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Category:

Literatura

LiteraturaPersonajes

Julian Barnes, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026

by Uve Magazine 10/06/2026
written by Uve Magazine

Este miércoles se ha fallado en Oviedo el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026. El galardonado es Julian Barnes, uno de los narradores británicos más reconocidos de las últimas décadas, cuya obra transita con igual soltura entre la novela, el ensayo y las memorias.

Barnes nació en Leicester en 1946, en el seno de una familia de profesores de francés, aunque la familia se trasladó pronto a las afueras de Londres. Estudió en la City of London School y después en el Magdalen College de Oxford, donde se especializó en lenguas modernas. Tras graduarse trabajó como lexicógrafo en el Oxford English Dictionary y ejerció la crítica literaria y televisiva antes de dedicarse por completo a escribir. Pertenece a la misma generación que Martin Amis o Salman Rushdie, aunque su voz es bastante más contenida que la de sus contemporáneos: menos exhibicionista, más interesada en lo que queda cuando se retira el ruido.

Debutó en 1980 con Metrolandia, pero fue El loro de Flaubert la novela que lo reveló como escritor mayor. A partir de ahí, el Booker Prize se convirtió en una presencia recurrente en su trayectoria: finalista en tres ocasiones, lo ganó en 2011 con El sentido de un final, una novela breve y demoledora sobre la memoria y la forma en que nos contamos nuestra propia historia.

Esa obsesión por la memoria —por lo que recordamos, por lo que elegimos olvidar, por la distancia entre lo que vivimos y lo que creemos haber vivido— recorre toda su obra. También el amor, la muerte, la cultura francesa y el arte. Ha escrito novela, relato, ensayo y memorias con la misma exigencia. Nada que temer, Niveles de vida o El hombre de la bata roja —una biografía del médico y coleccionista Samuel Jean de Pozzi en el París de la Belle Époque— son libros que se resisten a caber en un solo género, como todo lo que escribe Barnes.

Su último libro, Despedidas, ha llegado este año con el peso de una despedida anunciada. Dice que será el cierre de su obra literaria. El jurado lo ha descrito como un escritor de «optimismo melancólico y pesimismo alegre», y es difícil encontrar una definición más ajustada. El premio llega en el momento exacto.

10/06/2026 0 comments
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LiteraturaPersonajes

Marjane Satrapi: la mujer que dibujó las grietas de Irán

by Beatriz Menéndez Alonso 08/06/2026
written by Beatriz Menéndez Alonso

La muerte de Marjane Satrapi deja una sensación extraña, como si una ventana se hubiera cerrado de repente sobre un paisaje que todavía necesitábamos contemplar. Durante más de dos décadas, la autora franco-iraní fue una de las voces más lúcidas para explicar a Occidente las contradicciones, los dolores y las esperanzas de Irán. Lo hizo sin discursos grandilocuentes, sin manifiestos interminables y sin el lenguaje distante de los especialistas.

Lo hizo dibujando.

A veces la historia de un país puede caber en una viñeta.

Murió a los cincuenta y seis años, poco más de un año después del fallecimiento de su esposo, Mattias Ripa. Sus allegados han señalado que nunca llegó a recuperarse de aquella pérdida. Resulta inevitable pensar en la ironía de que una mujer que dedicó buena parte de su obra a combatir el olvido terminara consumida por una ausencia.

Sin embargo, los artistas no desaparecen del todo. Permanecen en aquello que lograron nombrar.

Y ella nombró un mundo entero.

Cuando apareció Persépolis a comienzos de este siglo, muchos lectores occidentales descubrieron por primera vez un Irán distinto al que aparecía en los informativos. No era el Irán abstracto de los ayatolás, los misiles o las negociaciones diplomáticas. Era el de una niña que discutía con sus profesores, escuchaba música prohibida y observaba cómo las paredes de su mundo se estrechaban lentamente alrededor de las mujeres.

Eligió el blanco y negro porque algunas experiencias parecen resistirse al color. Bajo unas viñetas de apariencia sencilla latía la memoria de una generación marcada por la Revolución Islámica de 1979, la guerra entre Irán e Irak y la imposición de una moral convertida en sistema político.

En aquellas páginas, el velo no era solamente una prenda. Era una frontera. Una línea trazada sobre el cuerpo femenino para recordar quién tenía derecho a decidir.

Sin embargo, su legado excede ampliamente los límites de Persépolis.

Si aquella obra relató una infancia atravesada por la revolución y el exilio, Bordados exploró un territorio más íntimo. Alrededor de una mesa de té, varias mujeres compartían recuerdos, secretos y confidencias que rara vez encontraban espacio en los relatos oficiales. Con humor, ironía y una extraordinaria capacidad de observación, la autora reveló un universo femenino complejo y libre, donde la resistencia adoptaba formas discretas y cotidianas.

Más tarde llegaría Pollo con ciruelas, quizá la más melancólica de sus novelas gráficas. A través de la historia del músico Nasser Ali Khan, que decide dejarse morir tras perder su instrumento, construyó una delicada meditación sobre el amor, el arte y la nostalgia; sobre aquello que permanece cuando todo lo demás parece haberse perdido. Aquella obra confirmó que su talento iba mucho más allá de la crónica política. También sabía adentrarse en las tragedias íntimas, en los deseos incumplidos y en las heridas invisibles que acompañan toda existencia.

Nunca escribió desde el resentimiento. Sus libros están llenos de contradicciones, humor y ternura. Amaba profundamente la cultura persa mientras denunciaba a quienes pretendían apropiarse de ella. Criticó al régimen sin dejar de sentirse hija de la tierra que lo había producido. Vivió el exilio como una conquista de libertad, pero también como una forma de desarraigo.

Esa tensión atraviesa toda su obra.

Persépolis (2007), de Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud

PERSÉPOLIS

El título de su libro más célebre no fue una elección casual.

Persépolis fue una de las grandes capitales ceremoniales del Imperio aqueménida. Fundada por Darío I alrededor del año 518 antes de nuestra era, simbolizó durante siglos el esplendor de una de las civilizaciones más sofisticadas del mundo antiguo.

En el año 330 antes de Cristo, las tropas de Alejandro Magno incendiaron la ciudad.

Desde entonces, Persépolis quedó convertida en una ruina majestuosa.

Quizá por eso el título elegido posee una fuerza tan poderosa. No hablaba únicamente de una infancia. Hablaba de una nación cuya memoria había sido fragmentada por revoluciones, guerras y conflictos ideológicos. Hablaba de un país que conservaba bajo sus heridas contemporáneas el recuerdo de una de las culturas más antiguas y refinadas de la historia.

