Uve Magazine
  • Inicio
  • Agenda
  • Arte
  • Eventos
  • Literatura
  • Música
  • Pensamiento
  • Tienda
  • Contacto
  • Newsletter
Uve Magazine
  • 0
  • Inicio
  • Agenda
  • Arte
  • Eventos
  • Literatura
  • Música
  • Pensamiento
  • Tienda
  • Contacto
  • Newsletter
Uve Magazine
  • 0
Uve Magazine
  • Inicio
  • Agenda
  • Arte
  • Eventos
  • Literatura
  • Música
  • Pensamiento
  • Tienda
  • Contacto
  • Newsletter
Copyright 2022 - All Right Reserved
Tag:

performance

ArteNoticias

Yayoi Kusama: el infinito como refugio

by Beatriz Menéndez Alonso 28/08/2026
written by Beatriz Menéndez Alonso

Murió el 14 de agosto, aunque la noticia de su muerte se conoció días después. Yayoi Kusama tenía noventa y siete años y, según el comunicado difundido por su estudio, continuó pintando hasta sus últimos días. Hay algo apropiadamente kusamiano en esa última imagen: una mujer frente a un lienzo, todavía haciendo aparecer puntos, flores, calabazas y redes que comenzaron perteneciendo a un universo privado y terminaron formando parte del nuestro.

Se marcha una de las artistas más reconocibles de nuestro tiempo, pero también una pionera que entendió antes que muchos que el arte podía escapar de los museos. Podía vestirse, caminar por las calles, ocupar un escaparate, entrar en una casa. Podía multiplicarse hasta el infinito.

Kusama pasó buena parte de su vida mirando aquello que los demás no podían ver.

Desde niña experimentó alucinaciones. Las flores podían cubrir una habitación; los patrones se desprendían de los objetos y se extendían por las paredes, el techo, las ventanas y su propio cuerpo. Para otros, aquellas visiones habrían sido únicamente una amenaza. Para Kusama se convirtieron en una forma de conocimiento.

Pintó lo que veía.

Y descubrió que una obsesión podía convertirse en lenguaje.

Nació en Matsumoto, en 1929, en una familia conservadora que no recibió con entusiasmo su deseo de convertirse en artista. Más tarde llegaría Nueva York, donde en los años cincuenta y sesenta se encontró con una escena artística masculina, competitiva y extraordinariamente fértil. Kusama no llegó allí para ocupar un lugar: tuvo que inventárselo.

Lo hizo con una mezcla de obstinación y extravagancia.

Esculturas blandas de formas fálicas, performances, desnudos, redes infinitas y superficies enteras invadidas por puntos. Su obra tenía algo de juego infantil y, al mismo tiempo, algo profundamente inquietante. Parecía alegre hasta que uno se detenía a mirar.

La repetición se convirtió en su método.

Repetir una forma hasta el agotamiento. Cubrir una superficie hasta hacerla desaparecer. Multiplicar un objeto hasta que dejara de ser un objeto. El punto dejaba de ser un punto y se convertía en multitud; la multitud terminaba borrando al individuo.

Kusama llamó a este proceso self-obliteration: la desaparición del yo.

Quizá por eso sus habitaciones infinitas resultan tan hipnóticas. El espectador no contempla simplemente una obra: entra en ella. Los espejos multiplican las luces y el cuerpo hasta hacer desaparecer, durante unos instantes, la frontera entre quien mira y aquello que está mirando.

La experiencia es hermosa, pero también ligeramente inquietante.

Como casi todo en Kusama.

Yayoi Kusama. Haym of Life 1987

Su historia en Nueva York tuvo además una herida más difícil de cerrar. En una escena dominada por hombres, vio cómo determinados procedimientos que ella había explorado eran retomados por artistas masculinos que obtenían una atención y un reconocimiento que a ella le habían sido negados.

