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Category:

Personajes

ArteCinePersonajes

«Blancanieves y los siete enanitos»

by Uve Magazine 06/04/2025
written by Uve Magazine

El primer sueño animado del cine

En diciembre de 1937, una película animada protagonizada por una joven de piel blanca como la nieve, un espejo parlante y siete pequeños mineros cambió para siempre la historia del cine. Blancanieves y los siete enanitos, el primer largometraje animado producido por Walt Disney, no solo rompió todas las expectativas técnicas y narrativas del momento, sino que dio lugar a un nuevo lenguaje cinematográfico que transformó la animación en un arte mayor. Basada en el cuento popular recogido por los hermanos Grimm, la película no tardó en conquistar al público y en convertirse en un hito cultural que, a día de hoy, sigue generando lecturas simbólicas, sociales y críticas desde múltiples disciplinas.

La producción del filme fue, en sí misma, un acto de fe. En una época en la que la animación era considerada un entretenimiento breve y menor, Walt Disney se atrevió a soñar en grande. Su idea de realizar una película animada de más de una hora de duración fue recibida con escepticismo por su entorno, hasta el punto de que el proyecto fue apodado internamente como “la locura de Disney”. Sin embargo, la convicción de Disney era inquebrantable. Inició la producción en 1934 y, durante tres años, dirigió los esfuerzos de un equipo de más de 750 artistas, animadores y técnicos que trabajaron con una dedicación casi artesanal. El presupuesto inicial de 250.000 dólares pronto se vio desbordado y superó el millón y medio, una cifra descomunal para la época, en plena Gran Depresión. Disney llegó incluso a hipotecar su casa para poder concluir la película.

Ese esfuerzo titánico se tradujo en una obra de una calidad visual y emocional sin precedentes. Técnicamente innovadora, Blancanieves fue la primera película en utilizar la cámara multiplano, un dispositivo que otorgaba profundidad a las escenas mediante capas superpuestas. Los fondos eran auténticas pinturas al óleo, cuidadosamente elaboradas para dar una atmósfera envolvente, mientras que los personajes presentaban un diseño estilizado que buscaba un equilibrio entre realismo y caricatura. Inspirados por la ilustración europea del siglo XIX, los artistas de Disney buscaron dotar de densidad narrativa a cada escena. No era solo una historia: era una experiencia.

Una noche para la historia

El estreno, el 21 de diciembre de 1937 en el Carthay Circle Theatre de Los Ángeles, fue un acontecimiento sin precedentes. Asistieron celebridades como Marlene Dietrich y Charlie Chaplin, y la ovación del público fue unánime. Blancanieves no solo fue un éxito artístico, sino también económico: recaudó más de ocho millones de dólares, convirtiéndose en la película más taquillera hasta ese momento. En 1939, Disney fue galardonado con un Oscar honorífico acompañado de siete pequeñas estatuillas, una por cada enanito, en un gesto que selló su lugar en la historia del cine.

Más allá de su éxito inmediato,  el filme pasó de ser un éxito cinematográfico a un referente cultural y cambió la percepción social de los cuentos de hadas. Blancanieves consolidó la animación como una forma legítima de arte cinematográfico, demostrando que era posible construir relatos complejos y emocionalmente resonantes a través del dibujo. A la vez, reflejó los valores morales y estéticos de su época. La protagonista encarna el ideal de feminidad de los años treinta: dócil, trabajadora, pura y maternal. Es cuidada por figuras masculinas (los enanitos, el cazador, el príncipe), pero carece de agencia real: no toma decisiones, no se enfrenta directamente a su antagonista, y su salvación depende de un beso ajeno. Frente a ella, la madrastra representa un poder femenino peligroso: es vanidosa, inteligente, ambiciosa, y por ello debe ser destruida. Esta dicotomía entre la mujer buena y la mujer mala es uno de los aspectos más revisados por la crítica contemporánea.

Significado histórico y social

Numerosas interpretaciones se han propuesto desde entonces para descifrar los símbolos que habitan la historia. Desde una perspectiva psicoanalítica, Blancanieves puede leerse como un relato de iniciación: la joven, al huir de casa y adentrarse en el bosque, atraviesa un proceso simbólico de muerte y renacimiento. La manzana, fruto del conocimiento prohibido, puede entenderse como un despertar sexual o emocional; el sueño dentro del ataúd de cristal representa una etapa de latencia, de espera, hasta que el beso del príncipe —acto que, por cierto, ha sido cuestionado en lecturas feministas contemporáneas— la devuelve a la vida. Bruno Bettelheim, en Psicoanálisis de los cuentos de hadas, interpreta los personajes como fragmentos de la psique: los enanitos serían aspectos protectores del yo, mientras que la reina reflejaría los conflictos internos no resueltos, como la envidia o la represión materna.

Desde la óptica feminista, la película ha sido objeto de fuertes críticas por la construcción de la protagonista como figura pasiva y por la glorificación de la belleza como valor supremo. La relación con el príncipe es prácticamente inexistente: no se conocen, no hablan, y sin embargo él es quien tiene el poder de “despertarla”. Esta pasividad ha sido contrastada con la acción decidida de la madrastra, cuyo castigo es, en última instancia, una lección moral: la ambición y el deseo femenino fuera del hogar deben ser reprimidos.

En clave sociológica, Blancanieves también ha sido interpretada como un vehículo de los valores conservadores del New Deal: la exaltación del trabajo, la comunidad doméstica, la obediencia y la humildad. La cabaña de los enanitos es un refugio del orden frente al caos del exterior, una pequeña sociedad masculina autosuficiente donde Blancanieves ocupa el papel de cuidadora. El mensaje implícito: el mundo funciona mejor cuando cada uno cumple su función.

Sin embargo, lo más fascinante de esta película es que, a pesar de su clara inscripción histórica, sigue siendo un texto abierto a la interpretación. El relato de Blancanieves se ha reinventado en múltiples ocasiones, en versiones oscuras, revisionistas, satíricas y subversivas. Desde Blancanieves y la leyenda del cazador hasta Shrek, pasando por parodias, homenajes y experimentos artísticos, su figura ha sido reescrita, cuestionada y adaptada a los nuevos tiempos. Incluso la propia Disney ha abordado revisiones de su legado con una mirada más crítica y contemporánea y casi un siglo después, Blancanieves y los siete enanitos sigue siendo un punto de referencia en la historia del cine. Su influencia no se limita a la animación: es un modelo de narrativa visual, una lección de técnica y un espejo en el que se han proyectado, generación tras generación, los valores, miedos y deseos de la cultura occidental. Al igual que el espejo mágico de la reina, esta película nos devuelve una imagen de lo que fuimos y de lo que seguimos siendo.