En cierto modo, toda su producción artística fue un diálogo entre las ruinas y el presente.

Nunca aceptó que Irán pudiera reducirse a un régimen político.

Frente al relato oficial aparecía otro país: el de los poetas y cineastas, el de las mujeres que desafiaban las imposiciones cotidianas, el de los jóvenes que escuchaban música prohibida y el de las familias que seguían imaginando un futuro distinto.

Ese Irán atraviesa todos sus libros. Está presente en Persépolis, en Bordados, en Pollo con ciruelas y también en obras menos conocidas, donde incluso la literatura infantil servía para explorar emociones universales.

La misma mirada llegó al cine con la adaptación animada de Persépolis, estrenada en 2007 y codirigida junto a Vincent Paronnaud. Conservando el blanco y negro de la novela gráfica, la película transformó la memoria en imágenes. Las figuras parecían moverse como sombras surgidas de un recuerdo, creando una experiencia visual tan sencilla como conmovedora.

El filme obtuvo el Premio del Jurado en el Festival de Cannes y fue nominado al Óscar a la mejor película de animación.

Pero su mayor logro fue otro: acercar la historia de las mujeres iraníes a millones de personas que jamás habrían abierto una novela gráfica.

Ese éxito tampoco estuvo exento de controversia. Algunos críticos le reprocharon ofrecer una visión demasiado accesible de una realidad extraordinariamente compleja, adaptada a las expectativas del público occidental. Otros, por el contrario, defendieron que precisamente en esa capacidad para convertir la experiencia iraní en un lenguaje universal residía una parte esencial de su talento. La discusión acompañó buena parte de su carrera y refleja hasta qué punto sus obras lograron intervenir en debates que iban mucho más allá de la literatura.

Aquella experiencia confirmó además que su mirada artística no estaba limitada a la página. El cine le permitió ampliar su exploración de la memoria, la identidad y el exilio. Más adelante dirigiría la adaptación de Pollo con ciruelas y proyectos tan distintos como The Voices o Radioactive, dedicada a Marie Curie, demostrando una curiosidad intelectual que desbordaba cualquier etiqueta.

Con el paso de los años, la dibujante que había contado su infancia terminó convirtiéndose en una de las intelectuales iraníes más influyentes del exilio. Defendió a artistas perseguidos por el régimen, denunció las violaciones de derechos humanos y participó activamente en campañas internacionales de solidaridad.

Su voz volvió a cobrar una especial relevancia durante las protestas desencadenadas por la muerte de Mahsa Amini en 2022.

Mientras miles de jóvenes se quitaban el velo en las calles y coreaban «Mujer, Vida, Libertad», muchos recordaron que llevaba décadas contando precisamente esa lucha.

Había sido una cronista temprana de una rebelión que todavía no tenía nombre.

Aquella implicación cristalizó en Mujer, Vida, Libertad, la obra colectiva que coordinó junto a numerosos artistas e intelectuales para documentar la revuelta iraní y preservar la memoria de quienes arriesgaban sus vidas enfrentándose a la represión. El libro puede leerse como la prolongación natural de toda una trayectoria dedicada a defender la libertad desde las historias concretas de las personas.

Por eso sorprendió poco que en enero de 2025 rechazara la Legión de Honor, la máxima condecoración francesa.

La decisión provocó un intenso debate.

Explicó entonces que no podía aceptar una distinción oficial mientras percibiera una actitud que consideraba incoherente respecto a la situación iraní. Criticó la falta de solidaridad efectiva con quienes seguían enfrentándose a la represión, especialmente mujeres y jóvenes.

Aquella negativa fue coherente con toda una vida.

No era un gesto contra Francia.

Era un gesto a favor de aquello en lo que había creído siempre.

La libertad.

La dignidad.

La responsabilidad moral de no separar las palabras de los actos.

Esa integridad explica por qué su figura trascendió los límites de la literatura, el cómic o el cine. Fue una intelectual capaz de intervenir en los grandes debates de su tiempo sin perder nunca la cercanía de quien habla desde la experiencia personal.

Ahora que ha muerto, resulta inevitable pensar en Persépolis.

No en el libro.

Ni siquiera en la película.

En la ciudad.

En aquellas columnas antiguas que han sobrevivido a imperios, invasiones, incendios y siglos de abandono.

Las ruinas de Persépolis siguen en pie porque la piedra conserva la memoria de quienes la levantaron.

Su obra posee esa misma resistencia.

Sus dibujos continuarán hablando cuando las polémicas políticas se hayan apagado. Seguirán recordando que detrás de cada revolución hay familias, detrás de cada ley hay cuerpos y detrás de cada conflicto internacional hay personas intentando vivir sus vidas.

Permanecerán las mujeres que conversan en Bordados, el músico que se deja morir en Pollo con ciruelas y las voces que recorren Mujer, Vida, Libertad. Personajes distintos, épocas distintas, heridas distintas. Todos pertenecen, sin embargo, al mismo territorio moral: el de quienes se resisten a que la historia les arrebate la memoria.

Pocas creadoras lograron explicar un país con semejante claridad sin renunciar a sus contradicciones. Su obra mostró un Irán atravesado por conflictos políticos y culturales, pero también por afectos, ironías y deseos que ningún régimen consiguió controlar por completo.

Tal vez esa sea la razón de su permanencia. No ofreció respuestas sencillas ni retrató héroes perfectos. Prefirió mostrar personas enfrentadas a circunstancias difíciles, obligadas a negociar constantemente entre la libertad y el miedo, entre la pertenencia y el exilio, entre la memoria y el olvido.

Marjane Satrapi ha muerto.

Pero los personajes que dibujó siguen habitando ese espacio incierto donde la experiencia individual se convierte en historia colectiva.

Y mientras sus páginas sigan encontrando lectores, su conversación con Irán —y con el resto del mundo— continuará abierta.

08/06/2026 0 comments
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LiteraturaPensamiento

Las cartas secretas de Beethoven, Kafka y Dickinson

by Emain Juliana 31/05/2026
written by Emain Juliana

Lo que sus autores no se atrevieron a poner en un sobre dice a menudo más que cualquier cosa que llegaran a publicar.