Andy Warhol, Claes Oldenburg o Lucas Samaras formaban parte de aquel mundo que Kusama observaba con una mezcla de fascinación y desconfianza.

La cuestión no era únicamente quién había llegado primero.

Era quién tenía derecho a ser escuchado.

Kusama regresó a Japón después de aquellos años y, tras un periodo de gran dificultad, ingresó voluntariamente en una institución psiquiátrica de Tokio. Allí encontró una estructura que le permitió continuar trabajando y, sobre todo, preservar una rutina artística.

Mientras el mundo del arte avanzaba sin ella, Kusama siguió pintando.

Y después, inesperadamente, el mundo regresó.

En 1993 representó a Japón en la Bienal de Venecia. Llegaron después los grandes museos, las exposiciones multitudinarias y una popularidad que acabaría desbordando el territorio del arte contemporáneo.

La artista que había trabajado durante décadas en los márgenes se convirtió en una de las imágenes más reconocibles de la cultura popular.

Yayoi Kusama. Every Day I Pray For Love, 2023
With All My Love for the Tulips, I Pray Forever, 2013

El museo salió a la calle

Fue su encuentro con Louis Vuitton el que llevó esa transformación a una escala global. Marc Jacobs, entonces director creativo de la maison, conoció a Kusama en Tokio y quedó fascinado por su energía creativa. En 2012, sus lunares llegaron a bolsos, vestidos, abrigos, zapatos y accesorios, mientras los escaparates de Louis Vuitton se transformaban en grandes superficies cubiertas por su universo visual.

Lo interesante de aquella colaboración no era solamente que el arte apareciera sobre objetos de lujo. Era que la propia frontera entre obra y objeto comenzaba a desaparecer.

El museo había salido a la calle.

La influencia de Kusama alcanzó también la belleza. En 2011 colaboró con Lancôme en una edición limitada de Juicy Tubes. Sus formas podían pasar de una instalación monumental a un objeto pequeño, cotidiano, destinado a las manos.

Kusama había conseguido algo extraordinariamente difícil: convertir un lenguaje profundamente personal en un código universal.

Sus puntos podían habitar una sala de espejos o un bolso. Una calabaza podía convertirse en una escultura monumental o en una imagen reproducida sobre cualquier superficie.

La obra ya no necesitaba un pedestal.

Podía acompañarnos.

La paradoja del infinito

Las redes sociales encontraron en sus instalaciones un escenario perfecto. Los visitantes entraban en las habitaciones de espejos y salían con una fotografía. El infinito se convertía en fondo; la desaparición del yo, en una imagen destinada precisamente a conservarlo.

No deja de ser una ironía.

Kusama quería disolver el yo.

Instagram quería conservarlo.

Pero incluso ahí persistía la lógica de su obra. La repetición podía hacer desaparecer las cosas, pero también podía hacerlas soportables. Una flor repetida cien veces deja de ser una flor. Mil flores pueden convertirse en una superficie. Un millón, en una especie de cielo.

Quizá pintar consistía para Kusama en eso: llenar el mundo de signos hasta que dejara de resultar amenazante.

Entre todos sus símbolos, la calabaza ocupa un lugar singular.

Frente al infinito, la calabaza es humilde. Tiene peso, forma, tierra. Kusama decía que las calabazas le hablaban y que le proporcionaban estabilidad y paz.

En Naoshima, una enorme calabaza roja espera junto al mar.

El mar no tiene puntos.

El cielo tampoco.

Pero Kusama puso lunares sobre la calabaza como quien coloca pequeñas señales en mitad de una extensión demasiado grande.

Durante muchos años, el mundo consideró a Yayoi Kusama una extravagancia. Después la convirtió en una celebridad. Finalmente, quizá empezó a comprenderla.

No fue simplemente la mujer de la peluca roja, los lunares y las habitaciones infinitas. Fue una artista que convirtió su experiencia interior en una disciplina y aquello que la separaba de los demás en un lenguaje que los demás podían reconocer.

