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Tag:

Arte contemporáneo

Arte

CAUTÍN, un río a contracorriente

by Valeria Cruz 08/09/2026
written by Valeria Cruz

Del 6 de octubre de 2026 al 17 de enero de 2027, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza acoge CAUTÍN, la primera exposición individual en Europa de Seba Calfuqueo, artista mapuche nacida en Santiago de Chile en 1991. La muestra, presentada junto a TBA21 Thyssen-Bornemisza Art Contemporary, reúne más de veinticinco obras de nueva producción y parte de una investigación desarrollada durante más de dos años en torno al río Cautín, uno de los cauces más significativos de la Araucanía.

Seba Calfuqueo. Opacidad Agua

Calfuqueo trabaja desde hace más de una década sobre identidad, territorio y memoria mapuche, aunque su obra evita reducir esos conceptos a categorías aisladas. En CAUTÍN, el paisaje se convierte en archivo, el agua adquiere una dimensión política y espiritual, y la propia idea de recorrido se plantea como una forma de cuestionar la historia lineal. La exposición propone remontar el río a contracorriente, desde su desembocadura en el Pacífico hasta su nacimiento en el volcán Lonquimay, siguiendo una lógica circular que se vincula con la concepción mapuche del tiempo.

Ese movimiento en sentido inverso no es un simple recurso expositivo. El Cautín atraviesa un territorio marcado por sucesivos procesos de colonización, desde la presencia española hasta las campañas del Estado chileno y la privatización del agua durante la dictadura de Pinochet. Frente a una visión que convierte tierra y agua en recursos, la cosmovisión mapuche entiende ambos elementos como fuerzas inseparables y dependientes entre sí. A partir de esa tensión, Calfuqueo construye una exposición donde el territorio no aparece como paisaje contemplativo, sino como espacio vivido, disputado y transformado.

El recorrido comienza en el océano con una animación 3D protagonizada por Carmen, la madre de la artista, que atraviesa el Cautín mientras las ballenas Trempulkawe transportan a los difuntos hacia su conversión en espíritus. La muestra concluye en el volcán, donde una instalación cerámica deja caer una cascada de pelo sintético, en referencia a los procesos de imposición cultural ejercidos sobre las comunidades indígenas durante las misiones evangelizadoras.

Entre ambos extremos, la exposición despliega un conjunto de lenguajes que van de la cerámica y el bordado a la videoperformance, la animación, la fotografía y el mural. Una de las instalaciones reúne doce piezas zoomórficas que reinterpretan el metawe, vasija tradicional mapuche utilizada para recoger y fermentar líquidos, al combinarla con especies autóctonas del entorno del Cautín, algunas amenazadas, como la ranita de Darwin o el huillín. También se muestran nueve pinturas acrílicas bordadas a mano y varios textiles cartográficos que mezclan planimetrías, patrones sagrados y especies vegetales y animales del territorio.

Seba Calfuqueo

El cuerpo ocupa igualmente un lugar central en el proyecto. Una videoperformance sitúa a la propia Calfuqueo en el río como espacio de paso y fricción, mientras otra animación recupera la figura del shumpall, espíritu acuático híbrido y cambiante, que conecta con la experiencia de transición de la artista. A ello se suma un mural dedicado al Cautinazo, episodio clave en las luchas por la restitución territorial mapuche entre 1968 y 1973.

El color azul atraviesa toda la exposición. El kalfü, azul sagrado del pueblo mapuche, estructura tanto las obras como la museografía diseñada por Andrea Muniáin. El vínculo es también personal: Calfuqueo significa “pedernal azul” en mapudungún. Ese azul, sin embargo, no aparece como recurso decorativo, sino como parte de un sistema simbólico en el que materiales naturales y artificiales conviven sin jerarquía.

Calfuqueo habla de “materiales travestis” para referirse a elementos que desdibujan categorías: cerámicas de reflejos metálicos, pelo artificial, superficies brillantes y materiales que combinan lo orgánico con lo sintético. La elección no es accidental. CAUTÍN evita idealizar el territorio y no borra sus zonas turbias, sus conflictos ni sus contradicciones. Lo sucio, lo brillante y lo artificial forman parte de una misma realidad.

La trayectoria internacional de la artista refuerza el peso de esta exposición. Su obra forma parte de colecciones como TATE Modern y Centre Pompidou, ha estado presente en la Bienal de Venecia y en 2026 recibió el Focus Stand Prize de Frieze New York. Tras su paso por Madrid, CAUTÍN viajará al Centro Cultural La Moneda de Santiago de Chile entre mayo y septiembre de 2027 y, en 2028, llegará a The Wallach Art Gallery de Nueva York.

08/09/2026 0 comments
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ArteNoticias

Yayoi Kusama: el infinito como refugio

by Beatriz Menéndez Alonso 28/08/2026
written by Beatriz Menéndez Alonso

Murió el 14 de agosto, aunque la noticia de su muerte se conoció días después. Yayoi Kusama tenía noventa y siete años y, según el comunicado difundido por su estudio, continuó pintando hasta sus últimos días. Hay algo apropiadamente kusamiano en esa última imagen: una mujer frente a un lienzo, todavía haciendo aparecer puntos, flores, calabazas y redes que comenzaron perteneciendo a un universo privado y terminaron formando parte del nuestro.

Se marcha una de las artistas más reconocibles de nuestro tiempo, pero también una pionera que entendió antes que muchos que el arte podía escapar de los museos. Podía vestirse, caminar por las calles, ocupar un escaparate, entrar en una casa. Podía multiplicarse hasta el infinito.

Kusama pasó buena parte de su vida mirando aquello que los demás no podían ver.

Desde niña experimentó alucinaciones. Las flores podían cubrir una habitación; los patrones se desprendían de los objetos y se extendían por las paredes, el techo, las ventanas y su propio cuerpo. Para otros, aquellas visiones habrían sido únicamente una amenaza. Para Kusama se convirtieron en una forma de conocimiento.

Pintó lo que veía.

Y descubrió que una obsesión podía convertirse en lenguaje.

Nació en Matsumoto, en 1929, en una familia conservadora que no recibió con entusiasmo su deseo de convertirse en artista. Más tarde llegaría Nueva York, donde en los años cincuenta y sesenta se encontró con una escena artística masculina, competitiva y extraordinariamente fértil. Kusama no llegó allí para ocupar un lugar: tuvo que inventárselo.

Lo hizo con una mezcla de obstinación y extravagancia.

Esculturas blandas de formas fálicas, performances, desnudos, redes infinitas y superficies enteras invadidas por puntos. Su obra tenía algo de juego infantil y, al mismo tiempo, algo profundamente inquietante. Parecía alegre hasta que uno se detenía a mirar.

La repetición se convirtió en su método.

