Ewa Juszkiewicz: el retrato europeo bajo sabotaje

by Uve Magazine

Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Del 26 de mayo al 6 de septiembre de 2026. Comisario: Guillermo Solana.

Hay un gesto que se repite en casi todos los cuadros de Ewa Juszkiewicz (Gdańsk, Polonia, 1984) y que basta para desorientar al espectador: el rostro ha desaparecido. Donde la tradición del retrato europeo prometía una identidad legible —unos ojos, una boca, una mirada que devolviera la nuestra—, la artista polaca interpone una cascada de cabello, un nudo de telas, un ramo de flores o un racimmo de fruta. El resultado, como ha señalado el propio museo, es a la vez extrañamente divertido, inquietante y sorprendentemente tierno. Juszkiewicz conserva todas las señas del estatus y el refinamiento dieciochesco, pero bloquea precisamente aquello que el retrato debía mostrar.

Ewa Juszkiewicz The Letter (after Adélaïde Labille-Guiard), 2023 Óleo sobre lienzo. 145 x 115 cm. Colección privada. © Ewa Juszkiewicz

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza dedica a esta artista, dentro del programa vinculado a la Colección Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza, su primera exposición monográfica en una institución museística. Comisariada por Guillermo Solana en estrecha colaboración con la propia Juszkiewicz, la muestra reúne más de una veintena de pinturas realizadas entre 2013 y la actualidad —la mayoría de los últimos años— e incluye un conjunto de obras concebidas específicamente para esta cita madrileña. Que su debut individual ocurra en un museo célebre por su colección de retrato no es casual: la propuesta convive con esa tradición a la vez que la pincha desde dentro.

Ewa Juszkiewicz The Harpist (after Thomas Sully), 2023 Óleo sobre lienzo, 260 x 173 cm. Colección privada. © Ewa Juszkiewicz

Una conversación con el pasado

Desde hace más de una década, Juszkiewicz reinterpreta el retrato femenino europeo, en especial el de los siglos XVIII y XIX, mediante la distorsión y la sustitución. Su punto de partida son obras concretas o ecos difusos de la pintura histórica; nombres como Élisabeth Vigée Le Brun o Johann Heinrich Tischbein aparecen citados directa o indirectamente. Sobre esa base aplica una técnica minuciosa, casi reverencial con sus modelos, y a continuación introduce el sabotaje: una paleta más viva y saturada, una sensibilidad heredada del surrealismo y un tratamiento inconfundiblemente contemporáneo.

La pregunta de fondo es por qué el rostro femenino, durante siglos, estuvo tan sometido a normas. En aquellos retratos, no solo la pose, la vestimenta o el entorno reflejaban expectativas sociales: el propio semblante respondía a ideales de belleza marcados por el decoro y la contención. Es esa relación entre belleza y restricción la que se sitúa en el núcleo del trabajo de Juszkiewicz. Al ocultar la cara, desplaza la atención hacia las telas, las flores y las frutas, elementos asociados al bodegón y a la tradición decorativa. Subraya así cómo la mujer fue concebida como sujeto estético dentro del género, al tiempo que otorga nuevo significado a esos objetos. En palabras del comisario durante la presentación, la artista habría clavado en el corazón del retrato la estaca del bodegón.

Ewa Juszkiewicz Gloriosa, 2025 Óleo sobre lienzo, 200 x 160 cm. Colección privada. © Ewa Juszkiewicz

Entre lo humano y lo no humano

El efecto de estas intervenciones va más allá de la denuncia. Privadas de rostro, las figuras escapan a cualquier lectura fija y abren cada imagen a múltiples interpretaciones. Situadas en un territorio incierto entre lo humano y lo no humano, las pinturas cuestionan qué puede representar hoy el retrato y qué entendemos por identidad, semejanza o presencia. La artista no destruye el género: lo ensancha hasta redefinir sus límites.

Esa ambición explica la repercusión internacional de una creadora todavía joven. Su obra se ha mostrado en el Brooklyn Museum de Nueva York, el Centre Pompidou-Metz, el Musée d’Art Moderne de París, el Museo Picasso Málaga o el National Museum of China de Pekín, y forma parte de colecciones como las de la Albertina de Viena, el Long Museum de Shanghái o el Museum of Contemporary Art San Diego.

Para el público español, la cita del Thyssen ofrece la oportunidad de descubrir por primera vez, y de un modo amplio, un universo visual que revisita lo antiguo para interrogar lo que damos por sentado: cómo miramos a las mujeres y cómo las hemos representado.

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