06/04/2025 0 comments
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ArteLiteraturaPersonajes

El diseño como juego y como acto de resistencia

by Clara Belmonte 31/03/2025
written by Clara Belmonte

Si hay una figura que encarna como pocas el cruce entre arte, diseño, juego y pensamiento, esa es Bruno Munari (Milán, 1907–1998). Y, sin embargo, reducir su legado a etiquetas sería una traición a su espíritu: Munari fue un creador inclasificable, un provocador sereno que cultivó la imaginación como quien riega una planta. Fue diseñador, artista, inventor de libros imposibles, pedagogo y poeta visual. También fue un niño que nunca quiso dejar de jugar. Nacido en una familia humilde del norte de Italia, desde joven mostró una inclinación por el arte, pero no tardaría en comprender que el arte no era un fin en sí mismo, sino un lenguaje, una forma de comunicación que podía extenderse al diseño gráfico, al diseño industrial, a la educación infantil, a la poesía visual y al juego. En los años treinta se vinculó con el futurismo —movimiento vanguardista que buscaba romper con la tradición—, pero pronto encontró su propio camino: uno más lúdico, más accesible, más poético, más conectado con la experiencia cotidiana.

En una época dominada por los manifiestos y la solemnidad de las vanguardias, Munari comenzó a preguntarse por qué el diseño no podía ser también un juego. ¿Por qué no hacer un libro sin palabras? ¿O un libro sin páginas? ¿O un libro que sólo pudieran entender los niños? ¿Por qué no enseñar a mirar las cosas desde otro ángulo? Estas preguntas no eran simples provocaciones: eran la base de un pensamiento creativo profundamente estructurado. Para Munari, el libro era un objeto expandible, un universo en sí mismo. Lo reimaginó desde la materialidad: libros con agujeros, libros de telas, libros sin texto, libros táctiles para bebés antes de que la industria infantil supiera lo que eso significaba. Su célebre Libro Illeggibile (Libro ilegible), publicado en 1949, no contenía palabras, sino formas, colores, cortes y transparencias que convertían el acto de leer en una experiencia visual y táctil. Más que leerlo, había que explorarlo. El libro dejaba de ser un soporte para convertirse en un juego visual, una escultura que se podía hojear, una puerta abierta al pensamiento abstracto. En su universo, un niño podía entender perfectamente una composición de manchas de color o un juego de transparencias superpuestas, sin necesidad de que alguien le explicara qué significaba. Porque Munari confiaba radicalmente en la inteligencia del receptor.

Su labor como pedagogo es inseparable de su trabajo como artista. En los años setenta, comenzó a colaborar con escuelas y museos para desarrollar talleres infantiles que hoy son considerados revolucionarios. No se trataba de imponer un conocimiento, sino de provocar la curiosidad. Creó los “Laboratori per bambini”, en los que los niños exploraban formas, estructuras, texturas y colores mediante el juego libre. Con barro, cartón, papeles, alambres o espejos, los participantes construían formas sin utilidad aparente, guiados sólo por el placer de descubrir y experimentar. Era una pedagogía sin castigos ni evaluaciones, donde el error era bienvenido como parte del proceso. En su libro Fantasia (1977), Munari desarrolla una idea crucial: la fantasía, la invención y la creatividad no son dones místicos, sino habilidades que pueden estimularse, cultivarse y aprenderse. Y en ese sentido, su trabajo conecta directamente con las ideas más avanzadas sobre educación activa, diseño centrado en la experiencia y pensamiento visual.

Su interés por el diseño como sistema de signos, por la iconografía cotidiana, por los pictogramas, los gestos, los mapas, lo vincula con la semiótica mucho antes de que ésta se convirtiera en una moda académica. Supo leer el lenguaje visual de las señales de tráfico y de los objetos cotidianos con la misma atención que un poeta observa una flor. Inventó máquinas inútiles —estructuras móviles y ligeras que se movían con el aire—, creó esculturas para ver la sombra que proyectaban más que su forma, diseñó lámparas, objetos domésticos, cubiertas de libros, logotipos. Todo con un espíritu lúdico pero metódico, casi científico. Porque detrás de cada juego había una estructura. Y detrás de cada estructura, una invitación a pensar. Su aproximación al diseño estaba lejos del formalismo. Creía en la función, pero también en la emoción, en la sorpresa, en la belleza inesperada. Y sobre todo, en la claridad. “Complicar es fácil. Simplificar es difícil”, solía decir. Esta búsqueda de lo esencial lo conecta con otras grandes figuras del diseño moderno como Dieter Rams o Buckminster Fuller, pero también con poetas visuales como Joan Brossa o con artistas del movimiento Fluxus.

Para Munari, la cultura no era un templo, sino una caja de herramientas. Y en esa caja cabían un alga seca recogida en la playa, una sombra proyectada en la pared, un papel de embalar, una caja de cerillas. Su arte no aspiraba a lo sublime, sino a lo sencillo: a reencantar lo que nos rodea. Por eso su legado es hoy más vigente que nunca. En una época saturada de imágenes, Munari sigue invitándonos a mirar con atención. A ver el potencial creativo de una hoja caída, a entender que el diseño puede ser una forma de ternura, que el arte no tiene por qué ser grandilocuente. Su idea de que todos somos capaces de crear —si se nos da el entorno, el tiempo y el permiso para hacerlo— resuena con fuerza en nuestros días. Munari no sólo diseñó objetos: diseñó maneras de mirar. Y en eso fue profundamente político, aunque no lo pareciera. En tiempos de producción en masa y consumo acrítico, su defensa de lo artesanal, del juego, de la atención al detalle, del error como hallazgo, son una forma de resistencia.

Su huella se percibe en múltiples disciplinas. En el diseño gráfico contemporáneo, donde su uso de la tipografía, el color y la estructura siguen siendo referentes. En la ilustración infantil, donde su influencia es visible en autores como Hervé Tullet o Katsumi Komagata. En la pedagogía alternativa, donde sus talleres han inspirado programas educativos en todo el mundo. Y también en los makers, los artistas del reciclaje, los diseñadores sociales, los ludicistas. Quizá por eso resulta tan difícil clasificarlo. Fue vanguardista y clásico. Didáctico y subversivo. Visual y conceptual. Poético y riguroso. Como si hubiera intuido que el mundo que venía necesitaría menos dogmas y más herramientas para pensar. En un momento en que el diseño tiende a lo espectacular, Munari sigue recordándonos que lo pequeño importa. Que el diseño también es una forma de cuidado. Que no hay innovación sin curiosidad, ni creatividad sin juego.

