Concha Alós: una escritora fuera de lugar

by Uve Magazine

Sus novelas retrataron la pobreza, la dependencia de las mujeres y las heridas que dejó la Guerra Civil. Después de alcanzar una notable presencia pública durante los años sesenta, su obra fue desapareciendo de las librerías y de los relatos habituales sobre la literatura española.

Hubo un tiempo en que Concha Alós publicaba en editoriales conocidas, recibía premios y aparecía en los periódicos. Sus novelas circulaban entre los lectores y abordaban asuntos que resultaban difíciles de tratar durante el franquismo: la pobreza que permanecía oculta detrás de las apariencias o la situación de quienes habían perdido la guerra, muchas de sus novelas se centraban en la falta de independencia económica de las mujeres y la violencia que se instalaba en muchas relaciones familiares.

Sin embargo, con el paso de los años, sus libros dejaron de estar disponibles y su nombre fue ocupando un espacio cada vez menor en los estudios sobre literatura hasta quedar reducido a una breve referencia relacionada con el Premio Planeta. La reedición de varias de sus obras, entre ellas, La madama, novela que apareció originalmente en 1969, forma parte de este proceso de recuperación. La obra regresa acompañada por documentos relacionados con la censura franquista, que permiten entender las condiciones bajo las cuales Alós tuvo que escribir y negociar la publicación de sus textos. Leerla hoy implica, por tanto, acercarse a la novela, pero también al sistema en el que las autoras eran vigiladas por el sistema de la dictadura y que decidía lo que debía ser contado.

El premio que ganó dos veces

La trayectoria de Concha Alós suele resumirse con una frase que necesita cierta explicación: fue elegida en dos ocasiones ganadora del Premio Planeta.

La primera tuvo lugar en 1962, cuando presentó una novela titulada inicialmente El sol y las bestias, que más tarde sería publicada como Los enanos. El jurado decidió concederle el galardón, aunque el resultado quedó invalidado porque la obra estaba vinculada mediante contrato a otra editorial. Las bases del certamen impedían que una novela comprometida previamente pudiera recibir el premio.

El episodio podría haberse convertido en un fracaso definitivo, pero Alós volvió a presentarse dos años después. En 1964 ganó con Las hogueras, que examina la vida de varias mujeres marcadas por la insatisfacción, el matrimonio y unas expectativas sociales que limitaban sus posibilidades. Esta segunda victoria sí fue reconocida oficialmente y situó a la escritora en el centro de la actualidad literaria.

 Más allá de la anécdota, el hecho demuestra que su obra tenía fuerza suficiente para imponerse en dos convocatorias cercanas, algo que contrasta con el silencio posterior que rodeó su figura.

La guerra vista desde quienes la padecen

Concha Alós nació en Valencia en 1922, aunque pasó parte de su vida entre Castellón, Mallorca y Barcelona. Su infancia estuvo marcada por la Guerra Civil y por el desplazamiento de su familia, vinculada al bando republicano. Las consecuencias del conflicto reaparecieron en su narrativa,  como una experiencia determinante que continuaba actuando sobre la vida de los personajes.

En El caballo rojo, la guerra se cuenta desde el hambre, el miedo y la huida. Alós no se interesa únicamente por los acontecimientos militares o por las explicaciones políticas, sino por la forma en que el conflicto altera la existencia de las personas que dependen de las decisiones de otros. Los niños, las madres y las familias desplazadas ocupan el centro de una historia en la que sobrevivir se convierte en la preocupación primordial.

Esta perspectiva recorre buena parte de su obra. Las grandes transformaciones históricas aparecen a través de sus efectos cotidianos: una casa que deja de ser segura, una familia que pierde sus recursos. una mujer que descubre que carece de medios para abandonar una relación. La historia colectiva se introduce así en las habitaciones, en las comidas y en los diálogos.

Las vidas que no aparecían en el relato oficial

Durante los años sesenta, el franquismo intentaba difundir una imagen de estabilidad, crecimiento y cierta modernización. Las novelas de Concha Alós ofrecían otra versión del país. Sus personajes vivían en pensiones, también compartían habitaciones, soportaban trabajos inestables y dependían económicamente de familiares y maridos.

En Los enanos, la vida dentro de una pensión barcelonesa revela una sociedad en la que la intimidad depende del dinero. Las habitaciones pequeñas, los ruidos, la convivencia obligada  muestran la precariedad de quienes no pueden permitirse un espacio propio.

En Las hogueras, la autora aborda el deseo y la frustración de mujeres que no encuentran una salida dentro del papel que se les ha asignado. El matrimonio no aparece como una estructura que puede mantener la dependencia.

