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Category:

Personajes

ArteCineLiteraturaPersonajes

Frankenstein de Mary Shelley

by Valeria Cruz 08/03/2025
written by Valeria Cruz

En el verano de 1816, un grupo de escritores se refugió en la Villa Diodati, una mansión situada a orillas del lago Lemán, Suiza. Entre ellos estaban Lord Byron, Percy B. Shelley, su amante Mary Godwin (después conocida como Mary Shelley), su hermanastra Claire Clairmont y el médico John Polidori. La erupción del volcán Tambora en 1815 había provocado un enfriamiento global que llevó a que 1816 fuera conocido como “el año sin verano”. En este ambiente gótico y melancólico, Byron propuso un concurso: cada uno debía escribir una historia de terror. De esta velada nacería Frankenstein o el moderno Prometeo, una de las obras más influyentes de la literatura universal.

Mary Shelley nació el 30 de agosto de 1797 en Londres. Era hija de dos figuras intelectuales de gran peso en su época: el filósofo y escritor político William Godwin, autor de Una investigación acerca de la justicia política, y Mary Wollstonecraft, una de las pioneras del feminismo y autora de Vindicación de los derechos de la mujer. Sin embargo, su madre falleció pocos días después de dar a luz, dejando a Mary en manos de su padre, quien la educó en un ambiente de gran estimulación intelectual. A pesar de la gran influencia de Godwin en la formación de su hija, su segunda esposa no tuvo el mismo nivel de interés en el desarrollo intelectual de Mary, lo que la llevó a sentirse algo marginada en su propio hogar. Su refugio fue la lectura, los escritos de su madre y los círculos filosóficos y literarios de su padre, donde conoció a Percy Bysshe Shelley, un joven poeta radical y admirador de Godwin. La relación entre ambos se volvió apasionada, pero también escandalosa, ya que Percy estaba casado en ese momento.

En 1814, Mary y Percy huyeron juntos a Francia, viajando a través de Europa en condiciones difíciles. Durante los siguientes años, Mary vivió tanto alegrías como profundas tragedias, incluida la pérdida de varios de sus hijos en la infancia. En 1816, la pareja llegó a Suiza, donde se reunieron con Lord Byron y Claire Clairmont en Villa Diodati. George Gordon Byron, conocido como Lord Byron, era una de las figuras más controvertidas de la literatura romántica. Poeta, aventurero y libertino, Byron había escapado de Inglaterra tras una serie de escándalos personales y políticos. En Suiza, estableció su residencia en Villa Diodati, donde su vida de excesos y genio literario influyó profundamente en sus acompañantes. El médico personal de Byron, John Polidori, también jugó un papel fundamental en aquel verano. De la misma velada en la que Mary Shelley concibió Frankenstein, Polidori escribió El vampiro, una historia que daría forma a la imagen del vampiro aristocrático que más tarde influiría en Drácula de Bram Stoker.

El ambiente intelectual en Villa Diodati estaba impregnado de discusiones sobre filosofía, ciencia y literatura gótica. Se hablaba de galvanismo y de experimentos que pretendían reanimar tejidos muertos. Fue en ese entorno que Mary Shelley tuvo su pesadilla visionaria sobre un científico que creaba un ser monstruoso. La novela no solo es una historia de terror, sino también una profunda reflexión sobre los límites de la ciencia y la responsabilidad del creador frente a su creación. Victor Frankenstein encarna al científico ambicioso que, movido por el deseo de conocimiento, traspasa los límites de la naturaleza. Las ideas del siglo XVIII sobre el galvanismo, las disecciones y la posibilidad de la reanimación artificial influyeron enormemente en la novela. Erasmus Darwin, abuelo de Charles Darwin, había especulado sobre la capacidad de la electricidad para otorgar vida a la materia inerte, lo que también resonaba en el pensamiento de Shelley.

Mary Shelley

El personaje del monstruo es una de las creaciones más complejas de la literatura. A diferencia de su representación en el cine, donde es una criatura torpe y brutal, en la novela es inteligente, sensible y elocuente. Aprender a leer y a hablar a través de libros como El paraíso perdido, Las desventuras del joven Werther y Las vidas paralelas le da una profunda conciencia de su propia tragedia. El monstruo no nace malvado, sino que es rechazado por su creador y por la humanidad. Su deseo de afecto se convierte en rabia y venganza cuando es marginado y perseguido. Este dilema moral ha hecho que Frankenstein sea interpretado como una crítica a la sociedad y a la discriminación basada en la apariencia.

Desde su publicación, Frankenstein ha inspirado numerosas adaptaciones teatrales y cinematográficas. La versión de 1931 de Universal Studios, protagonizada por Boris Karloff, consolidó la imagen del monstruo con tornillos en el cuello y andar torpe. En 1994, Frankenstein de Mary Shelley, dirigida por Kenneth Branagh, intentó ser más fiel al material original, presentando a un monstruo con una profundidad emocional más cercana al libro. El legado de Mary Shelley también se extiende a la ciencia. Hoy, el término “frankensteiniano” se usa para describir avances tecnológicos o científicos que generan dilemas éticos, como la clonación o la inteligencia artificial.

Frankenstein, 1931

Frankenstein sigue siendo una obra fundamental porque plantea cuestiones universales sobre la naturaleza humana, la responsabilidad moral y los peligros de la ambición desmedida. La historia de Mary Shelley, una joven que transformó su visión en una de las obras más influyentes de la literatura, es también un testimonio de su propio talento y determinación. Su monstruo, lejos de ser un simple ser terrorífico, es un reflejo de nuestros propios miedos, esperanzas y tragedias. Más de dos siglos después de su publicación, el dilema de la criatura de Frankenstein sigue interpelándonos y recordándonos que la verdadera monstruosidad no reside en la apariencia, sino en la indiferencia de la humanidad hacia aquellos a quienes ha condenado al abandono.

