) y veinte ninfas amnisíades (de los ríos de Creta). Según detalla Calímaco, estas últimas eran las encargadas de cuidar de sus sandalias y de sus perros cuando la diosa descansaba. Eran sus compañeras y amigas que, como la propia Artemisa, decidieron que no necesitaban a nadie para ser ellas mismas.

Esta conexión con la naturaleza más pura se extiende a todos sus elementos. En la tradición clásica, Artemisa era la protectora de los manantiales y las fuentes ocultas; se creía que ella custodiaba el agua que daba vida a los bosques bajo el manto de las sombras. Hoy, la ciencia busca en la Luna ese mismo recurso vital que la diosa siempre protegió en la espesura.

Hay, además, un detalle biográfico que la hace, si cabe, todavía más poderosa. Aunque su hermano gemelo Apolo llegara antes a la Luna, con la histórica misión de 1969, ella nació primero. Los relatos clásicos dicen que, nada más nacer, ayudó a su propia madre en el difícil alumbramiento de su hermano. Fue la primera partera, la que permitió que la luz solar existiera, pues Apolo es el dios del Sol. Por eso me resulta justo que ahora sea ella quien abra el camino hacia el futuro. No es un detalle menor que el programa lleve el nombre femenino de la protectora de las mujeres, rompiendo un monopolio masculino histórico que parecía inamovible, además de ser ella la diosa del elemento a investigar.

Ese cohete que durante estos días ha cruzado el cielo nocturno es, en realidad, un reencuentro. Una excusa para volver a mirar hacia arriba con la misma mezcla de respeto y curiosidad que sentían quienes, hace miles de años, levantaban la vista y creían ver en la Luna el arco de una cazadora tenaz.

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AgendaArte

Abril Imaginario, teatro en Madrid

by Uve Magazine 04/04/2026
written by Uve Magazine

El Umbral de Primavera celebra del 2 al 26 de abril la sexta edición de Abril Imaginario, un ciclo que este año reúne seis proyectos escénicos y que vuelve a situar a la sala de Lavapiés como uno de los espacios madrileños donde la creación contemporánea encuentra un marco estable de trabajo y exhibición. La programación se reparte de jueves a domingo, con funciones de tarde y con pases matinales durante el fin de semana, y se articula a partir de un proceso de asesoría en el que han participado integrantes de [los números imaginarios] junto a Carlos Tuñón, responsable del acompañamiento de las piezas.

La edición de 2026 está formada por Crónica de una siesta mientras el mundo arde, 60 sodomitas a los cuales hice quemar, OBRA DURACIÓN ZONA – o formas de decir la casa, sospechosos huīdas, La inocencia de los lirios y Un archipiélago colapsa. Los seis títulos llegarán a escena después de ese trabajo previo de seguimiento que forma parte de la estructura del ciclo y que explica su continuidad dentro de la programación de El Umbral de Primavera. La propuesta mantiene así una línea reconocible, en la que las funciones no aparecen desligadas de su proceso de elaboración, sino vinculadas a un marco de formación, revisión y puesta en común que desemboca en la exhibición pública durante el mes de abril.

La primera pieza en abrir el ciclo es Crónica de una siesta mientras el mundo arde, creación de Carlos Gorbe, presentada como un viaje semimusical a través de su psique. El montaje se podrá ver los jueves 2 y 16 de abril a las 20:30 y los domingos 12 y 26 a las 20:00. A partir de ahí se irá desplegando el resto de la programación: 60 sodomitas a los cuales hice quemar, con dirección de Ian Loren, tendrá funciones los viernes 3, 10, 17 y 24 a las 21:00; OBRA DURACIÓN ZONA – o formas de decir la casa, de Gabriela Burgos y Pablo Orteu, se presentará los sábados 4, 11, 18 y 25 a las 12:30; sospechosos huīdas, de Jósbel Lobo, ocupará esos mismos sábados a las 20:30; La inocencia de los lirios, de Laura Iglesias, podrá verse los domingos 5, 12, 19 y 26 a las 12:00; y Un archipiélago colapsa, de Lengua Volcán bajo la dirección de Paul Stein, tendrá funciones los domingos 5 y 19 a las 20:00 y los jueves 9 y 23 a las 20:30.

