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cine

CinePersonajes

El viento de Gonzalo Suárez

by Beatriz Menéndez Alonso 02/10/2026
written by Beatriz Menéndez Alonso

En 1816 llovía sobre el lago Lemán.

Mary Shelley tenía dieciocho años y estaba allí con Percy Bysshe Shelley, Lord Byron y Claire Clairmont. El verano parecía haberse detenido bajo la lluvia y, encerrados por el mal tiempo, los jóvenes escritores comenzaron a hablar de fantasmas. Byron propuso un juego: que cada uno escribiera una historia.

De aquella noche nació Frankenstein.

Casi dos siglos después, Gonzalo Suárez volvió a aquel verano.

Lo hizo desde Asturias.

En Remando al viento, estrenada en 1988, los paisajes de Llanes y otros lugares asturianos se convierten en la Suiza, Inglaterra o Venecia de Mary Shelley. El mar, los acantilados, la niebla y la luz del norte proporcionan a la película una geografía real y soñada al mismo tiempo. El lago Lemán podía estar lejos, pero aquel paisaje húmedo y melancólico no necesitaba demasiada imaginación para convertirse en él.

Es una de las paradojas más hermosas del cine de Suárez: para contar una historia inglesa del siglo XIX no necesitó abandonar Asturias.

Y quizá no podía haber encontrado un lugar más apropiado.

Porque en Remando al viento no le interesaba tanto reconstruir la vida de Mary Shelley como detenerse en ese instante en que la imaginación comienza a tener vida propia. La escritora inventa una criatura y, poco después, descubre que ya no le pertenece. La creación empieza a devolver la mirada.

Nacido en Oviedo en 1934, Suárez fue escritor antes que cineasta y, en realidad, nunca dejó de serlo. Escribió novelas, relatos y crónicas deportivas bajo el nombre de Martín Girard; hizo teatro, pintó, escribió guiones y dirigió películas que nunca parecieron demasiado preocupadas por parecerse a las demás. Trece veces trece, Rocabruno bate a Ditirambo, Aoom, Parranda, Don Juan de los infiernos o Epílogo pertenecen a una obra difícil de ordenar precisamente porque Suárez desconfiaba de las clasificaciones.

Fue periodista deportivo en Barcelona y llegó a viajar a Milán para trabajar en el entorno del Inter de Helenio Herrera. Conoció a Sam Peckinpah, con quien mantuvo una amistad hasta la muerte del director estadounidense. Charo López, una de las actrices más vinculadas a su cine, lo describió como una mariposa que no se deja clasificar en un cartón.

La imagen le corresponde.

Suárez siempre parecía estar a punto de salir de la casilla en la que acababan de colocarlo.

Quizá porque para él literatura y cine nunca fueron territorios separados. Un periodista podía inventarse un nombre; un escritor podía convertirse en personaje; un paisaje podía cambiar de identidad. Martín Girard y Ditirambo fueron, cada uno a su manera, otras posibilidades de Gonzalo Suárez.

Su literatura compartía esa libertad. En Trece veces trece o Rocabruno bate a Ditirambo, la ficción juega consigo misma, los géneros se mezclan y los personajes parecen sospechar que alguien los está escribiendo. Lo curioso es que Suárez nunca pareció demasiado interesado en ser pionero de nada.

Prefería ser nuevo.

Decía que no le preocupaba que llamasen literario a su cine. «Todos los filmes son literarios», sostenía. Cuando alguien sale del cine y cuenta qué ha visto, explicaba, cuenta la historia. No habla necesariamente de la luz, del color o del movimiento de cámara. Cuenta qué sucedió.

Y, sin embargo, en sus películas importaba tanto lo que sucedía como aquello que podía estar ocurriendo detrás.

Por eso sus paisajes nunca son solamente paisajes. En Llanes, la costa cantábrica se convierte en un territorio romántico; la niebla borra las fronteras entre el mar y el cielo y la piedra parece guardar algo que pertenece a otro tiempo.

El paisaje no ilustra la historia: entra en ella.

Suárez desconfiaba de una realidad demasiado bien explicada. «Cuanto más de verdad parece, más mentirosa es», decía. Tal vez esa fuera su manera de defender la imaginación: no como una huida del mundo, sino como una forma distinta de mirarlo.

Imagen de Federico Granell

Después llegarían Don Juan de los infiernos, El portero, Oviedo Express y, muchos años después, El sueño de Malinche y Alas de tiniebla. Su trayectoria nunca avanzó en línea recta. Del periodismo al cine, del fútbol a la literatura, de Byron a Don Juan, de la historia a la animación. Abría una puerta y detrás aparecía otra.

Quizá por eso resulta difícil despedirlo únicamente como cineasta.

Y resulta significativo que, en febrero de 2026, cuando la Academia de Cine le concedió el Goya de Honor, fuera precisamente Remando al viento la película elegida para regresar a escena. El 20 de febrero se proyectó en la Academia y, pocos días después, la película volvió a existir de otra manera: la Academia y Radio Nacional de España la transformaron en una ficción sonora representada en directo en el Palau de la Música de Barcelona.

Era, en cierto modo, un homenaje perfectamente suareziano.

Una película nacida de la literatura volvía a convertirse en palabras. Y aquellas palabras volvían a levantar imágenes en la imaginación de quien escuchaba. Casi como si la criatura de Mary Shelley hubiera descubierto otra forma de regresar.

Suárez había encontrado en el cine otra manera de escribir.

Poco antes de morir, cuando le preguntaron qué echaba de menos con la edad, no habló de los libros, de las películas ni de los premios. Dijo que echaba de menos jugar al fútbol como interior izquierdo y marcar un gol con la zurda por el ángulo derecho.

Después de una vida entera inventando mundos, quedaba una imagen sencilla: un campo, un balón y una trayectoria imposible.

Como Mary Shelley frente al lago Lemán, mirando la lluvia y a punto de imaginar un monstruo.

Como Gonzalo Suárez frente al paisaje de Llanes, convirtiendo Asturias en otra parte del mundo.

Como el escritor ante una página en blanco, cuando todavía todo puede suceder.