Repetir una forma hasta el agotamiento. Cubrir una superficie hasta hacerla desaparecer. Multiplicar un objeto hasta que dejara de ser un objeto. El punto dejaba de ser un punto y se convertía en multitud; la multitud terminaba borrando al individuo.

Kusama llamó a este proceso self-obliteration: la desaparición del yo.

Quizá por eso sus habitaciones infinitas resultan tan hipnóticas. El espectador no contempla simplemente una obra: entra en ella. Los espejos multiplican las luces y el cuerpo hasta hacer desaparecer, durante unos instantes, la frontera entre quien mira y aquello que está mirando.

La experiencia es hermosa, pero también ligeramente inquietante.

Como casi todo en Kusama.

Yayoi Kusama. Haym of Life 1987

Su historia en Nueva York tuvo además una herida más difícil de cerrar. En una escena dominada por hombres, vio cómo determinados procedimientos que ella había explorado eran retomados por artistas masculinos que obtenían una atención y un reconocimiento que a ella le habían sido negados.

Andy Warhol, Claes Oldenburg o Lucas Samaras formaban parte de aquel mundo que Kusama observaba con una mezcla de fascinación y desconfianza.

La cuestión no era únicamente quién había llegado primero.

Era quién tenía derecho a ser escuchado.

Kusama regresó a Japón después de aquellos años y, tras un periodo de gran dificultad, ingresó voluntariamente en una institución psiquiátrica de Tokio. Allí encontró una estructura que le permitió continuar trabajando y, sobre todo, preservar una rutina artística.

Mientras el mundo del arte avanzaba sin ella, Kusama siguió pintando.

Y después, inesperadamente, el mundo regresó.

En 1993 representó a Japón en la Bienal de Venecia. Llegaron después los grandes museos, las exposiciones multitudinarias y una popularidad que acabaría desbordando el territorio del arte contemporáneo.

La artista que había trabajado durante décadas en los márgenes se convirtió en una de las imágenes más reconocibles de la cultura popular.

Yayoi Kusama. Every Day I Pray For Love, 2023
With All My Love for the Tulips, I Pray Forever, 2013

El museo salió a la calle

Fue su encuentro con Louis Vuitton el que llevó esa transformación a una escala global. Marc Jacobs, entonces director creativo de la maison, conoció a Kusama en Tokio y quedó fascinado por su energía creativa. En 2012, sus lunares llegaron a bolsos, vestidos, abrigos, zapatos y accesorios, mientras los escaparates de Louis Vuitton se transformaban en grandes superficies cubiertas por su universo visual.

Lo interesante de aquella colaboración no era solamente que el arte apareciera sobre objetos de lujo. Era que la propia frontera entre obra y objeto comenzaba a desaparecer.

El museo había salido a la calle.

La influencia de Kusama alcanzó también la belleza. En 2011 colaboró con Lancôme en una edición limitada de Juicy Tubes. Sus formas podían pasar de una instalación monumental a un objeto pequeño, cotidiano, destinado a las manos.

Kusama había conseguido algo extraordinariamente difícil: convertir un lenguaje profundamente personal en un código universal.

Sus puntos podían habitar una sala de espejos o un bolso. Una calabaza podía convertirse en una escultura monumental o en una imagen reproducida sobre cualquier superficie.

La obra ya no necesitaba un pedestal.

Podía acompañarnos.

La paradoja del infinito

Las redes sociales encontraron en sus instalaciones un escenario perfecto. Los visitantes entraban en las habitaciones de espejos y salían con una fotografía. El infinito se convertía en fondo; la desaparición del yo, en una imagen destinada precisamente a conservarlo.

No deja de ser una ironía.

Kusama quería disolver el yo.

Instagram quería conservarlo.

Pero incluso ahí persistía la lógica de su obra. La repetición podía hacer desaparecer las cosas, pero también podía hacerlas soportables. Una flor repetida cien veces deja de ser una flor. Mil flores pueden convertirse en una superficie. Un millón, en una especie de cielo.

Quizá pintar consistía para Kusama en eso: llenar el mundo de signos hasta que dejara de resultar amenazante.

Entre todos sus símbolos, la calabaza ocupa un lugar singular.

Frente al infinito, la calabaza es humilde. Tiene peso, forma, tierra. Kusama decía que las calabazas le hablaban y que le proporcionaban estabilidad y paz.

En Naoshima, una enorme calabaza roja espera junto al mar.

El mar no tiene puntos.

El cielo tampoco.

Pero Kusama puso lunares sobre la calabaza como quien coloca pequeñas señales en mitad de una extensión demasiado grande.

Durante muchos años, el mundo consideró a Yayoi Kusama una extravagancia. Después la convirtió en una celebridad. Finalmente, quizá empezó a comprenderla.

No fue simplemente la mujer de la peluca roja, los lunares y las habitaciones infinitas. Fue una artista que convirtió su experiencia interior en una disciplina y aquello que la separaba de los demás en un lenguaje que los demás podían reconocer.

Su vida estuvo marcada por una palabra sencilla: volver.

Volver al pincel.
Volver al punto.
Volver al espejo.
Volver a la flor.
Volver a la calabaza.

Hasta el final.

Hay algo conmovedor en saber que continuó pintando durante sus últimos días. Como si, a los noventa y siete años, todavía quedara algo que añadir a aquella interminable conversación con el infinito.

Se ha ido Yayoi Kusama.

Pero sus puntos permanecen.

En los museos, en los escaparates, en los vestidos, en los espejos y en la memoria de quienes alguna vez entraron en una de sus habitaciones y dejaron de saber, durante unos minutos, dónde terminaban ellos y dónde empezaba el mundo.

Quizá eso sea lo más parecido a la eternidad que puede ofrecernos un artista.

No permanecer.

Sino multiplicarse.

28/08/2026 0 comments
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AgendaArteEventos

Banksy: la imagen como forma de protesta

by Emain Juliana 27/04/2026
written by Emain Juliana

Pocos artistas contemporáneos han logrado una presencia tan mediática como Banksy sin renunciar al anonimato. Sus imágenes circulan por museos, subastas, libros, camisetas y redes sociales, pero muchas de ellas nacieron en la calle, sobre paredes que nadie imaginaba que serían contempladas como una obra de arte. Banksy no inventó el arte urbano ni el estarcido, pero entiende muy bien cómo funciona una imagen en la calle. Sus obras no dependen de una gran complejidad técnica, sino de una combinación bastante precisa entre sencillez, ironía y contexto. 

El estarcido ha sido clave en su forma de trabajar. La plantilla le permite actuar deprisa, repetir una imagen y mantener una línea clara en la calle, donde no hay tiempo ni las condiciones de un taller. Esa rapidez define su estilo.  