08/03/2025 0 comments
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ArtePersonajes

Las cinco pintoras más importantes del siglo XX

by Uve Magazine 16/02/2025
written by Uve Magazine

A lo largo del siglo XX, la pintura experimentó una revolución sin precedentes. Movimientos como el surrealismo, el expresionismo y el arte abstracto transformaron la manera en que concebimos el arte. En este contexto, cinco pintoras se alzaron como figuras fundamentales, desafiando las normas impuestas y transitando un camino difícil para las mujeres en el mundo del arte.

Frida Kahlo (1907-1954)

Pocas artistas han logrado convertir su vida en un testimonio visual tan impactante como Frida Kahlo. Su obra, profundamente autobiográfica, refleja el dolor físico y emocional que la acompañó durante toda su existencia. Con un estilo surrealista, pero enraizado en el folclore mexicano, Kahlo exploró temas como la identidad, la maternidad y la política. Obras como Las dos Fridas y Autorretrato con collar de espinas que refleja otro de sus grandes tormentos,  su relación con Diego Rivera. Su obra está llena de iconografía, simbolismo y dolor físico.

Las dos Fridas

Georgia O’Keeffe (1887-1986)

Pionera del modernismo en los Estados Unidos, Georgia O’Keeffe revolucionó la representación de la naturaleza y la abstracción. Sus famosas pinturas de flores, como Jimson Weed/White Flower No. 1, y sus paisajes del suroeste estadounidense destacan por su atrevimiento formal y el uso innovador del color. Su trabajo se caracteriza por el desarrollo en series, donde exploraba un motivo —ya fuera una flor, un paisaje, un hueso o una estructura arquitectónica— que primero debía despertar en ella una emoción intensa. Una vez capturada esa sensación, la traducía en varias pinturas, abordando el tema desde distintos ángulos hasta agotar su interés por él.

Georgia O’Keeffe prácticamente todas las interpretaciones que se hicieron sobre sus obras

Abstraction Blue

Tamara de Lempicka (1898-1980)

Emblema del Art Déco, Tamara de Lempicka capturó la elegancia y el glamur de los años 20 y 30 con su estilo inconfundible. Sus retratos, caracterizados por formas caraterísticas de Art Decó y una paleta de colores vibrante, reflejan el espíritu de la modernidad. Obras como Autorretrato en un Bugatti Verde o La joven con un vestido verde  consolidaron su reputación como una de las pintoras más icónicas de su tiempo.

Se advierte en su obra una profunda admiración por Ingres, pero también ecos de Botticelli y del Manierismo en general. Sus géneros predilectos son el desnudo y el retrato, donde aparecen hombres de porte elegante o mujeres etéreas, envueltas en vestidos de telas ondulantes.

Asimismo, algunos críticos han señalado la presencia de elementos cubistas en su trabajo. La artista, que tuvo contacto con el movimiento, incorporó en ciertas piezas una sutil geometrización de las formas.

La joven con un vestido verde

Leonora Carrington (1917-2011)

Figura clave del surrealismo, Leonora Carrington desarrolló una obra que combina mitología, simbolismo y una visión onírica del mundo. De origen británico, pero con una profunda conexión con México, Carrington creó universos en los que lo mágico y lo real se entrelazan de manera inconfundible. Su pintura El mundo mágico de los mayas es una muestra del sincretismo y la fascinación por lo esotérico que marcó su producción artística.

Autorretrato

Louise Bourgeois (1911-2010)

Si bien Louise Bourgeois es más conocida por su trabajo escultórico, su obra pictórica y sus dibujos desempeñaron un papel crucial en su desarrollo artístico. A través de sus creaciones, exploró temas como la memoria, el cuerpo y la psique humana. Su icónica serie de pinturas y dibujos Femme Maison ofrece una profunda reflexión sobre la identidad femenina y la relación entre el espacio doméstico y la autonomía personal.

Femme maison
16/02/2025 0 comments
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LiteraturaPensamientoPersonajes

Ante la ley, relato de Franz Kafka

by Uve Magazine 07/02/2025
written by Uve Magazine

Ante la ley de Franz Kafka (1915) es una breve parábola que encapsula la angustia existencial y la burocracia impenetrable, temas recurrentes en la obra del autor.

Este cuento, incluido en El proceso, ilustra la impotencia del individuo frente a sistemas inescrutables y sugiere la inutilidad de la espera pasiva ante las barreras impuestas por el poder. Su ambigüedad ha dado pie a múltiples interpretaciones, desde una lectura existencialista hasta una alegoría sobre la inaccesibilidad de la verdad o la justicia.

Ante la ley se alza un guardián. Llega un hombre del campo y solicita entrar en la ley. Pero el guardián le dice que, por ahora, no puede permitirle la entrada. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde se le permitirá entrar.

—Es posible —dice el guardián—, pero no ahora.

Puesto que la puerta de la ley está abierta, como siempre, y el guardián se aparta a un lado, el hombre se inclina para mirar a través de la puerta, hacia el interior. Al notar esto, el guardián suelta una carcajada y dice:

—Si tanto te tienta, prueba a entrar a pesar de mi prohibición.

—Pero advierte: soy poderoso. Y no soy más que el primer guardián. Entre las salas hay otros guardianes, cada uno más poderoso que el anterior. Ni siquiera yo puedo soportar la mirada del tercero.

El hombre del campo no esperaba tales dificultades; la ley debería estar siempre accesible para todos, piensa. Pero al observar más detenidamente al guardián, su abrigo de piel, su gran nariz puntiaguda, su larga y fina barba negra tártara, decide aguardar hasta obtener el permiso para entrar.

El guardián le entrega un taburete y le permite sentarse a un lado de la puerta.