El viento, al fin y al cabo, nunca deja de traernos historias.

 

02/10/2026 0 comments
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Pensamiento

La trampa de la compasión

by Emain Juliana 24/09/2026
written by Emain Juliana

Cuando la vulnerabilidad se convierte en una forma de poder

Los ejemplos de la literatura, el cine o la historia no sirven para diagnosticar a nadie, pero sí nos ayudan a reconocer ciertos patrones. Al verlos fuera de nuestra propia experiencia resulta más fácil distinguir ciertas conductas: la victimización constante, la culpa como forma de presión, la necesidad de ser rescatado, la dificultad para aceptar límites o la tendencia a convertir a antiguos aliados en enemigos. La ficción organiza, en cierta manera, lo que en la vida real suele parecer confuso, pero puede ayudarnos a identificar dinámicas que, cuando estamos implicados emocionalmente, resultan mucho más difíciles de ver.

Eve Harrington aparece una noche a la puerta del teatro. Está sola y empapada por la lluvia,  lleva varias semanas asistiendo a todas las representaciones de Margo Channing. Cuando por fin consigue conocerla, se presenta como un admiradora devota. No quiere un trabajo, ni dinero, tampoco favores. Cuenta su historia. Ella ha sufrido y ha perdido, pero ha encontrado en Margo una figura a la que admirar. Los presentes se conmueven al escuchar su historia, al ver su fragilidad y, casi sin darse cuenta, empiezan a incluirla en su círculo.

En Eva al desnudo, Joseph L. Mankiewicz construyó en 1950 uno de los retratos cinematográficos más eficaces de una forma muy particular de manipulación: aquella que no seduce por su carisma, sino provocando compasión.

Eve no se presenta como alguien poderosa y admirable. Todo lo contrario. Parece vulnerable, discreta, agradecida. Su fragilidad despierta protección y, desde ahí, va entrando poco a poco en la vida de los demás. Primero halaga y escucha, luego ayuda, después se vuelve necesaria. Cuando quienes la rodean descubren que aquella muchacha aparentemente indefensa tenía otros propósitos, ya está dentro y no hay vuelta atrás.

Eso es precisamente lo que hace tan difícil reconocer ciertas formas de narcisismo vulnerable. Estamos acostumbrados a imaginar al narcisista como alguien arrogante, encantado de sí mismo, convencido de su superioridad y hambriento de admiración. Sin embargo, hay personas cuya necesidad de reconocimiento adopta otra forma. Pueden mostrarse inseguras, heridas, decepcionadas por la vida, convencidas de que nunca han recibido el amor, el reconocimiento o la consideración que merecían. El sufrimiento puede ser real. La soledad puede ser real. También la tristeza. El problema empieza cuando ese dolor deja de ser únicamente una experiencia y comienza a manipular las relaciones.

Medea ya sabía algo de eso muchos siglos antes. En la tragedia de Eurípides, Medea ha sido traicionada por Jasón, la ha abandonado después de todo lo que ella sacrificó por él y la ha dejado en una posición desoladora. Su sufrimiento es completamente verdadero, sin embargo, Medea sabe utilizarlo. Cuando Creonte ordena su destierro, ella suplica, apela a su condición de madre y consigue un día más. Ese margen, obtenido a través de la compasión, es precisamente el tiempo que necesita para preparar su venganza. Más tarde hará algo semejante con Egeo para garantizarse un refugio. La fuerza de Medea está ahí: en mostrar que una persona puede estar verdaderamente herida y, al mismo tiempo, utilizar esa herida.

Esa distinción es esencial. No todas las personas que convierten su vulnerabilidad en poder están fingiendo. De hecho, el mecanismo puede resultar más eficaz precisamente cuando no hay fingimiento. Quien está delante ve un dolor verdadero y responde con ayuda, escucha, paciencia, comprensión. Empieza a perdonar ciertos comportamientos porque conoce las circunstancias que los explican. Concede otra oportunidad porque sabe que esa persona ha sufrido, más tarde otra, y otra más.

Otro ejemplo interesante es el de Uriah Heep, en David Copperfield. Este personaje utiliza una vía distinta. No necesita contar una gran desgracia, le basta con insistir en su pequeñez. Habla continuamente de sus orígenes humildes, se declara inferior a quienes lo rodean y adopta una actitud servicial que hace difícil verlo como una amenaza. Pero esa humildad acaba revelándose como una posición desde la que observa, obtiene información y poco a poco va ganando terreno. Heep ha comprendido algo esencial: quien parece débil provoca menos resistencia por parte de la sociedad. Su aparente insignificancia le permite acercarse a personas que probablemente habrían desconfiado desde el primer momento de alguien que mostrara abiertamente sus ambiciones. Dickens sutilmente convierte así la humildad exagerada en una máscara particularmente eficaz, porque obliga a los demás a rebajar sus defensas antes incluso de que exista una razón visible de sospecha.

Blanche DuBois, interpretada magistralmente por Vivien Leigh en la adaptación cinematográfica de Un tranvía llamado Deseo, se mueve en un territorio ambiguo. Blanche está verdaderamente dañada. Ha perdido demasiado y para seguir adelante debe conservar una determinada imagen de sí misma a cualquier precio. No puede soportar determinadas verdades, no quiere la luz directa, necesita que quienes la rodean participen en esa ficción que le permita continuar. No es Eve Harrington. No es tan calculadora. Pero sí encontramos algo reconocible: su fragilidad empieza a condicionar a los demás. Stella tiene que comprender, Mitch tiene que creer, el mundo tiene que tratarla de acuerdo con esa imagen irreal que tiene en su cabeza.

Ahí se encuentra uno de los puntos más delicados de estas relaciones. Una necesidad puede empezar siendo legítima y acabar convirtiéndose en una obligación para quien está al lado. La persona que escucha deja de ser simplemente alguien cercano y pasa a ocupar un lugar muy especial. Es quien comprende. Quien nunca abandona. Quien sabe todo lo que ha ocurrido. Quien ha demostrado ser diferente de los demás.

«Solo tú me entiendes».

«Contigo sí puedo hablar».

«Nadie ha estado a mi lado como tú».