En uno de sus textos más citados, Disegnare un albero, Munari enseña cómo dibujar un árbol. Pero no se trata de una receta, sino de una forma de observar la estructura interna de las cosas. ¿Cómo crecen las ramas? ¿Cómo se bifurcan? ¿Qué lógica sigue su forma? Y entonces lo entendemos: no se trata de copiar un árbol, sino de comprenderlo. De aprender a mirar. Porque eso fue, quizá, lo que hizo Munari toda su vida: enseñarnos a mirar. No con los ojos del experto, sino con la curiosidad del principiante. A veces con humor, a veces con poesía, pero siempre con el respeto profundo de quien sabe que lo cotidiano también puede ser extraordinario. Munari no buscaba respuestas, sino preguntas mejores. Y ese, al final, es el mayor legado que puede dejar un artista, un diseñador, un pedagogo o un ser humano: el deseo de seguir explorando.

 

31/03/2025 0 comments
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LiteraturaPersonajes

Memorias de África, un hogar inesperado

by Valeria Cruz 14/03/2025
written by Valeria Cruz

Karen Blixen, conocida también como Isak Dinesen, es una de esas figuras literarias que parecen sacadas de una novela. Su vida fue de todo menos apacible, marcada por el conflicto entre el deber y el deseo de independencia. Todo esto quedó plasmado en Memorias de África, su obra más célebre, donde narra su experiencia en Kenia con una mirada nostálgica.

Décadas después, su historia se convirtió en un mito cinematográfico con Out of Africa, la película protagonizada por Meryl Streep y Robert Redford. Pero para entenderla realmente, hay que mirar más allá de la pantalla y del libro, a la Dinamarca que dejó atrás, a la mujer que fue y a la África que amó.

Nació en 1885 en Rungstedlund, una finca al norte de Copenhague, dentro de una familia aristocrática. Creció sometida a las normas rígidas de la alta sociedad danesa, pero también con la influencia de su padre, Wilhelm Dinesen, un hombre aventurero que había combatido en la guerra franco-prusiana y vivido con tribus nativas en Norteamérica. De él heredó el gusto por lo inusual y la curiosidad por lo desconocido, aunque su suicidio cuando ella tenía diez años la dejó marcada de por vida. Dinamarca en aquella época era una sociedad estructurada, como el resto de las sociedades europeas, donde el destino de una mujer como Karen solía estar ya escrito: un matrimonio conveniente y una vida dedicada a la familia y las apariencias. Sin embargo, su personalidad inquieta la llevó por otro camino.

Karen Blixen, imagen del fotógrafo Sophus Juncker Jensen

En 1914, se casó con su primo, el barón sueco Bror Blixen, y juntos partieron hacia Kenia para dirigir una plantación de café. Lo que parecía una aventura prometedora pronto se convirtió en un desafío constante. Su matrimonio fue un desastre: Bror le fue infiel y le contagió la sífilis, enfermedad que la afectó toda su vida. La plantación tuvo problemas financieros y el clima africano no era amable con los cultivos. Pero, a pesar de todo, Blixen encontró en África una forma de vida diferente, más libre y menos constreñida por las expectativas de su entorno. Vivió rodeada de paisajes imponentes, estableció vínculos con la comunidad kikuyu y tuvo una relación intensa con el cazador británico Denys Finch Hatton, quien se convirtió en su gran amor. Su muerte en un accidente aéreo en 1931 terminó de quebrarla. Poco después, sin dinero y enferma, se vio obligada a regresar a Dinamarca. Unos años mas tarde, ya instalada de nuevo en Rungstedlund, escribió Memorias de África, un libro donde revive los años que pasó en Kenia con una mezcla de añoranza y aceptación. No es una autobiografía al uso, sino una obra que combina observación y melancolía, donde el continente africano se convierte en un escenario cargado de simbolismo. A diferencia de otros relatos coloniales de la época, ella no se presenta como conquistadora ni dominadora, sino como alguien que, aunque extranjera, encontró un hogar inesperado en aquellas tierras lejanas. Su relación con la población local, su lucha por mantener la plantación y su amor por la naturaleza convierten el libro en un retrato histórico. Más allá de su propia historia personal, lo que destila es la sensación de pérdida, la añoranza por una vida que ya no podrá recuperar.

Karen Blixen en la década de 1920 con su hermano Thomas.

Décadas después, Hollywood tomó esta historia y la convirtió en Out of Africa (1985), una película que, aunque visualmente hermosa, idealiza muchos aspectos de su vida. La relación con Denys Finch Hatton se convierte en el eje central del relato, cuando en realidad Blixen siempre destacó más su vínculo con la tierra y la comunidad africana. La película suaviza los momentos más duros, pero logra transmitir la belleza de los paisajes y la tristeza de la despedida. Su éxito consolidó la imagen de Blixen como un icono romántico, aunque su vida fue mucho más compleja y dura, llena de matices de lo que el cine mostró.

De regreso en Dinamarca, vivió entre dolores constantes y muchos problemas de salud, pero nunca dejó de escribir. Bajo el seudónimo de Isak Dinesen, publicó cuentos que reflejan su fascinación por lo desconocido y lo enigmático. En su país, tardaron en reconocer su talento, ya que su estilo se consideraba demasiado cosmopolita para el gusto danés de la época. Aun así, con el tiempo, se convirtió en una de las autoras más importantes de su país. Cuando murió en 1962, dejó tras de sí una historia de vida que sigue fascinando a quienes se acercan a ella.

14/03/2025 0 comments
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ArteCineLiteraturaPersonajes

Frankenstein de Mary Shelley

by Valeria Cruz 08/03/2025
written by Valeria Cruz

En el verano de 1816, un grupo de escritores se refugió en la Villa Diodati, una mansión situada a orillas del lago Lemán, Suiza. Entre ellos estaban Lord Byron, Percy B. Shelley, su amante Mary Godwin (después conocida como Mary Shelley), su hermanastra Claire Clairmont y el médico John Polidori. La erupción del volcán Tambora en 1815 había provocado un enfriamiento global que llevó a que 1816 fuera conocido como “el año sin verano”. En este ambiente gótico y melancólico, Byron propuso un concurso: cada uno debía escribir una historia de terror. De esta velada nacería Frankenstein o el moderno Prometeo, una de las obras más influyentes de la literatura universal.

Mary Shelley nació el 30 de agosto de 1797 en Londres. Era hija de dos figuras intelectuales de gran peso en su época: el filósofo y escritor político William Godwin, autor de Una investigación acerca de la justicia política, y Mary Wollstonecraft, una de las pioneras del feminismo y autora de Vindicación de los derechos de la mujer. Sin embargo, su madre falleció pocos días después de dar a luz, dejando a Mary en manos de su padre, quien la educó en un ambiente de gran estimulación intelectual. A pesar de la gran influencia de Godwin en la formación de su hija, su segunda esposa no tuvo el mismo nivel de interés en el desarrollo intelectual de Mary, lo que la llevó a sentirse algo marginada en su propio hogar. Su refugio fue la lectura, los escritos de su madre y los círculos filosóficos y literarios de su padre, donde conoció a Percy Bysshe Shelley, un joven poeta radical y admirador de Godwin. La relación entre ambos se volvió apasionada, pero también escandalosa, ya que Percy estaba casado en ese momento.

