Antoni Gaudí, cien años después

by Uve Magazine

El 10 de junio de 1926, un hombre de aspecto descuidado fue atropellado por un tranvía en la Gran Vía de les Corts Catalanes de Barcelona. Nadie lo reconoció en un primer momento. Cuando lo hicieron, ya era demasiado tarde: Antoni Gaudí murió tres días después en el Hospital de la Santa Creu, a los 73 años, sin haber podido ver terminada ninguna de sus grandes obras. El 10 de junio de 2026, exactamente cien años más tarde, el Papa León XIV presidió en la Sagrada Familia la bendición e inauguración de la Torre de Jesucristo, el punto más alto y simbólico del templo que Gaudí concibió como el trabajo de su vida. Los Reyes de España, el presidente del Gobierno y miles de asistentes llenaron el interior de la basílica. Al terminar el acto, cientos de drones dibujaron el rostro del arquitecto en el cielo de Barcelona. El contraste entre las dos escenas dice más sobre Gaudí que cualquier monografía.

La Torre de Jesucristo mide 172,5 metros y es, desde su inauguración, el punto más elevado de cualquier iglesia del mundo. Su construcción comenzó en 2018 y la gran cruz que la corona se instaló en febrero de 2026. Es la decimoctava torre del programa vertical que Gaudí diseñó para la Sagrada Familia: doce para los apóstoles, cuatro para los evangelistas, una para la Virgen y la central, la de Cristo, por encima de todas. De las dieciocho, Gaudí solo llegó a ver terminada una en vida: la de San Bernabé, en 1925. El hecho de que la torre más importante se complete exactamente en el centenario de su muerte tiene algo de poético y algo de calculado, y en cualquier caso resulta difícil de ignorar. La Sagrada Familia no está terminada: los trabajos interiores se prolongarán hasta 2028, y la fachada de la Gloria queda pendiente. Pero lo que se inauguró el 10 de junio es el corazón estructural del edificio, el elemento que Gaudí situó en el centro geométrico y espiritual de todo el conjunto.

El centenario ha convertido 2026 en un año extraordinario para Barcelona, que además ostenta este año el título de Capital Mundial de la Arquitectura, concedido por la UNESCO y la Unión Internacional de Arquitectos. El Consell Gaudí, creado específicamente para coordinar la efeméride, presentó en 2025 un programa amplio de actividades artísticas, académicas y divulgativas que se extienden a lo largo de todo el año. El Gobierno de España lo declaró Acontecimiento de Excepcional Interés Público y la Generalitat lo incorporó a sus conmemoraciones oficiales. El resultado es un calendario que va bastante más allá de las visitas guiadas habituales.

Para quien todavía no haya aprovechado el año, queda programa relevante. El Gaudí International Congress 2026 se celebrará en La Pedrera los días 22, 23 y 24 de octubre, con ponencias de investigadores nacionales e internacionales que abordan la obra del arquitecto desde enfoques científicos y académicos, alejándose de las lecturas más tópicas. El Museu Nacional d’Art de Catalunya tiene abierta una exposición dedicada a Gaudí y sus contemporáneos que amplía su colección permanente con obras relacionadas con el modernismo catalán. Edificios que habitualmente permanecen cerrados al público, como la Torre Bellesguard, han abierto sus puertas en el marco del programa conmemorativo. Y en La Pedrera, a partir de octubre, una gran exposición monográfica de Anselm Kiefer ocupará el piso principal hasta enero de 2027, poniendo en diálogo el peso simbólico del edificio con la obra de uno de los artistas más relevantes del siglo XX.

El centenario tampoco se queda en Cataluña. El Palacio Episcopal de Astorga, el Capricho de Comillas y la Casa Botines de León han preparado programas propios, y en el caso de Astorga se ha abierto por primera vez al público la planta noble con los muebles originales que Gaudí diseñó en 1893. Una exposición itinerante recorre además México, Costa Rica y Estados Unidos a lo largo del año.

Lo más llamativo de todo esto es que Gaudí nunca pensó en función del reconocimiento. A partir de cierto punto de su vida abandonó cualquier pretensión social, vivió de forma austera y dedicó cada hora al templo, que describía como su cliente más exigente, con la particularidad de que ese cliente no tenía prisa. Cien años después, la torre más alta de la Sagrada Familia es también el edificio más alto del mundo eclesial, y el cielo de Barcelona se iluminó con su cara. No está mal para alguien a quien confundieron con un mendigo.

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