Estas frases no tienen nada de sospechoso por sí mismas. Pueden expresar una intimidad verdadera. El problema aparece cuando esa intimidad se transforma y empieza a utilizarse como una deuda.

Tom Ripley pertenece a otra clase de vulnerable. En El talento de Mr. Ripley, llevado al cine por Anthony Minghella en 1999 con Matt Damon en el papel protagonista, Tom llega al mundo de Dickie Greenleaf desde una posición claramente muy inferior. No tiene su dinero,  tampoco seguridad, ni  facilidad para moverse entre quienes pertenecen a ese ambiente. Al principio resulta incluso fácil sentir cierta compasión por él: quiere agradar, integrarse  y observa con atención a quienes poseen todo aquello de lo que él carece. Minghella acentuó precisamente esa fragilidad respecto al personaje de Patricia Highsmith, haciendo de Tom una figura más insegura y necesitada de aceptación.

Pero esa necesidad cambia cuando Dickie empieza a cansarse de su compañía. Lo que podría haber sido una decepción se convierte en algo mucho más profundo y siniestro porque Tom no solo desea la amistad de Dickie: necesita sentirse aceptado en la vida de Dickie, pero sobre todo mantenerse en el lugar que cree haber conseguido junto a él. Cuando deja de sentirse elegido, aparecen la vergüenza y el resentimiento y también una voluntad cada vez mayor de apropiarse de aquello de lo que se siente excluido. La relación deja entonces al descubierto una característica especialmente inquietante: la admiración puede convivir con la envidia y el afecto puede esfumarse rápidamente cuando la otra persona retira la atención que hasta entonces proporcionaba.

Con Jean-Jacques Rousseau abandonamos la ficción. Su biografía ofrece, sin embargo, un episodio que permite observar otro aspecto de esta dinámica. Rousseau había sufrido persecuciones reales después de la condena de Emilio y El contrato social y, cuando necesitó refugio, David Hume, como buen amigo, lo ayudó a trasladarse a Inglaterra en 1766. La relación comenzó como una ayuda entre dos intelectuales y terminó de manera completamente distinta: Rousseau llegó a convencerse de que Hume participaba en una conspiración contra él.

El episodio resulta interesante porque muestra hasta qué punto una experiencia verdadera de persecución puede acabar condicionando la manera en que se interpretan las relaciones posteriores. Rousseau tenía razones para sentirse atacado por algunos de sus contemporáneos, pero Hume había sido precisamente una de las personas que habían acudido en su ayuda. Aun así, terminó incorporándolo a la historia de quienes conspiraban contra él. El protector podía convertirse así en un enemigo, y la ayuda recibida dejaba de tener peso frente a una nueva percepción de agravio, por muy irreal que fuese.

Es un cambio que resulta particularmente desconcertante para quien ocupa el otro lado de determinadas relaciones: haber ayudado durante mucho tiempo no garantiza nada cuando llega el momento de discrepar, alejarse o establecer un límite. Quien antes era «la única persona que me comprende» puede convertirse con sorprendente rapidez en alguien que «también me ha traicionado».

La literatura y el cine ofrecen muchas otras variaciones de este mismo mecanismo. Heathcliff, en Cumbres borrascosas, pasa de ser el niño humillado y maltratado al hombre que convierte aquella humillación en una justificación permanente para ejercer control y vengarse con extrema crueldad de quienes le han infligido sufrimiento. Emily Brontë no borra nunca el origen de su dolor, pero tampoco permite que ese origen vuelva inocentes sus actos posteriores. La crítica ha señalado precisamente cómo el trauma de Heathcliff termina vinculado a una necesidad obsesiva de control.

Humbert Humbert lleva el problema a un terreno todavía más oscuro. En Lolita, Nabokov crea un personaje  que intenta manipular también a los lectores. Humbert convierte su relato en una larga defensa de sí mismo, recurre a la autocompasión, al lenguaje amoroso y a su propia desgracia para presentar como tragedia personal aquello que es, en realidad, una relación marcada por un enorme abuso de poder. Su capacidad para verse como una víctima de sus propios  sentimientos es precisamente una de las trampas fundamentales de la novela. La crítica ha destacado hasta qué punto su confesión constituye un elaborado ejercicio de persuasión y manipulación.

La lista podría continuar hasta el infinito.

Fuera de la ficción, las cosas rara vez son tan claras. No hay un guionista que nos explique las intenciones de un narcisista vulnerable, tampoco suele tener un desenlace que ordene todo lo ocurrido. Hay relaciones que construimos durante meses o años y ciertas conductas que solo las entendemos con el tiempo y la distancia.

La psicología habla de narcisismo vulnerable para describir un perfil marcado por la inseguridad, la vergüenza, la hipersensibilidad a la crítica y al rechazo, una autoestima frágil y una fuerte necesidad de aceptación. No es un diagnóstico independiente, ni cualquier persona insegura o sensible puede considerarse narcisista. Para hablar de un trastorno de personalidad tiene que existir un patrón persistente en el tiempo y que afecte de manera importante a la vida y a las relaciones.

Lo más desconcertante suele ser la contradicción entre fragilidad y exigencia. Una persona puede sentirse poco valiosa y, al mismo tiempo, esperar una consideración especial; temer profundamente el rechazo y reaccionar con hostilidad ante un límite; necesitar mucho a los demás y, sin embargo, prestar poca atención a sus necesidades.

Quien está a su lado puede empezar entonces a medir las palabras, justificar decisiones que normalmente no tendría que explicar, posponer sus propias necesidades, sentirse culpable cada vez que intenta tomar distancia. 

Y aquí es donde empieza otra parte de la historia: qué ocurre con quienes permanecen cerca.

Para quien está al otro lado, las consecuencias son graves, algunas ya las hemos visto mas arriba, otras no. Tras meses o años de reproches, cambios de versión, culpabilización, castigos emocionales, crisis cada vez que uno intenta poner un límite, puede acabar viviendo en un estado de alerta casi permanente. Empieza a desconfiar de sus propias decisiones y a revisar conversaciones, uno se pregunta si realmente ocurrió lo que recuerda y a asumir responsabilidades por si acaso.