La inocencia de los lirios

se adentra en una materia íntima; 60 sodomitas a los cuales hice quemar parte de un hecho ocurrido en 1596, cuando sesenta marineros acusados de “sodomía” por la Inquisición española fueron arrojados a un horno de cal; OBRA DURACIÓN ZONA – o formas de decir la casa se plantea como una deriva psicogeográfica alrededor de la casa y del deseo; sospechosos huīdas se centra en los desplazamientos forzados de la era contemporánea; La inocencia de los lirios nace de una investigación con las monjas carmelitas de la comunidad de Toro, en Zamora; y Un archipiélago colapsa trabaja sobre la fragilidad de la memoria a partir de un lenguaje fragmentado y visual. El ciclo mantiene así una programación en la que conviven materiales históricos, experiencias biográficas, cuestiones políticas y búsquedas formales que se resuelven desde lugares muy distintos.

En el caso de la obra dirigida por Ian Loren, el texto de presentación la sitúa entre el teatro documento, el teatro para la memoria y el drama, con la voluntad de recuperar una violencia histórica que no queda encerrada en el pasado. En OBRA DURACIÓN ZONA – o formas de decir la casa, Burgos y Orteu proponen que cada día de función entren en la sala con extracciones de la ciudad y abran allí un taller desde el que seguir trabajando con el público. sospechosos huīdas plantea una pregunta precisa, “¿es posible quitarle elegía al exilio?”, y coloca en el centro a quienes emigran y a las circunstancias que los empujan a hacerlo. La inocencia de los lirios se presenta como un misterio contemporáneo y como una práctica escénica relacional, atenta al silencio, a la vida conventual y a las formas de experiencia compartida. Un archipiélago colapsa, por su parte, aborda los recuerdos como una materia erosionada y cambiante.

Uno de los rasgos más singulares de esta edición está en el propio desarrollo de los proyectos. Al comienzo del proceso, en octubre de 2025, cada director y directora eligió una planta con la que sintiera que podía sintetizar y conceptualizar su pieza, y esa planta ha acompañado el trabajo hasta su llegada a escena en abril. El dato, incluido en la presentación del ciclo, añade una imagen concreta de ese recorrido y subraya la dimensión temporal del proyecto, que se construye a lo largo de varios meses antes de encontrarse con el público.

La presencia de [los números imaginarios] vuelve a ser central en esta sexta edición. La compañía, fundada en 2013, colabora de nuevo en el desarrollo del ciclo junto a Carlos Tuñón. Su intervención forma parte del trabajo previo de las piezas, que llegan a abril después de varios meses de asesoría. Por eso Abril Imaginario no funciona solo como una programación de estrenos, sino como la presentación pública de seis procesos de creación.

04/04/2026 0 comments
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ENTREVISTA: Federico Granell

by Beatriz Menéndez Alonso 26/03/2026
written by Beatriz Menéndez Alonso

«El arte puede elevarnos a la altura de lo que es noble, sublime y verdadero, llevarnos hasta la inspiración y el entusiasmo, lo mismo que puede hundirnos en la sensualidad más grande, en las pasiones más bajas, ahogarnos en una esfera de voluptuosidad y dejarnos desamparados, aplastados por el juego de una
imaginación desencadenada
que actúa sin freno…»

Friedrich Hegel

Comencemos esta entrevista desandando los pasos de la memoria, en busca del momento en que empezaste a pintar no solo lo que veías, sino lo que intuías. A menudo el camino del artista se traza desde la copia hacia la invención, desde la observación externa hacia un imaginario más interior. ¿Cuándo sentiste que habías dejado atrás esa etapa inicial para empezar a pintar lo que, sin saberlo del todo, ya habitaba en ti?