Hay una categoría extraña de la literatura que técnicamente, no existe. Son las cartas que se escriben con la intención de enviarlas, trabajadas a veces durante semanas, firmadas o dejadas a propósito sin firma, y al final, por miedo, por prudencia o por simple cobardía, guardadas en un recóndito cajón. Algunas aparecen mucho después, cuando la mano que las escribió ya no está entre los vivos. Y resulta que esos textos huérfanos suelen decir mucho más sobre sus autores que cualquier otra cosa que llegaran a publicar en vida.

La amada que quizá nunca leyó nada

Cuando Anton Schindler revisó el escritorio de Beethoven al poco de su muerte, en 1827, lo que buscaba eran valores bancarios. Lo que encontró fue una carta de diez páginas, escrita entre el 6 y el 7 de julio, dirigida a alguien a quien el compositor llamaba «mi ángel, mi todo, mi yo» y, más adelante, «mi amada inmortal». No estaba firmada, tampoco figuraba el año ni la ciudad, pero, sobre todo, no estaba en posesión de la destinataria. Estaba en el escritorio del propio Beethoven.

Los musicólogos han pasado dos siglos discutiendo quién era ella. Las candidatas más serias son Antonie Brentano y Josephine Brunsvik, pero la lista de posibles ha llegado a tener diez nombres. Lo curioso es que, a juzgar por el tono del texto, no se trataba de un amor platónico. Beethoven escribe con una intimidad que solo se tiene con quien ya te conoce el carácter. «Solo puedo vivir contigo por completo o no vivir en absoluto». Y, sin embargo, la carta se quedó en el cajón. Quizá fue una copia y la original llegó a su destino, como sostienen algunos. O quizá Beethoven, después de redactarla a lo largo de dos días, decidió que poner por correo aquello era una forma de cerrar una puerta que prefería dejar entornada el resto de su vida.

Carta de Beethoven

Las tres cartas al Maestro

Algo parecido ocurrió con Emily Dickinson, aunque en su caso ni siquiera sabemos si la persona destinataria existió realmente. Entre los papeles que dejó la poeta al morir, en 1886, aparecieron tres borradores de cartas dirigidas a un hombre al que ella llama únicamente «Maestro». Están fechadas más o menos entre 1858 y 1862, los años en los que Dickinson empezaba a tomarse en serio su escritura, y en ellas se dirige a este personaje con una mezcla de devoción religiosa y deseo apenas contenido que resulta, todavía hoy, desconcertante.

Las identidades posibles son varias: el reverendo Charles Wadsworth, el editor Samuel Bowles, el coronel Higginson, su cuñada Susan Gilbert disfrazada en masculino, e incluso —según una hipótesis más reciente— un personaje literario inventado por la propia Dickinson para ensayar un género epistolar. No hay constancia de que las cartas fueran enviadas. Lo que se conserva son borradores, con tachaduras, frases dadas la vuelta, palabras sustituidas. Pequeños laboratorios de intimidad que terminaron archivados con el resto de su obra, esa obra que tampoco publicó.

Emily Dikinson, 1846

Ciento tres páginas para un padre que no las leería

El caso de Franz Kafka es uno de los más conocidos y, leído con cierta perspectiva, también de los más cómicos en un sentido bastante amargo. En noviembre de 1919, con treinta y seis años recién cumplidos, Kafka se sentó a escribir una carta a su padre, Hermann, para echarle por fin en cara las décadas de autoritarismo emocional bajo las que había crecido. Tardó dos semanas en redactarla. Reescribió varias veces. Mandó pasarla a máquina. Sumó al final ciento tres páginas manuscritas.

Y entonces, en lugar de entregársela él mismo, se la dio a su madre para que ella se la pasara a Hermann. La madre, que conocía a los dos, leyó la carta, comprendió perfectamente lo que iba a provocar y decidió hacer lo que muchas madres habrían hecho en su lugar: devolvérsela a Franz, con buenas palabras, sin entregar nada. Kafka la guardó. Tampoco se la dio personalmente. Acabó dejándosela a una amiga «por si quería saber de su pasado». La carta se publicó en 1952, casi treinta años después de su muerte, y hoy se lee como una de las claves de toda su obra. Hermann murió en 1931 sin haberla leído nunca.

La carta más útil que jamás se mandó

Para terminar, vamos a hablar de un caso diferente, porque no es una carta de amor ni de ajuste de cuentas familiar, sino política. El 14 de julio de 1863, pocos días después de la batalla de Gettysburg, Abraham Lincoln se sentó a escribir al general George Meade. Lee acababa de escapársele a Meade a pesar de tenerlo prácticamente acorralado, y Lincoln estaba furioso. Le dijo en la carta que estaba «inmensurablemente afligido», que la fuga de Lee prolongaría la guerra de manera indefinida, y que difícilmente podría esperarse ya que Meade hiciera nada eficaz desde el sur del Potomac.

Después de escribirla, Lincoln hizo algo que a lo largo de su vida hizo muchas veces: la metió en un sobre, escribió encima «To Gen. Meade, never sent, never signed», y la guardó. Llamaba a este tipo de cartas «hot letters», cartas calientes, y las usaba como válvula de escape para no decir en frío lo que se le ocurría en caliente. La de Meade apareció entre sus papeles tras su asesinato. Si la hubiera enviado, lo más probable es que el general hubiera dimitido en el acto, y la guerra de Secesión habría tomado un curso bastante distinto. Lincoln, que era de los pocos que sabía contar hasta diez antes de hablar, prefirió guardarla en un cajón.

Abraham Lincoln por Alexander Gardner, 1863

Hay quien argumenta que estas cartas no enviadas son, en realidad, el género epistolar en estado puro. Una carta que se envía siempre tiene en cuenta al destinatario, lo que va a pensar, lo que conviene decir y lo que no. Una carta que se guarda, en cambio, se escribe con la libertad de quien sabe que nadie va a leerla. Lo paradójico es que muchas de ellas terminan, con el tiempo, siendo leídas por más gente que cualquier mensaje que sus autores enviaran de verdad. Como si las palabras, igual que cierto tipo de plantas, necesitaran un cajón cerrado para germinar tranquilas.

