Dalí frente al inconsciente

by Uve Magazine

Entre el 20 de octubre de 2026 y el 24 de enero de 2027, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presentará El universo freudiano de Dalí, una exposición que propone recorrer la trayectoria de Salvador Dalí desde una perspectiva decisiva para comprender su obra: la influencia que ejercieron sobre él las teorías de Sigmund Freud. Comisariada por Jaime Brihuega, la muestra reunirá alrededor de 130 pinturas, dibujos, esculturas y vídeos procedentes de colecciones europeas y norteamericanas.

Dalí conoció los escritos de Freud a comienzos de la década de 1920, mientras estudiaba en Madrid y residía en la Residencia de Estudiantes. La lectura de La interpretación de los sueños le ofreció un marco desde el que observar sus propios temores, deseos y obsesiones. Aquello que hasta entonces pertenecía al ámbito de la intimidad podía convertirse en materia artística. Los complejos familiares, la sexualidad, la culpa, el deseo insatisfecho o el miedo a la muerte dejaron de ser únicamente experiencias personales para transformarse en imágenes.

La exposición parte de los primeros años del pintor en Figueres y Cadaqués, donde se formaron algunos de los recuerdos que aparecerían posteriormente en su obra. Dalí creció bajo la sombra de un hermano, también llamado Salvador, que había muerto antes de su nacimiento. Cuando tenía diecisiete años falleció su madre, mientras que su padre, de carácter severo, contrajo matrimonio poco después con una hermana de la fallecida. A esta situación se sumó la relación con Ana María, su hermana y una de sus primeras modelos, retratada en obras como Retrato de Ana María y Figura en una mesa.

Los paisajes del cabo de Creus también ocuparon un lugar esencial en este imaginario. Las playas, los acantilados y las formaciones rocosas de Cadaqués proporcionaron a Dalí un repertorio de siluetas que reaparecería durante décadas. En sus cuadros, el paisaje mediterráneo dejó de ser una mera localización para convertirse en el espacio donde se representaban recuerdos, pulsiones y visiones.

El segundo apartado se centra en los años de la Residencia de Estudiantes y en su relación con Federico García Lorca y Luis Buñuel. Durante este periodo, Dalí conoció el surrealismo francés, leyó a Freud y se interesó por los dibujos científicos de Santiago Ramón y Cajal. Mientras experimentaba con distintos estilos, comenzaron a aparecer algunos de los elementos que definirían su lenguaje posterior: cuerpos fragmentados, alusiones sexuales, formas orgánicas y escenas que parecen desarrollarse dentro de un sueño. Obras como Los esfuerzos estériles o Los deseos insatisfechos permiten observar esta transformación.

Tristán enloquecido, 1944

En 1929, ya instalado durante temporadas en París, Dalí se incorporó al movimiento surrealista encabezado por André Breton. Fue también entonces cuando conoció a Gala Éluard, que se convertiría en su compañera, modelo y colaboradora. Pinturas como El hombre invisible, Los placeres iluminados o Guillermo Tell muestran a un artista que había aprendido a representar el inconsciente mediante imágenes nítidas, aunque sometidas a una lógica perturbadora.

Entre 1932 y 1937 desarrolló su método paranoico-crítico, una de sus principales aportaciones al surrealismo. Dalí defendía que el artista podía interpretar la realidad mediante asociaciones irracionales, descubriendo en una misma figura varias imágenes posibles. De este procedimiento surgieron composiciones dobles y escenarios en los que nada posee un significado estable. En obras como El gran paranoico, Soledad paranoico-crítica o Nacimiento de los deseos líquidos, la percepción se convierte en un territorio incierto.

El momento central de la exposición será el encuentro entre Dalí y Freud, celebrado en Londres en 1938 gracias a la intervención del escritor Stefan Zweig. Para el pintor, conocer al fundador del psicoanálisis suponía encontrarse con una de las figuras que más habían condicionado su pensamiento. Freud, por su parte, observó con interés a aquel artista español de actitud exaltada y quedó impresionado por su capacidad técnica. Durante la reunión, Dalí realizó un dibujo del psicoanalista, que también formará parte de la muestra.

El recorrido concluye con las obras realizadas después de 1940. Aunque Dalí aseguró que sus intereses se habían desplazado hacia la religión, la ciencia y el mundo clásico, la influencia freudiana no desapareció. Las formas blandas, los desdoblamientos, las escenas oníricas y las asociaciones inesperadas continuaron presentes en pinturas como Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar o Apoteosis de Homero.

El universo freudiano de Dalí permitirá así observar su carrera como un prolongado diálogo con el inconsciente. Freud proporcionó al pintor un vocabulario con el que interpretar sus obsesiones; Dalí, a su vez, convirtió aquel pensamiento en imágenes que han pasado a formar parte del imaginario del siglo XX.

Acantilados, 1926

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