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literatura

Pensamiento

La trampa de la compasión

by Emain Juliana 24/09/2026
written by Emain Juliana

Cuando la vulnerabilidad se convierte en una forma de poder

Los ejemplos de la literatura, el cine o la historia no sirven para diagnosticar a nadie, pero sí nos ayudan a reconocer ciertos patrones. Al verlos fuera de nuestra propia experiencia resulta más fácil distinguir ciertas conductas: la victimización constante, la culpa como forma de presión, la necesidad de ser rescatado, la dificultad para aceptar límites o la tendencia a convertir a antiguos aliados en enemigos. La ficción organiza, en cierta manera, lo que en la vida real suele parecer confuso, pero puede ayudarnos a identificar dinámicas que, cuando estamos implicados emocionalmente, resultan mucho más difíciles de ver.

Eve Harrington aparece una noche a la puerta del teatro. Está sola y empapada por la lluvia,  lleva varias semanas asistiendo a todas las representaciones de Margo Channing. Cuando por fin consigue conocerla, se presenta como un admiradora devota. No quiere un trabajo, ni dinero, tampoco favores. Cuenta su historia. Ella ha sufrido y ha perdido, pero ha encontrado en Margo una figura a la que admirar. Los presentes se conmueven al escuchar su historia, al ver su fragilidad y, casi sin darse cuenta, empiezan a incluirla en su círculo.

En Eva al desnudo, Joseph L. Mankiewicz construyó en 1950 uno de los retratos cinematográficos más eficaces de una forma muy particular de manipulación: aquella que no seduce por su carisma, sino provocando compasión.

Eve no se presenta como alguien poderosa y admirable. Todo lo contrario. Parece vulnerable, discreta, agradecida. Su fragilidad despierta protección y, desde ahí, va entrando poco a poco en la vida de los demás. Primero halaga y escucha, luego ayuda, después se vuelve necesaria. Cuando quienes la rodean descubren que aquella muchacha aparentemente indefensa tenía otros propósitos, ya está dentro y no hay vuelta atrás.

Eso es precisamente lo que hace tan difícil reconocer ciertas formas de narcisismo vulnerable. Estamos acostumbrados a imaginar al narcisista como alguien arrogante, encantado de sí mismo, convencido de su superioridad y hambriento de admiración. Sin embargo, hay personas cuya necesidad de reconocimiento adopta otra forma. Pueden mostrarse inseguras, heridas, decepcionadas por la vida, convencidas de que nunca han recibido el amor, el reconocimiento o la consideración que merecían. El sufrimiento puede ser real. La soledad puede ser real. También la tristeza. El problema empieza cuando ese dolor deja de ser únicamente una experiencia y comienza a manipular las relaciones.

Medea ya sabía algo de eso muchos siglos antes. En la tragedia de Eurípides, Medea ha sido traicionada por Jasón, la ha abandonado después de todo lo que ella sacrificó por él y la ha dejado en una posición desoladora. Su sufrimiento es completamente verdadero, sin embargo, Medea sabe utilizarlo. Cuando Creonte ordena su destierro, ella suplica, apela a su condición de madre y consigue un día más. Ese margen, obtenido a través de la compasión, es precisamente el tiempo que necesita para preparar su venganza. Más tarde hará algo semejante con Egeo para garantizarse un refugio. La fuerza de Medea está ahí: en mostrar que una persona puede estar verdaderamente herida y, al mismo tiempo, utilizar esa herida.

Esa distinción es esencial. No todas las personas que convierten su vulnerabilidad en poder están fingiendo. De hecho, el mecanismo puede resultar más eficaz precisamente cuando no hay fingimiento. Quien está delante ve un dolor verdadero y responde con ayuda, escucha, paciencia, comprensión. Empieza a perdonar ciertos comportamientos porque conoce las circunstancias que los explican. Concede otra oportunidad porque sabe que esa persona ha sufrido, más tarde otra, y otra más.

Otro ejemplo interesante es el de Uriah Heep, en David Copperfield. Este personaje utiliza una vía distinta. No necesita contar una gran desgracia, le basta con insistir en su pequeñez. Habla continuamente de sus orígenes humildes, se declara inferior a quienes lo rodean y adopta una actitud servicial que hace difícil verlo como una amenaza. Pero esa humildad acaba revelándose como una posición desde la que observa, obtiene información y poco a poco va ganando terreno. Heep ha comprendido algo esencial: quien parece débil provoca menos resistencia por parte de la sociedad. Su aparente insignificancia le permite acercarse a personas que probablemente habrían desconfiado desde el primer momento de alguien que mostrara abiertamente sus ambiciones. Dickens sutilmente convierte así la humildad exagerada en una máscara particularmente eficaz, porque obliga a los demás a rebajar sus defensas antes incluso de que exista una razón visible de sospecha.

Blanche DuBois, interpretada magistralmente por Vivien Leigh en la adaptación cinematográfica de Un tranvía llamado Deseo, se mueve en un territorio ambiguo. Blanche está verdaderamente dañada. Ha perdido demasiado y para seguir adelante debe conservar una determinada imagen de sí misma a cualquier precio. No puede soportar determinadas verdades, no quiere la luz directa, necesita que quienes la rodean participen en esa ficción que le permita continuar. No es Eve Harrington. No es tan calculadora. Pero sí encontramos algo reconocible: su fragilidad empieza a condicionar a los demás. Stella tiene que comprender, Mitch tiene que creer, el mundo tiene que tratarla de acuerdo con esa imagen irreal que tiene en su cabeza.

Ahí se encuentra uno de los puntos más delicados de estas relaciones. Una necesidad puede empezar siendo legítima y acabar convirtiéndose en una obligación para quien está al lado. La persona que escucha deja de ser simplemente alguien cercano y pasa a ocupar un lugar muy especial. Es quien comprende. Quien nunca abandona. Quien sabe todo lo que ha ocurrido. Quien ha demostrado ser diferente de los demás.

«Solo tú me entiendes».

«Contigo sí puedo hablar».

«Nadie ha estado a mi lado como tú».

Estas frases no tienen nada de sospechoso por sí mismas. Pueden expresar una intimidad verdadera. El problema aparece cuando esa intimidad se transforma y empieza a utilizarse como una deuda.

Tom Ripley pertenece a otra clase de vulnerable. En El talento de Mr. Ripley, llevado al cine por Anthony Minghella en 1999 con Matt Damon en el papel protagonista, Tom llega al mundo de Dickie Greenleaf desde una posición claramente muy inferior. No tiene su dinero,  tampoco seguridad, ni  facilidad para moverse entre quienes pertenecen a ese ambiente. Al principio resulta incluso fácil sentir cierta compasión por él: quiere agradar, integrarse  y observa con atención a quienes poseen todo aquello de lo que él carece. Minghella acentuó precisamente esa fragilidad respecto al personaje de Patricia Highsmith, haciendo de Tom una figura más insegura y necesitada de aceptación.

