Carmen Laffón: la materia silenciosa de una vida

by Uve Magazine

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza dedicará, del 23 de junio al 27 de septiembre de 2026, una gran exposición a Carmen Laffón, una de las creadoras españolas más singulares de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI. Bajo el título Carmen Laffón. Variaciones, la muestra, comisariada por Paula Luengo, reúne 78 obras entre óleos, carboncillos y esculturas, y propone un recorrido por los temas que acompañaron a la artista durante más de sesenta años de trabajo. No se plantea como una revisión lineal de su trayectoria, sino como una manera de entrar en su mundo a través de aquello que volvió una y otra vez a sus manos: una muñeca, una cuna, un cesto, un armario, una azotea, el perfil de Sanlúcar, el Coto de Doñana, la viña, la cal o las salinas.

La exposición se organiza en nueve secciones dedicadas a sus motivos más frecuentes. El recorrido comienza con la muñeca Marcelina y las cunas, dos temas vinculados a la infancia, pero tratados desde una sensibilidad que no idealiza la niñez. En las Marcelinas de los años sesenta aparece una atmósfera cercana al realismo mágico, mientras que las cunas de los años noventa, de mayor formato, introducen una idea de fragilidad que recorre buena parte de su obra. Después llegan los bodegones, donde Laffón trabaja con objetos modestos y ensaya formatos, técnicas y maneras de ordenar el espacio. Sus mesas, a menudo divididas entre la superficie superior y la caída del mantel, muestran un equilibrio muy medido entre detalle y disolución, como si el objeto quisiera afirmarse y desaparecer al mismo tiempo.

Los interiores domésticos ocupan otro lugar fundamental. Canastas, costureros y máquinas de coser hablan de una esfera íntima, ligada al trabajo manual y a la vida cotidiana, pero también permiten entender cómo la artista fue modificando su relación con las cosas. Lo que al principio formaba parte de una composición más amplia termina ocupando el centro de la obra, ampliado, aislado, convertido en presencia principal. Algo parecido sucede con los armarios, uno de sus proyectos más prolongados, desarrollado entre 1973 y 2018. A partir de una pequeña alacena, Laffón realiza versiones en pintura y, desde 1995, también en bronce, hasta convertir ese mueble en una estructura casi flotante, cada vez más alejada del realismo inicial.

El paisaje aparece unido a Sevilla y, sobre todo, a Sanlúcar de Barrameda. En sus vistas urbanas de los años sesenta y setenta, las azoteas y los perfiles de ciudad van dejando paso al cielo y a la línea horizontal, una composición que anticipa sus obras sobre el Coto de Doñana. Desde finales de los setenta, el Coto visto desde Sanlúcar se convierte en uno de sus motivos más personales. Laffón lo pinta en distintas horas, estaciones y condiciones atmosféricas, con una atención muy precisa a la luz de la desembocadura del Guadalquivir. En las versiones tardías, realizadas entre 2011 y 2014, ese paisaje se acerca a la abstracción sin abandonar del todo su origen.

La etapa final de la exposición se centra en series de gran formato como La cal, La sal y La viña. En ellas, la artista se fija en materiales y trabajos humildes: los utensilios de los encaladores, las montañas blancas de las salinas de Bonanza, los cestos cargados de uvas de la viña que rodeaba su estudio. Laffón elimina casi siempre la figura humana, pero deja sus huellas en los objetos, en las herramientas, en las materias trabajadas. Esa ausencia da a las obras una intensidad particular, porque todo parece detenido después de haber sido usado, tocado o cuidado.

Carmen Laffón. Variaciones será la primera gran exposición dedicada a la artista desde su muerte. Su interés no está únicamente en reunir obras de distintas épocas, sino en mostrar cómo una creadora puede construir un lenguaje propio insistiendo en unos pocos motivos hasta agotarlos, transformarlos y devolverlos al espectador con otra densidad. En Laffón, la repetición nunca es costumbre: es una forma de conocimiento.

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