Las relaciones con otras personas se van reduciendo, porque la vida empieza a organizarse alrededor de la persona vulnerable para evitar el conflicto. En los casos donde existe abuso psicológico nos podemos encontrar con síntomas de ansiedad, depresión y estrés postraumático. No estamos hablando, por tanto, de una simple relación «difícil».

Y hay algo especialmente perverso en estas relaciones: la persona dañada en realidad, no suele reconocerse como tal porque continúa viendo con quien la hiere, aquella persona vulnerable a la que un día quiso ayudar. 

Poner nombre a lo que ocurre puede ser el primer paso para recuperar perspectiva. Y, cuando existe manipulación, control o abuso psicológico, buscar apoyo profesional y reconstruir los vínculos que se han ido perdiendo puede ser tan importante como alejarse de quien ha provocado ese deterioro.

  • Asociación Estadounidense de Psiquiatría. «¿Qué es el trastorno narcisista de la personalidad?».
  • Weinberg, I. y Ronningstam, E. «Trastorno narcisista de la personalidad: avances en su comprensión y tratamiento».
  • Reis, S. et al. «Narcisismo patológico y respuestas emocionales al rechazo», 2021.
  • Aslinger, E. N. et al. «Influencia de la vulnerabilidad y la grandiosidad narcisistas en la hostilidad antes y después del rechazo interpersonal», 2022.
  • Day, N. J. S., Townsend, M. L. y Grenyer, B. F. S. «Vivir con narcisismo patológico: un estudio cualitativo», 2020.
  • Day, N. J. S. et al. «Narcisismo patológico: análisis de la disfunción interpersonal en las relaciones íntimas», 2022.
  • Day, N. J. S. et al. «Vivir con narcisismo patológico: temas relacionales conflictivos en las relaciones íntimas», 2022.
  • British Film Institute. Material sobre El talento de Mr. Ripley y la construcción del personaje de Tom Ripley en la adaptación de Anthony Minghella.
  • Stanford Humanities Center. Material sobre el conflicto entre Jean-Jacques Rousseau y David Hume.
24/09/2026 0 comments
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AgendaNoticias

España, país invitado en los Ithra Cultural Days 2026

by Uve Magazine 12/01/2026
written by Uve Magazine

Del 12 al 31 de enero de 2026, el King Abdulaziz Center for World Culture (Ithra), uno de los grandes centros culturales de Oriente Medio, dedica su programación a España dentro de sus Ithra Cultural Days, un evento que busca acercar culturas a través del arte, la música, el cine, la gastronomía y la experiencia directa del público.

No se trata de una exposición puntual ni de una semana temática al uso. Durante casi tres semanas, Ithra se transforma por completo para ofrecer una imagen amplia y contemporánea de la cultura española, combinando tradición, creación actual y propuestas participativas. España es el país invitado de esta edición tras el éxito de otras anteriores dedicadas a Japón o Corea del Sur, que atrajeron a cientos de miles de visitantes.

El recorrido por el festival es deliberadamente diverso. Hay exposiciones visuales que muestran fotografía, diseño y moda; espacios dedicados al cine español, con proyecciones y encuentros; y una programación escénica que incluye música, danza y reinterpretaciones de clásicos. Entre los platos fuertes figura una versión escénica de Carmen, pensada para dialogar con públicos no occidentales sin perder su identidad original.

La música ocupa un lugar central. El flamenco aparece como uno de los grandes reclamos, pero no como postal turística, sino integrado en un programa que también incluye zarzuela, músicas regionales y propuestas contemporáneas. La intención es clara: mostrar una cultura viva, compleja y en evolución constante.

Uno de los aspectos más cuidados del evento es la experiencia del visitante. Ithra no se limita a mostrar: invita a participar. Talleres creativos, actividades familiares, espacios infantiles y demostraciones artesanales permiten al público saudí acercarse de forma directa a la cultura española, más allá de la contemplación pasiva.

La gastronomía refuerza esta idea de experiencia total. Mercados temporales y espacios culinarios presentan sabores españoles desde una mirada amplia, evitando reducir la cocina a unos pocos clichés reconocibles. Comer, aquí, forma parte del relato cultural.

Más allá de lo artístico, Ithra Cultural Days funciona como una operación de diplomacia cultural de alto nivel. En un contexto internacional marcado por la necesidad de tender puentes culturales, la presencia española en Arabia Saudí adquiere un valor simbólico y estratégico. No es solo una celebración, sino una forma de diálogo entre tradiciones, públicos y formas de entender la cultura.

12/01/2026 0 comments
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CineNoticias

Rob Reiner, muerto en un crimen violento

by Uve Magazine 15/12/2025
written by Uve Magazine

El director y actor estadounidense Rob Reiner y su esposa, Michele Singer Reiner, fueron hallados muertos en su domicilio del barrio de Brentwood, en Los Ángeles. Ambos presentaban heridas de arma blanca y la policía investiga el suceso como un homicidio.

Los servicios de emergencia acudieron a la vivienda tras recibir una llamada de alerta. Al llegar, encontraron los cuerpos sin vida de la pareja. Reiner tenía 78 años; su esposa, 68. La Policía de Los Ángeles asumió el caso desde el primer momento y lo trasladó a la división especializada en delitos graves. Por ahora no se han hecho públicos arrestos ni conclusiones definitivas sobre lo ocurrido, y la investigación continúa abierta.

La familia ha pedido respeto y privacidad mientras se esclarecen los hechos. Las autoridades, por su parte, mantienen la cautela y no han facilitado detalles sobre posibles sospechosos ni sobre el contexto exacto del crimen.

Rob Reiner fue una de las figuras más influyentes del cine y la televisión estadounidense de las últimas décadas. Alcanzó popularidad primero como actor en la serie All in the Family y consolidó su prestigio como director con títulos que marcaron a varias generaciones, entre ellos This Is Spinal Tap, Cuenta conmigo, La princesa prometida, Cuando Harry encontró a Sally… y Algunos hombres buenos. Su filmografía combinó éxito comercial, reconocimiento crítico y una fuerte presencia en la cultura popular.