Más o menos siempre pinté parecido. Desde el principio tuve muy claro lo que me gustaba y lo que no. Con el tiempo empecé a investigar sobre los personajes, la gente, el viaje, la música que nos habita… y quise juntar todo eso para crear algo reconocible. Esa es la parte difícil del arte: trazar tu propio estilo y que quien vea tu obra la identifique de inmediato. 
El proceso fluyó de manera muy natural, casi instintiva, pero con el respaldo de años de aprendizaje y observación. Es cierto que hice un trabajo previo de investigación sobre el color, con referencias visuales y con la base sólida de mi formación en la Escuela de Bellas Artes de Salamanca. Pero si tuviera que señalar un momento clave en la definición de mi estilo, sería mi primer viaje a Londres, ya fuera del marco académico. Allí empecé a reconciliar lo aprendido con la búsqueda de mi propia identidad como artista. Y fue en Roma, gracias a una Beca de Pintura, donde se confirmó absolutamente mi vocación: supe con total claridad que quería ser pintor y, aún más, vivir de mi pasión. Es un trabajo diario que exige mucha dedicación, pero siempre supe que no me iba a aburrir haciendo lo que hago, ni a tirar la toalla, porque tenía muchas cosas que contar.

¿Qué parte de ti —emocional, simbólica o incluso física— queda en cada obra? ¿Y qué determina que una pieza te implique más profundamente que otra?

Mucho. En algunas más que en otras, porque te implicas más, o porque estás más vulnerable en ese momento, y eso se refleja.
En otras, por ejemplo, cuando preparas una exposición, tienes que contar una historia, y como en toda historia, hay capítulos más lentos, más calmados, menos trepidantes. No todo puede estar siempre en la cúspide de la emoción. 
Mi pintura es contenida, tranquila. No hay grandes explosiones. Pero siempre hay una obra que tiene más fuerza porque has dejado más de ti. Recuerdo en este sentido un cuadro muy especial para mí, que forma parte de la Exposición «Para Iluminar un bosque», que estuvo en el Centro de Cultura del Antiguo Instituto de Gijón entre el año 2020 y 2021: Se trata de un friso con personajes en la noche, portando velas en las manos, en el que quise inmortalizar a varios compañeros de gremio. Esa imagen me acompañó durante años, y cuando por fin la pinté fue una experiencia emocionalmente muy explosiva para mí.

«Mi pintura es contenida, tranquila. No hay grandes explosiones. Pero siempre hay una obra que tiene más fuerza porque has dejado más de ti».

Obra en el estudio del artista. Imagen de José Antonio Pernia López

En tus obras aparecen figuras solitarias que parecen extraídas de un sueño o de una escena infantil congelada en el tiempo: recortables, marionetas, personajes que no hablan, pero se dejan observar. Hay en ellas una quietud llena de intención, una presencia muda que inquieta y atrae a la vez. ¿De dónde vienen estos personajes? ¿Qué diálogo secreto mantienes con esas presencias? ¿Te acompañan, te confrontan, te hablan…? ¿Cómo son realmente?