Sus temas son igualmente reconocibles. Banksy ha trabajado sobre la guerra, la vigilancia, el abuso de poder, el consumo, la desigualdad, la infancia o la migración, casi siempre a través de escenas de apariencia sencilla y de un humor que rara vez es inocente. A veces la obra parece amable en el primer vistazo, pero ese efecto dura muy poco. Enseguida se percibe algo que no encaja del todo: un soldado que está donde no debe, una cámara que vigila demasiado, una niña situada en una escena que crea confusión, una rata que parece entender la ciudad mejor que sus propios habitantes.

Durante décadas, su identidad fue una incógnita y formó parte de la curiosidad que rodeaba su obra, pero en marzo de 2026, una investigación de Reuters desveló a Robin Gunningham, como posible identidad de Banksy; según ese trabajo, Gunningham habría adoptado después el nombre de David Jones, aunque el artista no ha confirmado públicamente esa noticia. 

Banksy ha criticado muchas veces la conversión del arte en mercancía, pero sus piezas se venden por cifras estratosféricas y algunas de sus intervenciones urbanas se protegen o se convierten en objeto de especulación. El caso más famoso ocurrió en 2018, cuando una versión de Girl with Balloon se autodestruyó parcialmente justo después de ser adjudicada en Sotheby’s. La acción parecía una crítica al sistema de subastas, aunque terminó aumentando todavía más la fama de la obra.

Banksy critica el sistema del arte y, al mismo tiempo, forma parte de él. Sus imágenes permiten discutir quién decide el valor de una pieza, por qué unas pintadas se borran y otras se conservan, qué diferencia hay entre una pared ocupada por publicidad y una pared ocupada por una imagen crítica, o qué ocurre cuando una obra creada para la calle acaba siendo tratada como un objeto de colección. 

El Museo Banksy de Madrid parte precisamente de esa idea: reunir una parte amplia de su trabajo para que el visitante pueda ver obras que, en conjunto, crean una visión mucho mas precisa de toda su envergadura como artista.

Situado en el Paseo de la Esperanza 1, en Arganzuela, el museo reúne más de 170 piezas, incluidas reproducciones a tamaño real de algunos de sus murales más conocidos. La visita permite acercarse a imágenes como La chica del globo rojo o Banksy’s Rage, el lanzador de flores, pero también a otras piezas con diferentes temáticas como la guerra, el consumo, la vigilancia, la infancia, la migración o el uso político de la imagen. No es necesario conocer previamente la historia del arte urbano para entrar en la exposición, porque el propio recorrido va mostrando cómo trabaja Banksy.

Además de la exposición, el Museo Banksy de Madrid ofrece visitas guiadas en varios idiomas y un taller de serigrafía al estilo Banksy durante los fines de semana. La propuesta resulta interesante porque acerca al público a una de las técnicas que mejor explican la difusión de su obra: una imagen reproducible, clara y pensada para circular. En ese sentido, el museo no solo funciona como una recopilación de piezas conocidas, sino como una forma de entender por qué Banksy pasó de las paredes de la ciudad a ocupar un lugar central en la cultura visual de las últimas décadas.

Museo Banksy Madrid

27/04/2026 0 comments
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AgendaArte

Flandes en el Thyssen

by Uve Magazine 22/04/2026
written by Uve Magazine

Hay tradiciones artísticas que, aun cuando cambian de siglo, de técnica y de sensibilidad, conservan una manera reconocible de interrogar el mundo. Eso es, en buena medida, lo que propone In situ / Ex situ II, el nuevo curso del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza organizado con la colaboración de VISITFLANDERS, que se celebrará del 23 de abril al 20 de junio de 2026 en formato híbrido. Si la primera edición se detenía en los grandes nombres de la pintura flamenca entre los siglos XV y XVII, esta segunda parte avanza hacia un territorio distinto, más cercano y a la vez más inestable, para seguir la evolución de esa tradición desde finales del siglo XIX hasta el presente.

La propuesta no se limita a encadenar autores de prestigio, plantea una línea de continuidad entre épocas muy distintas a partir de varias cuestiones de fondo como la mirada, la materialidad de la pintura y la relación de la obra con su entorno. No se trata solo de estudiar a Rysselberghe, Ensor, Magritte o Delvaux como artistas aislados, más bien es una reflexión sobre la manera en que el arte flamenco fue reformulando sus imágenes, tensiones y hasta su idea misma de realidad al entrar en la modernidad y, más tarde, en el arte contemporáneo.

El recorrido arranca con Théo van Rysselberghe, figura decisiva para comprender la recepción del neoimpresionismo en Bélgica y uno de los fundadores de Les Vingt, aquella sociedad artística que sirvió de plataforma para buena parte del arte moderno en su contexto. Después llegará James Ensor, cuyo universo de máscaras, deformaciones y gestos grotescos sigue conservando una potencia poco domesticable, como si su pintura hubiese entendido muy pronto que lo inquietante no pertenece solo al sueño o a la fantasía, sino también a la vida social y a sus ceremonias. Más adelante, el curso se detendrá en Felix de Boeck y Victor Servranckx para abordar la deriva hacia la abstracción en una Flandes atravesada por las fracturas de la guerra y por la necesidad de inventar nuevas formas para un tiempo nuevo.

Uno de los núcleos más sugerentes del programa será, sin duda, el dedicado a René Magritte y Paul Delvaux. No porque el surrealismo necesite presentación, sino porque en el ámbito flamenco adquirió un espesor particular, menos entregado al automatismo que a una forma calculada de extrañeza. En Magritte, la imagen piensa; en Delvaux, el sueño se vuelve escenario detenido, casi litúrgico, y produce una inquietud que no depende del sobresalto, sino de la precisión con que lo irreal ocupa el mundo visible. Que el curso pase por ellos tiene sentido: si algo demuestra la pintura flamenca del siglo XX es su capacidad para volver extraño lo cotidiano sin romper del todo con la tradición de la figuración.

El cierre estará dedicado al arte flamenco del siglo XXI y a su posición dentro del circuito internacional, con nombres como Luc Tuymans o Ann Veronica Janssens y con atención también al peso de sus museos, galerías y grandes citas como la feria de Bruselas. Es un final coherente, porque permite entender Flandes no solo como una herencia histórica, sino como un espacio todavía fértil para la experimentación, donde la pintura, la instalación y las nuevas formas de percepción siguen reformulando preguntas antiguas sobre la imagen, el cuerpo y la experiencia. Más que un simple curso panorámico, In situ / Ex situ II parece plantearse como una invitación a leer la continuidad de una tradición sin reducirla a museo, escuela o repertorio, y a comprobar que ciertas obsesiones visuales no desaparecen: cambian de forma, se afinan, se vuelven más ambiguas y regresan.