En 1814, Mary y Percy huyeron juntos a Francia, viajando a través de Europa en condiciones difíciles. Durante los siguientes años, Mary vivió tanto alegrías como profundas tragedias, incluida la pérdida de varios de sus hijos en la infancia. En 1816, la pareja llegó a Suiza, donde se reunieron con Lord Byron y Claire Clairmont en Villa Diodati. George Gordon Byron, conocido como Lord Byron, era una de las figuras más controvertidas de la literatura romántica. Poeta, aventurero y libertino, Byron había escapado de Inglaterra tras una serie de escándalos personales y políticos. En Suiza, estableció su residencia en Villa Diodati, donde su vida de excesos y genio literario influyó profundamente en sus acompañantes. El médico personal de Byron, John Polidori, también jugó un papel fundamental en aquel verano. De la misma velada en la que Mary Shelley concibió Frankenstein, Polidori escribió El vampiro, una historia que daría forma a la imagen del vampiro aristocrático que más tarde influiría en Drácula de Bram Stoker.

El ambiente intelectual en Villa Diodati estaba impregnado de discusiones sobre filosofía, ciencia y literatura gótica. Se hablaba de galvanismo y de experimentos que pretendían reanimar tejidos muertos. Fue en ese entorno que Mary Shelley tuvo su pesadilla visionaria sobre un científico que creaba un ser monstruoso. La novela no solo es una historia de terror, sino también una profunda reflexión sobre los límites de la ciencia y la responsabilidad del creador frente a su creación. Victor Frankenstein encarna al científico ambicioso que, movido por el deseo de conocimiento, traspasa los límites de la naturaleza. Las ideas del siglo XVIII sobre el galvanismo, las disecciones y la posibilidad de la reanimación artificial influyeron enormemente en la novela. Erasmus Darwin, abuelo de Charles Darwin, había especulado sobre la capacidad de la electricidad para otorgar vida a la materia inerte, lo que también resonaba en el pensamiento de Shelley.

Mary Shelley

El personaje del monstruo es una de las creaciones más complejas de la literatura. A diferencia de su representación en el cine, donde es una criatura torpe y brutal, en la novela es inteligente, sensible y elocuente. Aprender a leer y a hablar a través de libros como El paraíso perdido, Las desventuras del joven Werther y Las vidas paralelas le da una profunda conciencia de su propia tragedia. El monstruo no nace malvado, sino que es rechazado por su creador y por la humanidad. Su deseo de afecto se convierte en rabia y venganza cuando es marginado y perseguido. Este dilema moral ha hecho que Frankenstein sea interpretado como una crítica a la sociedad y a la discriminación basada en la apariencia.

Desde su publicación, Frankenstein ha inspirado numerosas adaptaciones teatrales y cinematográficas. La versión de 1931 de Universal Studios, protagonizada por Boris Karloff, consolidó la imagen del monstruo con tornillos en el cuello y andar torpe. En 1994, Frankenstein de Mary Shelley, dirigida por Kenneth Branagh, intentó ser más fiel al material original, presentando a un monstruo con una profundidad emocional más cercana al libro. El legado de Mary Shelley también se extiende a la ciencia. Hoy, el término “frankensteiniano” se usa para describir avances tecnológicos o científicos que generan dilemas éticos, como la clonación o la inteligencia artificial.

Frankenstein, 1931

Frankenstein sigue siendo una obra fundamental porque plantea cuestiones universales sobre la naturaleza humana, la responsabilidad moral y los peligros de la ambición desmedida. La historia de Mary Shelley, una joven que transformó su visión en una de las obras más influyentes de la literatura, es también un testimonio de su propio talento y determinación. Su monstruo, lejos de ser un simple ser terrorífico, es un reflejo de nuestros propios miedos, esperanzas y tragedias. Más de dos siglos después de su publicación, el dilema de la criatura de Frankenstein sigue interpelándonos y recordándonos que la verdadera monstruosidad no reside en la apariencia, sino en la indiferencia de la humanidad hacia aquellos a quienes ha condenado al abandono.

08/03/2025 0 comments
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ArtePersonajes

Las cinco pintoras más importantes del siglo XX

by Uve Magazine 16/02/2025
written by Uve Magazine

A lo largo del siglo XX, la pintura experimentó una revolución sin precedentes. Movimientos como el surrealismo, el expresionismo y el arte abstracto transformaron la manera en que concebimos el arte. En este contexto, cinco pintoras se alzaron como figuras fundamentales, desafiando las normas impuestas y transitando un camino difícil para las mujeres en el mundo del arte.

Frida Kahlo (1907-1954)

Pocas artistas han logrado convertir su vida en un testimonio visual tan impactante como Frida Kahlo. Su obra, profundamente autobiográfica, refleja el dolor físico y emocional que la acompañó durante toda su existencia. Con un estilo surrealista, pero enraizado en el folclore mexicano, Kahlo exploró temas como la identidad, la maternidad y la política. Obras como Las dos Fridas y Autorretrato con collar de espinas que refleja otro de sus grandes tormentos,  su relación con Diego Rivera. Su obra está llena de iconografía, simbolismo y dolor físico.

Las dos Fridas

Georgia O’Keeffe (1887-1986)

Pionera del modernismo en los Estados Unidos, Georgia O’Keeffe revolucionó la representación de la naturaleza y la abstracción. Sus famosas pinturas de flores, como Jimson Weed/White Flower No. 1, y sus paisajes del suroeste estadounidense destacan por su atrevimiento formal y el uso innovador del color. Su trabajo se caracteriza por el desarrollo en series, donde exploraba un motivo —ya fuera una flor, un paisaje, un hueso o una estructura arquitectónica— que primero debía despertar en ella una emoción intensa. Una vez capturada esa sensación, la traducía en varias pinturas, abordando el tema desde distintos ángulos hasta agotar su interés por él.

Georgia O’Keeffe prácticamente todas las interpretaciones que se hicieron sobre sus obras

Abstraction Blue

Tamara de Lempicka (1898-1980)

Emblema del Art Déco, Tamara de Lempicka capturó la elegancia y el glamur de los años 20 y 30 con su estilo inconfundible. Sus retratos, caracterizados por formas caraterísticas de Art Decó y una paleta de colores vibrante, reflejan el espíritu de la modernidad. Obras como Autorretrato en un Bugatti Verde o La joven con un vestido verde  consolidaron su reputación como una de las pintoras más icónicas de su tiempo.

Se advierte en su obra una profunda admiración por Ingres, pero también ecos de Botticelli y del Manierismo en general. Sus géneros predilectos son el desnudo y el retrato, donde aparecen hombres de porte elegante o mujeres etéreas, envueltas en vestidos de telas ondulantes.