Su vida estuvo marcada por una palabra sencilla: volver.

Volver al pincel.
Volver al punto.
Volver al espejo.
Volver a la flor.
Volver a la calabaza.

Hasta el final.

Hay algo conmovedor en saber que continuó pintando durante sus últimos días. Como si, a los noventa y siete años, todavía quedara algo que añadir a aquella interminable conversación con el infinito.

Se ha ido Yayoi Kusama.

Pero sus puntos permanecen.

En los museos, en los escaparates, en los vestidos, en los espejos y en la memoria de quienes alguna vez entraron en una de sus habitaciones y dejaron de saber, durante unos minutos, dónde terminaban ellos y dónde empezaba el mundo.

Quizá eso sea lo más parecido a la eternidad que puede ofrecernos un artista.

No permanecer.

Sino multiplicarse.

28/08/2026 0 comments
0 FacebookTwitterPinterestLinkedinWhatsapp
ArteEventosSin categoría

YOU: El cuerpo como arquitectura radical

by Uve Magazine 30/04/2025
written by Uve Magazine

Una confrontación entre cuerpo, espacio y vídeo transforma el Guggenheim Bilbao en una experiencia física y radical del arte contemporáneo.

La exposición YOU, que se presenta en el Museo Guggenheim Bilbao del 3 de abril al 7 de septiembre de 2025, propone un diálogo vibrante entre dos artistas fundamentales en el desarrollo del arte corporal y el vídeo como herramienta crítica: Vito Acconci (1940–2017) y Sergio Prego (n. 1969). Aunque separados por una generación y por contextos culturales distintos, la obra de ambos se entrelaza en torno a una serie de obsesiones comunes: el cuerpo como punto de partida, el espacio como extensión (o límite) del yo, y la videoperformance como medio para tensar esas fronteras.

El título de la muestra, YOU, no es casual: apela directamente al espectador. En lugar de contemplar obras, se le invita a ocuparlas, a pensarse dentro de ellas. En el trabajo de Acconci, esta apelación al “tú” —al otro, al que mira, al que escucha, al que reacciona— se convierte en una constante que desestabiliza la pasividad del espectador tradicional. En el de Prego, esta relación se materializa en estructuras que retan al visitante a habitar físicamente lo que parece inestable, hinchable, frágil.

El cuerpo como discurso

Vito Acconci, poeta antes que performer, entendió pronto que la página no bastaba. A finales de los años sesenta y principios de los setenta, trasladó su búsqueda lingüística al espacio físico y convirtió su propio cuerpo en el texto. En vídeos como Centers (1971), Theme Song (1973) o Pryings (1971), Acconci pone en escena situaciones de incomodidad, invasión o seducción en las que el artista habla, toca, respira, susurra, y hasta acosa al espectador. Son trabajos de una potencia incómoda, donde el vídeo no actúa como mero registro, sino como espacio de confrontación. La cámara, casi siempre fija, convierte el encuadre en un umbral: no documenta un acto, sino que lo contiene.

La muestra reúne algunas de las piezas más influyentes de este periodo, obras que redefinieron la performance desde un lugar íntimo y conceptual. En Theme Song, por ejemplo, Acconci se tumba frente a la cámara y canta una y otra vez fragmentos de canciones pop mientras susurra frases a la audiencia, intentando seducirla. Es una escena doméstica y desquiciante al mismo tiempo, que desmonta la frontera entre lo privado y lo público, entre lo espontáneo y lo coreografiado.

Estas obras tempranas del artista estadounidense anticipan preocupaciones que, décadas después, serán revisitadas desde una óptica muy distinta por Sergio Prego. En su caso, la fisicidad no es tanto el objeto del gesto artístico como su herramienta.