Pero esa necesidad cambia cuando Dickie empieza a cansarse de su compañía. Lo que podría haber sido una decepción se convierte en algo mucho más profundo y siniestro porque Tom no solo desea la amistad de Dickie: necesita sentirse aceptado en la vida de Dickie, pero sobre todo mantenerse en el lugar que cree haber conseguido junto a él. Cuando deja de sentirse elegido, aparecen la vergüenza y el resentimiento y también una voluntad cada vez mayor de apropiarse de aquello de lo que se siente excluido. La relación deja entonces al descubierto una característica especialmente inquietante: la admiración puede convivir con la envidia y el afecto puede esfumarse rápidamente cuando la otra persona retira la atención que hasta entonces proporcionaba.

Con Jean-Jacques Rousseau abandonamos la ficción. Su biografía ofrece, sin embargo, un episodio que permite observar otro aspecto de esta dinámica. Rousseau había sufrido persecuciones reales después de la condena de Emilio y El contrato social y, cuando necesitó refugio, David Hume, como buen amigo, lo ayudó a trasladarse a Inglaterra en 1766. La relación comenzó como una ayuda entre dos intelectuales y terminó de manera completamente distinta: Rousseau llegó a convencerse de que Hume participaba en una conspiración contra él.

El episodio resulta interesante porque muestra hasta qué punto una experiencia verdadera de persecución puede acabar condicionando la manera en que se interpretan las relaciones posteriores. Rousseau tenía razones para sentirse atacado por algunos de sus contemporáneos, pero Hume había sido precisamente una de las personas que habían acudido en su ayuda. Aun así, terminó incorporándolo a la historia de quienes conspiraban contra él. El protector podía convertirse así en un enemigo, y la ayuda recibida dejaba de tener peso frente a una nueva percepción de agravio, por muy irreal que fuese.

Es un cambio que resulta particularmente desconcertante para quien ocupa el otro lado de determinadas relaciones: haber ayudado durante mucho tiempo no garantiza nada cuando llega el momento de discrepar, alejarse o establecer un límite. Quien antes era «la única persona que me comprende» puede convertirse con sorprendente rapidez en alguien que «también me ha traicionado».

La literatura y el cine ofrecen muchas otras variaciones de este mismo mecanismo. Heathcliff, en Cumbres borrascosas, pasa de ser el niño humillado y maltratado al hombre que convierte aquella humillación en una justificación permanente para ejercer control y vengarse con extrema crueldad de quienes le han infligido sufrimiento. Emily Brontë no borra nunca el origen de su dolor, pero tampoco permite que ese origen vuelva inocentes sus actos posteriores. La crítica ha señalado precisamente cómo el trauma de Heathcliff termina vinculado a una necesidad obsesiva de control.

Humbert Humbert lleva el problema a un terreno todavía más oscuro. En Lolita, Nabokov crea un personaje  que intenta manipular también a los lectores. Humbert convierte su relato en una larga defensa de sí mismo, recurre a la autocompasión, al lenguaje amoroso y a su propia desgracia para presentar como tragedia personal aquello que es, en realidad, una relación marcada por un enorme abuso de poder. Su capacidad para verse como una víctima de sus propios  sentimientos es precisamente una de las trampas fundamentales de la novela. La crítica ha destacado hasta qué punto su confesión constituye un elaborado ejercicio de persuasión y manipulación.

La lista podría continuar hasta el infinito.

Fuera de la ficción, las cosas rara vez son tan claras. No hay un guionista que nos explique las intenciones de un narcisista vulnerable, tampoco suele tener un desenlace que ordene todo lo ocurrido. Hay relaciones que construimos durante meses o años y ciertas conductas que solo las entendemos con el tiempo y la distancia.

La psicología habla de narcisismo vulnerable para describir un perfil marcado por la inseguridad, la vergüenza, la hipersensibilidad a la crítica y al rechazo, una autoestima frágil y una fuerte necesidad de aceptación. No es un diagnóstico independiente, ni cualquier persona insegura o sensible puede considerarse narcisista. Para hablar de un trastorno de personalidad tiene que existir un patrón persistente en el tiempo y que afecte de manera importante a la vida y a las relaciones.

Lo más desconcertante suele ser la contradicción entre fragilidad y exigencia. Una persona puede sentirse poco valiosa y, al mismo tiempo, esperar una consideración especial; temer profundamente el rechazo y reaccionar con hostilidad ante un límite; necesitar mucho a los demás y, sin embargo, prestar poca atención a sus necesidades.

Quien está a su lado puede empezar entonces a medir las palabras, justificar decisiones que normalmente no tendría que explicar, posponer sus propias necesidades, sentirse culpable cada vez que intenta tomar distancia. 

Y aquí es donde empieza otra parte de la historia: qué ocurre con quienes permanecen cerca.

Para quien está al otro lado, las consecuencias son graves, algunas ya las hemos visto mas arriba, otras no. Tras meses o años de reproches, cambios de versión, culpabilización, castigos emocionales, crisis cada vez que uno intenta poner un límite, puede acabar viviendo en un estado de alerta casi permanente. Empieza a desconfiar de sus propias decisiones y a revisar conversaciones, uno se pregunta si realmente ocurrió lo que recuerda y a asumir responsabilidades por si acaso.

Las relaciones con otras personas se van reduciendo, porque la vida empieza a organizarse alrededor de la persona vulnerable para evitar el conflicto. En los casos donde existe abuso psicológico nos podemos encontrar con síntomas de ansiedad, depresión y estrés postraumático. No estamos hablando, por tanto, de una simple relación «difícil».

Y hay algo especialmente perverso en estas relaciones: la persona dañada en realidad, no suele reconocerse como tal porque continúa viendo con quien la hiere, aquella persona vulnerable a la que un día quiso ayudar. 

Poner nombre a lo que ocurre puede ser el primer paso para recuperar perspectiva. Y, cuando existe manipulación, control o abuso psicológico, buscar apoyo profesional y reconstruir los vínculos que se han ido perdiendo puede ser tan importante como alejarse de quien ha provocado ese deterioro.

  • Asociación Estadounidense de Psiquiatría. «¿Qué es el trastorno narcisista de la personalidad?».
  • Weinberg, I. y Ronningstam, E. «Trastorno narcisista de la personalidad: avances en su comprensión y tratamiento».
  • Reis, S. et al. «Narcisismo patológico y respuestas emocionales al rechazo», 2021.
  • Aslinger, E. N. et al. «Influencia de la vulnerabilidad y la grandiosidad narcisistas en la hostilidad antes y después del rechazo interpersonal», 2022.
  • Day, N. J. S., Townsend, M. L. y Grenyer, B. F. S. «Vivir con narcisismo patológico: un estudio cualitativo», 2020.
  • Day, N. J. S. et al. «Narcisismo patológico: análisis de la disfunción interpersonal en las relaciones íntimas», 2022.
  • Day, N. J. S. et al. «Vivir con narcisismo patológico: temas relacionales conflictivos en las relaciones íntimas», 2022.
  • British Film Institute. Material sobre El talento de Mr. Ripley y la construcción del personaje de Tom Ripley en la adaptación de Anthony Minghella.
  • Stanford Humanities Center. Material sobre el conflicto entre Jean-Jacques Rousseau y David Hume.
24/09/2026 0 comments
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AgendaEventos

Uve Magazine nº 5: deshielo, floración y vendimia

by Uve Magazine 22/09/2026
written by Uve Magazine

Hay revistas que se construyen alrededor de un tema y otras que, cuando empiezan a tomar forma, encuentran una relación entre textos que en principio parecían ir por caminos distintos. El número 5 de Uve Magazine pertenece a las segundas. Su título, Deshielo, floración y vendimia, terminó apareciendo casi como una consecuencia natural de sus páginas: aquello que cambia, aquello que crece y aquello que, después de un tiempo, está preparado para recogerse.

