El regreso del hijo pródigo del rock al Teatro Conde Toreno

En la penumbra elegante del patio de butacas, bajo la respiración contenida de un público que no era solo público sino familia, amigos, vecinos —pueblo entero—, se proyectó por primera vez en Europa el documental I Took the Road Less Traveled. Y no podía ser en otro lugar que, en Cangas del Narcea, tierra natal de Diego Avello, conocido artísticamente como Bull, ese obstinado rockero que un día decidió cruzar el océano persiguiendo una quimera eléctrica llamada sueño americano.

La cita fue este domingo 15 de febrero en el histórico Teatro Conde Toreno, corazón cultural del suroccidente asturiano.

La tarde del estreno en el Teatro Conde Toreno fue una ovación prolongada. No era solo la celebración del éxito artístico, sino el reconocimiento a la perseverancia. El público comprendía que aquella historia hablaba también de ellos: de emigración, de identidad, de la necesidad de elegir, a veces, el camino menos transitado.

Bull llenó la pantalla con su presencia magnética. Carismático y humilde. Firme y vulnerable. Un asturiano que ha sabido navegar entre dos culturas sin traicionarse.

El documental, dirigido con sensibilidad y pulso narrativo por Budro Partida, arranca en la Cangas de los años de instituto, cuando Diego ya lucía con orgullo camisetas de la bandera estadounidense y escuchaba con devoción a Elvis Presley, Johnny Cash y Jerry Lee Lewis. Aquella pasión no era estética: era vocacional. Era la certeza íntima de que su lugar en el mundo estaba ligado al rock and roll y a la cultura americana. Lo que el documental demuestra es que entre el sueño y la realidad media un territorio áspero.

Budro construye un relato más humano que musical, más íntimo que biográfico. No estamos ante el clásico documental de ascenso y caída, sino ante la anatomía de una perseverancia. La cámara observa sin juzgar, acompaña sin invadir. Uno de los grandes aciertos del documental es no romantizar la experiencia migratoria. I Took the Road Less Traveled pone el foco en la realidad actual de los emigrantes en Estados Unidos: la dificultad de obtener visados de permanencia, la burocracia implacable, la incertidumbre constante.

Estados Unidos no regala nada. Puedes tocar el cielo —llenar salas, recibir premios, ser reconocido por la crítica— y, al mismo tiempo, vivir pendiente de un permiso administrativo que determine tu continuidad en el país. Puedes cumplir el sueño tantas veces ansiado desde otras órbitas… o perderlo todo en el intento.

La lucha es feroz. El mercado es competitivo hasta el extremo. Y la legislación migratoria convierte cada paso en una carrera de obstáculos. Esa tensión atraviesa el documental y dota al relato de una dimensión contemporánea y política que lo eleva más allá de la simple biografía artística.

En cada testimonio se percibe la misma idea: la obstinación de Diego es el eje que lo sostiene todo. Colaboradores, amigos, profesionales del sector y familiares coinciden en señalar su resistencia, su ética de trabajo, su negativa a rendirse cuando el sistema parecía cerrar puertas.

Entre dos ríos, entre dos mundos. La voz que une las dos orillas

Hay una imagen poderosa que atraviesa el filme. Bull habla de su infancia “entre dos ríos”: el Río Luiña y el Río Narcea, que confluyen bajo la mirada protectora de la Ermita del Carmen. Dos corrientes que se unen para hacerse más fuertes, más bellas.

Esa metáfora fluvial resume su identidad: Así es Bull: español y americano. Cangues de pura cepa y músico forjado en la dureza del circuito estadounidense. Su lado español —arraigo, comunidad, memoria— y su lado americano —ambición, individualismo creativo, hambre de escenario— conviven sin imposturas. No hay disfraz. No hay caricatura. Hay integración.

Un Ulises moderno que ha cruzado océanos de tiempo sin extraviar su sueño.

El documental cuenta con la producción y la voz en off de L.A. Lloyd, figura reconocida del panorama radiofónico rockero en Estados Unidos. Su narración actúa como hilo conductor, como puente entre E.E.U.U. y Asturias, entre la épica americana y la raíz rural del suroccidente asturiano.

Estos días, Lloyd ha compartido con el equipo jornadas de celebración por Cangas, reencontrándose con el paisaje y con la hospitalidad de un concejo que ya los acogió en 2024, cuando llegaron para rodar las primeras escenas en la villa. Se percibe en él —y en todo el equipo— una admiración profunda por la persona que hay detrás del personaje.

La película ha cosechado un notable éxito en el circuito de festivales estadounidenses, incluyendo el reconocimiento como Mejor Documental Internacional en el Austin International Film Festival. Un logro que confirma la dimensión universal de una historia profundamente local.

Sin embargo, el equipo eligió Cangas del Narcea para su primer pase europeo. Un gesto cargado de simbolismo: antes de conquistar nuevos territorios, había que rendir cuentas con la tierra madre.

Desde Uve Magazine, tuvimos además el privilegio de acompañar la antesala de este estreno en la Librería Treito, en un encuentro cercano que sirvió de prólogo íntimo a la gran noche. Entre amigos y conversación, ya se intuía que lo que estaba por venir sería más que una proyección.

Invitación abierta: que el viaje continúe

El público llenó el teatro. Familias, amigos, vecinos, curiosos. La acogida fue cálida, sostenida, emocionada. No era solo la celebración del éxito de un músico en Estados Unidos; era el reconocimiento de una actitud ante la vida.

El documental nos recuerda que tomar el camino menos transitado implica perder certezas, comodidades, seguridades. Implica pagar un precio. Pero también demuestra que ese precio puede merecer la pena si lo que se gana es la fidelidad a uno mismo.

Bull no es solo un artista que ha tocado el techo del éxito en un mercado extranjero. Es el ejemplo de que la obstinación, cuando se combina con trabajo y talento, puede atravesar fronteras físicas y burocráticas.

I Took the Road Less Traveled prepara ahora su salto al circuito de festivales europeos y españoles. Ojalá podamos disfrutarlo pronto en nuestras pantallas, en nuevos teatros, en nuevas ciudades.

Mientras tanto, la invitación es clara: seguir el recorrido del documental a través de sus redes, acompañar su camino, compartir esta historia que habla de emigración, de identidad, de perseverancia y de sueños que no se negocian.

Magnífico trabajo el de Budro Partida, de L.A. Lloyd y de todo el equipo de producción. Magnífica la entrega de Bull. Y ejemplar la respuesta de un pueblo que supo acoger, celebrar y reconocer a quien nunca dejó de ser suyo.

Porque en tiempos donde la comodidad parece imponerse como norma, historias como la de Diego Avello —Bull— nos recuerdan que aún existen quienes prefieren la intemperie del intento a la tibieza de la renuncia.

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