El curso In situ / Ex situ II se celebrará del 23 de abril al 20 de junio de 2026, en formato híbrido, con sesiones online y presenciales. La parte presencial tendrá lugar en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, situado en el Paseo del Prado, 8, 28014 Madrid.

22/04/2026 0 comments
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ArteEntrevistasPersonajes

ENTREVISTA: Federico Granell

by Beatriz Menéndez Alonso 26/03/2026
written by Beatriz Menéndez Alonso

«El arte puede elevarnos a la altura de lo que es noble, sublime y verdadero, llevarnos hasta la inspiración y el entusiasmo, lo mismo que puede hundirnos en la sensualidad más grande, en las pasiones más bajas, ahogarnos en una esfera de voluptuosidad y dejarnos desamparados, aplastados por el juego de una
imaginación desencadenada
que actúa sin freno…»

Friedrich Hegel 

Comencemos esta entrevista desandando los pasos de la memoria, en busca del momento en que empezaste a pintar no solo lo que veías, sino lo que intuías. A menudo el camino del artista se traza desde la copia hacia la invención, desde la observación externa hacia un imaginario más interior. ¿Cuándo sentiste que habías dejado atrás esa etapa inicial para empezar a pintar lo que, sin saberlo del todo, ya habitaba en ti?

Más o menos siempre pinté parecido. Desde el principio tuve muy claro lo que me gustaba y lo que no. Con el tiempo empecé a investigar sobre los personajes, la gente, el viaje, la música que nos habita… y quise juntar todo eso para crear algo reconocible. Esa es la parte difícil del arte: trazar tu propio estilo y que quien vea tu obra la identifique de inmediato. 
El proceso fluyó de manera muy natural, casi instintiva, pero con el respaldo de años de aprendizaje y observación. Es cierto que hice un trabajo previo de investigación sobre el color, con referencias visuales y con la base sólida de mi formación en la Escuela de Bellas Artes de Salamanca. Pero si tuviera que señalar un momento clave en la definición de mi estilo, sería mi primer viaje a Londres, ya fuera del marco académico. Allí empecé a reconciliar lo aprendido con la búsqueda de mi propia identidad como artista. Y fue en Roma, gracias a una Beca de Pintura, donde se confirmó absolutamente mi vocación: supe con total claridad que quería ser pintor y, aún más, vivir de mi pasión. Es un trabajo diario que exige mucha dedicación, pero siempre supe que no me iba a aburrir haciendo lo que hago, ni a tirar la toalla, porque tenía muchas cosas que contar. 

¿Qué parte de ti —emocional, simbólica o incluso física— queda en cada obra? ¿Y qué determina que una pieza te implique más profundamente que otra?

Mucho. En algunas más que en otras, porque te implicas más, o porque estás más vulnerable en ese momento, y eso se refleja.
En otras, por ejemplo, cuando preparas una exposición, tienes que contar una historia, y como en toda historia, hay capítulos más lentos, más calmados, menos trepidantes. No todo puede estar siempre en la cúspide de la emoción. 
Mi pintura es contenida, tranquila. No hay grandes explosiones. Pero siempre hay una obra que tiene más fuerza porque has dejado más de ti. Recuerdo en este sentido un cuadro muy especial para mí, que forma parte de la Exposición «Para Iluminar un bosque», que estuvo en el Centro de Cultura del Antiguo Instituto de Gijón entre el año 2020 y 2021: Se trata de un friso con personajes en la noche, portando velas en las manos, en el que quise inmortalizar a varios compañeros de gremio. Esa imagen me acompañó durante años, y cuando por fin la pinté fue una experiencia emocionalmente muy explosiva para mí. 

«Mi pintura es contenida, tranquila. No hay grandes explosiones. Pero siempre hay una obra que tiene más fuerza porque has dejado más de ti».

Obra en el estudio del artista. Imagen de José Antonio Pernia López

En tus obras aparecen figuras solitarias que parecen extraídas de un sueño o de una escena infantil congelada en el tiempo: recortables, marionetas, personajes que no hablan, pero se dejan observar. Hay en ellas una quietud llena de intención, una presencia muda que inquieta y atrae a la vez. ¿De dónde vienen estos personajes? ¿Qué diálogo secreto mantienes con esas presencias? ¿Te acompañan, te confrontan, te hablan…? ¿Cómo son realmente?

Son ante todo obedientes. Me siento como un escenógrafo que dirige un pequeño universo en miniatura: las coloco cuidadosamente, las organizo, las acomodo en el espacio como si fueran actores en una escena teatral. Juego con ellas, buscando siempre lo más potente y expresivo de cada composición, porque para mí cada pieza —y en especial las esculturas— tienen una carga profundamente narrativa. No las veo como objetos estáticos, sino como elementos vivos que pueden transformarse, evolucionar y adoptar nuevos significados según el contexto en el que las ubique. Por eso las reutilizo, las reciclo, las transformo y las vuelvo a poner en escena una y otra vez. Este proceso, por me permite pensar y repensar mis ideas desde diferentes ángulos, dándoles una riqueza y profundidad que no existirían si se quedaran fijas en una única forma.
La fotografía es una herramienta fundamental en ese recorrido. Me permite documentar cada etapa, registrar la evolución de la pieza y fijar la idea que quiero trabajar desde el principio hasta la finalización. A través de las imágenes puedo observar detalles que en la tridimensionalidad pasan desapercibidos, y también construir un relato visual que acompaña y completa el trabajo escultórico.
Son un poco Frankenstein, ensambladas a partir de partes de otras piezas o moldes que hago yo mismo. A veces me piden Lilys, otras, simplemente parecen querer salir al jardín a jugar. Al final cada una encuentra su propio camino , su propia voz, y yo solo las acompaño en este tránsito.

En este universo de pequeños rituales visuales, la música no actúa como un simple fondo. Es una presencia constante, un latido invisible que acompaña el gesto artístico. El silencio, lejos de ser neutral, parece casi incómodo; la música, en cambio, se convierte en una forma de sostén.
¿Qué lugar ocupa la música en tu proceso de creación? ¿ Funciona como una atmósfera emocional o como un estímulo narrativo? 