El número incluye además una playlist propia de Uve Magazine para acompañar esta entrega.

Verónica García-Peña escribe sobre la figura del «ángel del hogar» y sobre todo lo que ese ideal femenino dejó en la literatura y en la vida de muchas mujeres.

Beatriz Menéndez Alonso entrevista a Jorge Ordaz, geólogo y escritor, con quien habla de sus libros, de ciencia, de mitología, de literatura, de Asturias y de los autores que han formado parte de su vida como lector, y visita Flores La Plaza, un establecimiento que cumple cuarenta años en Cangas del Narcea y cuya historia permite hablar de oficio, continuidad y de los cambios que se han producido a su alrededor durante estas cuatro décadas. Imágenes de José Antonio Pernia López.

La música ocupa un lugar importante en este número. Sandra Márquez entrevista a Juan Manuel Moretti, cantante, guitarrista y compositor de Estelares, una de las bandas con una trayectoria más larga de la escena argentina. Coincide con su gira europea y con la publicación de Los Lobos, y recorre más de treinta años de canciones, discos y conciertos.

Moretti habla de cómo han cambiado Estelares y también de todo lo que permanece después de tantos años trabajando juntos: la escritura de las canciones, la relación con el público, los directos, las giras y una forma de entender la música que ha ido creciendo sin perder del todo el vínculo con sus primeros discos.  Imágenes de Martín Bonetto.

Y Marta Pastur Rubio firma Juegos Olímpicos, un relato en el que infancia y códigos familiares construyen una historia que parece sencilla hasta que empieza a mostrar todo lo que guarda detrás.

Todos estos contenidos encuentran un hilo común en Deshielo, floración y vendimia: lo que cambia, lo que crece y lo que, después de un tiempo, puede por fin recogerse.

El próximo 26 de septiembre, a las 12:00 h, presentaremos este nuevo número de Uve Magazine en Flores La Plaza, en Cangas del Narcea.

Nos encantará compartir la mañana con quienes queráis acompañarnos.

22/09/2026 0 comments
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AgendaEventosLiteratura

Arranca la 85.ª Feria del Libro de Madrid

by Valeria Cruz 28/05/2026
written by Valeria Cruz

El Retiro vuelve a convertirse este viernes 29 de mayo en el corazón literario de la capital con la inauguración oficial de la 85.ª Feria del Libro de Madrid, una de las citas culturales más esperadas del calendario. Su Majestad la Reina presidirá el acto inaugural a las 11:00 horas, dando el pistoletazo de salida a unas jornadas en las que las casetas, los autores y los lectores volverán a tomar los paseos del parque madrileño.

Una jornada inaugural con sello propio

La apertura no será solo protocolaria. La Feria ha reservado para su primer día algunos de los momentos que marcarán el tono de esta edición, empezando por la entrega del Premio Lealtad 2026, concedido este año al artista y diseñador Pep Carrió. El galardón reconoce su estrecha y prolongada vinculación con la propia Feria y con la Asociación de Librerías de Madrid, así como su aportación decisiva a la identidad visual de la gran cita literaria de la capital. Es, en el fondo, un homenaje a una relación profesional y afectiva sostenida en el tiempo.

El humor como hilo conductor

Dos de las charlas inaugurales comparten un punto de partida poco habitual en este tipo de encuentros: la risa.

En el Pabellón CaixaBank, Nuestra risa de infancia reúne a tres autores de ámbitos muy distintos —Maitena, Rodrigo Cortés y Edu Galán, con Mercedes Cebrián como moderadora— para hablar de sus referentes, de sus primeros recuerdos ligados al humor y de cómo la ironía y la sátira forman parte de su manera de mirar y contar el mundo. La actividad, organizada por la FLMadrid, podrá seguirse también en streaming.

En paralelo, el Pabellón Iberoamericano acoge La vida, ese material sospechoso, con Paulina Flores, Álvaro Carmona y Virginia Higa, bajo la moderación de Antonio Martínez Asensio. Tres voces de distintas generaciones y procedencias conversarán sobre las obsesiones que recorren sus obras —la identidad, la infancia, el pasado, el lenguaje, la migración— y sobre cómo el humor y el juego permiten mirar la realidad desde ángulos inesperados. Una charla sobre las ideas que persisten, las preguntas que no se cierran y la curiosidad entendida como forma de escritura. El encuentro cuenta con la colaboración de la Fundación Chile-España, CAF y la Embajada Argentina en España.

Memoria y homenaje

La jornada también mira hacia atrás para reivindicar una figura. Pedro Sorela: reivindicación de un europeo universal rinde tributo al escritor y periodista, autor de una obra atravesada por la reflexión, el viaje y la convivencia. En la mesa, Alfonso Armada, Álex Grijelmo y Montse Morata pondrán en valor tanto su legado literario como su papel de maestro de periodistas y referente ético para varias generaciones de profesionales. La actividad está organizada por la Embajada de Uruguay en España.

Firmas: el primer encuentro con los autores

Como cada año, el verdadero motor de la Feria son las firmas, ese momento en que el lector se acerca a la caseta y se lleva a casa un libro dedicado. La nómina del primer día es contundente y muy variada, con nombres como Ian Gibson, Siri Hustvedt, Julia Navarro, Andrés Trapiello, Elvira Navarro, Lucía Etxebarria, Elia Barceló, Marcos Giralt Torrente, Laura Ferrero, David Uclés, Sara Barquinero, Luis Zueco, Marcos Chicot o Alejandro Palomas, entre muchos otros. La ilustración también tiene su espacio con Fernando Vicente, Paco Sordo o Santiago García-Clairac, y la literatura infantil y juvenil suma a Javier Ruescas, Chiki Fabregat o Anna Morató. A ellos se añaden voces del periodismo y el ensayo como Mavi Doñate, Sergio C. Fanjul, Fernando Mairata o Juan Bellido.

28/05/2026 0 comments
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AgendaLiteratura

Feria del Libro de Madrid 2026: el humor toma El Retiro

by Uve Magazine 20/05/2026
written by Uve Magazine

Madrid se prepara para una de sus grandes citas culturales del año. La 85.ª Feria del Libro de Madrid (FLMadrid26) se celebrará del 29 de mayo al 14 de junio en el Paseo de Coches del Parque de El Retiro, y este año llega con un eje temático muy claro: el humor, la sátira y la ironía como formas de lectura crítica del presente. Bajo los hashtags #LeernosDeRisa y #Jajaja, la organización ha apostado por reunir a escritores, humoristas, ilustradores y pensadores que hacen del chiste, el absurdo o la carcajada una forma seria de ver el mundo.

“Este año en el que el humor —buena falta nos hace— ilumina la Feria, hemos invitado a gentes que son del libro porque todos y todas han publicado”, explicó Eva Orúe, directora de la FLMadrid, durante la presentación celebrada en el Ayuntamiento de Madrid. Y añadió, citando a Wenceslao Fernández Flórez, que “el humor es, sencillamente, una posición ante la vida”.

