Pedro Almodóvar regresa a la literatura con «El hombre que solo escribía en los aviones»

by Sandra Marquez

El cineasta regresa a la literatura con El hombre que solo escribía en los aviones, su primera novela, que Reservoir Books publicará el 29 de octubre. En su nueva novela, Almodóvar reflexiona sobre las dificultades de encontrar una vocación, una cuestión que también permite recuperar algunos episodios de su propia biografía.

Antes de convertirse en uno de los directores más reconocidos del cine europeo, Pedro Almodóvar ya había descubierto el placer de inventar historias. Durante su infancia, cuando regresaba del cine, acostumbraba a contar las películas que había visto a su hermana y a las mujeres que asistían a las clases de costura de su pueblo. Lo curioso era que nunca se limitaba a reproducir lo que había sucedido en la pantalla. A medida que avanzaba en la historia, añadía mas escenas y modificaba los acontecimientos y al final terminaba construyendo una película distinta. Aquellas tardes, en las que un niño manchego entretenía a un pequeño auditorio con esas historias parcialmente inventadas, permiten entender hasta qué punto la narración ha formado parte de su vida mucho antes de que pudiera dedicarse profesionalmente al cine. Ahora, a los 77 años, Almodóvar regresa a las librerías con El hombre que solo escribía en los aviones, su primera novela, que Reservoir Books publicará el 29 de octubre. Después de El último sueño (2023), un volumen de relatos escritos a lo largo de más de cinco décadas, el director vuelve a explorar las posibilidades de la literatura mediante una historia cuyo protagonista comparte con él algo más interesante que determinadas coincidencias biográficas: la dificultad de aceptar que una sola vida pueda contener todas las experiencias que deseamos vivir.

Flavio Guijarro, el personaje central de la novela, ha pasado buena parte de su existencia buscando una profesión en la que sentirse realizado. Ha sido dibujante, músico, interiorista, fotógrafo, estudiante de psicología y actor, aunque ninguno de estos caminos ha terminado de conducirlo demasiado lejos. Se interesa por disciplinas diferentes, comienza proyectos con entusiasmo y acaba abandonándolos cuando descubre que sus capacidades no están a la altura de sus expectativas. La actuación parecía ofrecerle una última oportunidad, pero después de interpretar papeles secundarios y trabajar como figurante tiene que admitir que tampoco llegará a convertirse en un gran actor. Sin embargo, precisamente cuando acepta este nuevo fracaso, recibe una propuesta que cambiará su vida. Alez Mazado, un intérprete español que ha alcanzado la fama internacional gracias a una serie de HBO, necesita un traductor que lo acompañe durante una gira promocional. Flavio acepta y comienza a viajar entre Madrid, Nueva York, Roma y París, sin imaginar que aquellos desplazamientos le permitirán descubrir una actividad a la que terminará entregándose con una intensidad desconocida hasta entonces.

Pedro Almodóvar. Imagen de Borja Segovia

Aunque Flavio no es un retrato de su creador, su inclinación por probar diferentes actividades recuerda algunos episodios de la juventud del cineasta. Almodóvar nació en Calzada de Calatrava en 1949 y pasó parte de su infancia en Extremadura, donde estudió en colegios religiosos. En 1967 se trasladó a Madrid porque quería estudiar cine, pero la Escuela Oficial de Cinematografía estaba cerrada y tuvo que buscar otras formas de aprender. Durante años trabajó en Telefónica mientras rodaba sus primeras películas en Super 8 y participaba en la actividad cultural madrileña. También hizo teatro, escribió y formó parte del dúo musical Almodóvar & McNamara. No llegó al cine siguiendo una formación convencional, dedicó mucho tiempo a experimentar por su cuenta.

En 1980 estrenó Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, su primer largometraje comercial. Después llegarían películas como ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, La ley del deseo y Mujeres al borde de un ataque de nervios, con las que comenzó a consolidar una carrera que acabaría obteniendo reconocimiento internacional. Sin embargo, la literatura nunca desapareció de sus intereses. En 1981 publicó Fuego en las entrañas y, años después, las crónicas de Patty Diphusa, uno de sus personajes más conocidos fuera del cine. En 2023 reunió en El último sueño doce relatos escritos entre 1967 y 2023, algunos de los cuales permiten conocer experiencias de la vida del cineasta que también han influido en sus películas.

Una de esas experiencias tiene que ver con su madre, Francisca Caballero, que leía y escribía cartas para vecinas que no sabían hacerlo. Almodóvar ha recordado en distintas entrevistas que, cuando leía aquellos mensajes, su madre modificaba algunas partes porque conocía a sus destinatarias y pensaba que así les haría más llevaderas determinadas noticias. A él, que entonces era un niño, le escandalizaba que cambiara las palabras de otras personas. Con los años comprendió que aquella costumbre le había enseñado algo importante sobre la narración: contar lo sucedido implica elegir qué detalles incluir y también cómo comunicar. Esa misma libertad aparece en la nueva novela, cuyo protagonista descubre que las historias se pueden transformar continuamente.

El hombre que solo escribía en los aviones también se interesa por la relación que mantenemos con los libros que nos gustan. Flavio es un lector apasionado y, en lugar de conformarse con terminar una novela, siente la necesidad de imaginar qué podría ocurrir después. Almodóvar aprovecha esa afición para introducir multitud de referencias literarias y plantear algunas preguntas sobre la creación, aunque lo hace a través de una historia que conserva el humor presente en buena parte de su cine.

Hay otro aspecto que relaciona la novela con el momento que vive su autor. Flavio tiene la sensación de que los años pasan demasiado deprisa y de que todavía le quedan muchas cosas por hacer. En una entrevista publicada en marzo de 2026 en El País Semanal, Almodóvar explicaba que sigue escribiendo todos los días y que, con la edad, ha aumentado su necesidad de trabajar. Después de más de cinco décadas de actividad artística, continúa desarrollando proyectos y buscando nuevas historias, aunque ahora también les dedica un espacio cada vez mayor fuera del cine.

Con El hombre que solo escribía en los aviones, Almodóvar publica una novela que permite acercarse a una faceta de su trabajo menos conocida por el gran público. Aunque su nombre está inevitablemente asociado al cine, la escritura ha estado presente desde aquellos años en los que entretenía a las mujeres de un patio manchego contando películas que acababa de ver. La diferencia es que ahora dispone de toda una trayectoria desde la que volver a esa afición infantil, sin necesidad de una cámara y con la libertad que le ofrece la página escrita.

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