Trabajar sin música me deprime, me pesa. A veces ni la escuchó, pero sé que está ahí, me genera tranquilidad, tiene ese tono neutro necesario para concentrarme. 
En mi exposición Las canciones que vienen al caso, presentada en la Casa de las Artes y las Ciencias de Bueño, partí de los cuadernos de canciones que dibujo. Se ampliaron y expusieron unas 55 imágenes aproximadamente, que son las acuarelas originales. En un primer instante, la imagen se formó con nitidez en mi mente, como si ya existiera desde antes, aguardando ser descubierta. Sin embargo, el espacio —ese entorno cambiante, cargado de significados y vacíos— interviene inevitablemente. La obra, aunque concebida con claridad, se transforma al situarse en un contexto, al enfrentarse con la luz, las proporciones, las texturas y hasta con la mirada del espectador. Fue precisamente este diálogo con el espacio lo que prolongó el proceso mucho más de lo que inicialmente había previsto. Cada rincón, cada dimensión, cada incidencia de la luz obligaba a reconsiderar detalles, a reajustar escalas y a replantear la disposición de las piezas. Lo que parecía una idea clara y sencilla en la mente, se reveló complejo y cambiante al momento de traducirse en el lugar físico. Así, la obra no solo se construyó, sino que se fue gestando en un continuo ajuste, donde el espacio no fue un mero soporte, sino un verdadero coautor que exigió paciencia, atención y respeto. Las imágenes son canciones, y las esculturas dialogan con ese universo musical: auriculares, vinilos, tocadiscos… etc Todo contribuye a ese mundo. El montaje, las piezas y los vídeos del proceso creativo aportan una serenidad y manualidad que siempre persigo alcanzar. Me gustó especialmente que se hiciera un catálogo ligado a la obra, algo que por desgracia se está perdiendo y que considero fundamental.

¿Qué música escuchas mientras trabajas? ¿Qué artistas y bandas te inspiran? 
Cigarettes After Sex me parecen perfectos para pintar, su sonido es muy envolvente, tranquilo casi hipnótico, ideal para dejar que la creatividad fluya. Incluso mis alumnos los escuchan. Además, me encanta la bossa nova. Artistas como Astrud Gilberto y Rita Lee tienen un toque especial, esa mezcla de suavidad y ritmo que siempre me inspira. Me fascina cómo han abordado incluso versiones de los Beatles, dándoles un aire nuevo y fresco, con una elegancia y calidez muy características de ese género.
Recientemente he descubierto a Fat Dog, que me parecen pura energía. Son una banda que aporta mucha fuerza y dinamismo, algo que a veces necesito para salir de la rutina y darle un impulso más vibrante a mi proceso creativo.
También soy fan de Floating Points, que tienen un estilo muy adictivo y sofisticado, con capas sonoras que invitan a sumergirse en su música y explorar nuevas sensaciones.

¿Y tus incunables? 
Hay ciertas bandas y artistas a los que siempre vuelvo, porque forman parte de mi ADN musical y emocional. Family, Los Planetas, Stone Roses, Klaus & Kinski, La Bien Querida, Pulp, New Order… Todos ellos me remiten inevitablemente a Radio 3, que era mi compañía fiel cuando estudiaba en Salamanca.

Federico Granell en su estudio. Imagen de José Antonio Pernia López

El estudio es refugio, pero también un espacio de búsqueda. Lo habitas como se habita una casa: con memoria, con costumbre, con alegría. Aun así, te defines como un artista itinerante, capaz de trabajar donde te lleve la necesidad o el impulso. ¿Es el estudio, para ti, un lugar físico o un estado mental? ¿Qué supone abrirlo a otros a través de las clases de pintura?

Ambas cosas. Es mi segunda casa, pero también un estado mental. Puedo trabajar en cualquier sitio si la idea es clara, si estoy conectado con lo que quiero hacer. Aun así, el estudio tiene un valor muy especial para mí: me permite hacer obras más grandes, desarrollar esculturas, experimentar con materiales y formatos que en otros lugares no podría abordar.
Vengo feliz al estudio. Es una prolongación de mi casa y casi una réplica, no sólo en lo físico, sino en lo emocional. Está lleno de objetos, de libros, de cosas que me acompañan. Soy muy acumulador —me gusta rodearme de cosas—, pero no es una acumulación al azar: cada objeto que guardo me dice algo, me transmite una pequeña chispa, una referencia, un recuerdo. Son disparadores visuales y afectivos.
Y es también un lugar para compartir. Doy clases de pintura aquí desde hace años, y eso me conecta con otras miradas, otras formas de entender el arte. Es un intercambio muy enriquecedor. Me gusta acompañar procesos, ayudar a que otros descubran su voz plástica, sin imponer la mía. Me interesa más sugerir que corregir, más guiar que marcar un camino único. Y a la vez, aprender. Porque enseñar también es una manera de seguir afinando la propia mirada.

¿Existen temas, motivos o formatos que prefieres evitar? ¿Hay algo que sientas que no pintarías nunca, no por prejuicio, sino porque simplemente no conecta contigo como creador?

No diría que hay algo que nunca pintaría, pero sí hay ciertos temas que, por lo general, evito. Los retratos, por ejemplo. Creo que, salvo que seas Velázquez, envejecen mal. Tengo algunos, claro, porque a veces surgen casi inevitablemente, pero los considero más bien excepciones. Tampoco me atraen mucho los bodegones o las naturalezas muertas; no conecto con ese tipo de representación, no me despierta nada especial. Y en cuanto a los encargos, especialmente cuando se trata de retratos, suelo evitarlos porque me condicionan demasiado. Me siento limitado, como si tuviera que responder a expectativas ajenas más que seguir mi propio impulso. En resumen, aunque no cierro la puerta por completo, hay ciertos caminos que prefiero no tomar. 

El tema del fracaso aparece, como siempre en todos los procesos creativos, no como una derrota, sino como parte del trayecto. Me interesa ese otro lado de la práctica artística: los límites, los bloqueos, la mirada del otro. ¿Cómo convives con los momentos de duda o de frustración? ¿Te afecta la opinión ajena? ¿Qué lugar ocupa para ti el error dentro del proceso?

La mirada del otro me importa, sí. La sigo de cerca, tanto en redes sociales como en exposiciones. Escucho con atención lo que dice el público, lo que comentan otros artistas, amigos, gente que ve la obra con ojos distintos a los míos. Muchas veces, de esas conversaciones surgen ideas nuevas, o maneras de mirar lo que uno estaba haciendo y no terminaba de entender del todo. No se trata de complacer, pero sí de estar abierto, porque la pintura, aunque sea un acto íntimo, también se completa cuando alguien la observa. Esa mirada externa a veces te confirma intuiciones, y otras veces te obliga a replantearte cosas. Me transforma, claro que sí. 
En cuanto al fracaso, creo que está siempre presente, en distintas formas. Hay muchos cuadros que se quedan a medias, que no avanzan, que se estancan. Es frustrante, porque inviertes tiempo, energía, entusiasmo… y sientes que no llegan a donde querías llevarlos.
Pero con el tiempo aprendí a ver ese tipo de fracaso como algo relativo. Aunque el cuadro no funcione, algo deja: una idea, un gesto, una enseñanza técnica, o simplemente la conciencia de un límite. A veces hay que fracasar para entender por qué un camino no era el adecuado 
Me da pena cuando un cuadro no prospera, claro, pero también pienso que todo tiene su razón. No todo lo que uno pinta tiene que ver la luz. Hay piezas que simplemente son parte del proceso. Y para mí, el verdadero éxito es ese: poder seguir pintando después de 25 años y, además, vivir de ello. Poder sostener una práctica artística en el tiempo, con todo lo que eso implica —dudas, cambios, fracasos, momentos de claridad—, ya es un triunfo. Porque no se trata solo de hacer obra, sino de sostener una forma de vida.

