Antes de que Hemingway fuera Hemingway

by Emain Juliana

En julio de 1925, Ernest Hemingway llegó a Pamplona con un grupo de amigos para los Sanfermines. Ya conocía la ciudad y había asistido a las fiestas en años anteriores, pero aquel viaje fue distinto. La convivencia se complicó, aparecieron los celos, las discusiones y las rivalidades, y lo que había empezado como unos días de celebración dejó relaciones irremediablemente dañadas. Hemingway salió mejor parado que los demás: escribió una novela.

Un año después publicó The Sun Also Rises, conocida en español como Fiesta y también como El sol también sale. Buena parte de quienes habían estado con él en Pamplona reaparecieron allí transformados en personajes. Modificó los nombres, cambió algunos hechos y  las proporciones de lo ocurrido, pero el origen era reconocible. El escritor había convertido aquellos días turbulentos en ficción

Ahí arranca Sol y sombra y fiesta. Apuntes para la teoría de otra gran novela, el ensayo de Rodrigo Fresán que Debate publica este mes, coincidiendo con el centenario de The Sun Also Rises. El libro parte de una fotografía tomada en Pamplona en 1925. En ella aparecen personas que todavía no saben que, poco después,  pasarán a formar parte de Jake Barnes, Robert Cohn, Lady Brett Ashley o Mike Campbell. Fresán se detiene precisamente en ese momento previo a la novela, cuando todavía eran los protagonistas de sus propias vidas, antes de convertirse en personajes. Hemingway reescribió lo ocurrido durante aquellos días y su  versión terminó siendo más conocida que los propios hechos.

Hasta entonces Hemingway era un escritor joven que había publicado relatos y que formaba parte del ambiente literario de París, donde convivían escritores y periodistas estadounidenses afincados en Europa, con The Sun Also Rises alcanzó otra posición. No fue únicamente el libro que lo hizo famoso, sino el que empezó a fijar muchos de los rasgos que después se asociarían con su literatura.

Allí está ya su interés por lo que ocurre cuando los personajes no saben expresar lo que realmente les ocurre. Jake Barnes y Brett Ashley mantienen una relación construida alrededor de una imposibilidad que condiciona todo el libro. Robert Cohn intenta encontrar su sitio en un grupo que lo rechaza de varias maneras. Los personajes viajan, beben, discuten, cambian de ciudad, pero buena parte del conflicto nunca llega a expresarse abiertamente. El autor no necesita explicarlo de forma constante porque trabaja precisamente con lo que sucede y lo que en realidad se dice.

Esa contención fue convirtiéndose con los años en uno de los rasgos más identificables de su escritura. Hemingway evitaba dar explicaciones excesivas, dejaba fuera deliberadamente parte de la información, construía los diálogos hechos de repeticiones, interrupciones o frases aparentemente triviales, de modo que el lector tenía que reconstruir por sí mismo el conflicto de fondo. En The Sun Also Rises esa manera de narrar se despliega ya a lo largo de toda la novela.

También aparece España, que seguirá ocupando un lugar importante en su obra. Pamplona no es solo el lugar donde está ubicada la acción de la novela. Durante las fiestas, los personajes duermen muy poco, beben casi todo el tiempo, van de un sitio a otro, apenas se separan. Ese ritmo acaba formando parte de la historia.

Conviene separar el personaje que Hemingway fue construyendo alrededor de sí mismo de sus libros. La pesca, la caza, los toros, la guerra, los viajes, todas estas actividades y el alcohol, acabaron formando una imagen característica del escritor. Él participó en esa construcción, aunque con los años esa imagen se volvió más rígida.

Fresán parte de un escritor al que ya conocemos demasiado por su vida. Sol y sombra y fiesta vuelve a The Sun Also Rises sin ignorarla, pero insinuando, su lectura nace de la admiración y, al mismo tiempo, atiende a las contradicciones de Hemingway y a los aspectos menos cómodos de su figura. Fresán no trata de defender a Hemingway ni de juzgarlo, sino de volver a la novela y ver por qué conserva su interés cien años después.

También aparece Francis Scott Fitzgerald, cuya relación con Hemingway estuvo marcada por la amistad y los desencuentros. Fitzgerald leyó el manuscrito de The Sun Also Rises y le hizo unas cuantas observaciones. La cercanía entre esta novela y El gran Gatsby, publicada en 1925, permite además observar dos maneras muy distintas de narrar una misma época. Fitzgerald se ocupó del dinero, las apariencias y la construcción de una identidad; Hemingway, de un grupo de personas que se mueven por Europa sin terminar de encontrar su sitio y todavía bajo el efecto de la Primera Guerra Mundial.

A partir de ahí, Fresán se pregunta qué ocurre cuando una novela nace de hechos reales y termina condicionando la forma en que esos hechos se recuerdan. Quienes inspiraron a los personajes tenían su propia versión de lo sucedido, pero la novela fue la que llegó a lectores que nunca conocerían a aquellas personas.

Ese es uno de los puntos centrales de Sol y sombra y fiesta.

Por eso la fotografía de Pamplona resulta tan importante. En ella, todos siguen siendo ellos mismos, antes de que Hemingway les diera otro nombre y los volviera inmortales.

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