Son ante todo obedientes. Me siento como un escenógrafo que dirige un pequeño universo en miniatura: las coloco cuidadosamente, las organizo, las acomodo en el espacio como si fueran actores en una escena teatral. Juego con ellas, buscando siempre lo más potente y expresivo de cada composición, porque para mí cada pieza —y en especial las esculturas— tienen una carga profundamente narrativa. No las veo como objetos estáticos, sino como elementos vivos que pueden transformarse, evolucionar y adoptar nuevos significados según el contexto en el que las ubique. Por eso las reutilizo, las reciclo, las transformo y las vuelvo a poner en escena una y otra vez. Este proceso, por me permite pensar y repensar mis ideas desde diferentes ángulos, dándoles una riqueza y profundidad que no existirían si se quedaran fijas en una única forma.
La fotografía es una herramienta fundamental en ese recorrido. Me permite documentar cada etapa, registrar la evolución de la pieza y fijar la idea que quiero trabajar desde el principio hasta la finalización. A través de las imágenes puedo observar detalles que en la tridimensionalidad pasan desapercibidos, y también construir un relato visual que acompaña y completa el trabajo escultórico.
Son un poco Frankenstein, ensambladas a partir de partes de otras piezas o moldes que hago yo mismo. A veces me piden Lilys, otras, simplemente parecen querer salir al jardín a jugar. Al final cada una encuentra su propio camino , su propia voz, y yo solo las acompaño en este tránsito.

En este universo de pequeños rituales visuales, la música no actúa como un simple fondo. Es una presencia constante, un latido invisible que acompaña el gesto artístico. El silencio, lejos de ser neutral, parece casi incómodo; la música, en cambio, se convierte en una forma de sostén.
¿Qué lugar ocupa la música en tu proceso de creación? ¿ Funciona como una atmósfera emocional o como un estímulo narrativo? 

Trabajar sin música me deprime, me pesa. A veces ni la escuchó, pero sé que está ahí, me genera tranquilidad, tiene ese tono neutro necesario para concentrarme. 
En mi exposición Las canciones que vienen al caso, presentada en la Casa de las Artes y las Ciencias de Bueño, partí de los cuadernos de canciones que dibujo. Se ampliaron y expusieron unas 55 imágenes aproximadamente, que son las acuarelas originales. En un primer instante, la imagen se formó con nitidez en mi mente, como si ya existiera desde antes, aguardando ser descubierta. Sin embargo, el espacio —ese entorno cambiante, cargado de significados y vacíos— interviene inevitablemente. La obra, aunque concebida con claridad, se transforma al situarse en un contexto, al enfrentarse con la luz, las proporciones, las texturas y hasta con la mirada del espectador. Fue precisamente este diálogo con el espacio lo que prolongó el proceso mucho más de lo que inicialmente había previsto. Cada rincón, cada dimensión, cada incidencia de la luz obligaba a reconsiderar detalles, a reajustar escalas y a replantear la disposición de las piezas. Lo que parecía una idea clara y sencilla en la mente, se reveló complejo y cambiante al momento de traducirse en el lugar físico. Así, la obra no solo se construyó, sino que se fue gestando en un continuo ajuste, donde el espacio no fue un mero soporte, sino un verdadero coautor que exigió paciencia, atención y respeto. Las imágenes son canciones, y las esculturas dialogan con ese universo musical: auriculares, vinilos, tocadiscos… etc Todo contribuye a ese mundo. El montaje, las piezas y los vídeos del proceso creativo aportan una serenidad y manualidad que siempre persigo alcanzar. Me gustó especialmente que se hiciera un catálogo ligado a la obra, algo que por desgracia se está perdiendo y que considero fundamental.

¿Qué música escuchas mientras trabajas? ¿Qué artistas y bandas te inspiran? 
Cigarettes After Sex me parecen perfectos para pintar, su sonido es muy envolvente, tranquilo casi hipnótico, ideal para dejar que la creatividad fluya. Incluso mis alumnos los escuchan. Además, me encanta la bossa nova. Artistas como Astrud Gilberto y Rita Lee tienen un toque especial, esa mezcla de suavidad y ritmo que siempre me inspira. Me fascina cómo han abordado incluso versiones de los Beatles, dándoles un aire nuevo y fresco, con una elegancia y calidez muy características de ese género.
Recientemente he descubierto a Fat Dog, que me parecen pura energía. Son una banda que aporta mucha fuerza y dinamismo, algo que a veces necesito para salir de la rutina y darle un impulso más vibrante a mi proceso creativo.
También soy fan de Floating Points, que tienen un estilo muy adictivo y sofisticado, con capas sonoras que invitan a sumergirse en su música y explorar nuevas sensaciones.

