Guardianas de las tierras del norte: la mitología femenina vasca y asturiana

by Emain Juliana

Hay una manera recuperar la mitología que no pasa por los libros de texto ni por las enciclopedias ilustradas. Pasa por los pueblos, por la montaña, por la tradición oral que sobrevivió a duras penas al franquismo y que todavía hoy se conserva gracias a quienes decidieron que valía la pena documentarla. Guardianas de las tierras del norte nació del caminar, de la escucha y de la convicción de que hay una mitología vasca y asturiana que merece ocupar el lugar que siempre debió tener. Detrás están Verónica García-Peña y Javier Solís, que se conocieron en la radio y desde ahí construyeron una afinidad que acabó en libro. Él es historiador y lleva años rastreando la etnografía asturiana en rutas de montaña y archivos. Ella es escritora, socióloga y periodista, con una obra que va del misterio histórico al realismo mágico vasco.

¿Cómo acabasteis escribiendo juntos?

Verónica: En agosto de 2022 estuve presentando un espacio en la radio para cubrir una sustitución. Ahí coincidí con Javi, al que semanalmente entrevistaba. Al terminar la etapa veraniega, nos invitaron a poner en marcha una sección dedicada a la literatura y la gastronomía. Fue entonces cuando le propuse a Javier: «Oye, ¿por qué no hacemos esto juntos?».

Javier: Verónica es muy divertida y explica genial, le da ritmo.

Verónica: Yo me hice periodista por la radio. Lo primero que aprendí fue a hacer informativos a una velocidad supersónica, no dejar espacio en blanco, reírte de ti mismo cuando te equivocas y salir al paso. Eso luego te ayuda a hacer presentaciones, entrevistas… La radio es una gran escuela.

Javier, tu trabajo como historiador está muy centrado en la mitología y la etnografía asturiana. ¿Cómo llegaste hasta ahí?

Javier: Va todo un poco de la mano. La etnografía, la mitología, la tradición oral… al final está todo en el mismo saco. A mí me gusta mucho caminar la montaña, y cuando preparas una ruta y llegas a un pueblo determinado empiezas a encontrar relatos. Como me gustaban autores como Alberto Álvarez Peña, fui tirando del hilo y ahí me quedé enganchado.

Guardianas de las tierras del norte parte de una premisa que recorre todo el libro: que la mitología asturiana y la vasca comparten una misma raíz matriarcal, una visión del mundo en la que lo femenino crea la naturaleza y la gobierna. Antes de que la Iglesia y los siglos las convirtieran en superstición o amenaza, estas figuras —diosas, curanderas, guardianas de la naturaleza— ocupaban un lugar central en la manera de entender lo inexplicable.

El libro tiene una estructura muy particular: bloques divulgativos y relatos de ficción. ¿Cómo organizasteis ese proceso de trabajo?

Javier: Yo preparaba la parte divulgativa para que Verónica hiciera el texto de ficción. Ella esperó a tener todos los bloques antes de escribir los cuentos.

Verónica: No quería empezar sin saber exactamente de qué iba a ir cada bloque, para no repetirme. Y cuanta más documentación tienes, más sencillo es, porque la vas dividiendo.

Javier: Lo que yo hacía era preparar el texto divulgativo, que ya llevaba cosas en euskera. Verónica hacía una corrección de estilo para que todo tuviera una misma voz, y añadía además todo lo que tenía que ver con el euskera desde su conocimiento. Por eso el texto tiene esa sensación de unidad.

Al principio el libro no iba a ser solo de criaturas femeninas. ¿Cómo llegasteis a ese enfoque?

Javier: Al principio no estaba tan concretado. Una vez que ya teníamos empezado el proceso, Verónica me hizo una sugerencia sobre centrarlo en las criaturas femeninas y le di una vuelta.

Verónica: Si no lo acotabas acababa siendo una enciclopedia. Inabarcable. ¿Qué lo diferencia de cualquier otro libro de mitos? En cambio, estar centrado solo en las criaturas femeninas de la mitología vasca y asturiana lo hace especial.