Asimismo, algunos críticos han señalado la presencia de elementos cubistas en su trabajo. La artista, que tuvo contacto con el movimiento, incorporó en ciertas piezas una sutil geometrización de las formas.

La joven con un vestido verde

Leonora Carrington (1917-2011)

Figura clave del surrealismo, Leonora Carrington desarrolló una obra que combina mitología, simbolismo y una visión onírica del mundo. De origen británico, pero con una profunda conexión con México, Carrington creó universos en los que lo mágico y lo real se entrelazan de manera inconfundible. Su pintura El mundo mágico de los mayas es una muestra del sincretismo y la fascinación por lo esotérico que marcó su producción artística.

Autorretrato

Louise Bourgeois (1911-2010)

Si bien Louise Bourgeois es más conocida por su trabajo escultórico, su obra pictórica y sus dibujos desempeñaron un papel crucial en su desarrollo artístico. A través de sus creaciones, exploró temas como la memoria, el cuerpo y la psique humana. Su icónica serie de pinturas y dibujos Femme Maison ofrece una profunda reflexión sobre la identidad femenina y la relación entre el espacio doméstico y la autonomía personal.

Femme maison
16/02/2025 0 comments
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LiteraturaPensamientoPersonajes

Ante la ley, relato de Franz Kafka

by Uve Magazine 07/02/2025
written by Uve Magazine

Ante la ley de Franz Kafka (1915) es una breve parábola que encapsula la angustia existencial y la burocracia impenetrable, temas recurrentes en la obra del autor.

Este cuento, incluido en El proceso, ilustra la impotencia del individuo frente a sistemas inescrutables y sugiere la inutilidad de la espera pasiva ante las barreras impuestas por el poder. Su ambigüedad ha dado pie a múltiples interpretaciones, desde una lectura existencialista hasta una alegoría sobre la inaccesibilidad de la verdad o la justicia.

Ante la ley se alza un guardián. Llega un hombre del campo y solicita entrar en la ley. Pero el guardián le dice que, por ahora, no puede permitirle la entrada. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde se le permitirá entrar.

—Es posible —dice el guardián—, pero no ahora.

Puesto que la puerta de la ley está abierta, como siempre, y el guardián se aparta a un lado, el hombre se inclina para mirar a través de la puerta, hacia el interior. Al notar esto, el guardián suelta una carcajada y dice:

—Si tanto te tienta, prueba a entrar a pesar de mi prohibición.

—Pero advierte: soy poderoso. Y no soy más que el primer guardián. Entre las salas hay otros guardianes, cada uno más poderoso que el anterior. Ni siquiera yo puedo soportar la mirada del tercero.

El hombre del campo no esperaba tales dificultades; la ley debería estar siempre accesible para todos, piensa. Pero al observar más detenidamente al guardián, su abrigo de piel, su gran nariz puntiaguda, su larga y fina barba negra tártara, decide aguardar hasta obtener el permiso para entrar.

El guardián le entrega un taburete y le permite sentarse a un lado de la puerta.

Allí se sienta durante días y años. Hace innumerables intentos por ser admitido y fatiga al guardián con sus súplicas. Este, de vez en cuando, le somete a pequeños interrogatorios, le pregunta por su tierra natal y por muchas otras cosas, pero tales cuestiones son indiferentes, como las que formulan los grandes señores, y al final siempre le repite que aún no puede dejarle entrar.

El hombre, que ha emprendido su viaje bien provisto, emplea cuanto posee, por valioso que sea, para sobornar al guardián. Este lo acepta todo, pero dice:

—Solo lo tomo para que no pienses que has dejado de hacer algo.

A lo largo de los años, el hombre ha observado casi sin descanso al guardián. Poco a poco, olvida a los otros guardianes, y este primero le parece el único obstáculo para entrar en la ley.

Maldice la desdichada coincidencia, al principio con impaciencia y a grandes voces; más tarde, cuando envejece, solo gruñe para sí mismo. Se vuelve infantil, y como en sus años de observación del guardián ha llegado incluso a distinguir las pulgas en el cuello de piel de su abrigo, les ruega también a ellas que le ayuden y logren ablandar el corazón del guardián.

Con el tiempo, su vista se debilita, y ya no sabe si la oscuridad a su alrededor es real o si sus ojos le engañan. Pero ahora, en medio de las tinieblas, distingue un resplandor que se filtra inexorablemente a través de la puerta de la ley.

No le queda ya mucho tiempo de vida.

Antes de su muerte, todas las experiencias de aquellos años se condensan en su mente en una única pregunta que hasta entonces no había formulado al guardián. Le hace una seña, pues ya no puede enderezar su cuerpo entumecido. El guardián tiene que inclinarse profundamente hacia él, pues con los años la diferencia de tamaño ha cambiado en gran perjuicio del hombre.

—¿Qué más quieres saber ahora? —pregunta el guardián—. Eres insaciable.

—Todos aspiran a entrar en la ley —dice el hombre—, ¿cómo es posible, entonces, que en todos estos años nadie, salvo yo, haya solicitado entrar?

El guardián, viendo que el hombre se halla en su último aliento, le grita al oído:

—Nadie más podía entrar por aquí, porque esta puerta estaba destinada solo para ti. Ahora voy a cerrarla.

Marino Costa

07/02/2025 0 comments
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Personajes

Profecías pendientes de Nostradamus

by Valeria Cruz 26/12/2024
written by Valeria Cruz

Desde que Michel de Nostredame, más conocido como Nostradamus, publicó su obra Les Prophéties en 1555, sus crípticos cuartetos han fascinado y desconcertado a estudiosos, creyentes y escépticos por igual. Este médico y astrólogo del Renacimiento dejó un legado de predicciones que abarcan siglos, desde eventos históricos como la Revolución Francesa hasta acontecimientos contemporáneos como el ataque a las Torres Gemelas. Sin embargo, muchas de sus profecías aún están pendientes de interpretación o cumplimiento. ¿Qué nos depara el futuro según los crípticos versos de Nostradamus?

Uno de los temas recurrentes en las profecías de Nostradamus es la amenaza de guerras devastadoras. Aunque algunos interpretan que ya se han cumplido con las dos guerras mundiales del siglo XX, otros creen que aún falta un conflicto de escala global. En uno de sus cuartetos, se lee: “Dos grandes potencias luchan largo tiempo; la Tercera traerá gran ruina.” Esta línea ha sido interpretada como un anuncio de una posible Tercera Guerra Mundial, donde grandes naciones podrían enfrentarse, dejando consecuencias catastróficas para la humanidad. Algunos expertos en Nostradamus vinculan esta profecía con tensiones actuales entre potencias nucleares como Estados Unidos, China y Rusia.