Vito Acconci. Tres estudios de adaptación (Three Adaptation Studies, 1970) Película Super-8 transferida a vídeo, b/n, sin sonido, 8 min. Cortesía de Maria Acconci & Electronic Arts Intermix, Nueva York. © Vito Acconci, VEGAP, Bilbao 2025

Arquitecturas de aire y movimiento

Formado en la escena experimental vasca y con una trayectoria internacional consolidada, Sergio Prego ha desarrollado una práctica escultórica y performativa que parte de la acción para reformular el espacio. Si en Acconci el cuerpo es insistente, invasivo, una especie de obsesión, en Prego es dinámico, abstracto, casi coreográfico. Sus vídeos de finales de los noventa y principios de los 2000, como Ikurriña Quarter o Tetsuo Bound to Fail, remiten al cine experimental y al lenguaje del videoclip, pero su verdadera aportación se sitúa en la escultura expandida. Con estructuras neumáticas, Prego propone espacios efímeros y habitables, burbujas de aire que alteran la arquitectura institucional desde dentro. Su serie Rubber Walls o las instalaciones hinchables que ha desarrollado en los últimos años son ejemplos de una escultura que respira, literalmente.

En la exposición del Guggenheim Bilbao, estas piezas dialogan con las de Acconci no sólo en términos conceptuales, sino también formales. El uso del vídeo como dispositivo espacial, el interés por la performatividad del cuerpo y el cuestionamiento de los límites físicos del museo como contenedor de arte son puntos de contacto clave entre ambos artistas. La tensión entre lo íntimo y lo monumental, entre lo efímero y lo persistente, recorre toda la muestra.

Sergio Prego. Bisectriz, 2008 Vídeo, color, sin sonido, 3 min 14 sec. Cortesía del artista © Sergio Prego, Bilbao, 2025

YOU: Un espacio en disputa

Más que una exposición cronológica, YOU se articula como un campo de fuerzas donde las obras de ambos artistas se potencian mutuamente. El recorrido no está organizado por épocas o estilos, sino por temas que se cruzan, se repiten y se reformulan. La elección de vídeos e instalaciones no busca la exhaustividad, sino la intensidad: cada pieza es un fragmento de un discurso mayor sobre el cuerpo, el lenguaje y la arquitectura.

El espacio del museo, con su imponente estructura diseñada por Frank Gehry, se convierte aquí en un tercer actor. Las obras de Acconci y Prego no sólo se adaptan a él, sino que lo cuestionan. En el caso de Acconci, sus vídeos minan la neutralidad del cubo blanco con una subjetividad desbordada. En el de Prego, sus estructuras neumáticas invaden pasillos, atrios y galerías con una organicidad que desafía la rigidez del edificio.

Este tipo de montaje resalta también una dimensión política que a menudo pasa desapercibida en exposiciones centradas en el cuerpo. Acconci, en su momento, fue acusado de transgredir límites morales; Prego, por su parte, subvierte los límites institucionales. En ambos casos, el arte se plantea como una forma de fricción: contra el lenguaje, contra el espacio, contra la pasividad del espectador. Uno de los aciertos de la exposición es evitar la idealización retrospectiva. Acconci no es presentado como un “padre fundador”, sino como un artista cuya obra sigue incomodando, interpelando, generando reacciones ambivalentes. Sus vídeos no han perdido fuerza, y en el contexto actual —saturado de pantallas, cuerpos mediatizados y performances cotidianas en redes sociales— adquieren nuevas lecturas.

Prego, por su parte, se muestra como un heredero que ha sabido reinventar el diálogo con el espacio y el cuerpo desde una sensibilidad contemporánea. Sus obras no imitan a Acconci, pero tampoco lo niegan: lo atraviesan, lo replantean, lo traducen. En este sentido, YOU es también una exposición sobre la transmisión de lenguajes, sobre la continuidad (y ruptura) de una tradición performativa.