La entrevista continúa en la edición en papel del número 3 de nuestra revista Botánica y singladuras.

Imágenes de José Antonio Pernia López

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AgendaArteEventos

Exposición Desenfocado en CaixaForum Madrid, fechas y actividades

by Valeria Cruz 26/02/2026
written by Valeria Cruz

En CaixaForum Madrid se desarrolla una programación paralela que amplía el sentido de la exposición «Desenfocado. Otra visión del arte», que puede visitarse del 17 de septiembre de 2025 al 12 de abril de 2026, y que toma el desenfoque como punto de partida para reflexionar sobre la mirada contemporánea y sobre la forma en que la historia del arte ha cuestionado la nitidez como sinónimo de verdad. La muestra plantea que aquello que aparece borroso no implica carencia, sino que puede convertirse en un lenguaje capaz de sugerir memoria, inestabilidad o emoción, y esa misma idea se despliega en un conjunto de actividades que buscan implicar al visitante más allá de la contemplación pasiva.

Pedro G. Romero, Sodoma y Gomorra (Nuclear, Lot, Puerta del infierno), 1989. Colección de Arte Contemporáneo Fundación ”la Caixa”

Entre las propuestas destacan las visitas comentadas, en las que la mediación permite contextualizar obras y procesos, así como abrir preguntas sobre la percepción, la técnica y la intención artística, de modo que el público no se limite a identificar formas, sino que comprenda las decisiones que conducen a esa pérdida deliberada de definición. Junto a ellas se ofrecen recorridos familiares que, mediante dinámicas adaptadas a la infancia, convierten el concepto de desenfoque en una experiencia práctica, donde observar se transforma en experimentar y donde la ambigüedad visual se convierte en herramienta de aprendizaje.

La programación incorpora también encuentros en formato tertulia que favorecen el intercambio de interpretaciones entre los asistentes, de manera que la exposición se prolonga en la conversación y cada mirada se confronta con otras. En estos espacios se pone en evidencia que la percepción no es un acto aislado, sino un proceso condicionado por la experiencia personal y por el contexto cultural desde el que observamos.

Además, se incluyen actividades que dialogan con otras disciplinas, como propuestas musicales que trasladan la idea de lo difuso al terreno auditivo, así como charlas que abordan el fenómeno del desenfoque desde una perspectiva científica, analizando cómo funciona el ojo humano y cómo el cerebro interpreta imágenes que no se presentan con contornos definidos. Al integrar arte, ciencia y participación, CaixaForum Madrid plantea una experiencia que no se agota en la sala expositiva, sino que invita a reconsiderar la confianza que depositamos en lo nítido y a aceptar que, en ocasiones, es precisamente en lo impreciso donde se abre un espacio más fértil para la interpretación.

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ArteNoticias

Irma Álvarez-Laviada en el Thyssen

by Uve Magazine 29/01/2026
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El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza inaugura el próximo 23 de febrero Dentro y fuera del marco, una exposición dedicada a la obra de Irma Álvarez-Laviada que podrá visitarse hasta el 3 de mayo de 2026 en las salas Post Pop. La muestra, comisariada por Rocío de la Villa, se integra en el programa Kora y reúne 47 obras realizadas por la artista en la última década, en un recorrido que pone el foco en los límites materiales y conceptuales de la pintura contemporánea.

Lejos de plantearse como una retrospectiva, la exposición propone una lectura centrada en los procesos y en los elementos que tradicionalmente han quedado en un segundo plano dentro del relato artístico. Marcos, bastidores, pedestales o soportes dejan de ser piezas invisibles para convertirse en parte activa del discurso. A partir de materiales industriales concebidos para proteger, aislar o embalar —espumas, lijas, cartones o poliuretanos—, Álvarez-Laviada sitúa la pintura en un terreno intermedio que cuestiona la división entre lo considerado esencial y aquello que ha sido relegado a lo funcional o accesorio.

El recorrido se articula a través de varios diálogos con obras de la colección permanente del museo, una de las claves de la exposición. Estas relaciones no buscan establecer jerarquías ni filiaciones directas, sino señalar continuidades y tensiones entre la tradición pictórica y las prácticas actuales. La relación entre pintura y arquitectura, la ausencia de la figura o el papel del soporte como elemento estructural aparecen como cuestiones compartidas que atraviesan épocas distintas y que aquí se reformulan desde una mirada contemporánea.

Uno de los ejes centrales de la muestra es la aproximación a la abstracción geométrica desde una perspectiva crítica. Atributos como lo vertical y lo horizontal, lo duro y lo blando, lo lleno y lo vacío, asociados históricamente a oposiciones de género, son revisados mediante procesos de repetición y variación que desplazan el sentido de estas categorías. En series como Idea as Model, las obras remiten a maquetas y estructuras incompletas, situando la pintura en un estado de provisionalidad que evita la idea de obra cerrada o definitiva.

La noción de vacío y de espacio negativo atraviesa buena parte de la exposición. En trabajos donde se muestra el reverso de cajas abiertas y embalajes, aquello que normalmente permanece oculto adquiere protagonismo y pone de relieve su papel dentro del sistema del arte. En otras piezas, el pedestal aparece desprovisto de función, convertido en imagen de una ausencia que cuestiona la lógica monumental y celebratoria asociada a la exhibición artística.

Irma Álvarez-Laviada S.T. (Lo necesario y lo posible IX), 2020

La experiencia del espectador ocupa también un lugar relevante en el planteamiento expositivo. La muestra propone una relación con las obras que no se limita a la mirada, sino que apela a una percepción más amplia a través de superficies que sugieren aspereza, blandura, densidad o silencio. Lijas y espumas de insonorización conviven en un mismo espacio, activando una lectura sensorial que rompe con la jerarquía tradicional de los sentidos y subraya la dimensión física de la pintura.

La exposición se cierra con un proyecto específico desarrollado para la última sala, inspirado en el collage y en la lógica del ensamblaje. Una gran pintura y varios volúmenes reproducidos a escala condensan las principales líneas de trabajo de Álvarez-Laviada: la fragmentación, la repetición y la construcción de una poética que se apoya en lo menor y en lo aparentemente secundario para replantear los modelos heredados.