Grandes nombres a un lado y otro del Atlántico

El cartel de autores invitados es ambicioso. Desde el Reino Unido llegará Jonathan Coe, uno de los principales representantes de la sátira británica contemporánea, que conversará el 7 de junio con Carlo Padial. Desde Alemania, David Safier, autor de algunas de las novelas humorísticas más leídas de las últimas décadas. Y desde Argentina, Maitena, referente internacional del humor gráfico, que además recibirá un homenaje el 30 de mayo en el Pabellón Iberoamericano.

A ellos se suman nombres como Liniers, Kevin Johansen y Alberto Montt, que se reunirán por primera vez juntos en España para hablar de amistad, música e ilustración. También participarán Marta Sanz, Ignatius Farray, Camila Sosa Villada, Ariana Harwicz, Rodrigo Cortés, Eva Hache, Pantomima Full, Joaquín Reyes, Bob Pop, Leila Guerriero, Rodrigo Fresán, Nina Lykke, Beatriz Serrano, Edu Galán, Julián Génisson o Álvaro Carmona, entre muchos otros.

Charlas, homenajes y pódcast en directo

La programación cultural se desplegará en más de una decena de escenarios. El Pabellón CaixaBank acogerá los grandes encuentros, como “¿De qué nos reímos?”, con Eva Hache, Bernat Castany y Julián Génisson; “Instrucciones para contar un chiste”, con Iggy Rubín y Elena Beltrán; o “El humor en la herida”, diálogo entre Camila Sosa Villada y Giuseppe Caputo.

La Feria rendirá homenaje a figuras imprescindibles del humor literario y escénico: Les Luthiers, Kurt Vonnegut, Jorge Ibargüengoitia, Nicanor Parra y Rafael Azcona, así como a La conjura de los necios de John Kennedy Toole, ya un clásico contemporáneo de la sátira.

Otra novedad destacada es el peso de los pódcast en directo. Programas como Ni tan bien (con Carolina Iglesias), Pena y Pánico, ¿Te quedas a leer?, Las Fabuladoras o La trastienda de Pérgamo se grabarán ante el público, ampliando los formatos tradicionales de la conversación literaria.

Premio Lealtad para Pep Carrió

La FLMadrid26 reconocerá este año con el Premio Lealtad al diseñador, ilustrador y artista visual Pep Carrió (Palma de Mallorca, 1963), responsable de buena parte de la identidad gráfica contemporánea de la Feria desde que firmara el cartel de la edición de 2007. La ceremonia tendrá lugar el 29 de mayo en el Pabellón CaixaBank. El cartel de este año, en cambio, lleva la firma del ilustrador barcelonés Miguel Pang, que propone una escena coral marcada por el color y los códigos del slapstick.

Una feria con vocación iberoamericana

La dimensión latinoamericana vuelve a ser uno de los pilares de la programación, con el Pabellón Iberoamericano como epicentro y colaboraciones con festivales como Centroamérica Cuenta, Festival JA!, KM América, Suigeneris o el Festival de Málaga. “Hablamos el mismo idioma, pero ¿nos reímos igual?”, se pregunta Orúe.

Cifras de una gran cita

La Feria reunirá 366 casetas distribuidas a lo largo del Paseo de Coches: 118 de librerías, 220 de editoriales, 12 de distribuidoras y 16 de organismos oficiales. Habrá además espacios específicos como Indómitas, Editoriales Singulares, Archipiélago o la Plaza de la Ciencia y las Universidades.

El horario será de 10:30 a 14:00 y de 17:00 a 21:00 de lunes a viernes, y de 10:30 a 15:00 y de 17:00 a 21:00 los fines de semana. La organización recuerda que el 7 de junio, con motivo de la visita del papa León XIV a Madrid, algunos accesos podrían verse modificados.

Apoyo institucional y sostenibilidad

CaixaBank, Iberia, VIPS y Repsol repiten como patrocinadores oficiales. Esta última instalará más de 200 placas solares en casetas y pabellones, y suministrará combustibles renovables que permitirán reducir más de 11 toneladas de CO₂. Una manera, también, de que la risa no deje huella —al menos no de carbono— en El Retiro.

20/05/2026 0 comments
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AgendaEventosLiteratura

La Feria del Libro de León vuelve al centro de la ciudad

by Uve Magazine 14/05/2026
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La Feria del Libro de León celebra su 48.ª edición bajo el lema «HuEllas», del 14 al 24 de mayo, entre la plaza de San Marcelo y la calle Legio VII. Serán 40 casetas con horario de 12:00 a 14:00 y de 18:00 a 21:00, organizadas por la Asociación de Libreros de León y patrocinadas por el Ayuntamiento. Las actividades se reparten entre la carpa del recinto, el Salón de los Reyes y el Salón de Actos de Alfonso V.

El lema, que entiende la lectura como el rastro que deja en el lector, rinde homenaje este año a las mujeres en la literatura. La edición estrena dirección compartida —Magalí Labarta y Eva Campesino, primera vez con dos directoras al frente— y un cartel de la ilustradora leonesa Laura G. Bécares, protagonizado por una niña que sigue un sendero de huellas en un bosque de siluetas de escritoras, guiada por el «Hada del tejuelo».

El acto inaugural será el 14 de mayo a las 19:00, con pregón a cargo de la escritora y periodista Noemí Sabugal y la filóloga Janick Le Men en el Salón de Plenos del Ayuntamiento. Entre los autores anunciados para firmas y presentaciones figuran Pablo Rivero, Susana Martín Gijón, Ana Iris Simón, Bob Pop y Marta J. Serrano, junto a nombres leoneses como Tomás Sánchez Santiago, Julio Llamazares, Toño Benavides, Vicente Muñoz o Antonio Manilla. El público juvenil tendrá su tarde con Iria y Selene, Alina Not y Jara Santamaría, y los más pequeños una agenda específica coordinada por Bibliotecas Municipales. 

Once días para acercarse a las novedades y conversar con quienes hacen posible que un libro llegue a manos de un lector. Entre las editoriales presentes estará también Uve Books —pasaos a saludar—, junto a librerías, sellos independientes y proyectos culturales que durante estos días convierten San Marcelo en una excusa para detenerse, hojear y salir con un título que no estaba previsto.

14/05/2026 0 comments
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Vidas en conflicto

Edgar Allan Poe y el precio de la obsesión

by Uve Magazine 28/03/2026
written by Uve Magazine

La vida de Edgar Allan Poe ha sido tantas veces deformada por la leyenda del escritor maldito que resulta fácil olvidar algo esencial: antes que un personaje sombrío de biografía novelesca, Poe fue un autor de una inteligencia rigurosa, un artesano de la forma y un crítico extremadamente consciente de los efectos que quería producir en el lector. Su figura quedó envuelta muy pronto en una visión de decadencia, el alcohol, la pérdida y la muerte, y es cierto que todos esos elementos marcaron su existencia, pero limitarse a ellos impide ver lo más interesante. Poe no fue únicamente un hombre acosado por la desgracia, sino también un escritor que convirtió la inestabilidad material, el duelo, la ansiedad y la conciencia del fracaso en una obra de precisión casi matemática, donde el horror rara vez es un desahogo y suele ser, más bien, una construcción cuidadosamente calculada.