¿Y tus incunables? 
Hay ciertas bandas y artistas a los que siempre vuelvo, porque forman parte de mi ADN musical y emocional. Family, Los Planetas, Stone Roses, Klaus & Kinski, La Bien Querida, Pulp, New Order… Todos ellos me remiten inevitablemente a Radio 3, que era mi compañía fiel cuando estudiaba en Salamanca.

Federico Granell en su estudio. Imagen de José Antonio Pernia López

El estudio es refugio, pero también un espacio de búsqueda. Lo habitas como se habita una casa: con memoria, con costumbre, con alegría. Aun así, te defines como un artista itinerante, capaz de trabajar donde te lleve la necesidad o el impulso. ¿Es el estudio, para ti, un lugar físico o un estado mental? ¿Qué supone abrirlo a otros a través de las clases de pintura?

Ambas cosas. Es mi segunda casa, pero también un estado mental. Puedo trabajar en cualquier sitio si la idea es clara, si estoy conectado con lo que quiero hacer. Aun así, el estudio tiene un valor muy especial para mí: me permite hacer obras más grandes, desarrollar esculturas, experimentar con materiales y formatos que en otros lugares no podría abordar.
Vengo feliz al estudio. Es una prolongación de mi casa y casi una réplica, no sólo en lo físico, sino en lo emocional. Está lleno de objetos, de libros, de cosas que me acompañan. Soy muy acumulador —me gusta rodearme de cosas—, pero no es una acumulación al azar: cada objeto que guardo me dice algo, me transmite una pequeña chispa, una referencia, un recuerdo. Son disparadores visuales y afectivos.
Y es también un lugar para compartir. Doy clases de pintura aquí desde hace años, y eso me conecta con otras miradas, otras formas de entender el arte. Es un intercambio muy enriquecedor. Me gusta acompañar procesos, ayudar a que otros descubran su voz plástica, sin imponer la mía. Me interesa más sugerir que corregir, más guiar que marcar un camino único. Y a la vez, aprender. Porque enseñar también es una manera de seguir afinando la propia mirada.

¿Existen temas, motivos o formatos que prefieres evitar? ¿Hay algo que sientas que no pintarías nunca, no por prejuicio, sino porque simplemente no conecta contigo como creador?

No diría que hay algo que nunca pintaría, pero sí hay ciertos temas que, por lo general, evito. Los retratos, por ejemplo. Creo que, salvo que seas Velázquez, envejecen mal. Tengo algunos, claro, porque a veces surgen casi inevitablemente, pero los considero más bien excepciones. Tampoco me atraen mucho los bodegones o las naturalezas muertas; no conecto con ese tipo de representación, no me despierta nada especial. Y en cuanto a los encargos, especialmente cuando se trata de retratos, suelo evitarlos porque me condicionan demasiado. Me siento limitado, como si tuviera que responder a expectativas ajenas más que seguir mi propio impulso. En resumen, aunque no cierro la puerta por completo, hay ciertos caminos que prefiero no tomar.

El tema del fracaso aparece, como siempre en todos los procesos creativos, no como una derrota, sino como parte del trayecto. Me interesa ese otro lado de la práctica artística: los límites, los bloqueos, la mirada del otro. ¿Cómo convives con los momentos de duda o de frustración? ¿Te afecta la opinión ajena? ¿Qué lugar ocupa para ti el error dentro del proceso?