Allí se sienta durante días y años. Hace innumerables intentos por ser admitido y fatiga al guardián con sus súplicas. Este, de vez en cuando, le somete a pequeños interrogatorios, le pregunta por su tierra natal y por muchas otras cosas, pero tales cuestiones son indiferentes, como las que formulan los grandes señores, y al final siempre le repite que aún no puede dejarle entrar.

El hombre, que ha emprendido su viaje bien provisto, emplea cuanto posee, por valioso que sea, para sobornar al guardián. Este lo acepta todo, pero dice:

—Solo lo tomo para que no pienses que has dejado de hacer algo.

A lo largo de los años, el hombre ha observado casi sin descanso al guardián. Poco a poco, olvida a los otros guardianes, y este primero le parece el único obstáculo para entrar en la ley.

Maldice la desdichada coincidencia, al principio con impaciencia y a grandes voces; más tarde, cuando envejece, solo gruñe para sí mismo. Se vuelve infantil, y como en sus años de observación del guardián ha llegado incluso a distinguir las pulgas en el cuello de piel de su abrigo, les ruega también a ellas que le ayuden y logren ablandar el corazón del guardián.

Con el tiempo, su vista se debilita, y ya no sabe si la oscuridad a su alrededor es real o si sus ojos le engañan. Pero ahora, en medio de las tinieblas, distingue un resplandor que se filtra inexorablemente a través de la puerta de la ley.

No le queda ya mucho tiempo de vida.

Antes de su muerte, todas las experiencias de aquellos años se condensan en su mente en una única pregunta que hasta entonces no había formulado al guardián. Le hace una seña, pues ya no puede enderezar su cuerpo entumecido. El guardián tiene que inclinarse profundamente hacia él, pues con los años la diferencia de tamaño ha cambiado en gran perjuicio del hombre.

—¿Qué más quieres saber ahora? —pregunta el guardián—. Eres insaciable.

—Todos aspiran a entrar en la ley —dice el hombre—, ¿cómo es posible, entonces, que en todos estos años nadie, salvo yo, haya solicitado entrar?

El guardián, viendo que el hombre se halla en su último aliento, le grita al oído:

—Nadie más podía entrar por aquí, porque esta puerta estaba destinada solo para ti. Ahora voy a cerrarla.

Marino Costa

07/02/2025 0 comments
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Personajes

Profecías pendientes de Nostradamus

by Valeria Cruz 26/12/2024
written by Valeria Cruz

Desde que Michel de Nostredame, más conocido como Nostradamus, publicó su obra Les Prophéties en 1555, sus crípticos cuartetos han fascinado y desconcertado a estudiosos, creyentes y escépticos por igual. Este médico y astrólogo del Renacimiento dejó un legado de predicciones que abarcan siglos, desde eventos históricos como la Revolución Francesa hasta acontecimientos contemporáneos como el ataque a las Torres Gemelas. Sin embargo, muchas de sus profecías aún están pendientes de interpretación o cumplimiento. ¿Qué nos depara el futuro según los crípticos versos de Nostradamus?

Uno de los temas recurrentes en las profecías de Nostradamus es la amenaza de guerras devastadoras. Aunque algunos interpretan que ya se han cumplido con las dos guerras mundiales del siglo XX, otros creen que aún falta un conflicto de escala global. En uno de sus cuartetos, se lee: “Dos grandes potencias luchan largo tiempo; la Tercera traerá gran ruina.” Esta línea ha sido interpretada como un anuncio de una posible Tercera Guerra Mundial, donde grandes naciones podrían enfrentarse, dejando consecuencias catastróficas para la humanidad. Algunos expertos en Nostradamus vinculan esta profecía con tensiones actuales entre potencias nucleares como Estados Unidos, China y Rusia.

Uno de los temas recurrentes en las profecías de Nostradamus es la amenaza de guerras devastadoras. Aunque algunos interpretan que ya se han cumplido con las dos guerras mundiales del siglo XX, otros creen que aún falta un conflicto de escala global. En uno de sus cuartetos, se lee: “Dos grandes potencias luchan largo tiempo; la Tercera traerá gran ruina.” Esta línea ha sido interpretada como un anuncio de una posible Tercera Guerra Mundial, donde grandes naciones podrían enfrentarse, dejando consecuencias catastróficas para la humanidad. Algunos expertos vinculan esta profecía con tensiones actuales entre potencias nucleares como Estados Unidos, China y Rusia. De igual manera, otra profecía intrigante habla del surgimiento de un “gran líder” que unificará a muchos pueblos en Asia: “De las profundidades de Oriente surgirá el gran hombre, su palabra hará temblar la tierra.” Aunque esta profecía ha sido interpretada de diferentes maneras, algunos creen que apunta a un líder político o religioso que cambiará el panorama global. Los más escépticos sugieren que esta predicción es demasiado vaga, mientras que otros piensan que podría referirse a la influencia creciente de China o la India en el escenario mundial.

Nostradamus también escribió sobre desastres naturales y cambios en el clima. En uno de sus versos, menciona: “El sol quemará la tierra más que nunca; los campos arderán bajo el cielo.” Muchos relacionan esta predicción con el calentamiento global y los eventos climáticos extremos que ya estamos viviendo, como las olas de calor y el aumento del nivel del mar. Algunos defensores de su legado sostienen que sus visiones sobre “grandes tormentas” y “tierras sumergidas” podrían aludir a eventos futuros relacionados con el cambio climático. Aunque escribió en una época donde la tecnología era rudimentaria, algunas de sus profecías parecen referirse a avances científicos que podrían transformar la humanidad: “Los cielos serán conquistados, nuevas tierras halladas entre las estrellas.” Esto ha sido interpretado como una referencia a la exploración espacial, incluyendo la posibilidad de colonizar otros planetas. Con iniciativas actuales como las de SpaceX y NASA para llegar a Marte, esta profecía podría cobrar relevancia en décadas próximas. Además, algunas interpretaciones sugieren que Nostradamus predijo avances tecnológicos que permitirán a los humanos trascender los límites de la vida en la Tierra.