Nació en Boston en 1809 y quedó huérfano siendo todavía un niño. Su padre desapareció pronto y su madre, actriz, murió cuando Poe era muy pequeño. Fue acogido por John y Frances Allan, aunque esa acogida nunca llegó a traducirse en una pertenencia plena. Vivió, por tanto, en una posición ambigua, entre el amparo y la provisionalidad, entre la educación de un joven destinado a integrarse socialmente y la fragilidad del que sabe que ese lugar no le pertenece del todo. La relación con John Allan se deterioró con el tiempo, sobre todo a causa de las deudas, las expectativas frustradas y una incompatibilidad de temperamentos que acabó dejando a Poe sin la estabilidad económica que podría haber cambiado su destino. Esta herida temprana, que mezcla desarraigo afectivo y dependencia material, resulta importante porque en Poe hay siempre personajes al borde del colapso, sujetos que intentan sustentar una identidad o una autoridad mientras todo a su alrededor se descompone.

Su paso por la Universidad de Virginia y más tarde por el ejército no resolvió nada. Arrastró dificultades económicas, tensiones personales y una sensación persistente de no encontrar un lugar duradero en el mundo. Lo decisivo, sin embargo, es que esa precariedad no lo apartó de la literatura, sino que lo obligó a vivir de ella en un momento en que hacerlo en Estados Unidos era poco menos que una condena a la estrechez. Poe trabajó en revistas, corrigió textos, escribió reseñas, cuentos, poemas y ensayos, y lo hizo dentro de un mercado literario inestable y mal pagado, que exigía rapidez, visibilidad y capacidad para atraer lectores. De ahí surgió buena parte de su versatilidad. No solo inventó o fijó recursos narrativos que tendrían continuidad en la literatura posterior, sino que además reflexionó sin descanso sobre qué era un poema, cómo debía construirse un relato breve y de qué manera la unidad de efecto era decisiva para que una obra alcanzara intensidad.

Ese aspecto teórico de Poe suele quedar desplazado por su fama de autor oscuro, cuando en realidad es central. En textos como The Philosophy of Composition o en sus reseñas y comentarios críticos aparece un escritor obsesionado con el control formal, con la economía de medios y con la necesidad de que cada elemento contribuya al resultado final. Puede discutirse hasta qué punto sus explicaciones sobre el proceso de escritura fueron sinceras o estratégicas, pero lo importante es que revelan una conciencia artística nada improvisada. Poe se opone así a la imagen del genio arrebatado que escribe empujado solo por la fiebre o la desgracia. Incluso en sus piezas más delirantes hay cálculo, estructura y una voluntad de exactitud que explica por qué sigue siendo tan legible y tan moderno.

En su poesía, esa mezcla de música, pérdida y artificio alcanza una intensidad muy particular. The Raven es el ejemplo más célebre, pero no conviene reducirlo a una pieza de atmósfera o a un poema de fácil iconografía. En él ya está la teatralidad del duelo, la obsesión verbal, la repetición como mecanismo mental y una voz poética atrapada en su propio deseo de insistir allí donde no hay respuesta posible. Algo parecido ocurre en Annabel Lee, Ulalume o Lenore, donde la muerte de la mujer amada aparece menos como simple motivo romántico que como fijación que organiza el recuerdo y deforma el presente. Es difícil no relacionar esos poemas con la enfermedad y muerte de Virginia Clemm, su esposa, cuya larga agonía marcó profundamente a Poe, pero sería un error leerlos solo como biografía cifrada. Lo que hace importante esa poesía es el modo en que convierte la pérdida en ritmo, insistencia y escena mental, de manera que el lector no contempla únicamente una desgracia, sino una conciencia incapaz de salir de ella.

En la narrativa breve es donde su genio se vuelve más evidente. Poe entendió muy pronto que el cuento no debía ser una novela en miniatura, sino una forma específica, cerrada sobre sí misma, donde cada detalle actuase con intensidad. En relatos como The Fall of the House of Usher, Ligeia, Berenice o The Black Cat, la descomposición física y moral no aparece como un simple catálogo de horrores, sino como el modo en que la mente percibe un mundo que ha dejado de ser estable. Sus narradores suelen estar heridos por la culpa, la obsesión, el miedo o el autoengaño, y precisamente por eso el terror en Poe no depende tanto de monstruos externos como de una percepción alterada, de una sensibilidad que se vuelve incapaz de sostener la realidad sin deformarla. La casa de Usher no es solo un escenario gótico memorable, sino una extensión enfermiza de la conciencia; el corazón que late bajo el suelo en The Tell-Tale Heart no es únicamente un efecto macabro, sino la forma acústica de la culpa.

Ahí reside buena parte de su modernidad. Poe desplaza el centro del espanto desde lo sobrenatural hacia la psicología, aunque nunca renuncie del todo a la ambigüedad. Lo terrible no siempre consiste en que ocurra algo imposible, sino en que la razón empiece a resquebrajarse y el sujeto ya no pueda fiarse ni de lo que ve ni de lo que piensa. Ese camino lo convertiría en una referencia decisiva para la literatura fantástica posterior, para el simbolismo, para el decadentismo e incluso para formas del terror contemporáneo que siguen explorando el deterioro mental como fuente de inquietud.

Pero Poe no solo transformó el relato de terror. También abrió el camino del cuento detectivesco con The Murders in the Rue Morgue, The Mystery of Marie Rogêt y The Purloined Letter, textos en los que Auguste Dupin inaugura una inteligencia analítica que más tarde cristalizaría en Sherlock Holmes y en toda una tradición posterior. Lo notable es que esta invención surge del mismo autor que escribía sobre enterramientos prematuros, criptas y dobles. Lejos de ser facetas incompatibles, ambas revelan una misma obsesión: penetrar en lo oculto, reconstruir un orden invisible, demostrar que el caos puede leerse si se descifra bien la superficie. En Poe conviven así la fascinación por lo irracional y el placer del análisis, la pesadilla y el método, y esa convivencia lo vuelve especialmente rico.

Su vida siguió siendo desordenada y dura. Nunca consiguió verdadera seguridad económica, sus relaciones profesionales fueron tensas, su salud era frágil y su vínculo con el alcohol agravó una vulnerabilidad que ya existía. La muerte de Virginia lo dejó devastado y sus últimos años fueron erráticos. Murió en 1849, en circunstancias todavía discutidas, después de haber sido hallado en muy mal estado en Baltimore. La posteridad, además, quedó condicionada por la campaña hostil de Rufus Griswold, que ayudó a fijar la imagen de Poe como un ser degenerado y autodestructivo, imagen que tardó mucho en corregirse.

Sin embargo, lo verdaderamente perdurable en Poe no es el escándalo biográfico, sino la densidad de una obra que supo convertir la inestabilidad en forma. Fue un escritor que vivió bajo asedio, por las deudas, por el duelo, por la humillación social y por sus propias fracturas, pero que respondió a ese asedio no con desorden expresivo, sino con una disciplina artística extraordinaria. En sus mejores páginas hay belleza, sí, pero una belleza inseparable de la presión, del encierro y del temblor. En Poe, la literatura convierte la pérdida, la obsesión y el miedo en una estructura verbal de gran precisión, donde el desorden de la vida adquiere forma sin desaparecer del todo.