La mirada del otro me importa, sí. La sigo de cerca, tanto en redes sociales como en exposiciones. Escucho con atención lo que dice el público, lo que comentan otros artistas, amigos, gente que ve la obra con ojos distintos a los míos. Muchas veces, de esas conversaciones surgen ideas nuevas, o maneras de mirar lo que uno estaba haciendo y no terminaba de entender del todo. No se trata de complacer, pero sí de estar abierto, porque la pintura, aunque sea un acto íntimo, también se completa cuando alguien la observa. Esa mirada externa a veces te confirma intuiciones, y otras veces te obliga a replantearte cosas. Me transforma, claro que sí. 
En cuanto al fracaso, creo que está siempre presente, en distintas formas. Hay muchos cuadros que se quedan a medias, que no avanzan, que se estancan. Es frustrante, porque inviertes tiempo, energía, entusiasmo… y sientes que no llegan a donde querías llevarlos.
Pero con el tiempo aprendí a ver ese tipo de fracaso como algo relativo. Aunque el cuadro no funcione, algo deja: una idea, un gesto, una enseñanza técnica, o simplemente la conciencia de un límite. A veces hay que fracasar para entender por qué un camino no era el adecuado 
Me da pena cuando un cuadro no prospera, claro, pero también pienso que todo tiene su razón. No todo lo que uno pinta tiene que ver la luz. Hay piezas que simplemente son parte del proceso. Y para mí, el verdadero éxito es ese: poder seguir pintando después de 25 años y, además, vivir de ello. Poder sostener una práctica artística en el tiempo, con todo lo que eso implica —dudas, cambios, fracasos, momentos de claridad—, ya es un triunfo. Porque no se trata solo de hacer obra, sino de sostener una forma de vida.

La entrevista continúa en la edición en papel del número 3 de nuestra revista Botánica y singladuras.

Imágenes de José Antonio Pernia López

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AgendaArte

Émilie Tronche inaugura la Feria del Cómic de Madrid

by Uve Magazine 25/03/2026
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Émilie Tronche será la encargada de abrir mañana la segunda edición de la Feria del Cómic de Madrid, una cita que este año quiere detenerse en el cómic no solo como forma de entretenimiento, sino también como espacio de creación, de lectura y de pensamiento. La autora francesa, conocida por la serie de animación Samuel, participará en Casa del Lector en un encuentro con Íñigo Picabea bajo el título El viaje a la adolescencia, una elección nada casual para inaugurar una programación que presta especial atención a los procesos de formación, a la memoria emocional y a las distintas maneras de narrar el paso hacia la madurez.

La presencia de Tronche marca además una de las líneas de esta edición, que mira con interés al cómic europeo y a los intercambios entre lenguajes. La jornada del jueves se cerrará con la proyección de Samuel en Cineteca, presentada por la propia autora, mientras que el viernes llegará la primera gran jornada de actividad continua, con encuentros profesionales, talleres, coloquios, proyectos editoriales con participación internacional y una masterclass dedicada al portafolio, en una programación que parece buscar un equilibrio entre reflexión, oficio y apertura a nuevos públicos.

A lo largo de los cuatro días, Plaza Matadero reunirá a librerías y editoriales en sus casetas, donde los libros podrán adquirirse con un 10 % de descuento. Más allá de ese incentivo, la feria parece insistir en algo que sigue siendo importante: convertir el cómic en un lugar de intercambio real entre quienes lo hacen, quienes lo editan y quienes lo leen.

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AgendaArte

Guercino en el Thyssen: exposición en Madrid 2026

by Uve Magazine 17/03/2026
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Guercino y sus heroínas bíblicas, una muestra centrada en la mirada que Giovanni Francesco Barbieri, conocido como Il Guercino, dedicó a distintas figuras femeninas de la tradición bíblica. Comisariada por María Eugenia Alonso, conservadora de Pintura Antigua del museo, la propuesta reúne en la sala 12 de la colección permanente un conjunto de seis obras que permite examinar tanto la potencia narrativa del pintor italiano como su capacidad para dotar de intensidad emocional a sus personajes.