Finalmente, el misterio y el atractivo de las profecías de Nostradamus residen en su capacidad para adaptarse a la mirada de cada época. Sus versos crípticos parecen ser espejos que reflejan las ansiedades y esperanzas de quienes los leen, convirtiéndolos en un testimonio atemporal de nuestra búsqueda por comprender el futuro. Mientras que algunas de sus predicciones pueden interpretarse como advertencias, otras invitan a reflexionar sobre la posibilidad de un cambio positivo. Quizá el verdadero legado de Nostradamus no sea la exactitud de sus visiones, sino la capacidad de inspirar preguntas sobre el rumbo que queremos trazar como humanidad.

26/12/2024 0 comments
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EventosPersonajes

Krampus tradición y terror

by Valeria Cruz 24/12/2024
written by Valeria Cruz

Cuando llega la Navidad, la imaginación colectiva se llena de luces, villancicos y la figura bondadosa de Santa Claus repartiendo regalos y alegría. Sin embargo, en los Alpes europeos, existe un personaje mucho más oscuro que contrasta radicalmente con este espíritu festivo: Krampus, una criatura mitad cabra y mitad demonio que se encarga de castigar a los niños desobedientes. Este ser aterrador ha sobrevivido a través de siglos de tradición, emergiendo de las raíces del folclore alpino como un símbolo del equilibrio entre el bien y el mal en la temporada navideña.

Krampus. Imagen vintage de la década de 1930

El origen de Krampus se remonta a las antiguas tradiciones paganas de Europa central, mucho antes de la llegada del cristianismo. Su nombre proviene del alemán krampen, que significa garra, y su imagen evoca a los antiguos espíritus invernales que, según se creía, habitaban los bosques durante los meses más fríos. Algunos historiadores sugieren que Krampus está relacionado con figuras de la mitología nórdica, como Hel, la diosa del inframundo, o con entidades demoníacas que representaban la severidad de los duros inviernos alpinos. Cuando el cristianismo se expandió por la región, las tradiciones paganas no desaparecieron del todo, sino que se adaptaron a las nuevas creencias. Así, Krampus pasó de ser un espíritu salvaje a convertirse en el asistente oscuro de San Nicolás, encargado de mantener a raya a los traviesos mientras el santo recompensaba a los niños obedientes.

La leyenda de Krampus es tan fascinante como aterradora. Cada 5 de diciembre, víspera de la fiesta de San Nicolás, Krampus aparece para recorrer las calles durante la llamada Krampusnacht, o Noche de Krampus. Según el mito, mientras San Nicolás recompensa con dulces y regalos a los niños buenos, Krampus persigue a los desobedientes, blandiendo ramas de abedul y sacudiendo cadenas que resuenan como un siniestro aviso. En algunas versiones de la historia, Krampus incluso secuestra a los niños malos, metiéndolos en un saco o una cesta para llevárselos al inframundo. Esta figura aterradora no solo buscaba disciplinar a los más pequeños, sino que también servía como recordatorio de las consecuencias de los malos actos, manteniendo viva la dualidad entre recompensa y castigo en la época navideña.

La apariencia de Krampus está diseñada para infundir miedo. Su cuerpo está cubierto de un pelaje oscuro, similar al de una cabra, y su rostro presenta grandes cuernos retorcidos, colmillos afilados y una lengua larga y puntiaguda. Las cadenas que porta, a menudo adornadas con campanas ruidosas, simbolizan su esclavitud al diablo, mientras que las ramas de abedul que lleva en sus manos están relacionadas con antiguas prácticas paganas de purificación y castigo. En muchas representaciones, también se le muestra con un saco o una cesta a la espalda, reforzando la idea de que puede llevarse consigo a los niños que no han sabido comportarse.

A pesar de su aterradora reputación, Krampus no es único en su rol dentro del folclore navideño. En toda Europa, encontramos figuras similares que comparten su dualidad moral. Por ejemplo, en Alemania y Pensilvania, el personaje de Belsnickel también combina elementos de recompensa y castigo, apareciendo vestido de harapos y llevando dulces para los niños obedientes y un palo para los desobedientes. En Rusia, Ded Moroz (el Abuelo Frío) es una figura más solemne que reparte regalos durante el Año Nuevo, acompañado por su nieta Snegurochka, aunque sin el aspecto disciplinario de Krampus. Incluso en los Alpes, la tradición de Perchta, una figura femenina asociada al invierno, comparte similitudes con Krampus, castigando a quienes no han cumplido con sus tareas domésticas llenando sus estómagos de paja.

La tradición de Krampus ha sobrevivido durante siglos gracias a eventos como los desfiles de Krampuslauf, o carreras de Krampus, que tienen lugar durante la Krampusnacht. En estos desfiles, personas disfrazadas de Krampus recorren las calles asustando y divirtiendo a los espectadores. Aunque originalmente estas celebraciones estaban arraigadas en las creencias populares, hoy en día tienen un carácter más festivo y turístico, atrayendo a multitudes en lugares como Salzburgo, Austria, donde se pueden ver elaborados disfraces y escuchar las campanas que anuncian la llegada de Krampus. Este resurgimiento de interés por la figura de Krampus también ha trascendido las fronteras de Europa, encontrando eco en la cultura popular contemporánea.

Krampus. Imagen vintage de 1930

En las últimas décadas, Krampus ha ganado una inesperada popularidad fuera de su contexto original. Películas como Krampus (2015), libros ilustrados y postales vintage han contribuido a su difusión, convirtiéndolo en una figura icónica en la era moderna. En países como Estados Unidos, donde la tradición de Santa Claus domina las celebraciones navideñas, Krampus ofrece una alternativa oscura y subversiva que desafía las convenciones. Además, su estética gótica y su conexión con lo macabro lo han hecho particularmente atractivo en una época en la que las redes sociales amplifican el interés por lo inusual y lo misterioso.