Alós también escribió sobre prostitución, sexualidad y violencia. Estos asuntos no eran habituales en la narrativa aceptada por el régimen y, cuando aparecían, solían quedar sometidos a una interpretación moral. Ella, en cambio, los relacionaba con las condiciones materiales de sus personajes. La moralidad no podía separarse del dinero, de la educación recibida ni de las oportunidades que cada persona tenía a su alcance.

Una familia que se desmorona en La madama

La madama cuenta el declive de una familia de clase media que intenta conservar cierta apariencia de respetabilidad mientras sus relaciones y su situación económica se deterioran. La prisión de uno de sus miembros, la pérdida de posición social y la falta de alternativas afectan especialmente a las mujeres, que deben adaptarse a una realidad para la que no han sido preparadas.

La novela muestra cómo una familia puede convertirse en un espacio donde se reproducen las divisiones de una sociedad. El conflicto entre vencedores y vencidos no queda limitado al terreno político, porque continúa presente en los recuerdos, en los resentimientos y en la forma en que los personajes justifican sus decisiones.

Alós construye el relato mediante perspectivas diferentes, lo que impide que el lector reciba una explicación única de los acontecimientos. Cada personaje interpreta la caída familiar desde su propia posición y trata de proteger la imagen que conserva de sí mismo. El resultado no es solamente el retrato de una familia que pierde sus privilegios, sino el de una sociedad que se resiste a reconocer sus fracturas.

Escribir bajo vigilancia

La publicación de una novela durante la dictadura dependía de la aprobación de los organismos encargados de la censura. Los textos eran examinados y podían recibir objeciones por su contenido político, religioso, sexual o moral. En algunos casos se prohibía la obra; en otros, la autorización quedaba condicionada a la eliminación o modificación de determinados pasajes.

Los documentos que acompañan la nueva edición de La madama permiten observar ese proceso. La intervención de la censura no debe entenderse únicamente como una lista de palabras eliminadas. También afectaba a la manera en que los escritores planteaban sus historias, porque sabían que sus manuscritos serían revisados antes de llegar al público.

Esta presión era especialmente importante en una autora que hablaba de la derrota republicana, de la sexualidad femenina o de la degradación de la familia. Alós escribía sobre aquello que el discurso oficial prefería presentar como inexistente o superado. Cada negociación con la censura implicaba decidir qué cambios podían aceptarse sin destruir el sentido del texto.

¿Cómo se olvida a una escritora conocida?

La desaparición de Concha Alós del panorama literario no puede atribuirse a una sola causa. Su condición de mujer tuvo importancia, del mismo modo que la tuvo su origen social y su escasa integración en los grupos que terminaron definiendo el relato sobre la literatura de posguerra.

Aunque estuvo próxima en el tiempo a la llamada generación del medio siglo, su nombre no quedó asociado con claridad a sus principales círculos. Su obra tampoco respondía por completo a una única categoría. Combinaba realismo social, memoria autobiográfica, crítica de las relaciones entre hombres y mujeres y una atención constante a los espacios donde se concentraban la pobreza y la exclusión.

Esta dificultad para clasificarla pudo influir en su recepción, aunque el funcionamiento del mercado editorial también resultó decisivo. Cuando un libro deja de reeditarse, desaparece de las librerías y deja de formar parte de las lecturas universitarias, cada nueva generación tiene menos oportunidades de encontrarlo. El olvido se produce de manera gradual, mediante ausencias que terminan pareciendo naturales.

A partir de los años ochenta, la presencia pública de Alós disminuyó. Su última novela, El asesino de los sueños, se publicó en 1986. Más tarde padeció alzhéimer y pasó sus últimos años alejada de la actividad literaria. Murió en Barcelona en 2011, cuando buena parte de sus obras llevaba tiempo fuera de circulación.

La recuperación de una obra

En los últimos años, distintas editoriales han vuelto a publicar algunos de sus libros. Han regresado títulos como Los enanos, El caballo rojo, Rey de gatos y Las hogueras. La reedición de La madama continúa ese trabajo y permite ampliar la imagen de una autora que no puede reducirse a una sola novela ni a un premio.

La recuperación literaria no consiste únicamente en volver a imprimir libros antiguos. Para que una autora regrese de verdad, sus obras deben ser leídas, comentadas y discutidas. También es necesario preguntarse por qué desaparecieron y qué mecanismos determinaron qué nombres permanecían en los manuales y cuáles quedaban fuera.

Concha Alós escribió sobre personas que apenas encontraban un lugar en la imagen oficial de su tiempo. Sus novelas muestran cómo las decisiones políticas afectan a la intimidad, cómo la dependencia económica limita la libertad y cómo las consecuencias de una guerra continúan mucho después de su final.

Volver a leerla no significa concederle un espacio por cortesía ni reparar el pasado mediante un gesto simbólico. Significa reconocer que su obra contiene una parte de la sociedad española que el canon literario no supo, o no quiso, conservar.

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