Uno de los temas recurrentes en las profecías de Nostradamus es la amenaza de guerras devastadoras. Aunque algunos interpretan que ya se han cumplido con las dos guerras mundiales del siglo XX, otros creen que aún falta un conflicto de escala global. En uno de sus cuartetos, se lee: “Dos grandes potencias luchan largo tiempo; la Tercera traerá gran ruina.” Esta línea ha sido interpretada como un anuncio de una posible Tercera Guerra Mundial, donde grandes naciones podrían enfrentarse, dejando consecuencias catastróficas para la humanidad. Algunos expertos vinculan esta profecía con tensiones actuales entre potencias nucleares como Estados Unidos, China y Rusia. De igual manera, otra profecía intrigante habla del surgimiento de un “gran líder” que unificará a muchos pueblos en Asia: “De las profundidades de Oriente surgirá el gran hombre, su palabra hará temblar la tierra.” Aunque esta profecía ha sido interpretada de diferentes maneras, algunos creen que apunta a un líder político o religioso que cambiará el panorama global. Los más escépticos sugieren que esta predicción es demasiado vaga, mientras que otros piensan que podría referirse a la influencia creciente de China o la India en el escenario mundial.

Nostradamus también escribió sobre desastres naturales y cambios en el clima. En uno de sus versos, menciona: “El sol quemará la tierra más que nunca; los campos arderán bajo el cielo.” Muchos relacionan esta predicción con el calentamiento global y los eventos climáticos extremos que ya estamos viviendo, como las olas de calor y el aumento del nivel del mar. Algunos defensores de su legado sostienen que sus visiones sobre “grandes tormentas” y “tierras sumergidas” podrían aludir a eventos futuros relacionados con el cambio climático. Aunque escribió en una época donde la tecnología era rudimentaria, algunas de sus profecías parecen referirse a avances científicos que podrían transformar la humanidad: “Los cielos serán conquistados, nuevas tierras halladas entre las estrellas.” Esto ha sido interpretado como una referencia a la exploración espacial, incluyendo la posibilidad de colonizar otros planetas. Con iniciativas actuales como las de SpaceX y NASA para llegar a Marte, esta profecía podría cobrar relevancia en décadas próximas. Además, algunas interpretaciones sugieren que Nostradamus predijo avances tecnológicos que permitirán a los humanos trascender los límites de la vida en la Tierra.

Finalmente, el misterio y el atractivo de las profecías de Nostradamus residen en su capacidad para adaptarse a la mirada de cada época. Sus versos crípticos parecen ser espejos que reflejan las ansiedades y esperanzas de quienes los leen, convirtiéndolos en un testimonio atemporal de nuestra búsqueda por comprender el futuro. Mientras que algunas de sus predicciones pueden interpretarse como advertencias, otras invitan a reflexionar sobre la posibilidad de un cambio positivo. Quizá el verdadero legado de Nostradamus no sea la exactitud de sus visiones, sino la capacidad de inspirar preguntas sobre el rumbo que queremos trazar como humanidad.

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EventosPersonajes

Krampus tradición y terror

by Valeria Cruz 24/12/2024
written by Valeria Cruz

Cuando llega la Navidad, la imaginación colectiva se llena de luces, villancicos y la figura bondadosa de Santa Claus repartiendo regalos y alegría. Sin embargo, en los Alpes europeos, existe un personaje mucho más oscuro que contrasta radicalmente con este espíritu festivo: Krampus, una criatura mitad cabra y mitad demonio que se encarga de castigar a los niños desobedientes. Este ser aterrador ha sobrevivido a través de siglos de tradición, emergiendo de las raíces del folclore alpino como un símbolo del equilibrio entre el bien y el mal en la temporada navideña.

Krampus. Imagen vintage de la década de 1930

El origen de Krampus se remonta a las antiguas tradiciones paganas de Europa central, mucho antes de la llegada del cristianismo. Su nombre proviene del alemán krampen, que significa garra, y su imagen evoca a los antiguos espíritus invernales que, según se creía, habitaban los bosques durante los meses más fríos. Algunos historiadores sugieren que Krampus está relacionado con figuras de la mitología nórdica, como Hel, la diosa del inframundo, o con entidades demoníacas que representaban la severidad de los duros inviernos alpinos. Cuando el cristianismo se expandió por la región, las tradiciones paganas no desaparecieron del todo, sino que se adaptaron a las nuevas creencias. Así, Krampus pasó de ser un espíritu salvaje a convertirse en el asistente oscuro de San Nicolás, encargado de mantener a raya a los traviesos mientras el santo recompensaba a los niños obedientes.

La leyenda de Krampus es tan fascinante como aterradora. Cada 5 de diciembre, víspera de la fiesta de San Nicolás, Krampus aparece para recorrer las calles durante la llamada Krampusnacht, o Noche de Krampus. Según el mito, mientras San Nicolás recompensa con dulces y regalos a los niños buenos, Krampus persigue a los desobedientes, blandiendo ramas de abedul y sacudiendo cadenas que resuenan como un siniestro aviso. En algunas versiones de la historia, Krampus incluso secuestra a los niños malos, metiéndolos en un saco o una cesta para llevárselos al inframundo. Esta figura aterradora no solo buscaba disciplinar a los más pequeños, sino que también servía como recordatorio de las consecuencias de los malos actos, manteniendo viva la dualidad entre recompensa y castigo en la época navideña.

La apariencia de Krampus está diseñada para infundir miedo. Su cuerpo está cubierto de un pelaje oscuro, similar al de una cabra, y su rostro presenta grandes cuernos retorcidos, colmillos afilados y una lengua larga y puntiaguda. Las cadenas que porta, a menudo adornadas con campanas ruidosas, simbolizan su esclavitud al diablo, mientras que las ramas de abedul que lleva en sus manos están relacionadas con antiguas prácticas paganas de purificación y castigo. En muchas representaciones, también se le muestra con un saco o una cesta a la espalda, reforzando la idea de que puede llevarse consigo a los niños que no han sabido comportarse.

A pesar de su aterradora reputación, Krampus no es único en su rol dentro del folclore navideño. En toda Europa, encontramos figuras similares que comparten su dualidad moral. Por ejemplo, en Alemania y Pensilvania, el personaje de Belsnickel también combina elementos de recompensa y castigo, apareciendo vestido de harapos y llevando dulces para los niños obedientes y un palo para los desobedientes. En Rusia, Ded Moroz (el Abuelo Frío) es una figura más solemne que reparte regalos durante el Año Nuevo, acompañado por su nieta Snegurochka, aunque sin el aspecto disciplinario de Krampus. Incluso en los Alpes, la tradición de Perchta, una figura femenina asociada al invierno, comparte similitudes con Krampus, castigando a quienes no han cumplido con sus tareas domésticas llenando sus estómagos de paja.