El resultado es un ensayo híbrido que pone en diálogo dos tradiciones hermanas desde una perspectiva que reivindica el papel central de lo femenino en su origen. Frente a la imagen heredada —la sirena que seduce para perder a los hombres, la vieja hechicera acusada de herejía— el libro rastrea lo que estas criaturas significaban antes de que alguien decidiera que eran peligrosas.

La parte lingüística es uno de los aspectos más llamativos del libro. ¿Cómo decidisteis qué términos conservar en euskera o en asturiano y cuáles adaptar?

Hay una nota al principio del libro que explica los criterios para los nombres de los personajes. Fue uno de los puntos de más debate.

Verónica: Decidimos emplear el nombre más conocido, el que la gente reconoce. Por ejemplo, xana se puede traducir como la encantada, pero eso no lo conoce nadie. Y luego estaba el problema de la pronunciación: hay palabras en euskera que rompen el texto si no las sabes pronunciar bien, y es muy fácil que no las sepas. Eguzki, por ejemplo: la z se pronuncia como s, es eguski, pero la gente lo lee como lo ve escrito. Con sorgina pasa algo parecido: en un texto en castellano ralentiza la lectura. Había muchas cosas así, y decidíamos caso por caso.

Javier: Las fuentes que yo manejo aparecen con los términos en euskera y en asturiano tal cual. No es una decisión arbitraria, es que la fuente lo dice así.

Las lamias, por ejemplo, tienen características muy distintas a lo que solemos imaginar. Las lamias de la mitología vasca tienen pies de pato. Un detalle que sorprende y que varía según la zona.

Verónica: Para mí siempre han sido así, con pies de pato. En la tradición vasca es uno de sus rasgos más conocidos.

Javier: A mí me pareció muy curioso cuando lo descubrí, precisamente por eso, porque es algo muy específico de allí. Yo las imaginaba con garras, como las lamias clásicas, lo que en el libro se recoge muy bien en las ilustraciones.

Cada capítulo del libro se cierra con un cuento original escrito por Verónica García-Peña, que recoge el aire de las leyendas antiguas y lo prolonga en historias nuevas. Son relatos ambientados en 1936-37, una época en la que no solo murieron personas: también costumbres, tradiciones y formas de entender el mundo.

¿Cuánto tiempo llevó hacer el libro?

Javier: Bastante. Yo también trabajo en una fábrica, no me dedico solo a esto. Empezamos en el otoño del 22 y lo terminamos en las navidades del 24. Dos años tranquilamente.

Verónica: Y luego se quedó en barbecho durante una buena temporada. Después lo volví a imprimir entero y lo releí todo. Y ahí cambié muchas cosas. Los cuentos que están en el libro no son los del principio. Los escribes de una manera, los dejas reposar, los vuelves a coger y dices: esto no suena bien. Hasta que los ves terminados. De hecho, al que más vueltas di fue al de la sirena. No tenía claro si ponerle nombre al pueblo o no. Quería que la sirena tuviera unas características muy concretas, diferentes a lo que estamos acostumbrados, pero no sabía cómo hacer que encajara todo hasta que de repente lo vi. Muchas veces, con la ficción, estás dándole vueltas a una idea y te falta algo. A ese cuento le faltaba algo, y cuando lo encontré, estuvo completo.

Los cuentos están ambientados en 1936-37. ¿Por qué esa época?

Verónica: Cuando se instauró el nacionalcatolicismo no solo se guardaron en el cajón ideologías políticas: también muchas tradiciones y costumbres de los pueblos. Entre ellas, todo lo que tiene que ver con la mitología.

Verónica: Lo curioso es que en el País Vasco hay costumbres que se mantuvieron más tiempo, o que aunque se guardaron en el cajón, en las casas, en los pueblos pequeños, se seguían celebrando o se seguían creyendo. Tiene mucho que ver con el aislamiento geográfico. En las zonas más cerradas se mantienen más las costumbres.

¿Habéis pensado ya en continuar el proyecto?

Javier: Si no nos copian la idea…

Verónica: Muchísimas, porque el universo mitológico de ambas tierras es inmenso. Lo fundamental de este proyecto es que ya hemos asentado una primera base escrita y bien documentada. Salir a rescatar estos relatos de la tradición oral nos ha permitido dejar un testimonio sólido sobre el que poder seguir construyendo en el futuro.

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