Además de su carrera artística, Reiner fue un productor influyente y una figura activa en el debate público estadounidense, conocido por su implicación en causas sociales y políticas.

La muerte violenta del cineasta y de su esposa ha causado una profunda conmoción en el mundo del cine y ha reabierto el debate sobre la vulnerabilidad incluso en entornos considerados seguros. A la espera de nuevos datos oficiales, el caso permanece bajo investigación.

15/12/2025 0 comments
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ArteCine

El actor que convirtió el exceso en arte

by Beatriz Menéndez Alonso 28/11/2025
written by Beatriz Menéndez Alonso

Udo Kier ha muerto, y con él desaparece una de las presencias más singulares del cine de las últimas cinco décadas. Pero su obra —tan vasta, tan irregular, tan llena de aristas— queda vibrando como una constelación de imágenes extrañas, inolvidables. Su filmografía, que supera las doscientas películas, es un mapa donde conviven el delirio, la experimentación, la belleza torcida y la intensidad emocional. Pocos actores han habitado tantos géneros, tantas atmósferas, tantas formas de locura.

Llegó al mundo en Berlín, una ciudad herida por la guerra, y ese origen parece haber dejado en su rostro una sombra luminosa, como si hubiese aprendido desde el primer aliento que la belleza y la devastación siempre conversan. Tal vez por eso su mirada tenía esa cualidad mineral, fría y vulnerable al mismo tiempo; una mirada que parecía registrar capas de realidad que los demás pasábamos por alto.

La fidelidad del excéntrico

Siempre me ha fascinado su lealtad hacia el cine que pocos toman en serio. Kier se entregaba tanto a un melodrama de culto como a una epopeya experimental, y no porque careciera de juicio, sino porque su brújula interna apuntaba hacia lo singular. Le gustaba —lo confesó con humor helado— la atención. Pero era un narcisismo inocente, casi infantil, el deseo de existir con plenitud, de ocupar su espacio sin pedir disculpas.

En un mundo donde los actores se obsesionan con su “legado”, él prefería el juego: saber que un papel podía ser sublime o terrible, y aun así valía la pena hacerlo. Quizá por eso su filmografía vibra como un mosaico irregular: fragmentos de brillo puro junto a delirios maravillosos. Todo ello forma un retrato más honesto que cualquier carrera cuidadosamente administrada.

Sangre para Drácula (1974)

Su carrera cinematográfica comenzó en territorios turbios y fascinantes. En Mark of the Devil ya brillaba esa capacidad de habitar el horror sin hacerlo vulgar. Pero fueron Carne para Frankenstein (1973) y Sangre para Drácula (1974), producidas en la órbita de Warhol, las que revelaron al mundo ese magnetismo casi pictórico: Kier no interpretaba al monstruo, era la estética misma del exceso, una criatura que parecía surgir de un lienzo húmedo, más que de un guion. Su presencia, envuelta en una mezcla de ingenuidad y perversión, funcionaba como un espejo torcido del propio cine de la época.

A partir de allí, su rostro adquirió una condición casi mítica, un emblema del extrañamiento europeo. Rainer Werner Fassbinder lo convocó en La tercera generación, Lola y La mujer del jefe de estación. En ese tríptico —radiografías de un continente fracturado, donde el capitalismo, la violencia política y el deseo trazaban líneas invisibles— Kier se convirtió en un elemento de perturbación: un cuerpo extraño que desajustaba los encuadres, cargado de ironía silenciosa y gesto afilado. Fassbinder comprendió en él no sólo a un actor, sino a una energía, un desplazamiento continuo entre lo grotesco, lo frágil y lo sublime.

La década de los ochenta lo empujó a una forma de internacionalización peculiar. No era una estrella al uso, sino un símbolo de culto que podía aparecer en el cine de explotación italiano, en producciones independientes estadounidenses o en series de televisión europeas sin perder coherencia. Su acento nómada y su mirada de vidrio abrían puertas hacia universos que necesitaban ese toque de inestabilidad: directores como Gus Van Sant, Walerian Borowczyk o incluso Lars von Trier lo usarían como un dispositivo estético, una figura capaz de modificar la temperatura emocional de una escena con apenas un parpadeo.

Pero su carrera no se detuvo en el viejo continente. Atravesó océanos para unirse al cine independiente estadounidense: en My Own Private Idaho (1991), junto a River Phoenix y Keanu Reeves, fue una pieza clave del desamparo poético que recorre la película.

Lo extraordinario de Kier en esa película no es la brevedad de su aparición, sino la inyección de irrealidad que le da al relato. Su Hans es un personaje que parece escapado de un cabaret europeo, un gentleman desconcertante que entra en la historia con un contraste violento frente la vulnerabilidad de Mike (Phoenix). Pero lejos de romper la película, la ensancha: Kier es la prueba de que el mundo de Idaho está hecho de capas insólitas, de pliegues donde el deseo se vuelve absurdo y, a la vez, profundamente humano.

Ese papel lo convirtió en un puente entre dos sensibilidades: el barroquismo europeo y la desnudez emocional del indie noventero.

The Kingdom (1994–1997)

Udo Kier y Lars von Trier: alquimistas de lo perturbador

Si hubiera que elegir un territorio donde desplegó sus alas con mayor libertad, sería el universo de Lars von Trier.

Allí, Kier se convirtió en un talismán, un actor-fetiche, un compañero recurrente que era capaz de expresar —con un gesto mínimo— aquello que el cineasta danés buscaba: la inquietud, la fragilidad moral, la ironía cortante, el absurdo escondido en lo trágico.

La primera gran incursión fue Europa (1991), aquella película hipnótica y estilizada donde Kier encarna a un personaje que parece flotar entre la vigilia y el sueño, un hombre suspendido en una Alemania de posguerra filmada como si la memoria fuese un líquido oscuro que lo inundara todo. Su presencia, lateral pero decisiva, aporta una fragilidad inquietante, como si fuera un fantasma atrapado entre la culpa y la historia misma. Ahí está ya el sello Kier: la capacidad de jugar en los bordes de la realidad sin quebrarla.