Esta fascinación global por Krampus refleja un cambio en la forma en que las sociedades modernas abordan las festividades navideñas. En un mundo cada vez más dominado por el consumismo, Krampus ofrece una narrativa diferente, recordándonos que la Navidad no siempre ha sido una celebración exclusivamente luminosa. Su historia, que combina elementos de antiguas creencias paganas y valores cristianos, nos invita a reflexionar sobre las raíces profundas y multifacéticas de esta época del año. 

Krampus es mucho más que un personaje aterrador. Es un recordatorio de que incluso en las épocas más festivas, hay espacio para la introspección y la reflexión, continúa enriqueciendo la Navidad con un toque de misterio y oscuridad, ofreciendo una visión única y fascinante de una festividad que sigue evolucionando con el tiempo.

24/12/2024 0 comments
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LiteraturaPersonajes

Federico García Lorca, arte y pasión

by Uve Magazine 19/08/2024
written by Uve Magazine

Federico García Lorca es una de las figuras más influyentes del siglo XX, no solo en España, sino en todo el mundo. Su vida y obra están marcadas por una profunda sensibilidad hacia la cultura popular, la injusticia social y los conflictos internos que derivan del amor, la muerte y la identidad.

Nació el 5 de junio de 1898 en el municipio granadino de Fuente Vaqueros, en el seno de una familia acomodada. Su madre, Vicenta Lorca Romero, fue maestra y fomentó en su hijo un profundo amor por la literatura y las artes. Desde pequeño, Federico mostró un talento natural para la música, una pasión que desarrolló a lo largo de su vida, estudiando piano con el reconocido maestro Antonio Segura Mesa. Sin embargo, su camino artístico lo llevaría a convertirse en uno de los poetas más grandes de la lengua española.

A los seis años, su vida cambió cuando se trasladó a Almería para vivir con su tutor, Antonio Rodríguez Espinosa. Fue un período breve pero significativo que marcó el inicio de su relación con la enfermedad, un tema recurrente en su obra. Al enfermar, regresó a Granada, donde continuó sus estudios en el Sagrado Corazón de Jesús. Aunque en su adolescencia su interés principal estaba en la música, comenzó a desarrollar una voz literaria única que, con el tiempo, se consolidaría.

En 1914, García Lorca se matriculó en la Universidad de Granada para estudiar Filosofía y Letras y Derecho. Durante estos años, se integró en la tertulia “El Rinconcillo”, un grupo de jóvenes intelectuales que se reunían en el café Alameda. Estas tertulias fueron cruciales para su desarrollo como escritor, permitiéndole conectar con otros jóvenes con intereses similares y comenzar a definir su estilo literario. Los viajes que realizó por diversas ciudades españolas con su profesor Martín Domínguez Berrueta fueron determinantes en su formación. Estos viajes inspiraron su primer libro en prosa, Impresiones y paisajes, publicado en 1918. Este libro refleja sus primeras inquietudes estéticas y políticas, y es un claro precursor de la profundidad y complejidad que caracterizarían su obra posterior.

En 1919, Lorca se trasladó a Madrid para continuar sus estudios en la Residencia de Estudiantes, un importante centro cultural e intelectual que influyó decisivamente en su obra. Allí, entró en contacto con algunas de las figuras más destacadas del mundo intelectual y artístico de la época, como Salvador Dalí, Luis Buñuel, y Rafael Alberti. Este ambiente estimulante, junto con su aversión al ambiente provinciano de Granada, consolidó su identidad como escritor y artista. Durante su estancia en la Residencia, publicó Libro de poemas y estrenó su primera obra de teatro, El maleficio de la mariposa, marcando el inicio de una carrera literaria prolífica y profundamente influyente.

Primera representación de El maleficio de la mariposa.

La relación de Lorca con Salvador Dalí es uno de los aspectos más fascinantes de su vida personal y artística. Esta amistad, intensa y compleja, dio lugar a una fructífera colaboración. Fruto de esta relación es la “Oda a Salvador Dalí”, uno de los poemas más destacados de Lorca, publicado en 1926. Lorca también mantuvo una estrecha amistad con el compositor Manuel de Falla, con quien colaboró en varios proyectos, como la promoción del cante jondo, una forma de flamenco primitiva y profunda que Lorca consideraba esencial para la cultura andaluza. Esta colaboración reflejaba su interés por las tradiciones populares y su deseo de integrarlas en su obra literaria.

Federico García Lorca es uno de los miembros más destacados de la llamada Generación del 27, un grupo de poetas que se reunieron en 1927 para conmemorar el tricentenario de la muerte de Luis de Góngora. Esta generación se caracteriza por la fusión de las formas poéticas tradicionales con las vanguardias, y por un enfoque común en temas como la muerte, el amor y la injusticia social. Obras como Romancero gitano (1928) consolidaron la reputación de Lorca como un poeta profundamente conectado con las raíces populares y al mismo tiempo innovador en su forma y estilo.

En 1929, Lorca viajó a Nueva York, un viaje que marcó un punto de inflexión en su obra. En la Gran Manzana, quedó impresionado por la modernidad y, al mismo tiempo, horrorizado por la deshumanización que percibía en la vida urbana. Estas experiencias dieron lugar a Poeta en Nueva York, una de sus obras más complejas y oscuras, que no se publicó hasta después de su muerte. Este libro es una denuncia del capitalismo y una exploración de la alienación del ser humano en la sociedad moderna. Al regresar a España, continuó su prolífica producción literaria, destacando en el teatro con obras como Bodas de sangre (1933), Yerma (1934) y La casa de Bernarda Alba (1936). Estas tragedias rurales abordan temas como la opresión social, el honor y el deseo, y son consideradas algunas de las mejores obras del teatro español del siglo XX.