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AgendaArteNoticias

El Thyssen revisita Express de Robert Rauschenberg

by Uve Magazine 13/01/2026
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En el marco del centenario del nacimiento de Robert Rauschenberg, el Museo Thyssen-Bornemisza presenta una instalación especial en torno a Express (1963), una de las obras más representativas de un artista que cambió de forma radical la manera de entender el arte en el siglo XX. La propuesta cuenta con el apoyo de la Robert Rauschenberg Foundation y se inscribe en un amplio programa internacional de revisión crítica de su legado.

Rauschenberg: Express. En movimiento

Formado en el experimental Black Mountain College, Rauschenberg creció artísticamente en un entorno donde la pintura convivía con la música, la danza y la acción. Esa educación transversal marcó toda su trayectoria y explica su rechazo a las jerarquías tradicionales entre disciplinas. Frente al expresionismo abstracto dominante en los años cincuenta, su obra introdujo materiales cotidianos, imágenes procedentes de los medios de masas y una relación directa con la realidad inmediata.

Comisariada por Marta Ruiz del Árbol, conservadora senior de Pintura Moderna, la instalación propone una nueva lectura de Express, atendiendo tanto a su compleja iconografía como a su impulso experimental. La obra se sitúa en continuidad con los célebres Combines de Rauschenberg, piezas híbridas que borraron las fronteras entre pintura y escultura y que resultaron decisivas para el desarrollo del arte pop, el neo-dada y buena parte del arte contemporáneo posterior.

La muestra subraya también el papel central de Express en la consagración internacional del artista, tras recibir en 1964 el Gran Premio de Pintura de la Bienal de Venecia, un reconocimiento que confirmó la potencia de una obra incómoda, abierta y profundamente innovadora.

Más allá de la revisión histórica, esta instalación invita a reflexionar sobre la vigencia del pensamiento de Rauschenberg y su firme convicción de que el arte no es un objeto aislado, sino una herramienta de transformación individual y social. Una ocasión clara y directa para redescubrir a uno de los grandes agitadores del arte del siglo XX y medir el alcance real de su legado artístico y ético.

Del 3 de febrero al 24 de mayo de 2026

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AgendaArteNoticias

Las grandes exposiciones que marcarán 2026

by Emain Juliana 05/01/2026
written by Emain Juliana

El calendario artístico internacional de 2026 apunta a una recuperación clara del formato expositivo de gran escala. Museos y centros culturales de referencia han anunciado programas ambiciosos que combinan retrospectivas de artistas consagrados, revisiones del canon y proyectos arquitectónicos vinculados a la actualización del patrimonio cultural.

Instituciones como el British Museum, la Tate, el Centre Pompidou o el MoMA han adelantado exposiciones que ponen el foco tanto en figuras centrales del arte contemporáneo como en lecturas renovadas de artistas históricos. El objetivo es atraer a un público amplio sin renunciar a un discurso crítico que dialogue con las preocupaciones actuales.

Entre las propuestas más destacadas se encuentran las retrospectivas dedicadas a Tracey Emin. En 2026, la Tate Modern de Londres albergará Tracey Emin: A Second Life, la exposición más ambiciosa de la artista hasta la fecha, con más de 90 obras que recorren cuatro décadas de producción. La muestra estará abierta del 26 de febrero al 31 de agosto de 2026 y presenta pintura, escultura, instalación, neón y video, integrando algunas de las piezas más emblemáticas de Emin como parte de una lectura amplia de su trayectoria.

Tracey Emin My Bed 1998 © Tracey Emin. Photo credit: Courtesy The Saatchi Gallery, London / Photograph by Prudence Cuming Associates Ltd

Otra de las figuras que concentrará atención en 2026 es Frida Kahlo, presente en distintos proyectos expositivos. Uno de los más importantes es Frida: The Making of an Icon, en la Tate Modern Exhibition, del 25 de junio de 2026 al 3 de enero de 2027, que busca alejarse de la lectura iconográfica más popular para abordar su obra desde enfoques históricos, políticos y sociales. Estas exposiciones pretenden situar a Kahlo dentro de un marco más amplio, atendiendo tanto a su producción artística como a las condiciones culturales en las que fue creada.

Junto a estas grandes figuras, el calendario de 2026 incluye la recuperación de artistas cuya obra ha sido tradicionalmente considerada marginal o secundaria. Es el caso de Beryl Cook, cuya pintura figurativa y de carácter popular está siendo objeto de una reevaluación crítica en distintos museos europeos. Entre estas propuestas destaca Beryl Cook: Pride and Joy, en The Box (Plymouth), del 24 de enero al 31 de mayo de 2026. Este tipo de iniciativas refleja una tendencia creciente a revisar el canon artístico desde criterios más amplios y diversos.

En el ámbito del arte moderno, 2026 contará también con una cita destacada en torno a Mark Rothko. La Fondazione Palazzo Strozzi, en Florencia, presentará Rothko in Florence, del 14 de marzo al 23 de agosto de 2026, una retrospectiva de gran escala que reunirá más de setenta obras procedentes de colecciones internacionales. La muestra propone un diálogo entre la pintura de Rothko y el contexto artístico florentino, extendiéndose a otros espacios de la ciudad y abordando su relación con la tradición pictórica europea.

Frida Kahlo (México, 1907–1954), Sin título [Autorretrato con collar de espinas y colibrí], 1940. Óleo sobre lienzo montado sobre cartón. Colección Nickolas Muray de Arte Mexicano, 66.6. Harry Ransom Center.

En el ámbito del Barroco español, Francisco de Zurbarán protagonizará una de las citas más relevantes del año con una exposición monográfica en la National Gallery de Londres, que se celebrará del 2 de mayo al 23 de agosto de 2026. La muestra reunirá un amplio conjunto de obras procedentes de colecciones internacionales y propondrá una lectura contextual de su producción, situando a Zurbarán dentro del desarrollo del Barroco europeo y atendiendo tanto a su dimensión espiritual como a su rigor formal.

El año 2026 también será relevante en el ámbito de la arquitectura cultural. Numerosos proyectos de ampliación, rehabilitación y nueva construcción de museos están previstos para los próximos meses, con un énfasis especial en la integración del edificio en su entorno urbano y en la sostenibilidad de los espacios. En este contexto, se anuncian iniciativas vinculadas a la reinterpretación del legado arquitectónico de Antoni Gaudí, especialmente en Barcelona, con motivo del centenario de su muerte, que se conmemorará a lo largo de 2026 mediante exposiciones, intervenciones contemporáneas y programas públicos en distintos espacios patrimoniales, así como actuaciones en edificios históricos vinculados a su obra, así como intervenciones contemporáneas en edificios históricos.

Estos proyectos no se limitan a ampliar la oferta expositiva, sino que plantean nuevas formas de relación entre el público y las instituciones culturales. La arquitectura pasa a desempeñar un papel activo en la experiencia del visitante, reforzando el valor simbólico y narrativo del espacio.