La tradición de Krampus ha sobrevivido durante siglos gracias a eventos como los desfiles de Krampuslauf, o carreras de Krampus, que tienen lugar durante la Krampusnacht. En estos desfiles, personas disfrazadas de Krampus recorren las calles asustando y divirtiendo a los espectadores. Aunque originalmente estas celebraciones estaban arraigadas en las creencias populares, hoy en día tienen un carácter más festivo y turístico, atrayendo a multitudes en lugares como Salzburgo, Austria, donde se pueden ver elaborados disfraces y escuchar las campanas que anuncian la llegada de Krampus. Este resurgimiento de interés por la figura de Krampus también ha trascendido las fronteras de Europa, encontrando eco en la cultura popular contemporánea.

Krampus. Imagen vintage de 1930

En las últimas décadas, Krampus ha ganado una inesperada popularidad fuera de su contexto original. Películas como Krampus (2015), libros ilustrados y postales vintage han contribuido a su difusión, convirtiéndolo en una figura icónica en la era moderna. En países como Estados Unidos, donde la tradición de Santa Claus domina las celebraciones navideñas, Krampus ofrece una alternativa oscura y subversiva que desafía las convenciones. Además, su estética gótica y su conexión con lo macabro lo han hecho particularmente atractivo en una época en la que las redes sociales amplifican el interés por lo inusual y lo misterioso.

Esta fascinación global por Krampus refleja un cambio en la forma en que las sociedades modernas abordan las festividades navideñas. En un mundo cada vez más dominado por el consumismo, Krampus ofrece una narrativa diferente, recordándonos que la Navidad no siempre ha sido una celebración exclusivamente luminosa. Su historia, que combina elementos de antiguas creencias paganas y valores cristianos, nos invita a reflexionar sobre las raíces profundas y multifacéticas de esta época del año. 

Krampus es mucho más que un personaje aterrador. Es un recordatorio de que incluso en las épocas más festivas, hay espacio para la introspección y la reflexión, continúa enriqueciendo la Navidad con un toque de misterio y oscuridad, ofreciendo una visión única y fascinante de una festividad que sigue evolucionando con el tiempo.

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LiteraturaPersonajes

Federico García Lorca, arte y pasión

by Uve Magazine 19/08/2024
written by Uve Magazine

Federico García Lorca es una de las figuras más influyentes del siglo XX, no solo en España, sino en todo el mundo. Su vida y obra están marcadas por una profunda sensibilidad hacia la cultura popular, la injusticia social y los conflictos internos que derivan del amor, la muerte y la identidad.

Nació el 5 de junio de 1898 en el municipio granadino de Fuente Vaqueros, en el seno de una familia acomodada. Su madre, Vicenta Lorca Romero, fue maestra y fomentó en su hijo un profundo amor por la literatura y las artes. Desde pequeño, Federico mostró un talento natural para la música, una pasión que desarrolló a lo largo de su vida, estudiando piano con el reconocido maestro Antonio Segura Mesa. Sin embargo, su camino artístico lo llevaría a convertirse en uno de los poetas más grandes de la lengua española.

A los seis años, su vida cambió cuando se trasladó a Almería para vivir con su tutor, Antonio Rodríguez Espinosa. Fue un período breve pero significativo que marcó el inicio de su relación con la enfermedad, un tema recurrente en su obra. Al enfermar, regresó a Granada, donde continuó sus estudios en el Sagrado Corazón de Jesús. Aunque en su adolescencia su interés principal estaba en la música, comenzó a desarrollar una voz literaria única que, con el tiempo, se consolidaría.

En 1914, García Lorca se matriculó en la Universidad de Granada para estudiar Filosofía y Letras y Derecho. Durante estos años, se integró en la tertulia “El Rinconcillo”, un grupo de jóvenes intelectuales que se reunían en el café Alameda. Estas tertulias fueron cruciales para su desarrollo como escritor, permitiéndole conectar con otros jóvenes con intereses similares y comenzar a definir su estilo literario. Los viajes que realizó por diversas ciudades españolas con su profesor Martín Domínguez Berrueta fueron determinantes en su formación. Estos viajes inspiraron su primer libro en prosa, Impresiones y paisajes, publicado en 1918. Este libro refleja sus primeras inquietudes estéticas y políticas, y es un claro precursor de la profundidad y complejidad que caracterizarían su obra posterior.

En 1919, Lorca se trasladó a Madrid para continuar sus estudios en la Residencia de Estudiantes, un importante centro cultural e intelectual que influyó decisivamente en su obra. Allí, entró en contacto con algunas de las figuras más destacadas del mundo intelectual y artístico de la época, como Salvador Dalí, Luis Buñuel, y Rafael Alberti. Este ambiente estimulante, junto con su aversión al ambiente provinciano de Granada, consolidó su identidad como escritor y artista. Durante su estancia en la Residencia, publicó Libro de poemas y estrenó su primera obra de teatro, El maleficio de la mariposa, marcando el inicio de una carrera literaria prolífica y profundamente influyente.

Primera representación de El maleficio de la mariposa.

La relación de Lorca con Salvador Dalí es uno de los aspectos más fascinantes de su vida personal y artística. Esta amistad, intensa y compleja, dio lugar a una fructífera colaboración. Fruto de esta relación es la “Oda a Salvador Dalí”, uno de los poemas más destacados de Lorca, publicado en 1926. Lorca también mantuvo una estrecha amistad con el compositor Manuel de Falla, con quien colaboró en varios proyectos, como la promoción del cante jondo, una forma de flamenco primitiva y profunda que Lorca consideraba esencial para la cultura andaluza. Esta colaboración reflejaba su interés por las tradiciones populares y su deseo de integrarlas en su obra literaria.

Federico García Lorca es uno de los miembros más destacados de la llamada Generación del 27, un grupo de poetas que se reunieron en 1927 para conmemorar el tricentenario de la muerte de Luis de Góngora. Esta generación se caracteriza por la fusión de las formas poéticas tradicionales con las vanguardias, y por un enfoque común en temas como la muerte, el amor y la injusticia social. Obras como Romancero gitano (1928) consolidaron la reputación de Lorca como un poeta profundamente conectado con las raíces populares y al mismo tiempo innovador en su forma y estilo.

En 1929, Lorca viajó a Nueva York, un viaje que marcó un punto de inflexión en su obra. En la Gran Manzana, quedó impresionado por la modernidad y, al mismo tiempo, horrorizado por la deshumanización que percibía en la vida urbana. Estas experiencias dieron lugar a Poeta en Nueva York, una de sus obras más complejas y oscuras, que no se publicó hasta después de su muerte. Este libro es una denuncia del capitalismo y una exploración de la alienación del ser humano en la sociedad moderna. Al regresar a España, continuó su prolífica producción literaria, destacando en el teatro con obras como Bodas de sangre (1933), Yerma (1934) y La casa de Bernarda Alba (1936). Estas tragedias rurales abordan temas como la opresión social, el honor y el deseo, y son consideradas algunas de las mejores obras del teatro español del siglo XX.