Bibliografía
  • Kafka, Franz. Carta al padre. Hay varias ediciones en español; clásica la de Nórdica con traducción de Joan Parra Contreras.
  • Solomon, Maynard. Beethoven. Schirmer Books, 1998 (capítulo dedicado a la Amada Inmortal).
  • Dickinson, Emily. The Master Letters of Emily Dickinson. Edición de R. W. Franklin. Amherst College Press, 1986.
  • Dickinson, Emily. Cartas. Selección y traducción de Nicole d’Amonville Alegría. Lumen, 2022.
  • Goodwin, Doris Kearns. Team of Rivals: The Political Genius of Abraham Lincoln. Simon & Schuster, 2005.
  • Konnikova, Maria. «The Lost Art of the Unsent Angry Letter». «The New York Times», 22 de marzo de 2014.
31/05/2026 0 comments
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AgendaEventosLiteratura

Arranca la 85.ª Feria del Libro de Madrid

by Valeria Cruz 28/05/2026
written by Valeria Cruz

El Retiro vuelve a convertirse este viernes 29 de mayo en el corazón literario de la capital con la inauguración oficial de la 85.ª Feria del Libro de Madrid, una de las citas culturales más esperadas del calendario. Su Majestad la Reina presidirá el acto inaugural a las 11:00 horas, dando el pistoletazo de salida a unas jornadas en las que las casetas, los autores y los lectores volverán a tomar los paseos del parque madrileño.

Una jornada inaugural con sello propio

La apertura no será solo protocolaria. La Feria ha reservado para su primer día algunos de los momentos que marcarán el tono de esta edición, empezando por la entrega del Premio Lealtad 2026, concedido este año al artista y diseñador Pep Carrió. El galardón reconoce su estrecha y prolongada vinculación con la propia Feria y con la Asociación de Librerías de Madrid, así como su aportación decisiva a la identidad visual de la gran cita literaria de la capital. Es, en el fondo, un homenaje a una relación profesional y afectiva sostenida en el tiempo.

El humor como hilo conductor

Dos de las charlas inaugurales comparten un punto de partida poco habitual en este tipo de encuentros: la risa.

En el Pabellón CaixaBank, Nuestra risa de infancia reúne a tres autores de ámbitos muy distintos —Maitena, Rodrigo Cortés y Edu Galán, con Mercedes Cebrián como moderadora— para hablar de sus referentes, de sus primeros recuerdos ligados al humor y de cómo la ironía y la sátira forman parte de su manera de mirar y contar el mundo. La actividad, organizada por la FLMadrid, podrá seguirse también en streaming.

En paralelo, el Pabellón Iberoamericano acoge La vida, ese material sospechoso, con Paulina Flores, Álvaro Carmona y Virginia Higa, bajo la moderación de Antonio Martínez Asensio. Tres voces de distintas generaciones y procedencias conversarán sobre las obsesiones que recorren sus obras —la identidad, la infancia, el pasado, el lenguaje, la migración— y sobre cómo el humor y el juego permiten mirar la realidad desde ángulos inesperados. Una charla sobre las ideas que persisten, las preguntas que no se cierran y la curiosidad entendida como forma de escritura. El encuentro cuenta con la colaboración de la Fundación Chile-España, CAF y la Embajada Argentina en España.

Memoria y homenaje

La jornada también mira hacia atrás para reivindicar una figura. Pedro Sorela: reivindicación de un europeo universal rinde tributo al escritor y periodista, autor de una obra atravesada por la reflexión, el viaje y la convivencia. En la mesa, Alfonso Armada, Álex Grijelmo y Montse Morata pondrán en valor tanto su legado literario como su papel de maestro de periodistas y referente ético para varias generaciones de profesionales. La actividad está organizada por la Embajada de Uruguay en España.

Firmas: el primer encuentro con los autores

Como cada año, el verdadero motor de la Feria son las firmas, ese momento en que el lector se acerca a la caseta y se lleva a casa un libro dedicado. La nómina del primer día es contundente y muy variada, con nombres como Ian Gibson, Siri Hustvedt, Julia Navarro, Andrés Trapiello, Elvira Navarro, Lucía Etxebarria, Elia Barceló, Marcos Giralt Torrente, Laura Ferrero, David Uclés, Sara Barquinero, Luis Zueco, Marcos Chicot o Alejandro Palomas, entre muchos otros. La ilustración también tiene su espacio con Fernando Vicente, Paco Sordo o Santiago García-Clairac, y la literatura infantil y juvenil suma a Javier Ruescas, Chiki Fabregat o Anna Morató. A ellos se añaden voces del periodismo y el ensayo como Mavi Doñate, Sergio C. Fanjul, Fernando Mairata o Juan Bellido.

28/05/2026 0 comments
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AgendaLiteratura

Feria del Libro de Madrid 2026: el humor toma El Retiro

by Uve Magazine 20/05/2026
written by Uve Magazine

Madrid se prepara para una de sus grandes citas culturales del año. La 85.ª Feria del Libro de Madrid (FLMadrid26) se celebrará del 29 de mayo al 14 de junio en el Paseo de Coches del Parque de El Retiro, y este año llega con un eje temático muy claro: el humor, la sátira y la ironía como formas de lectura crítica del presente. Bajo los hashtags #LeernosDeRisa y #Jajaja, la organización ha apostado por reunir a escritores, humoristas, ilustradores y pensadores que hacen del chiste, el absurdo o la carcajada una forma seria de ver el mundo.

“Este año en el que el humor —buena falta nos hace— ilumina la Feria, hemos invitado a gentes que son del libro porque todos y todas han publicado”, explicó Eva Orúe, directora de la FLMadrid, durante la presentación celebrada en el Ayuntamiento de Madrid. Y añadió, citando a Wenceslao Fernández Flórez, que “el humor es, sencillamente, una posición ante la vida”.

Grandes nombres a un lado y otro del Atlántico

El cartel de autores invitados es ambicioso. Desde el Reino Unido llegará Jonathan Coe, uno de los principales representantes de la sátira británica contemporánea, que conversará el 7 de junio con Carlo Padial. Desde Alemania, David Safier, autor de algunas de las novelas humorísticas más leídas de las últimas décadas. Y desde Argentina, Maitena, referente internacional del humor gráfico, que además recibirá un homenaje el 30 de mayo en el Pabellón Iberoamericano.

A ellos se suman nombres como Liniers, Kevin Johansen y Alberto Montt, que se reunirán por primera vez juntos en España para hablar de amistad, música e ilustración. También participarán Marta Sanz, Ignatius Farray, Camila Sosa Villada, Ariana Harwicz, Rodrigo Cortés, Eva Hache, Pantomima Full, Joaquín Reyes, Bob Pop, Leila Guerriero, Rodrigo Fresán, Nina Lykke, Beatriz Serrano, Edu Galán, Julián Génisson o Álvaro Carmona, entre muchos otros.