Guercino, nacido en Cento en 1591 y fallecido en Bolonia en 1666, fue una de las grandes figuras del barroco del norte de Italia. En esta exposición, el punto de partida es Jesús y la samaritana en el pozo (hacia 1640–1641), una de las obras maestras de la colección Thyssen, en torno a la cual se articula un recorrido que incorpora préstamos de instituciones como el Museo del Prado, la Dulwich Picture Gallery de Londres y el Musée des Beaux-Arts de Estrasburgo. A través de esta selección, el museo plantea una reflexión sobre la representación de la mujer en los relatos bíblicos, aunque también sobre la evolución estilística del artista y su notable dominio del gesto, de la luz y de la expresión dramática.

La elección de estas figuras no responde a una simple preferencia iconográfica. Durante el siglo XVII, las heroínas bíblicas ocuparon un lugar destacado en la pintura europea, en especial dentro del contexto de la Contrarreforma, que favoreció imágenes capaces de conmover al espectador y de hacer visibles los afectos. En ese terreno, Guercino se mueve con especial soltura. Su pintura, heredera de la tradición boloñesa del Seicento y cercana a esa poética de los afectos que también cultivaron artistas como Guido Reni o Domenichino, convierte cada escena en un espacio cargado de tensión emocional, donde las manos, las miradas y las posturas corporales adquieren un valor decisivo.

El recorrido se abre con dos mujeres del Nuevo Testamento asociadas al motivo de la culpa y el arrepentimiento. En Jesús y la samaritana en el pozo, el diálogo entre ambos personajes se construye mediante un delicado intercambio de gestos y miradas, que da a la escena una intensidad silenciosa. Junto a ella se presenta Jesús y la mujer adúltera (hacia 1621), donde el artista utiliza los contrastes de luces y sombras para ordenar la escena y subrayar, frente al juicio de los fariseos, la fragilidad de la figura femenina, que aparece recogida, abatida y vulnerable.

La exposición continúa con dos episodios del Antiguo Testamento en los que la injusticia y la violencia recaen sobre mujeres convertidas en víctimas. En Susana y los viejos (1617), Guercino representa el momento en que la joven es observada por dos jueces mientras se baña. La composición, que destaca el cuerpo de Susana sobre un fondo oscuro, no se limita a narrar el episodio, sino que coloca al espectador en una posición incómoda, casi como testigo directo del acoso. Muy distinto, aunque igualmente dramático, resulta Abraham repudia a Agar e Ismael (1657), donde el pintor construye la escena con un sentido casi teatral y concentra la emoción en los gestos de los personajes, acentuando el conflicto moral y afectivo del pasaje.

El último tramo de la muestra se detiene en dos figuras que la tradición cristiana ha presentado con frecuencia como encarnaciones del peligro femenino, aunque Guercino introduce en ellas una lectura menos convencional. En Sansón y Dalila (1654), Dalila deja de ser simplemente la mujer traidora que arrastra al héroe a la caída y adquiere una dimensión distinta, más cercana a la de una figura activa en defensa de su pueblo. Algo parecido sucede en Salomé recibe la cabeza de san Juan Bautista (1637), donde Salomé no aparece como la joven seductora y cruel fijada por buena parte de la iconografía posterior, sino como un personaje inclinado hacia el arrepentimiento, marcado más por la presión materna que por la voluntad propia.

Con esta exposición, el Thyssen no solo devuelve la atención a una de las figuras esenciales del barroco italiano, sino que propone una lectura matizada de varios personajes femeninos cuya representación ha estado durante siglos condicionada por interpretaciones morales rígidas. En manos de Guercino, estas mujeres dejan de ser tipos cerrados para convertirse en figuras complejas, atravesadas por el dolor, la vulnerabilidad, la ambigüedad o la dignidad. El resultado es una muestra pequeña en dimensiones, pero muy precisa en su planteamiento, que permite observar cómo la pintura barroca fue también un espacio de negociación simbólica en torno a la imagen de la mujer.

17/03/2026 0 comments
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