Conclusión: lo que queda del gesto

YOU es una exposición exigente, pero profundamente estimulante. No busca complacer al visitante, sino colocarlo en una posición incómoda, activa, física. Al recorrerla, uno no sólo contempla arte: lo siente, lo respira, lo encarna. Es una propuesta coherente con la trayectoria del Museo Guggenheim Bilbao, que ha sabido apostar por proyectos arriesgados sin perder su vocación pública.

30/04/2025 0 comments
2 FacebookTwitterPinterestLinkedinWhatsapp

Apúntate a nuestra newsletter

Recibe las novedades de cada semana en tu email

Artículos populares

  • 1

    Luis XIV. El esplendor y la sombra del Rey Sol

    15/05/2024
  • 2

    La niña amarilla. Relatos suicidas desde el amor.

    23/10/2022
  • 3

    YOU: El cuerpo como arquitectura radical

    30/04/2025
  • 4

    Picasso/Chanel

    23/10/2022
  • 5

    Los 50 Libros más Leídos de todos los tiempos

    03/06/2024
  • 6

    El diseño como juego y como acto de resistencia

    31/03/2025

Categorias

  • Agenda
  • Amores extraños
  • Arte
  • Cine
  • En corto
  • Entrevistas
  • Eventos
  • Historias de dioses y estrellas
  • Historias del occidente
  • Literatura
  • Los fantasmas olvidados
  • Música
  • Noticias
  • Pensamiento
  • Personajes
  • Reseñas
  • Series y columnas
  • Sin categoría
  • Vidas en conflicto

Selección de los editores

Yayoi Kusama: el infinito como refugio
by Beatriz Menéndez Alonso 28/08/2026
Dolly Parton muere a los 80 años en Nashville.
by Uve Magazine 26/08/2026
Ilu Ros ilustra una nueva edición de Romancero gitano de Federico García Lorca
by Uve Magazine 25/08/2026

Artículos aleatorios

Sanhedrin presenta su nuevo álbum Heat Lightning
by Sandra Marquez 11/03/2025
“Revelaciones” de Marina Vargas
by Valeria Cruz 10/02/2025
Pedagogías de guerra en el Museo Thyssen
by Uve Magazine 18/02/2026

Categorías populares

  • Literatura (126)
  • Arte (112)
  • Eventos (77)
  • Agenda (65)
  • Música (58)
  • Personajes (48)
  • Noticias (46)
  • Pensamiento (35)
  • Sin categoría (24)
  • Cine (22)

Uve Magazine es un espacio para quienes disfrutan pensando la cultura sin prisas.
Hablamos de literatura, arte, música e historia desde una mirada feminista, crítica y sensible. Publicamos cada semana artículos, relatos, poesía, entrevistas, efemérides… y también proponemos encuentros, charlas y eventos culturales dentro y fuera de la pantalla.

¿Quieres proponer una colaboración, un texto o una idea para un evento?
Puedes escribirnos a través del formulario de contacto. Leemos todo.

Las opiniones, juicios y afirmaciones expresadas en los artículos publicados en este sitio web corresponden únicamente a sus autores y no reflejan necesariamente la postura de este medio. El portal no asume responsabilidad alguna, directa o indirecta, por los contenidos, consecuencias o posibles reclamaciones derivadas de dichos textos, que son de exclusiva responsabilidad de quienes los firman.

Facebook Instagram

@2025 – Uve Magazine. All Right Reserved.

  • Política de privacidad
  • Política de cookies
  • Contacto
Uve Magazine
  • Inicio
  • Agenda
  • Arte
  • Eventos
  • Literatura
  • Música
  • Pensamiento
  • Tienda
  • Contacto
  • Newsletter
Uve Magazine
  • Inicio
  • Agenda
  • Arte
  • Eventos
  • Literatura
  • Música
  • Pensamiento
  • Tienda
  • Contacto
  • Newsletter
@2026 – Uve Magazine. All Right Reserved.

Carrito

Cerrar

No hay productos en el carrito.

Cerrar