Charlas, homenajes y pódcast en directo

La programación cultural se desplegará en más de una decena de escenarios. El Pabellón CaixaBank acogerá los grandes encuentros, como “¿De qué nos reímos?”, con Eva Hache, Bernat Castany y Julián Génisson; “Instrucciones para contar un chiste”, con Iggy Rubín y Elena Beltrán; o “El humor en la herida”, diálogo entre Camila Sosa Villada y Giuseppe Caputo.

La Feria rendirá homenaje a figuras imprescindibles del humor literario y escénico: Les Luthiers, Kurt Vonnegut, Jorge Ibargüengoitia, Nicanor Parra y Rafael Azcona, así como a La conjura de los necios de John Kennedy Toole, ya un clásico contemporáneo de la sátira.

Otra novedad destacada es el peso de los pódcast en directo. Programas como Ni tan bien (con Carolina Iglesias), Pena y Pánico, ¿Te quedas a leer?, Las Fabuladoras o La trastienda de Pérgamo se grabarán ante el público, ampliando los formatos tradicionales de la conversación literaria.

Premio Lealtad para Pep Carrió

La FLMadrid26 reconocerá este año con el Premio Lealtad al diseñador, ilustrador y artista visual Pep Carrió (Palma de Mallorca, 1963), responsable de buena parte de la identidad gráfica contemporánea de la Feria desde que firmara el cartel de la edición de 2007. La ceremonia tendrá lugar el 29 de mayo en el Pabellón CaixaBank. El cartel de este año, en cambio, lleva la firma del ilustrador barcelonés Miguel Pang, que propone una escena coral marcada por el color y los códigos del slapstick.

Una feria con vocación iberoamericana

La dimensión latinoamericana vuelve a ser uno de los pilares de la programación, con el Pabellón Iberoamericano como epicentro y colaboraciones con festivales como Centroamérica Cuenta, Festival JA!, KM América, Suigeneris o el Festival de Málaga. “Hablamos el mismo idioma, pero ¿nos reímos igual?”, se pregunta Orúe.

Cifras de una gran cita

La Feria reunirá 366 casetas distribuidas a lo largo del Paseo de Coches: 118 de librerías, 220 de editoriales, 12 de distribuidoras y 16 de organismos oficiales. Habrá además espacios específicos como Indómitas, Editoriales Singulares, Archipiélago o la Plaza de la Ciencia y las Universidades.

El horario será de 10:30 a 14:00 y de 17:00 a 21:00 de lunes a viernes, y de 10:30 a 15:00 y de 17:00 a 21:00 los fines de semana. La organización recuerda que el 7 de junio, con motivo de la visita del papa León XIV a Madrid, algunos accesos podrían verse modificados.

Apoyo institucional y sostenibilidad

CaixaBank, Iberia, VIPS y Repsol repiten como patrocinadores oficiales. Esta última instalará más de 200 placas solares en casetas y pabellones, y suministrará combustibles renovables que permitirán reducir más de 11 toneladas de CO₂. Una manera, también, de que la risa no deje huella —al menos no de carbono— en El Retiro.

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Literatura

La memoria viva de Cristina Rota

by Uve Magazine 18/05/2026
written by Uve Magazine

Una historia de teatro y resistencia, la autobiografía de Cristina Rota que Grijalbo publica el 7 de mayo de 2026, no sigue las convenciones del género. Sus 304 páginas, prologadas por sus hijos Nur Levi, María Botto y Juan Diego Botto, no recorren su carrera de principio a fin ni encadenan anécdotas teatrales. Es el relato de una mujer que cuenta lo que ha vivido sin adornos.

Nació en La Plata. Su padre, huérfano a los catorce años, amante del violín y de la pintura italiana, fue inducido al juego por un tío y acabó perdiendo la casa familiar dos veces. Cristina, todavía niña, vio a los representantes del banco entrar en el jardín con un atril y un martillo para subastar su casa delante de la gente. “No recuerdo haber sentido nunca simpatía por la gente optimista”, escribe. Su pesimismo, dice, nació en parte de la curiosidad y en parte de no tener motivos para ver la vida color de rosa.
El teatro llegó pronto. A los catorce años se presentó a una prueba universitaria con un monólogo de la Electra de Sófocles, subida a un cubo, pidiendo a gritos que Orestes la defendiera. Allí encontró, dice, la razón de su vida. Una gira por la Patagonia, que empezó como una salida breve y se alargó meses por una huelga, la llevó a actuar en pueblos donde nadie había visto nunca teatro. De aquel viaje volvió convencida de que el arte no podía vivir al margen de la injusticia.
En Buenos Aires, en las clases de Carlos Gandolfo Alezzo, conoció a Diego Fernando Botto. Lo describe así: “Demasiado guapo, demasiado refinado”. Compartieron escenario, militancia, casa e hijos: María primero, Juan Diego en 1975. La maternidad no frenó el compromiso, lo hizo más concreto. Pero Argentina se rompía. Diego dejó la actuación para entregarse a la política; Cristina, intuyendo lo que venía, pedía replegarse. “Acordate siempre, Rota”, le dijo él en algún momento, “lo más revolucionario es vivir y que no nos saquen la sonrisa”.
Después vino la desaparición. Y con ella lo que Rota describe como lo más terrible de esa figura: que delega en los familiares la tarea de aceptar la muerte. Una tiene que pedirle a la esperanza, escribe, que baje los brazos. Recuerda el día en que abrió los armarios para preparar la huida y tocar la ropa de Diego fue como caer al vacío. Olerla, dice, era seguir esperando a alguien que aún podía volver. Salió del país embarazada de siete meses, con un vestido cosido por su madre para que nadie lo notara. Aterrizó en Madrid y lo primero que escuchó, en el coche desde el aeropuerto, fue que allí no había trabajo “ni para los de aquí”.
Y, sin embargo, desde esa precariedad empezó todo lo demás. En 1979 abrió una escuela de teatro con clases improvisadas. Años después, invirtiendo todos sus ahorros, levantó la Sala Mirador en Lavapiés. Por sus aulas pasaron Penélope Cruz, Ernesto Alterio, Antonio de la Torre, Marta Etura, Fernando Tejero y sus propios hijos, entre muchos otros. No quería solo formar actores; quería formar personas capaces de pensar, de gestionar sus propios proyectos y de crear comunidad.
En 2010 recibió la Medalla de Oro de las Bellas Artes, pero el libro no se cierra con premios. Se cierra recordando que esta historia la han vivido un millón de mujeres antes y la siguen viviendo ahora. La palabra, dice, es la herramienta de quienes no están dispuestos a sellar sus labios ante la verdad o el olvido.