El estallido de la Guerra Civil Española en 1936 marcó el inicio de una etapa oscura en la vida de Lorca. Aunque no estaba directamente involucrado en la política, sus simpatías hacia la República y su asociación con figuras de la izquierda lo convirtieron en un blanco para las fuerzas franquistas. Rechazó la oferta de exilio que le hicieron amigos preocupados por su seguridad, creyendo que no corría peligro en su Granada natal. Sin embargo, el 18 de agosto de 1936, Federico García Lorca fue arrestado y fusilado, y su cuerpo fue enterrado en una fosa común que hasta el día de hoy no ha sido localizada.

19/08/2024 0 comments
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LiteraturaPersonajes

Voy a dormir. Alfonsina Storni

by Uve Magazine 17/08/2024
written by Uve Magazine

En la literatura latinoamericana, Alfonsina Storni ocupa un lugar prominente e indiscutible, junto a Juana de Ibarbourou, Delmira Agustini y Gabriela Mistral.

Nacida en Lugaggia, Suiza, en 1892, hija de padres argentinos, Alfonsina Storni sufrió estrecheces económicas durante su juventud, debido a la pérdida de los prósperos negocios de su padre y su adicción al alcohol. A los pocos años al borde de la ruina, la familia se vio obligada a regresar a Argentina; en un principio se instalaron en San Juan, y poco a poco Alfonsina, viendo sufrir a su madre por culpa de aquel padre problemático e incomprensible, se forjó una imagen amarga de las relaciones entre hombre y mujeres, pero a principios del siglo XX la familia se mudó a la ciudad de Rosario, donde su madre fundó una escuela domiciliaria y su padre abrió un café cerca de la estación de ferrocarril Rosario Central. Su muerte puso fin a la infancia de Alfonsina, que se vio obligada a asumir las primeras responsabilidades en el cuidado de la casa y el trabajo, primero como camarera en el negocio familiar y como costurera a domicilio, más tarde en una fábrica de gorras. En esta etapa Alfonsina comenzó a escribir versos a raudales soñando con tiempos mejores y esperando que su sueño de convertirse en actriz se hiciera realidad. Durante el tiempo que la familia estuvo radicada en la ciudad de Rosario, los primeros poemas de Alfonsina comienzan a tener estado público, pues se publican en la revista Monos y Monadas, que en ese entonces se editaba en la ciudad. Y poco después su sueño se hizo realidad a medias: en 1907, firmó un contrato con la compañía teatral de José Tallavi, recorrería varias provincias en una gira teatral, ese nuevo ambiente bohemio y artístico ejerció un efecto muy positivo en ella y cuando la gira finalizó decidió aceptar un nuevo trabajo como maestra rural, sin dejar de escribir versos, estudió intensamente durante dos años. En 1911 se trasladó a Buenos Aires, llevando consigo sus pocas pertenencias. Arribó a la estación del ferrocarril del Norte y se hospedó en una pensión hasta el año siguiente. El 21 de abril de 1912 nació su hijo Alejandro, sin padre conocido, más tarde madre e hijo se mudaron a una casa compartida con un matrimonio. Unos meses después, en 1913, consiguió trabajo de cajera en una farmacia y posteriormente en la tienda A la Ciudad de México. Allí, casi asfixiada y a escondidas, escribió un poemario desatadamente romántico y con claras influencias de Rubén Darío: La inquietud del rosal. Realizó algunas colaboraciones en la revista Caras y Caretas. En Caras y Caretas se relacionó con Amado Nervo, José Enrique Rodó, José Ingenieros y Manuel Baldomero Ugarte; fue con los dos últimos con quienes su amistad fue más profunda. En 1914 volvió a ejercer como maestra; con este empleo, su situación económica mejoró y pudo realizar viajes frecuentes a Montevideo, donde conoció a la poeta uruguaya Juana de Ibarbourou, Estrella Gutiérrez, Fernández Moreno y al que sería su gran amigo, el escritor también uruguayo Horacio Quiroga.

La inquietud del rosal, que ella misma sufragó con sus ahorros, le sirvió de credencial poética para ingresar en los cenáculos literarios de Buenos Aires, y El dulce daño en 1918 le abrió las puertas de la fama: técnicamente más perfecto, salvajemente pasional y tremendamente conmovedor, en este poemario se alza una voz femenina al mismo tiempo fuerte y decidida.

Trabajando como maestra, Alfonsina Storni por fin pudo dedicarse de lleno a la poesía, y comenzó a colaborar asiduamente en revistas y periódicos: en Atlántida, Caras y caretas, La Nota y La Nación.
En 1919 publica su tercer poemario, Irremediablemente, adentrándose y perfeccionando la línea posmodernista iniciada en El dulce daño; los versos recogen momentos reivindicativos, amorosos tempestuosos, frustrantes y selváticos. En 1920 publica Languidez, donde aparecen momentos de su infancia y adolescencia, frustraciones y dolores propios. Fue un gran éxito y le otorgaron el Premio Municipal de Poesía de la ciudad de Buenos Aires. A partir de ese momento su vida cambió radicalmente, pasando a convertirse en una mujer tremendamente admirada y acosada por el público; sin embargo, esta nueva situación agravaba su infelicidad.

En 1925 publicó Ocre, que se corresponde con el momento culmen de su vida poética. Ella misma decía: Ocre es un poco mejor, algo cerebral, pero se advierte que quien lo hizo gobernaba con alguna propiedad su instrumento. Y añadía: A este libro se le puede perdonar la vida.
Con esta publicación Alfonsina Storni ponía fin a su etapa posmodernista y se adentraba en las vanguardias; en Mundo de siete pozos cambia el lenguaje poético a uno mucho mas frío y oscuro, expresa una profunda crisis existencial sin resolver.

Mascarilla y trébol es su último poemario; dejando de lado las vanguardias, se ven influencias neobarrocas y conceptistas y supo aportar su propio sello alcanzando versos muy notables.