Udo Kier en el Annie Leibovitz SUMO-Sized Book Launch Party organizado por Vanity Fair

Años después, en Breaking the Waves (1996), su actuación adquirió un tono casi teológico. Kier aparece como el líder de la comunidad religiosa que vigila, juzga y, sin necesidad de levantar la voz, hiere. Su fuerza está en la contención: una disciplina seca y rígida que convierte cada frase en una sentencia moral. En este universo de fe, sacrificio y dolor, Kier encarna el peso de la autoridad que aplasta, la moral convertida en piedra.

Su colaboración con el cineasta danés adquirió una dimensión más expansiva en The Kingdom (1994–1997), esa serie de culto ambientada en un hospital donde la realidad se fisura a cada paso. Allí interpreta a un médico obsesionado, una figura que se mueve entre la solemnidad ridícula y la angustia existencial, un personaje absurdo y serio a la vez. Él introduce un matiz imprescindible: esa extravagancia precisa que hace posible que el horror y el humor convivan sin anularse.

Kier funciona como un termómetro emocional que marca, simultáneamente, lo cómico y lo siniestro.

En Dogville (2003), von Trier despojó al cine de decorados para dejar expuestas las estructuras desnudas del comportamiento humano. La aparición de Kier, breve pero punzante, abre una grieta moral en ese pueblo de líneas dibujadas sobre el suelo. Su rostro y su gesto bastan para recordar que la violencia no solo se ejerce en actos terribles, sino también en presencias, en silencios, en pequeñas inflexiones. Kier se transforma aquí en un símbolo viviente de esa crueldad dispersa que flota en la atmósfera.

Pero es quizás en Melancholia (2011) donde su figura alcanza una resonancia definitiva dentro del universo von Trier. Kier interpreta a un organizador de bodas, un hombre que intenta imponer compostura y elegancia en medio de un cosmos emocional que se deshace. Su corrección casi caricaturesca contrasta con la gravedad del fin del mundo, y en ese contraste revela aquello que dominaba como pocos: la fragilidad de lo social cuando choca con lo íntimo, la quiebra de las formas pulidas ante la irrupción de lo inevitable.

No rehuyó el cine comercial. Lo vimos en Blade, en Ace Ventura, en videoclips (Erotica y Deeper and Deeper de Madonna, You Win, I Lose de Supertramp), proyectos donde otros actores habrían sentido la vergüenza del exceso. Kier no.

28/11/2025 0 comments
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ArteLiteratura

Cuando los libros se llenan de flores

by Valeria Cruz 22/03/2025
written by Valeria Cruz
Imagen de cubierta de Las flores

Redouté. El libro de las flores
El arte floral en su máxima expresión

Conocido como el “Rafael de las flores”, Pierre-Joseph Redouté fue uno de los ilustradores botánicos más destacados de todos los tiempos. Su obra marcó un antes y un después en la representación artística de la naturaleza, y Redouté. El libro de las flores rinde homenaje a ese legado con una edición que es en sí misma una joya visual.

Este volumen reúne algunas de las láminas más emblemáticas del pintor belga, quien trabajó al servicio de María Antonieta y más tarde de la emperatriz Josefina. A través de sus pinceles, Redouté capturó con precisión científica y delicadeza artística la complejidad de cada flor, desde sus formas y texturas hasta sus colores más sutiles.

Pero este libro es mucho más que un muestrario de flores bellamente ilustradas: es una invitación a contemplar la botánica como un arte. En sus páginas, el lector se adentra en un universo donde ciencia y estética se dan la mano, y donde cada ilustración cuenta también una historia: la de una época fascinada por la naturaleza, por el coleccionismo y por la clasificación del mundo.

Con textos que contextualizan la figura de Redouté, su técnica y su influencia, esta edición se convierte en una obra imprescindible para amantes del arte floral, la historia natural y el libro ilustrado. Redouté. El libro de las flores es una celebración de la belleza vegetal, una ventana a un mundo donde cada pétalo es una obra maestra y cada planta, un testimonio de la pasión humana por entender —y embellecer— el entorno.

Simbología de las flores. Un viaje cultural a través de pétalos y siglos
Arte, cine y literatura desde la raíz hasta la flor

En Simbología de las flores. Arte, cine y literatura,  Emain Juliana nos invita a sumergirnos en una historia fascinante: la de las flores y los múltiples significados que han despertado a lo largo del tiempo. Cada capítulo del libro es una travesía que comienza con la llegada de una semilla y se expande hacia un entramado simbólico que atraviesa la historia, la arquitectura, la pintura, la literatura, la música o el cine.

Este no es un catálogo botánico ni un simple recorrido estético. Es una obra ambiciosa que combina investigación histórica y sensibilidad cultural para mostrarnos cómo determinadas flores han sido mucho más que elementos decorativos: han sido símbolos religiosos, códigos secretos, alegorías del deseo, emblemas del poder o presagios de muerte.

Juliana recoge el rastro de flores concretas —como la rosa, el lirio, la amapola o el narciso— desde sus primeras menciones hasta su consolidación como símbolos culturales. La autora explora cómo estas flores aparecen en la arquitectura sagrada, en partituras musicales, en lienzos cargados de intención, en relatos literarios o en secuencias cinematográficas donde una flor, aparentemente inocente, encierra toda una historia por descifrar.

Con una prosa clara y culta, Simbología de las flores se convierte en una herramienta para ver el mundo con otros ojos. Es un libro que habla de flores, sí, pero también de todo lo que hemos proyectado en ellas como civilización: amor, fe, poder, dolor, belleza. Una lectura que fascinará tanto a estudiosos del arte y la historia como a curiosos, lectores, artistas o amantes de los símbolos ocultos en las pequeñas cosas.

El gran libro de las flores
Un jardín ilustrado para pequeños y grandes exploradores
Yuval Zommer · Traducción de Susana Tornero

Con su inconfundible estilo colorido y lleno de vida, Yuval Zommer nos abre las puertas de un jardín exuberante en El gran libro de las flores, una obra que fascina tanto a lectores jóvenes como a adultos. A medio camino entre la enciclopedia visual y el álbum ilustrado, este libro invita a descubrir el asombroso universo de las flores con curiosidad, asombro y alegría.