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LiteraturaPensamiento

Salonnières: la Ilustración tenía nombre de mujer

by Emain Juliana 17/05/2026
written by Emain Juliana

Cómo unas señoras del siglo XVIII, entre tazas de chocolate y rivalidades feroces, levantaron sin proponérselo el wifi intelectual de la Ilustración.

Madame Geoffrin Jean-Marc Nattier

En el París de mediados del XVIII, mientras Voltaire vivía en el exilio y Diderot se las arreglaba para esquivar a la censura, media Europa intelectual habría dado lo que fuera por conseguir una invitación. Pero no a Versalles, que para entonces era ya más una obligación protocolaria que un lugar donde pasaran cosas interesantes. La cita que de verdad importaba estaba en un primer piso de la rue Saint-Honoré, donde los lunes se hablaba de arte, los miércoles de filosofía, y todos los días, en voz baja, de quién no había sido invitado esa semana y por qué.

La anfitriona, Marie-Thérèse Geoffrin, era burguesa, viuda y bastante rica gracias a la manufactura de espejos de Saint-Gobain. Tenía además una habilidad para la que el siglo todavía no tenía nombre, aunque ella la practicaba como pocas: sabía orquestar una buena reunión cultural. Elegía a sus invitados con un cuidado casi de sumiller, decidiendo qué filósofo no podía sentarse al lado de qué duque, qué pintor convenía acercar a qué mecenas. Controlaba los tiempos de exposición, reconducía los debates cuando los intervinientes se acaloraban demasiado y, sobre todo, decidía quién estaba dentro y quién no. Su salón financió parte de la «Encyclopédie» y le pasaba además una pensión secreta a d’Alembert, que casualmente era hijo natural de Mme de Tencin, otra «salonnière» con la que la propia Geoffrin se había formado años atrás. Todo quedaba en familia, aunque ninguna de ellas lo fuera oficialmente.

Mademoiselle de Lespinasse. Carmontelle

La regla del juego

Lo que se hacía en aquellos salones no era exactamente lo que hoy entenderíamos por una fiesta. Era algo bastante más singular, con sus reglas implícitas, su día fijo de la semana, su lista cerrada de habituales y la obligación, para cualquier recién llegado, de presentarse con una carta de alguien que ya conociera a la anfitriona. No se permitían discursos ni monólogos: la conversación debía fluir entre los invitados. Si alguien se ponía pesado con un asunto demasiado técnico, la anfitriona intervenía con cualquier excusa para cambiar de tema. Si dos invitados parecían a punto de batirse en duelo metafórico, los separaba lanzando una pregunta a un tercero. Estaban moderando debates varios siglos antes de que existiera esa palabra.

Y todo esto sin firmar nada. Ahí está el truco, y también la trampa. No publicaban con su nombre de mujer como Mme de Lambert, que publicó sus libros prácticamente sin firmarlos. Ella decía que «para escribir bien, primero hay que pensar bien», y pensar públicamente siendo mujer seguía siendo, en el siglo de las Luces, una actividad peligrosa. No firmaban manifiestos y tampoco ocupaban sillones en la Academia. Aun así, la propia Mme de Lambert llegó a elegir desde su antesala a la mitad de los académicos franceses de su época, una antesala que la gente del momento llamaba sin ironía «l’antichambre de l’Académie».

Geoffrin, Deffand, Lespinasse: triángulo de las Bermudas ilustrado

Si Geoffrin era la institución, la marquesa Du Deffand era la rival temible. Recibía después de las seis en un piso pegado al convento de Saint-Joseph, y mezclaba aristócratas ingleses con enciclopedistas franceses con una soltura que daba envidia. Pero a los cincuenta y pico empezó a quedarse ciega y a causa de su mala salud temió que su salón perdiese interés, hasta que en un viaje a su pueblo natal se encontró con una sobrina ilegítima de la familia, Julie de Lespinasse, joven, brillantísima, sin dinero y sin demasiado futuro por delante.

Lo que vino después es de culebrón. Du Deffand se llevó a Julie a París como dama de compañía, sin contar con que la chica poseía un gran encanto y al poco tiempo había empezado a recibir a los invitados antes de la hora oficial del salón, en su propio cuarto, para charlar con ellos en privado. Cuando Du Deffand se enteró —porque alguien se fue de la lengua, como suele pasar— la furia fue épica y la expulsó de la casa. Lo que la marquesa no esperaba era que casi todos los habituales se pasaran al bando de Julie. D’Alembert, que la adoraba, fue de los primeros. Y Geoffrin, en lugar de cerrar filas con su vieja amiga Du Deffand, vendió tres cuadros de Van Loo de su colección y le regaló el dinero a Julie para que abriera su propio salón.

Lespinasse se instaló en el número 6 de la rue Saint-Dominique y empezó a recibir todos los días, de cinco a nueve, sin cena porque no le daba el bolsillo, solo refrigerios. Y allí, sin un céntimo y sin título nobiliario, levantó uno de los salones más influyentes del siglo. Marmontel la describiría como la mente más viva, el alma más ardiente y la imaginación más inflamable que había existido «desde Safo». El marqués de Ségur lo resumió todavía mejor en una frase que ha sobrevivido a los tres salones: «A Madame Geoffrin se la temía, a Madame du Deffand se la admiraba, a Julie de Lespinasse se la amaba».

Lo que inventaron sin proponérselo

Hay algo que los manuales de filosofía no suelen contar, y es que sin estas mujeres la Ilustración tal y como la conocemos sencillamente no existiría. Ellas crearon un espacio en el que podían encontrarse las ideas de las mujeres y los hombres más representativos de la cultura del momento, chocar entre ellas, refinarse y propagarse. Inventaron, sin saberlo y desde luego sin patentarlo, algo que hoy llamaríamos red social: un sistema de conexiones selectivas con reglas implícitas, jerarquías informales y un capital reputacional que funcionaba como moneda.

Inventaron también un modelo de mecenazgo cultural que no dependía de la corte. Geoffrin mantenía a pintores, también financiaba enciclopedias y hasta pagaba pensiones. Du Deffand mantuvo durante años con Horace Walpole una correspondencia de la que se conservan más de mil cartas, una de las cumbres del género epistolar europeo. Lespinasse murió a los cuarenta y cuatro años, agotada, dejando unas cartas de amor desgarradoras que se publicaron póstumamente y que algunos consideran el germen de la novela romántica.

