Dr. Jekyll y Mr. Hyde, el monstruo que sigue suelto

by Emain Juliana

El doctor Jekyll y Mr. Hyde nacieron en una novela breve publicada en 1886 por Robert Louis Stevenson, pero con el tiempo dejaron de ser únicamente dos figuras del gótico victoriano para convertirse en metáfora universal de la contradicción humana y de lo que se oculta tras una apariencia respetable.

La historia es conocida incluso por quienes no han leído la obra. Un respetadísimo doctor londinense, Henry Jekyll, obsesionado con separar lo noble y lo monstruoso del ser humano, crea una sustancia capaz de transformar su cuerpo y liberar una segunda identidad: Edward Hyde, una figura inquietante, violenta y moralmente desinhibida. Lo que al principio parece un experimento científico acaba convirtiéndose en una condena, porque Hyde, lejos de ser manejable, empieza a tomar posesión de la vida de Jekyll. La novela funciona así como relato de misterio y como narración de terror, pero también como advertencia sobre el peligro de creer que uno puede aislar el mal sin pagar un precio por ello.

Stevenson escribió Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde en plena época victoriana, un momento en el que la sociedad, al menos en su imagen pública, concedía enorme importancia a la respetabilidad, al control de los impulsos y a la separación entre la apariencia y la intimidad. Ese contexto ayuda a entender por qué la obra impactó tanto. Jekyll no es un monstruo exterior, el típico exponente del cuento gótico que llega desde un castillo remoto, ni una criatura formada con restos humanos, como ocurría con el mito moderno de Frankenstein. Es un hombre integrado en la sociedad, con prestigio, amigos, casa respetable y una reputación que proteger. La amenaza está en su interior, dentro de un hombre que lleva una vida tranquila, educado, correcto y aparentemente dominado por la razón. La British Library ha señalado precisamente esa diferencia al interpretar a Hyde como una criatura que surge del lado oscuro de la personalidad, más que como un ser fabricado desde fuera.

El lector avanza a través de documentos, testimonios, sospechas, silencios y cartas, como si estuviera reconstruyendo un caso. Durante buena parte del relato, el centro se desplaza hacia los personajes secundarios, que tratan de comprender la extraña relación que Jekyll mantiene con Hyde. Esa estructura, cercana al relato detectivesco, evita el sobresalto y va acumulando pequeños datos y hechos que mantienen al lector en vilo.

El efecto cultural de la obra fue inmediato. En pocos años, Jekyll y Hyde pasaron de la literatura al teatro, al cine y a las series, hasta el punto de que sus nombres se siguen usando para hablar de comportamientos contradictorios entre la imagen pública y la conducta privada.

Esa permanencia explica que la historia vuelva una y otra vez a los escenarios, donde la transformación adquiere una fuerza particular. Podemos ver El Dr. Jekyll y Mr. Hyde en el Teatro Farándula de Madrid, situado en la calle de Galileo, 98. La propuesta se presenta como una adaptación teatral que conserva la tensión de la obra de Stevenson y traslada al espectador a un Londres victoriano construido desde la intriga, el silencio y la lucha interior del personaje.

Hay algo muy actual en esta obra, aunque su origen pertenezca al siglo XIX. Vivimos rodeados de identidades cuidadosamente administradas: la imagen profesional, la pública, la afectiva, la que se proyecta en redes, la que se conserva en… Jekyll nos inquieta precisamente porque su tragedia parte de una tentación comprensible: separar lo que avergüenza, esconderlo en otra figura y seguir viviendo como si nada hubiera sucedido. El horror empieza cuando esa separación fracasa y el personaje descubre que lo reprimido no desaparece: solo aprende a caminar por su cuenta.

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