El estallido de la Guerra Civil Española en 1936 marcó el inicio de una etapa oscura en la vida de Lorca. Aunque no estaba directamente involucrado en la política, sus simpatías hacia la República y su asociación con figuras de la izquierda lo convirtieron en un blanco para las fuerzas franquistas. Rechazó la oferta de exilio que le hicieron amigos preocupados por su seguridad, creyendo que no corría peligro en su Granada natal. Sin embargo, el 18 de agosto de 1936, Federico García Lorca fue arrestado y fusilado, y su cuerpo fue enterrado en una fosa común que hasta el día de hoy no ha sido localizada.

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LiteraturaPersonajes

Voy a dormir. Alfonsina Storni

by Uve Magazine 17/08/2024
written by Uve Magazine

En la literatura latinoamericana, Alfonsina Storni ocupa un lugar prominente e indiscutible, junto a Juana de Ibarbourou, Delmira Agustini y Gabriela Mistral.

Nacida en Lugaggia, Suiza, en 1892, hija de padres argentinos, Alfonsina Storni sufrió estrecheces económicas durante su juventud, debido a la pérdida de los prósperos negocios de su padre y su adicción al alcohol. A los pocos años al borde de la ruina, la familia se vio obligada a regresar a Argentina; en un principio se instalaron en San Juan, y poco a poco Alfonsina, viendo sufrir a su madre por culpa de aquel padre problemático e incomprensible, se forjó una imagen amarga de las relaciones entre hombre y mujeres, pero a principios del siglo XX la familia se mudó a la ciudad de Rosario, donde su madre fundó una escuela domiciliaria y su padre abrió un café cerca de la estación de ferrocarril Rosario Central. Su muerte puso fin a la infancia de Alfonsina, que se vio obligada a asumir las primeras responsabilidades en el cuidado de la casa y el trabajo, primero como camarera en el negocio familiar y como costurera a domicilio, más tarde en una fábrica de gorras. En esta etapa Alfonsina comenzó a escribir versos a raudales soñando con tiempos mejores y esperando que su sueño de convertirse en actriz se hiciera realidad. Durante el tiempo que la familia estuvo radicada en la ciudad de Rosario, los primeros poemas de Alfonsina comienzan a tener estado público, pues se publican en la revista Monos y Monadas, que en ese entonces se editaba en la ciudad. Y poco después su sueño se hizo realidad a medias: en 1907, firmó un contrato con la compañía teatral de José Tallavi, recorrería varias provincias en una gira teatral, ese nuevo ambiente bohemio y artístico ejerció un efecto muy positivo en ella y cuando la gira finalizó decidió aceptar un nuevo trabajo como maestra rural, sin dejar de escribir versos, estudió intensamente durante dos años. En 1911 se trasladó a Buenos Aires, llevando consigo sus pocas pertenencias. Arribó a la estación del ferrocarril del Norte y se hospedó en una pensión hasta el año siguiente. El 21 de abril de 1912 nació su hijo Alejandro, sin padre conocido, más tarde madre e hijo se mudaron a una casa compartida con un matrimonio. Unos meses después, en 1913, consiguió trabajo de cajera en una farmacia y posteriormente en la tienda A la Ciudad de México. Allí, casi asfixiada y a escondidas, escribió un poemario desatadamente romántico y con claras influencias de Rubén Darío: La inquietud del rosal. Realizó algunas colaboraciones en la revista Caras y Caretas. En Caras y Caretas se relacionó con Amado Nervo, José Enrique Rodó, José Ingenieros y Manuel Baldomero Ugarte; fue con los dos últimos con quienes su amistad fue más profunda. En 1914 volvió a ejercer como maestra; con este empleo, su situación económica mejoró y pudo realizar viajes frecuentes a Montevideo, donde conoció a la poeta uruguaya Juana de Ibarbourou, Estrella Gutiérrez, Fernández Moreno y al que sería su gran amigo, el escritor también uruguayo Horacio Quiroga.

La inquietud del rosal, que ella misma sufragó con sus ahorros, le sirvió de credencial poética para ingresar en los cenáculos literarios de Buenos Aires, y El dulce daño en 1918 le abrió las puertas de la fama: técnicamente más perfecto, salvajemente pasional y tremendamente conmovedor, en este poemario se alza una voz femenina al mismo tiempo fuerte y decidida.

Trabajando como maestra, Alfonsina Storni por fin pudo dedicarse de lleno a la poesía, y comenzó a colaborar asiduamente en revistas y periódicos: en Atlántida, Caras y caretas, La Nota y La Nación.
En 1919 publica su tercer poemario, Irremediablemente, adentrándose y perfeccionando la línea posmodernista iniciada en El dulce daño; los versos recogen momentos reivindicativos, amorosos tempestuosos, frustrantes y selváticos. En 1920 publica Languidez, donde aparecen momentos de su infancia y adolescencia, frustraciones y dolores propios. Fue un gran éxito y le otorgaron el Premio Municipal de Poesía de la ciudad de Buenos Aires. A partir de ese momento su vida cambió radicalmente, pasando a convertirse en una mujer tremendamente admirada y acosada por el público; sin embargo, esta nueva situación agravaba su infelicidad.

En 1925 publicó Ocre, que se corresponde con el momento culmen de su vida poética. Ella misma decía: Ocre es un poco mejor, algo cerebral, pero se advierte que quien lo hizo gobernaba con alguna propiedad su instrumento. Y añadía: A este libro se le puede perdonar la vida.
Con esta publicación Alfonsina Storni ponía fin a su etapa posmodernista y se adentraba en las vanguardias; en Mundo de siete pozos cambia el lenguaje poético a uno mucho mas frío y oscuro, expresa una profunda crisis existencial sin resolver.

Mascarilla y trébol es su último poemario; dejando de lado las vanguardias, se ven influencias neobarrocas y conceptistas y supo aportar su propio sello alcanzando versos muy notables.


El 20 de mayo de 1935, Alfonsina Storni fue operada de cáncer de mama en el sanatorio Arenales. En un principio se pensaba que el tumor era benigno, pero en realidad tenía ramificaciones. La mastectomía le dejó grandes secuelas, cicatrices emocionales y físicas. Siempre había sufrido de depresión, paranoia y ataques de nervios, pero ahora los síntomas de enfermedad mental se recrudecieron. Se volvió recluida y evitaba a sus amistades, era consciente de que su final estaba cerca. En una solitaria pensión de Mar del Plata escribió su último poema: Voy a dormir. Después, durante la noche, bajó a la playa y se adentró en el mar, el 25 de octubre de 1938.

«Voy a dormir»

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides… Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido…

17/08/2024 0 comments
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