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Los fantasmas olvidados

Donde los muertos no siempre se van: El fantasma del cementerio

by Verónica García-Peña 24/01/2026
written by Verónica García-Peña

Aunque los fantasmas parecen siempre estar vinculados a estos lugares, lo cierto es que nadie se adentra en un cementerio con la idea de encontrarse con uno. Se hace para dejar flores, recordar y, a veces, contar secretos a quienes ya no pueden responder. Los camposantos son terrenos de orden con calles rectas, nombres alineados y fechas que parecen reglar el tiempo como si así se pudiera domesticar. No obstante, basta cruzar la verja para notar cómo la atención se afina y el gesto se ensombrece. Se baja la voz de forma refleja y, entre murmullos, se camina por el terreno con la sensación de que ahí, donde los muertos reposan, hay en realidad cientos de fantasmas que nos acompañan.

Se trata de una presencia discreta, pero también obstinada. Este fantasma se niega a desaparecer por mucho que de él, en ocasiones, ya no se sepa nada. Lápidas sin nombre, fecha o recuerdo. Espíritus y aparecidos, sombras y espectros son algunas de las denominaciones más comunes que esta especial ánima recibe cuando se habla o se escribe sobre ella; cuando se la imagina, pues es su terreno una de las más prolíficas atmósferas creativas del mundo. Universal como los páramos de las Brontë, el desolado fosal de Dickens en los pantanos o los terrenos de Stephen King donde la tierra se niega a guardar a sus muertos; y es que no hay cementerios, reales o imaginarios, sin historias.

En España, los camposantos comenzaron a construirse fuera de los núcleos urbanos a finales del siglo XVIII, tras la Real Cédula de Carlos III de 1787, que prohibía los enterramientos dentro de iglesias por razones sanitarias. Antes, se inhumaba a la gente en atrios y criptas. Aquella decisión, en apariencia solo práctica, tuvo como consecuencia el desplazamiento del vínculo cotidiano con la muerte, pues los muertos fueron apartados, organizados y alineados, pero lejos. En ese tránsito, algo quedó suspendido y tal vez por eso las leyendas de aparecidos que anhelaban regresar a casa, de espíritus que se sentían abandonados o de muertos que salían de su tumba cada noche crecieron.

Los archivos parroquiales y municipales, así como la memoria oral de nuestra geografía, atesoran informes y leyendas cuanto menos inquietantes sobre estos fantasmas. En el cementerio de San José, por ejemplo —edificado sobre los restos del antiguo palacio nazarí de los Alixares e integrado en el conjunto histórico de la Alhambra, en Granada—, se dice que, desde los años setenta, los vigilantes del lugar ven luminarias que recorren los nichos y escuchan pasos en las galerías vacías. En el norte, por su parte, en el fosal de Derio, en Vizcaya, la prensa local ha recogido durante décadas testimonios de trabajadores que evitan las zonas de panteones familiares clausurados tras la Guerra Civil. Allí, donde el silencio casi se puede tocar, se habla de golpes rítmicos desde el interior de las criptas. Relatos que el tiempo no ha borrado y que los propios sepultureros transmiten, pues en Derio el pasado nunca termina de callarse.

Panteones del patio primero del Cementerio de San José en Granada (España). El panteón de la familia Herrera

Durante el siglo XIX y buena parte del XX, muchos enterramientos fueron hechos sin nombre, lápida y sin un registro. Epidemias, fusilamientos, suicidios que se ocultaban por vergüenza familiar, niños muertos sin bautizar… Vidas que entraron en la tierra sin una despedida y sin un relato. Quizá por eso, pienso, este espectro nunca se marcha. A mí, que me encanta visitar camposantos de todo tipo y pasear por sus calles sin prisa, también me gusta imaginar las vidas de aquellos que habitan estos lugares; de los muertos que ya no quieren saber nada de los vivos e igualmente de los otros, de los que, sospecho, por qué no, pueden aún vagar por el lugar confundiéndose con nosotros.

Cementerio Municipal de Paterna

En el cementerio de Paterna, en Valencia, conocido trágicamente como ‘El Paredón de España’, más de dos mil doscientas personas fueron fusiladas y arrojadas a fosas comunes, la inmensa mayoría durante la represión de la posguerra, entre 1939 y 1956. Hoy, mientras los forenses trabajan para devolverles sus nombres y con ellos sus historias, tanto los vecinos como los que cuidan el lugar han descrito figuras que deambulan al amanecer junto al muro, en el que aún pueden verse las marcas de las balas. No piden nada a quienes los ven, dicen. Solo marchan de un lado al otro de la tapia, a la espera probablemente de recuperar su nombre y salir del olvido de la tierra.

Algo similar ocurre en el cementerio de Comillas, en Cantabria, bajo la sombra del imponente Ángel Exterminador —obra de Joseph Llimona—. Allí, desde finales del siglo XIX, se habla de una figura femenina que aparece junto a las tumbas más antiguas, aquellas que ya no reciben flores ni visitas. ¿Qué quiere? Nadie lo sabe con exactitud. ¿Y qué busca? Tampoco hay respuesta. Sí hay, claro, muchas hipótesis, pues buena es la imaginación para dejar tranquila una leyenda como esta. Los libros de defunciones de la parroquia mencionan que varias mujeres murieron solas en el pueblo, enterradas sin familia conocida. Sirvientas o acompañantes que llegaron de lejos y nunca regresaron a sus casas. Quizá la tradición oral las fundió en una única presencia; esa mujer que deambula por la necrópolis y cuida de los olvidados. Una conciencia hecha de restos. Una presencia coral en uno de los escenarios más bellos y melancólicos del modernismo español.

Quien ha pasado tiempo en un cementerio sabe que el aire allí se percibe diferente y no es porque en verdad lo sea. Con seguridad, he de admitir, es más sugestión que otra cosa; si bien, de esta forma se siente porque cada duelo deja un poso y cada visita incompleta o conversación interrumpida, cada promesa que no se cumplió, un lastre.

Cemeterio de Montijuïc

En el cementerio de Montjuïc, en Barcelona, los sistemas de seguridad han registrado, desde los años noventa, anomalías en las zonas de beneficencia. Son avisos recurrentes de sensores que se activan en zonas cerradas donde no hay nadie, o no debería haberlo. Siempre en los mismos puntos y siempre sin causa aparente. Los vigilantes hablan de un hombre que camina por los pasillos de los no reclamados. Es una presencia que no parece pertenecer a un solo muerto. Como ocurre en Comillas, es el peso acumulado de tantos óbitos sin un adiós.

Los cementerios guardan cuerpos, sí, pero también custodian finales y silencios que no descansan. Por eso, al salir de ellos, si se mira atrás, no es miedo lo que se siente. Es la sensación de que, entre lápidas y cipreses, entre mausoleos ornamentados y cruces sin nombre, alguien espera a que su historia sea contada o, tal vez, escrita.