Y a pesar de todo eso, cuando uno abre cualquier manual al uso sobre el Siglo de las Luces las encuentra, si es que las encuentra, en una nota al pie, reducidas a la categoría de «anfitrionas», como si abrir la puerta de casa fuera lo único que hicieran. Como si producir esos encuentros, publicar proyectos editoriales que cambiaron Europa y educar a varias generaciones de pensadores fuera, en fin, cosa menor.

La próxima vez que alguien hable del nacimiento de la «esfera pública moderna», ese concepto de Habermas que tanto se cita, quizá convenga acordarse de que esa esfera olía a perfume, se tomaba el té a las seis y la gobernaba, con guante de seda y mano de hierro, una señora a la que probablemente nunca dejaron firmar nada con su nombre.

Bibliografía

  • Craveri, Benedetta. La cultura de la conversación. Siruela, 2007.
  • Goodman, Dena. The Republic of Letters: A Cultural History of the French Enlightenment. Cornell University Press, 1994.
  • Lilti, Antoine. Le monde des salons. Sociabilité et mondanité à Paris au XVIIIe siècle. Fayard, 2005.
  • Fumaroli, Marc. Quand l’Europe parlait français. Éditions de Fallois, 2001.
  • Huertas Abril, Cristina Aránzazu. «Madame du Deffand, “salonnière” e impulsora de la sociedad intelectual y mundana del siglo XVIII».
  • Lespinasse, Julie de. Cartas (edición póstuma, varias ediciones disponibles).
  • Du Deffand, Marie. Correspondance complète avec Horace Walpole
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AgendaEventosLiteratura

La Feria del Libro de León vuelve al centro de la ciudad

by Uve Magazine 14/05/2026
written by Uve Magazine

La Feria del Libro de León celebra su 48.ª edición bajo el lema «HuEllas», del 14 al 24 de mayo, entre la plaza de San Marcelo y la calle Legio VII. Serán 40 casetas con horario de 12:00 a 14:00 y de 18:00 a 21:00, organizadas por la Asociación de Libreros de León y patrocinadas por el Ayuntamiento. Las actividades se reparten entre la carpa del recinto, el Salón de los Reyes y el Salón de Actos de Alfonso V.

El lema, que entiende la lectura como el rastro que deja en el lector, rinde homenaje este año a las mujeres en la literatura. La edición estrena dirección compartida —Magalí Labarta y Eva Campesino, primera vez con dos directoras al frente— y un cartel de la ilustradora leonesa Laura G. Bécares, protagonizado por una niña que sigue un sendero de huellas en un bosque de siluetas de escritoras, guiada por el «Hada del tejuelo».

El acto inaugural será el 14 de mayo a las 19:00, con pregón a cargo de la escritora y periodista Noemí Sabugal y la filóloga Janick Le Men en el Salón de Plenos del Ayuntamiento. Entre los autores anunciados para firmas y presentaciones figuran Pablo Rivero, Susana Martín Gijón, Ana Iris Simón, Bob Pop y Marta J. Serrano, junto a nombres leoneses como Tomás Sánchez Santiago, Julio Llamazares, Toño Benavides, Vicente Muñoz o Antonio Manilla. El público juvenil tendrá su tarde con Iria y Selene, Alina Not y Jara Santamaría, y los más pequeños una agenda específica coordinada por Bibliotecas Municipales. 

Once días para acercarse a las novedades y conversar con quienes hacen posible que un libro llegue a manos de un lector. Entre las editoriales presentes estará también Uve Books —pasaos a saludar—, junto a librerías, sellos independientes y proyectos culturales que durante estos días convierten San Marcelo en una excusa para detenerse, hojear y salir con un título que no estaba previsto.

14/05/2026 0 comments
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Literatura

5 libros para leer en primavera

by Uve Magazine 06/05/2026
written by Uve Magazine

La primavera modifica el ritmo de los días. La luz se alarga, los espacios se abren y la naturaleza vuelve a ocupar un lugar visible en la vida cotidiana. En literatura, no tiene por qué aparecer solo como estación explícita. A veces está en un jardín que revive, en una casa que se habita después de años de silencio, en un personaje que sale por fin de una vida demasiado estrecha o en una forma nueva de observar el mundo. Esta cinco propuestas funcionan muy bien en esa clave porque todos tienen algo de despertar: unos lo hacen desde la naturaleza, otros desde el viaje, la imaginación, la infancia o el deseo de vivir de otra manera.

Es probablemente uno de los libros más primaverales que se pueden leer, porque toda la historia se construye alrededor de una transformación que empieza en la tierra. Mary Lennox llega a una mansión inglesa después de una infancia solitaria, marcada por el abandono emocional y por una educación sin afecto real. Al principio es una niña arisca, caprichosa y desconfiada, pero la casa a la que llega guarda un misterio: un jardín cerrado desde hace años, casi olvidado, que parece haber quedado suspendido en el tiempo.

El argumento avanza cuando Mary descubre ese jardín y empieza a cuidarlo en secreto. Lo importante no es solo que las plantas vuelvan a crecer, sino que ella, al trabajar la tierra, al observar los brotes y al compartir ese espacio con otros niños, empieza también a salir de su propio encierro. La primavera aquí es el motor narrativo: cada flor que aparece, cada rama que despierta, acompaña un cambio interior. Es un libro sobre el cuidado, la curiosidad, la salud emocional y la capacidad de un lugar para devolverle a alguien las ganas de volver a mostrarse al mundo.

Este libro muestra una primavera más adulta, más irónica y más íntima. Elizabeth vive en una finca alemana y encuentra en el jardín una forma de libertad que contrasta con las obligaciones sociales, familiares y matrimoniales que la rodean. No es una novela de grandes giros argumentales, sino un libro construido a partir de observaciones, escenas domésticas, pensamientos y pequeños conflictos que revelan mucho sobre la vida de una mujer que necesita un espacio propio para respirar.

Su encanto está en que el jardín es una forma de territorio de independencia. Elizabeth lo cuida, lo organiza, lo recorre y lo convierte en una extensión de su carácter. Mientras la sociedad espera de ella una obediencia amable, ella encuentra entre plantas, estaciones y paseos una manera de reflexionar desde la distancia sobre lo que se supone que debe aceptar. Es un libro perfecto para quien quiera una lectura primaveral con humor, inteligencia.

Aquí la primavera entra desde la primera escena, cuando Topo abandona la limpieza de su casa porque el exterior lo llama con demasiada fuerza. Ese arranque ya contiene todo el espíritu del libro: salir, descubrir, dejarse llevar por el río, conocer a otros personajes y aceptar que la vida puede ser más amplia que una madriguera ordenada. La historia sigue a Topo, Rata, Tejón y Sapo en una serie de aventuras donde el campo, el agua, los caminos y los hogares tienen una presencia muy viva.