Otro de los rasgos destacados del calendario expositivo de 2026 es su carácter internacional. Junto a los grandes centros europeos y norteamericanos, ciudades de Asia y Oriente Medio consolidan su presencia como polos culturales de primer orden, con exposiciones capaces de atraer atención mediática y público internacional. Este desplazamiento geográfico amplía el mapa cultural y diversifica los discursos presentes en las grandes instituciones.

Desde el punto de vista mediático, las grandes exposiciones continúan siendo uno de los contenidos culturales con mayor capacidad de atracción. Suelen generar un volumen elevado de búsquedas, visitas y compartidos, especialmente cuando se presentan en formatos de guía, agenda o análisis contextual. Además, se trata de contenidos con una vigencia prolongada, que mantienen el interés del público durante meses.

La programación artística de 2026 confirma una tendencia ya visible en años anteriores: la necesidad de equilibrar el atractivo visual y la experiencia expositiva con un discurso sólido y contextualizado. Las exposiciones que logren combinar ambos aspectos serán las que definan el panorama cultural del año.

A medida que se vayan concretando fechas y sedes, el calendario se completará con nuevas propuestas. La atención se centrará no solo en la magnitud de los proyectos, sino en su capacidad para aportar lecturas relevantes sobre el arte, la historia y el presente cultural.

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AgendaArte

Mark Leckey en el Guggenheim Bilbao

by Uve Magazine 02/01/2026
written by Uve Magazine

El programa in situ del Museo Guggenheim Bilbao propone un reto concreto: invitar a artistas a crear una obra pensada expresamente para la sala 208, no como un simple lugar de exhibición, sino como un espacio con personalidad propia, casi con carácter. En Y la ciudad se alzaba en todo su esplendor, Mark Leckey acepta el desafío y lo hace desde un lugar reconocible en su trayectoria: la intersección entre imágenes del pasado, tecnología contemporánea y una memoria colectiva atravesada por la cultura de masas.

Leckey no es un artista interesado en el silencio contemplativo ni en el minimalismo pulcro. Creció en los alrededores de Liverpool a finales de los años setenta y durante los ochenta, en un contexto marcado por el declive industrial, la fragmentación social y una presencia cada vez más intensa de la televisión, la música y la publicidad como telón de fondo cotidiano. Ese paisaje —hecho tanto de ruinas económicas como de estímulos mediáticos— atraviesa su obra desde hace décadas y explica su fascinación por la forma en que las imágenes y los sonidos construyen identidad, pertenencia y nostalgia.

En Bilbao, ese interés se materializa a partir de una referencia inesperada: Ciudad junto al mar (1424), de Sassetta, una pintura medieval en la que la ciudad deja de ser un simple escenario para convertirse en protagonista. Leckey se fija en ese espacio extraño, geométrico y casi irreal, que parece no obedecer del todo a las leyes físicas, y lo interpreta como una ciudad que pertenece a varios tiempos a la vez. No le interesa reconstruirla fielmente, sino traducir su lógica bidimensional a una forma escultórica que habita un terreno ambiguo, entre lo material y lo imaginado.

La instalación se articula en torno a una escultura central, acompañada por un bucle de luz y sonido de unos seis minutos, compuesto por el propio artista, que marca el ritmo de la experiencia. La iluminación recorre un ciclo que va del amanecer al crepúsculo y alcanza un punto de máxima intensidad con un efecto estroboscópico que coincide con el crescendo sonoro. En ese momento, la escultura parece perder estabilidad: la luz proyectada sobre sus superficies la transforma, la hace vibrar, la convierte casi en una aparición. No es un objeto que se mira desde fuera, sino algo que se experimenta dentro de un tiempo controlado.

Este énfasis en la experiencia ha llevado a que la obra se describa, incluso por el propio Leckey, como una “atracción”. La palabra puede generar suspicacias, pero aquí funciona más como una declaración de intenciones que como una provocación gratuita. La instalación no esconde su voluntad de atrapar al visitante, de envolverlo sensorialmente, de usar los mismos mecanismos —ritmo, repetición, estímulo— que hoy organizan buena parte de nuestra relación con las imágenes. En lugar de disimularlo, lo pone en primer plano.

La pregunta, entonces, no es si hay efecto, sino qué se hace con él. En este caso, el efecto no parece un fin en sí mismo, sino una herramienta para hablar de un presente en el que la memoria ya no se articula de manera lineal, sino a través de fragmentos, bucles y superposiciones. La ciudad medieval de Sassetta, reinterpretada con tecnologías contemporáneas como la impresión 3D y referencias a sistemas digitales, se convierte en una especie de máquina de tiempo que no avanza ni retrocede, sino que permanece suspendida.

También hay aquí una reflexión implícita sobre el propio museo. El Guggenheim Bilbao es un edificio tan poderoso que cualquier obra corre el riesgo de quedar absorbida por su arquitectura. Leckey no intenta competir con ella en escala ni en espectacularidad, sino que opta por dominar el tiempo, transformando la sala en una situación que se activa y se apaga, que obliga a quedarse, a esperar, a atravesar el ciclo completo. Durante esos minutos, la lógica turística del “ver y pasar” se interrumpe.

Eso no significa que la instalación esté libre de tensiones. Hay quien puede salir con la sensación de haber asistido a una experiencia intensa pero efímera, más cercana a lo sensorial que a lo reflexivo. Y esa lectura no es del todo errónea. Pero también es coherente con una obra que habla precisamente de cómo hoy pensamos, recordamos y nos vinculamos a las imágenes: de forma fragmentaria, emocional y a menudo mediada por la tecnología.

En ese sentido, Y la ciudad se alzaba en todo su esplendor funciona mejor cuando se acepta en sus propios términos. No es una exposición para “descifrar” con calma académica, ni una pieza que se agote en una idea cerrada. Es una instalación que propone una experiencia y, a partir de ella, deja abiertas preguntas sobre la nostalgia, la clase social, la memoria compartida y la inestabilidad de lo que damos por real.

Más que ofrecer respuestas, Leckey construye un espacio extraño y atractivo en el que pasado y presente se superponen sin resolverse del todo. Y quizá ahí esté su mayor acierto: en recordar que, en una época saturada de imágenes, pensar también puede ser una experiencia física, incómoda y luminosa a la vez.

Datos prácticos para la visita

Exposición: Y la ciudad se alzaba en todo su esplendor
Artista: Mark Leckey
Programa: in situ
Comisaria: Lekha Hileman
Lugar:
Museo Guggenheim Bilbao
Avenida Abandoibarra, 2 · Bilbao
Fechas:
Del 14 de noviembre de 2025 al 12 de abril de 2026
Salas:
204 y 208
Horario:
De martes a domingo, de 10:00 a 19:00 h
(Lunes cerrado, salvo excepciones)
02/01/2026 0 comments
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