El 20 de mayo de 1935, Alfonsina Storni fue operada de cáncer de mama en el sanatorio Arenales. En un principio se pensaba que el tumor era benigno, pero en realidad tenía ramificaciones. La mastectomía le dejó grandes secuelas, cicatrices emocionales y físicas. Siempre había sufrido de depresión, paranoia y ataques de nervios, pero ahora los síntomas de enfermedad mental se recrudecieron. Se volvió recluida y evitaba a sus amistades, era consciente de que su final estaba cerca. En una solitaria pensión de Mar del Plata escribió su último poema: Voy a dormir. Después, durante la noche, bajó a la playa y se adentró en el mar, el 25 de octubre de 1938.

«Voy a dormir»

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides… Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido…

17/08/2024 0 comments
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ArtePersonajes

Napoleón Bonaparte. El estratega que cambió el rumbo de Europa

by Valeria Cruz 14/08/2024
written by Valeria Cruz

Napoleón Bonaparte, un nombre que evoca tanto admiración como controversia, fue una figura que cambió la historia de Francia y del mundo. Nacido en la isla de Córcega el 15 de agosto de 1769, Napoleón creció en un ambiente donde las tensiones entre su tierra natal y la Francia que la había anexado recientemente eran evidentes. Proveniente de una familia de la pequeña nobleza corsa, su infancia estuvo marcada por la disciplina y las altas expectativas, especialmente de su madre, Letizia Ramolino, quien se aseguró de que sus hijos recibieran una educación estricta.

Desde joven, Napoleón mostró una inclinación por el estudio y un carácter introspectivo. Aunque no destacaba en todas las materias, su pasión por las matemáticas y la lectura de clásicos como Plutarco y Polibio moldearon su pensamiento estratégico y su ambición. Estas cualidades lo llevaron a ingresar a la academia militar de Brienne en Francia continental, donde, a pesar de su origen extranjero y su acento italiano, comenzó a forjarse como un líder militar.

La Revolución Francesa de 1789 fue el catalizador que llevó a Napoleón al poder. Alineado con los ideales revolucionarios, su talento militar pronto lo destacó en el ejército francés. Su ascenso fue rápido: en 1796, lideró una exitosa campaña militar en Italia contra los austriacos, lo que lo convirtió en un héroe nacional y lo catapultó al escenario político. En 1799, aprovechó la inestabilidad política de Francia para orquestar un golpe de Estado que lo colocó como Primer Cónsul, el líder de facto de la República Francesa.

Pero Napoleón no se detendría allí. En 1804, se proclamó a sí mismo emperador, consolidando su poder en una Francia que buscaba estabilidad tras años de revolución y guerra civil. Durante su reinado, Napoleón implementó una serie de reformas que aún hoy tienen un gran impacto en la sociedad francesa y más allá. El Código Napoleónico, que unificó las leyes civiles en Francia, es quizás su legado más duradero, y su influencia se extiende a muchos sistemas legales en todo el mundo.

Militarmente, Napoleón fue un estratega excepcional. Sus campañas, desde Austerlitz hasta Jena, mostraron una habilidad única para movilizar tropas y vencer a ejércitos aparentemente superiores. Sin embargo, su ambición desmedida también lo llevó a cometer errores que resultaron fatales. La invasión de Rusia en 1812 es un ejemplo claro: lo que comenzó como una campaña para doblegar al zar Alejandro I terminó en una desastrosa retirada que diezmó a su Grande Armée.

La caída de Napoleón comenzó con su derrota en la batalla de Leipzig en 1813, conocida como la Batalla de las Naciones. Forzado a abdicar en 1814, fue exiliado a la isla de Elba, desde donde escapó para regresar a Francia y retomar el poder durante el breve período conocido como los Cien Días. Pero su intento de restaurar su imperio terminó abruptamente en la batalla de Waterloo en 1815, tras la cual fue exiliado a la remota isla de Santa Elena, donde vivió sus últimos años bajo la vigilancia británica.

Napoleón murió el 5 de mayo de 1821, a la edad de 51 años. Su legado, sin embargo, sigue siendo relevante. No solo influyó en la historia de Europa, sino que su impacto se extiende a diversas áreas como la educación, la administración pública y el derecho. Fue un líder que representó tanto el auge como la caída, y cuya vida sigue siendo objeto de estudio y fascinación.

Más allá de sus conquistas y derrotas, Napoleón fue un visionario que transformó Europa y cuya figura sigue inspirando tanto admiración como debate. Su capacidad para inspirar lealtad en sus tropas, su visión de un imperio europeo unificado bajo la ley y su habilidad para adaptarse a los desafíos de su tiempo lo convierten en una de las figuras más complejas y estudiadas de la historia.

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ArteMúsicaPersonajes

Mata Hari, la leyenda de una mujer fatal

by Uve Magazine 07/08/2024
written by Uve Magazine

Margaretha Geertruida Zelle, más conocida como Mata Hari, fue una bailarina, cortesana y espía neerlandesa que se convirtió en un ícono de la “mujer fatal” durante más de un siglo. Detrás de su fascinante imagen de bailarina exótica y espía seductora, se oculta una vida marcada por tragedias y malentendidos que la llevaron a un destino trágico. Desde sus primeros días en el norte de los Países Bajos, Margaretha se destacó por ser una persona excepcional: llamativa, audaz y con un talento innato para los idiomas.  Triunfó en Europa con sus danzas brahmánicas y orientales, pero durante la Primera Guerra Mundial, su vida dio un giro drástico cuando realizó labores de espionaje a favor de Alemania. Detenida por las fuerzas francesas, fue declarada culpable de espionaje y traición, condenada a muerte y ejecutada por fusilamiento en la fortaleza de Vincennes.