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Literatura

Cinco lecturas para una Navidad literaria

by Emain Juliana 06/12/2025
written by Emain Juliana

Tradición, misterio y un viaje al Polo Norte

La Navidad es una estación que invita a leer de otra manera. Cuando el ritmo baja, las luces cambian y el frío obliga a recogerse, muchos lectores buscan historias que acompañen esa atmósfera. No se trata solo de libros ambientados en diciembre: hay relatos que, por su tono, su calidez o su capacidad de detener el tiempo, parecen escritos para ser leídos con una manta cerca. Entre ellos destacan cinco títulos muy distintos entre sí, pero unidos por algo esencial: todos capturan de un modo u otro el espíritu invernal. Tradición, familia, misterio, fantasía… cinco puertas de entrada a una Navidad literaria.

La primera parada es Vieja Navidad, de Washington Irving, un clásico que recupera las celebraciones tradicionales de la Inglaterra rural. Irving describe banquetes, villancicos y escenas hogareñas con una calidez que resiste extraordinariamente el paso del tiempo. No hay un conflicto dramático fuerte ni un gran giro argumental; lo importante es el retrato costumbrista. La narración tiene la capacidad de envolver completamente al lector en un ambiente que, aunque desaparecido, sigue resultando familiar: la fiesta entendida como reunión y como ritual. Es un libro breve, muy amable y perfecto para quien busque una lectura que funcione como refugio.

De ese ambiente casi museístico pasamos a la energía emocional de Mujercitas, de Louisa May Alcott, una novela que muchas personas asocian directamente a la Navidad, incluso sin recordarlo conscientemente. Varias de sus escenas más memorables transcurren en estas fechas: el entusiasmo infantil por los regalos, la renuncia voluntaria para ayudar a otros, la ilusión modesta de una familia que atraviesa dificultades pero no pierde cohesión. Alcott retrata la alegría y el cansancio de crecer, el lugar de la familia en un mundo incierto y, sobre todo, la importancia de los gestos pequeños. En invierno, Mujercitas siempre se siente más cerca, quizá porque es una novela que habla de la calidez humana en medio de la carencia.

La Navidad también puede ser un llamado a la reflexión ética, y ahí Cuento de Navidad, de Charles Dickens, sigue siendo insuperable. La historia de Ebenezer Scrooge es ya un mito moderno: un hombre avaro, encerrado en sí mismo, obligado a enfrentarse a su pasado, su presente y su futuro en una sola noche. La fuerza del relato no está solo en el elemento sobrenatural, sino en la manera en que Dickens expone la desigualdad social, el egoísmo cotidiano y la posibilidad real del cambio. La redención de Scrooge funciona porque no es complaciente: se trata de ver lo que uno ha hecho y asumir el coste. Cada relectura revela una capa nueva, y quizás sea eso lo que lo mantiene vivo cada Navidad.

Pero no todo son buenas intenciones. Para quienes prefieren una celebración con cuchillo escondido, Navidades trágicas de Agatha Christie ofrece el contrapunto perfecto. Un patriarca tiránico reúne a su familia para las fiestas, y el resultado es un crimen en una casa encerrada bajo el frío invernal. Poirot llega a un ambiente cargado de rencores, secretos y décadas de cuentas pendientes. Christie utiliza la iconografía navideña para potenciar el contraste: mientras todo invita a la armonía, la casa estalla. Es una lectura ágil, inteligente y muy eficaz para romper con el exceso de dulzura propio de estas semanas.

El viaje termina con Las cartas de Papá Noel, de J. R. R. Tolkien, quizá el libro más genuinamente navideño de todos. Durante más de veinte años, Tolkien escribió e ilustró cartas para sus hijos haciéndolas pasar por mensajes enviados desde el Polo Norte. En ellas conviven humor, travesuras, fantasía y un universo propio en expansión, con osos polares despistados, elfos de nieve, accidentes cómicos y pequeñas aventuras. Lo que hace especial al libro es la ternura que lo sostiene: es un puente entre el mundo adulto y el infantil, una demostración íntima de cómo la imaginación puede convertirse en tradición familiar. Es, también, un recordatorio de que la Navidad puede ser un acto de invención y de cariño.

Cinco libros, cinco sensibilidades y un mismo paisaje: el del invierno que invita a entrar en historias que reconfortan, sorprenden o iluminan. Este año, cualquier camino que elijas entre estos cinco te llevará a un lugar cálido. Y en estas fechas, eso es casi todo lo que se puede pedir.

06/12/2025 0 comments
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Historias del occidente

LLUME

by Ana Vega 23/08/2025
written by Ana Vega

Mi abuelo siempre nos advirtió de los peligros del fuego, del agua y de las crecidas del río, de la tormenta y los rayos (cómo protegernos si nos cogía desprevenidos en el monte), pero sobre todo del fuego. Recuerdo que mi tío, mi tía y mis primos cuando había tormenta siempre se metían en el coche y esperaban a que pasara. Mi abuelo nos enseñó a contar y así podíamos saber la distancia y el tiempo del que disponíamos para librarlos de lo peor. La cocina de leña se atizaba siempre, invierno y verano, era donde se cocinaba, cada día, y donde se preparan las empanadas para la fiesta, se asaba la carne los domingos y donde mi abuelo echaba leña todas las noches mientras nos contaba historias y miraba de lado por la ventana el puente para ver el movimiento de la pesca nocturna (en teoría prohibida pero el pueblo siempre fue ciudad sin ley). La leña era importante, y evidentemente los árboles que había que talar. Recuerdo el olor del eucalipto, también ir a coger avellanas, manzanas, naranjas, después del comer no íbamos a la nevera nunca, salíamos a coger el postre fuera de casa. Recuerdo perfectamente el olor de las naranjas, agrias, fuertes, las naranjas más hermosas que he visto nunca y que probaré en toda mi vida. Años más tarde, menos mal que él no lo vio, llegó la venta de los montes,  la tala desmedida, la plantación de eucaliptos, el exterminio del monte por herencias, dinero, egoísmo humano y el paisaje cambió porque decidimos matarlo lentamente. Si un conejo podía encontrar el camino a casa cuando lo soltaban por sarna muchos pueblos más lejos, cómo lo encontraría ahora me preguntaba.

De niña, según mi madre, me pasaba el día quieta. “No da guerra ninguna” decía — supongo que la guerra la daría después— pero sin embargo mi hermano era un “el mismo demonio”.  Mi madre decía que me daba un molino de café y yo le daba vueltas y vueltas sin decir ni mu (algo que más tarde me han recordado muchas veces en el hospital: “no te mueves y no te quejas, nos preocupas”). Se ve que el escándalo es símbolo de vida y el sigilo cosa de muerte grave. Toda la familia recuerda sus travesuras (y sus caídas: en una ocasión su bicicleta lo arrojó de cabeza al riachuelo y allí quedó clavado según mi madre hasta que tirando y tirando de él lograron sacarlo, a modo fórceps, fue un extraño renacimiento en la cuneta), en otra ocasión como a mi abuela le daba por sacudir una y otra vez el mantel de la cocina se le ocurrió clavar con puntas cada esquina, a mi abuela la pobre casi le da algo, y llegó al máximo de su ingenio cuando decidió junto a mi prima colocar en la cama de mi abuelo una culebra de plástico. Qué hizo mi abuelo, pues echar todo tipo de juramentos por la boca (allí era muy habitual acordarse de todos los santos para bien y para mal) y coger la escopeta de caza y ponerse a disparar a las sábanas sin atender a razones. Ese era nuestro mundo.