Aunque suele leerse como literatura infantil, tiene una hondura que funciona muy bien para adultos. Habla de amistad, de pertenencia, de impulsos desmedidos —sobre todo en el caso de Sapo— y de esa tensión entre el deseo de aventura y la necesidad de volver a casa. Es primaveral porque transmite movimiento, aire libre y comienzo, pero también porque entiende la naturaleza como un lugar que educa: el río enseña, el bosque intimida, los caminos tientan, las casas protegen. Es una lectura luminosa sin ser simple.

En este caso la primavera está más asociada al despertar sentimental e intelectual que a la naturaleza en sentido estricto. Lucy Honeychurch viaja a Florencia con su prima Charlotte, y ese viaje la enfrenta a una forma de vida más libre, más directa y menos reprimida que la que conoce en Inglaterra. Allí aparece George Emerson, un joven que no encaja del todo en las normas sociales que organizan el mundo de Lucy, y esa relación empieza a desmontar las expectativas que otros han puesto sobre ella.

El argumento gira en torno a una elección: vivir según lo que resulta correcto ante los demás o aceptar una verdad íntima que no siempre coincide con lo conveniente. Forster trabaja muy bien esa incomodidad de quien empieza a comprender que la educación recibida ha sido también una jaula. Por eso es un libro primaveral de otra manera: porque trata el paso de una vida obediente a una vida más consciente. Hay viaje, paisaje italiano, deseo, ironía social y una protagonista que necesita aprender por sí misma, no a través de las convenciones de su entorno.

La llegada de Anne Shirley a Green Gables tiene algo de estación nueva. Marilla y Matthew Cuthbert esperaban adoptar a un niño que les ayudara en la granja, pero por error llega Anne, una niña imaginativa, habladora y necesitada de afecto. A partir de ahí, el argumento se sostiene en la convivencia, en la adaptación de Anne a un hogar que no estaba preparado para ella y en la manera en que su presencia altera, poco a poco, la vida de quienes la rodean.

Anne mira el mundo con una intensidad que convierte cualquier rincón en algo memorable. Un camino, un árbol, una habitación o un vestido pueden adquirir para ella una importancia enorme, no porque el libro sea ingenuo, sino porque muestra muy bien lo que significa haber carecido de belleza y de cariño, y encontrarlos de pronto en lo cotidiano. Es una novela muy adecuada para primavera porque habla de crecimiento, de imaginación, de pertenencia y de segundas oportunidades. Anne no solo encuentra una casa: obliga a esa casa a volverse más viva.

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AgendaEventosLiteratura

Dr. Jekyll y Mr. Hyde, el monstruo que sigue suelto

by Emain Juliana 04/05/2026
written by Emain Juliana

El doctor Jekyll y Mr. Hyde nacieron en una novela breve publicada en 1886 por Robert Louis Stevenson, pero con el tiempo dejaron de ser únicamente dos figuras del gótico victoriano para convertirse en metáfora universal de la contradicción humana y de lo que se oculta tras una apariencia respetable.

La historia es conocida incluso por quienes no han leído la obra. Un respetadísimo doctor londinense, Henry Jekyll, obsesionado con separar lo noble y lo monstruoso del ser humano, crea una sustancia capaz de transformar su cuerpo y liberar una segunda identidad: Edward Hyde, una figura inquietante, violenta y moralmente desinhibida. Lo que al principio parece un experimento científico acaba convirtiéndose en una condena, porque Hyde, lejos de ser manejable, empieza a tomar posesión de la vida de Jekyll. La novela funciona así como relato de misterio y como narración de terror, pero también como advertencia sobre el peligro de creer que uno puede aislar el mal sin pagar un precio por ello.

Stevenson escribió Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde en plena época victoriana, un momento en el que la sociedad, al menos en su imagen pública, concedía enorme importancia a la respetabilidad, al control de los impulsos y a la separación entre la apariencia y la intimidad. Ese contexto ayuda a entender por qué la obra impactó tanto. Jekyll no es un monstruo exterior, el típico exponente del cuento gótico que llega desde un castillo remoto, ni una criatura formada con restos humanos, como ocurría con el mito moderno de Frankenstein. Es un hombre integrado en la sociedad, con prestigio, amigos, casa respetable y una reputación que proteger. La amenaza está en su interior, dentro de un hombre que lleva una vida tranquila, educado, correcto y aparentemente dominado por la razón. La British Library ha señalado precisamente esa diferencia al interpretar a Hyde como una criatura que surge del lado oscuro de la personalidad, más que como un ser fabricado desde fuera.

El lector avanza a través de documentos, testimonios, sospechas, silencios y cartas, como si estuviera reconstruyendo un caso. Durante buena parte del relato, el centro se desplaza hacia los personajes secundarios, que tratan de comprender la extraña relación que Jekyll mantiene con Hyde. Esa estructura, cercana al relato detectivesco, evita el sobresalto y va acumulando pequeños datos y hechos que mantienen al lector en vilo.

El efecto cultural de la obra fue inmediato. En pocos años, Jekyll y Hyde pasaron de la literatura al teatro, al cine y a las series, hasta el punto de que sus nombres se siguen usando para hablar de comportamientos contradictorios entre la imagen pública y la conducta privada.

Esa permanencia explica que la historia vuelva una y otra vez a los escenarios, donde la transformación adquiere una fuerza particular. Podemos ver El Dr. Jekyll y Mr. Hyde en el Teatro Farándula de Madrid, situado en la calle de Galileo, 98. La propuesta se presenta como una adaptación teatral que conserva la tensión de la obra de Stevenson y traslada al espectador a un Londres victoriano construido desde la intriga, el silencio y la lucha interior del personaje.

El Dr. Jekyll y Mr. Hyde en Teatro Farándula

Hay algo muy actual en esta obra, aunque su origen pertenezca al siglo XIX. Vivimos rodeados de identidades cuidadosamente administradas: la imagen profesional, la pública, la afectiva, la que se proyecta en redes, la que se conserva en… Jekyll nos inquieta precisamente porque su tragedia parte de una tentación comprensible: separar lo que avergüenza, esconderlo en otra figura y seguir viviendo como si nada hubiera sucedido. El horror empieza cuando esa separación fracasa y el personaje descubre que lo reprimido no desaparece: solo aprende a caminar por su cuenta.

04/05/2026 0 comments
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