A lo largo de sus páginas, Zommer combina datos científicos accesibles con pequeñas anécdotas sorprendentes sobre la vida de las plantas: ¿por qué algunas flores huelen tan bien y otras tan mal?, ¿cómo se comunican con los insectos?, ¿qué flores abren solo de noche?, ¿y cuáles son tan raras que parecen sacadas de otro planeta?

Con ilustraciones vibrantes y un diseño lleno de detalles para observar una y otra vez, El gran libro de las flores no solo enseña, también invita a jugar y a mirar el entorno natural con otros ojos. Cada página es una oportunidad para despertar el interés por la botánica, la ecología y el respeto por el medio ambiente.

Traducido por Susana Tornero, este título forma parte de la exitosa serie “El gran libro de…” de Yuval Zommer, uno de los ilustradores infantiles más celebrados del panorama actual. Su propuesta combina conocimiento, humor y una estética única que lo ha convertido en un autor de referencia para introducir a niños y niñas en el amor por la naturaleza.

Ideal para compartir en familia, para disfrutar en el aula o para regalar a cualquier amante de las flores, este libro es una auténtica celebración de la diversidad, la belleza y la inteligencia del mundo vegetal.

22/03/2025 0 comments
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Cine

Un viaje a través del cine musical y la ilusión

by Sara Petricor 13/03/2025
written by Sara Petricor

El cine ha encontrado en el teatro, el cabaret y la magia una fuente inagotable de inspiración. Películas como Moulin Rouge! (2001), Cabaret (1972), Chicago (2002), Gigi (1958), Topsy-Turvy (1999), The Prestige (2006) y The Illusionist (2006) comparten un fascinante hilo conductor que entrelaza la historia, el arte y el estilo cinematográfico en torno al mundo del espectáculo. En ellas, la música, la danza y la magia no son solo elementos de ambientación, sino que se convierten en metáforas del deseo, la ambición y la ilusión que definen a sus protagonistas.

Varias de estas historias están ambientadas en los últimos años del siglo XIX y principios del XX, una época de efervescencia artística y bohemia. Moulin Rouge! nos transporta al París del cabaret y el can-can, mientras que Gigi retrata el refinamiento y las costumbres de la alta sociedad francesa. Topsy-Turvy nos sumerge en el mundo de la opereta victoriana, mostrando el proceso creativo de Gilbert y Sullivan. Por otro lado, The Prestige y The Illusionist exploran el auge del ilusionismo como forma de entretenimiento, mostrando la fascinación del público por la magia como un espectáculo de sofisticación e ingenio.

En contraste, Cabaret y Chicago se sitúan en los turbulentos años 20 y 30, una era de decadencia y glamour en la que los clubes nocturnos y el jazz reinaban en la vida nocturna de Berlín y Chicago. Estos espacios de entretenimiento eran refugios de libertad y transgresión en tiempos de crisis, elementos que el cine ha plasmado con gran maestría.

El teatro y la magia han sido siempre artes del engaño, de la ilusión, de lo que se muestra y lo que se oculta. Esta dualidad es clave en todas estas películas. Moulin Rouge! y Cabaret muestran el escenario como un mundo paralelo donde los personajes pueden ser quienes desean, lejos de las reglas sociales. Chicago, con su estructura de falso musical, convierte los números musicales en una extensión de la psique de sus personajes, mezclando realidad y espectáculo de forma magistral.

En The Prestige y The Illusionist, la magia no es solo un truco para entretener al público, sino un juego de poder y manipulación. Ambas películas muestran cómo la prestidigitación se convierte en un medio para controlar y engañar tanto en el escenario como en la vida real. En este sentido, la magia se presenta como una metáfora del cine mismo, un arte que juega con la percepción del espectador. Topsy-Turvy, por su parte, muestra el teatro como un espacio de conflicto y creatividad, donde la construcción del espectáculo es tan importante como su ejecución.

El estilo visual es un elemento clave para su impacto. Moulin Rouge! y Chicago adoptan una estética teatral y exagerada, con un montaje dinámico y una paleta de colores vibrante que refuerza el carácter onírico y trágico de sus historias. Cabaret juega con la iluminación expresionista y una ambientación que captura la decadencia de la Alemania de entreguerras. Gigi se apoya en una estética pastel, elegante y luminosa que resalta la sofisticación de la Belle Époque. En The Prestige y The Illusionist, la fotografía de tonos ocres y azulados evoca la nostalgia del pasado y la mística de la magia, mientras que Topsy-Turvy apuesta por una recreación detallada de la época victoriana.

Más allá de su estética y ambientación, todas estas películas presentan personajes que viven entre la realidad y el artificio. Satine en Moulin Rouge! y Sally Bowles en Cabaret son artistas que sueñan con una vida distinta pero están atrapadas por su entorno. Roxie Hart en Chicago usa el espectáculo como un medio para alcanzar la fama, mientras que en The Prestige y The Illusionist, los ilusionistas llevan su obsesión por la magia hasta el punto de convertir sus vidas en un acto de prestidigitación. En Topsy-Turvy, los artistas luchan contra sus propias limitaciones y tensiones creativas, mostrando el esfuerzo que hay detrás de la ilusión teatral.

Chicago, 2002
The prestige, 2006
The ilusionist, 2006
Gigi, 1958
Cabaret, 1972
Topsy Turvy, 1999

En todas estas historias, el escenario se convierte en un espejo de la vida, donde los personajes crean sus propias ficciones para sobrevivir. Ya sea a través del cabaret, la música o la magia, estas películas nos muestran cómo el arte es, en esencia, una forma de transformar la realidad.

El cine ha explorado de manera recurrente la delgada línea entre la ilusión y la verdad, entre el espectáculo y la vida. A través de una cuidada estética y una narrativa centrada en la pasión y la ambición, estas historias nos sumergen en un universo donde el arte se convierte en el motor de la existencia y donde, como en el cine mismo, la realidad es tan solo otra forma de ilusión.