Pero la travesura más grave fue la que tuvo que ver con el fuego. En el pajar se guardaba la hierba seca, mi sitio favorito porque las gatas solían esconderse allí para parir a sus crías y yo me pasaba horas con ellas mimándolas y alimentándolas con mi madre de fondo gritándome por traer más gatos al pueblo (mi abuela metía a los gatos pequeños en una bolsa o un saco y los tiraba al río, a veces con golpes otras sin ellos, pero era muy normal matarlos a palos, darles de comer alfileres o tirarles tiros); pues bien, mientras yo miraba que ninguna víbora me mordiese los pies mientras me tendía en la hierba seca (¿existe un olor más dulce?) a mi hermano se le ocurrió una no muy brillante idea aunque temeraria a nivel máximo.

Era verano, época de hierba seca, así que mi abuelo y toda mi familia se encontraban al otro lado del pueblo. Entonces mi abuelo cogió su sombrero y comenzó a mirar hacia nuestra casa, vio cómo el humo crecía y crecía, comenzó a gritar y a decir que mi hermano había prendido fuego al pajar que se iba a quemar el pueblo entero. Y sí, efectivamente, mi hermano tuvo a bien prender fuego en el pajar con lo cual montó un buen espectáculo. Por suerte llegaron a tiempo y la cosa no fue a más, pero mi abuelo lo contaba como la mayor tragedia de su vida (después de África y Alhucemas se ve que llegó mi hermano de improvisto). El fuego, cuidado con el fuego nos decía. Y aún hoy los que sigue en pie de aquella estirpe y de aquel legado nos insisten: apaga el enchufe, no dejes nada encendido, cuidado con las velas… Porque saben que el fuego devora todo, se come la tierra, acaba con la leña, los animales, tu casa y eso implica la devastación de una familia entera.

Tengo dos imágenes en mi memoria. Una, cuando comenzó el fuego lejos pero veíamos el humo, siempre estábamos atentas al cambio de viento, al monte, si giraba, entonces vimos un corzo pasar justo delante de nosotros y arrojarse al río, jamás lo olvidaré, el animal más hermoso que he visto en mi vida. Y la segunda imagen, cuando el fuego muchos años más tarde llegó a las casas, cómo intentábamos comunicarnos con el resto de las casas, cómo avanzaba como en las crecidas al segundo, cómo las llamas atravesaban las copas de los árboles y la imagen que nunca olvidaré, cuando llegué meses más tarde, y caminé por un bosque de ceniza, ese día se me rompió el corazón de árbol. Cuántos pedazos de corazón podemos llevar rotos y seguir viviendo…Ni un solo animal, ni el canto de un pájaro, nada y los árboles centenarios no milenarios aguantando el embiste de las llamas. Me pareció la imagen más triste del mundo y nosotros los seres más bajos del universo.

En mi tierra nos enseñaron a quitar las malas hierbas, a tener mucha precaución con las quemas, mirar siempre los índices de incendio, ver pastar las vacas, caballos y cabras, comprobar los marcos del monte, estar muy al tanto los días de calor, enseguida levantar la cabeza y pensar si realmente olía a humo o era el miedo. Así aprendimos lo que es el fuego. Pena que esa educación se haya perdido y nuestra conexión con nuestra hermana tierra.

Cuando mi abuelo nos visitaba siempre me decía, estos edificios no me gustan nada, no se respira nada (no bien, nada) y si hay un incendio acuérdate, las llamas suben hacia arriba así que tienes que atar así las cortinas arrojarlas por la ventana y bajar con mucho cuidado para que no se rompa, es mejor que te des un buen coscorrón a que te quemes viva. No lo olvides. Y jamás lo olvidaré.

23/08/2025 0 comments
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EventosPensamiento

Cuando arde la memoria

by Emain Juliana 18/08/2025
written by Emain Juliana

Hoy, cada incendio que arrasa hectáreas de Castilla y León, Galicia, Extremadura o Asturias no es un accidente aislado, sino un síntoma. Es la expresión de una fractura entre lo urbano y lo rural, es la expresión de una fractura social y ambiental que nace del abandono del territorio y de una gestión forestal insuficiente, agravada por el impacto del cambio climático, pero también hay que decir que en torno al noventa y seis por ciento de los incendios son provocados. No hablamos solo de negligencias, descuidos o accidentes, sino también de acciones totalmente deliberadas, de intereses económicos ocultos y de una violencia ejercida contra la tierra que se traduce en humo y devastación. El fuego, en su mayor parte, no es fruto del azar ni de la naturaleza indómita, lo que lo convierte en un espejo aún más duro de nuestra responsabilidad colectiva.

No es casualidad que los lugares más afectados sean a menudo los mismos que cargan con décadas de abandono y despoblación: aldeas donde apenas queda una veintena de vecinos, pueblos que vieron marchar a sus jóvenes hacia las ciudades, campos convertidos en maleza porque ya no hay manos que los limpien. El fuego encuentra allí su camino, y al avanzar no solo destruye paisajes, sino también la débil red de vínculos que todavía mantenía en pie la vida comunitaria.

Desde un punto de vista social, los incendios también exponen la desigualdad territorial. Allí donde hay pueblos pequeños y recursos escasos, la defensa contra el fuego depende en gran medida de la ayuda estatal o de la solidaridad improvisada de los vecinos. En cambio, en zonas turísticas o próximas a áreas urbanas, la respuesta es más rápida, más contundente. Esto genera una herida de fondo: la sensación de que hay vidas que valen menos, territorios que pueden arder sin que al conjunto de la sociedad le importe demasiado. Ese sentimiento alimenta el desencanto y el resentimiento de la España rural, que percibe cómo sus tragedias solo se hacen visibles cuando adquieren la magnitud suficiente para convertirse en espectáculo mediático.

Las cifras oficiales hablan de hectáreas quemadas, número de efectivos desplegados, de millones de euros en pérdidas, carreteras y líneas de tren cortadas pero lo que rara vez reflejan son las vidas rotas tras cada incendio. Las víctimas no son una abstracción: son familias que ven cómo las llamas devoran sus casas en cuestión de minutos, pequeños negocios que desaparecen sin posibilidad de una reconstrucción inmediata, agricultores y ganaderos que pierden la base de su sustento, ancianos que deben abandonar de golpe el lugar donde han vivido siempre. Los desalojados cargan con la incertidumbre de no saber si podrán regresar, y quienes logran salvar la vida llevan consigo una herida invisible, hecha de miedo y desarraigo. En cada incendio hay nombres y rostros concretos que el fuego convierte en exiliados de su propia tierra, y ese impacto humano es la parte más dolorosa y menos reparable de la tragedia.

No quisiera cerrar estas líneas como si la cuestión estuviera concluida, porque no lo está. Cerrar sería una forma de dar por terminada una historia que en realidad permanece abierta, y tal vez la única honestidad posible sea dejar estas palabras así, incompletas. Y no lo cierro tampoco porque sé que volverá a suceder, siempre sucede, porque no se invierte en prevención, las personas no se hacen responsables de sus actos y ahora mismo todo se siente como si el incendio formara ya parte inevitable de nuestra manera de vivir y de recordar.

18/08/2025 0 comments
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