13/03/2025 0 comments
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ArteSin categoría

Nosferatu. Sinfonía del horror

by Uve Magazine 19/07/2023
written by Uve Magazine

Durante las décadas de 1920 y 1930, el cine alemán experimentó una de las épocas más innovadoras y prolíficas de su historia, durante este periodo, los cineastas alemanes desarrollaron una serie de técnicas cinematográficas revolucionarias y produjeron obras maestras que todavía son reconocidas y estudiadas en la actualidad. Se caracterizó por su estilo visual audaz, temáticas oscuras y psicológicas, y una representación distorsionada de la realidad. Los cineastas expresionistas alemanes utilizaron la estética para explorar los miedos y ansiedades de la sociedad posterior a la Primera Guerra Mundial que además se vio asolada por el hambre generalizada y una pandemia de gripe que, según se estima, segaron la vida de más de 50 millones de personas.

Ejemplos destacados del cine expresionista alemán incluyen El gabinete del Dr. Caligari (1920) dirigida por Robert Wiene y Nosferatu (1922) dirigida por FW Murnau.

Ambos films presentan escenografías angulosas, sombras exageradas y contrastes marcados entre luces y sombras para crear un ambiente de pesadilla.

Nosferatu es una adaptación no autorizada de la novela Drácula de Bram Stoker, Murnau realizó bastantes cambios respecto a la novela, tanto en los nombres de los protagonistas como en algunos aspectos de la trama para evitar problemas legales con la viuda de Stoker, pero de manera totalmente infructuosa, ya que en 1925, Florence Stoker logró que las autoridades judiciales ordenaran la destrucción de todas las copias de Nosferatu, en base a que se demostró que  el guión estaba basado en la obra maestra de su marido fallecido en 1912. Afortunadamente, algunas copias sobrevivieron y Nosferatu ha sido aclamada y estudiada desde entonces.

La película hoy día es considerada un clásico  y una de las primeras películas de vampiros de la historia del cine.

La trama de Nosferatu narra la historia de  Thomas Hutter, un agente inmobiliario, que viaja al remoto castillo del Conde Orlok (un alter ego de Drácula) en los Cárpatos para finalizar una venta de propiedades. A medida que Hutter pasa tiempo en el castillo, descubre que el conde es en realidad un vampiro sediento de sangre. Después de escapar del castillo, Hutter regresa a su ciudad natal, pero el conde Orlok lo sigue y siembra el caos y la muerte por allá donde pasa. La historia se centra en la lucha de Thomas Hutter por detener a Orlok antes de que sea demasiado tarde.

El film es conocido por su atmósfera inquietante y su estilo visual expresionista. Murnau desarrolló una variedad de técnicas cinematográficas innovadoras para crear un ambiente terrorífico. La escenografía de la película presenta paisajes angulosos y distorsionados, y se utilizan sombras y luces contrastantes para acentuar el suspenso y el horror. El maquillaje y la puesta en escena de Max Schreck, quien interpretó brillantemente al Conde Orlok, también contribuyó a ser recordado por su apariencia monstruosa y memorable.

Esta obra maestra de Murnau sentó las bases para la exhibición cinematográfica de los vampiros y estableció muchos de los elementos icónicos que se asocian con ellos en la actualidad. La figura espeluznante y alargada de Max Schreck como el Conde Orlok se ha convertido en una imagen icónica del género del horror y ha influido en numerosas cineastas y películas posteriores.

19/07/2023 0 comments
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Arte

25 de octubre de 1917

by Emain Juliana 25/10/2022
written by Emain Juliana

EFEMÉRIDES:  25 de octubre

La madrugada del 25 de octubre del 1917 tuvo lugar la toma del Palacio de Invierno de Petogrado, la que fuera residencia  de los Romanov y símbolo del poder del zar de Rusia, esto desencadenó el final de 300 años de reinado y de supuso la creación del primer sistema comunista de la historia, dando lugar a una transformación del sistema social, económico y político del país. 

Rusia se encontraba inmersa en una larga crisis, en primer lugar propiciado por un grave atraso industrial, su economía estaba basada principalmente en la agricultura, durante varios años tuvieron lugar cosechas irregulares que sumieron al imperio en la pobreza. Minorías como la nobleza y aristocracia establecían un sistema de clases del que dependían directamente las clases menos pudientes y trabajadoras, Rusia no había comenzado la transformación que se estableció años antes en el resto de Europa. La pobreza y las frecuentes derrotas militares desencadenaron que grupos proletarios, soviets, se hiciera un el control del país.

El cineasta Serguéi Eisenstein, pionero del uso del montaje, junto con Grigori Aleksándrov, representaron de una manera muy vanguardista el punto álgido de la revolución de octubre, en su icónica película Octubre (1928). 

La película comienza simbolizando la caída del gobierno zarista, al derribar la estatua de Alejandro III de Rusia.​ Este acontecimiento agudiza la situación de inestabilidad del gobierno provisional. La población sumida en el hambre y la pobreza se manifiesta exigiendo nuevas medidas. 

En abril, Vladimir Lenin regresa del  exilio, incita a acometer reacciones más violentas, lo que da lugar a que el gobierno bloquee el paso de los trabajadores al centro de Petrogrado y sean arrestados.  Aquí es donde se nota el buen hacer de Eisenstein, el fantástico montaje convirtió esta escena en icónica, los puentes se elevan con los cuerpos de los bolcheviques aniquilados sobre la plataforma mientras los burgueses arrojan al río toda la propaganda socialista que los manifestantes habían intentado repartir.

Un caballo blanco queda colgando del puente hasta que de manera dramática también cae también al río.

En octubre, Lenin desobedece al gobierno provisional y se inicia el ataque al Palacio de Invierno y los militares se posicionaron al lado de los insurgentes, y eso es lo que sucede, el Palacio es invadido por los manifestantes y los guardias, derrocando así el gobierno provisional.

En este filme no encontraremos personajes principales, pero no por ello el espectador pierde interés y se mantiene el dinamismo mediante el simbolismo, la rapidez de los movimientos y el dramatismo. 

Esta película supone el cierre de  la trilogía de películas dirigidas por Eisenstein iniciada por La huelga  y El acorazado Potemkin.

25/10/2022 0 comments
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