A los 18 años, buscando aventuras y desesperada por escapar de su situación, respondió a un anuncio matrimonial del capitán Rudolph MacLeod, un militar veinte años mayor. En 1895, se casaron y se trasladaron a Java, donde la vida matrimonial resultó ser un infierno. MacLeod, alcohólico y adúltero, la maltrataba. Tuvieron dos hijos, Norman-John y Louise Jeanne, pero la tragedia los golpeó cuando Norman-John murió envenenado. La relación se deterioró completamente y en 1902 se separaron, dejando a Margaretha en una situación realmente complicada por las dificultades vividas en las Indias. Fue entonces cuando comenzó a reinventarse como una nueva y sorprendente mujer.

En 1905, una bailarina exótica que se hacía llamar Mata Hari –nombre que en malayo significa “ojo del día”– irrumpió en la escena parisina con una actuación en el Musée Guimet. Vestida con un atuendo transparente y seductor, presentó danzas supuestamente sagradas que cautivaron a la audiencia. Sus relatos de lujuria, celos, pasión y venganza la convirtieron en la mujer más glamurosa y deseada de París, frecuentada por aristócratas, diplomáticos y militares.

Mata Hari 1910

Durante la Primera Guerra Mundial, los Países Bajos se mantuvieron neutrales, permitiendo a Zelle cruzar fronteras libremente. Para evitar los campos de batalla, viajaba entre Francia y los Países Bajos pasando por España y Gran Bretaña, lo que llamó la atención de las autoridades. Su relación con Vadim Maslov, un joven piloto ruso, intensificó su implicación en actividades sospechosas. Maslov, herido gravemente en combate, llevó a Zelle a solicitar permiso para visitarlo en el frente, siendo obligada por agentes del Deuxième Bureau a espiar para Francia a cambio de este privilegio.

Antes de la guerra, Zelle había actuado como Mata Hari ante el príncipe heredero Guillermo de Prusia. El Deuxième Bureau pensó que podría obtener información seduciéndolo. Sin embargo, su participación fue mínima y la propaganda alemana promovió una imagen exagerada del príncipe como un gran guerrero. En realidad, era conocido por ser un mujeriego y fiestero, sin mucha influencia en la dirección del ejército. Ladoux, su contacto en el Deuxième Bureau, más tarde se convertiría en uno de sus principales acusadores.

Su fama y sus conexiones con altos funcionarios militares y políticos la convirtieron en un blanco fácil durante tiempos de guerra. En el otoño de 1915, cuando se encontraba en La Haya, la exótica bailarina recibió la visita de Karl Kroemer, cónsul honorario de Alemania en Ámsterdam, quien le ofreció 20.000 francos a cambio de espiar para Alemania. Ella tomó esa suma, considerándola una compensación por los abrigos de piel, joyas y dinero que los alemanes le habían confiscado tras el estallido de la guerra, pero, según aseguró ella misma, no desempeñó el trabajo.

En noviembre de 1916, fue arrestada en Falmouth y llevada a Londres, donde fue interrogada por sir Basil Thomson. Afirmó trabajar para el Deuxième Bureau, aunque no está claro si mintió o si las autoridades francesas la estaban utilizando sin reconocerlo. Más tarde, en Madrid, intentó concertar una reunión con el príncipe heredero, lo que la llevó a ofrecer información a los alemanes, aunque sus motivos no están claros. En enero de 1917, los mensajes interceptados identificaron a Mata Hari como la espía H-21. Estos mensajes fueron diseñados para exponerla y facilitar su arresto por los franceses.

Mata Hari, Paris 1905, Museum Guimet

Para finales de enero de 1917, Mata Hari estaba cada vez más ansiosa. Ladoux no solo la había traicionado, sino que tampoco le había pagado. La falta de noticias de Vadime aumentaba su preocupación, temiendo que hubiera sido herido. Se estaba quedando sin dinero y tuvo que mudarse a hoteles cada vez más económicos en París. El 12 de febrero de 1917 se emitió una orden de arresto contra Mata Hari, acusándola de espionaje a favor de Alemania. Al día siguiente, fue arrestada, su habitación fue registrada y sus pertenencias fueron confiscadas. El encargado de interrogarla fue Pierre Bouchardon, juez instructor del Tercer Tribunal Militar, conocido por su severidad y su enemistad hacia las mujeres “inmorales”. En su diario, Bouchardon expresó su profundo desprecio por las “devorahombres” como Mata Hari. Ordenó que fuera aislada en la prisión más horrenda de París: Saint-Lazare.

Las condiciones en la prisión de Saint-Lazare no eran las mas adecuadas,  las celdas se encontraban infestadas de pulgas, ratas, y otras alimañas, la comida era deleznable.  Se le negó el acceso a sus pertenencias personales, incluida su medicación para la sifilís. Pudo comunicarse esporádicamente con su abogado, Édouard Clunet,  pero este carecía de experiencia en juicios militares. 

Durante su juicio, las pruebas en su contra eran principalmente manipuladas o circunstanciales. El capitán Pierre Bouchardon, su interrogador principal, utilizó su carácter y vida personal para condenarla, ignorando la falta de pruebas concluyentes. A lo largo del juicio, Mata Hari defendió su inocencia, declarando su amor por Francia y negando haber proporcionado información significativa a los alemanes.

Mata Hari ha sido recordada como una espía seductora, pero la realidad es más compleja. Fue una mujer atrapada por las circunstancias, cuya vida y muerte fueron manipuladas por los intereses políticos y militares de su tiempo. En sus propias palabras: “No sé si en el futuro se me recordará, pero si así fuera, que nadie me vea como a una víctima sino como a alguien que nunca dejó de luchar con valentía y pagó el precio que le tocó pagar”. Su historia es un recordatorio de cómo las apariencias pueden engañar y cómo la lucha por la supervivencia puede llevar a decisiones desesperadas. Mata Hari sigue siendo una figura legendaria, pero también una trágica víctima de su propia leyenda y de las maquinaciones de aquellos que la utilizaron.

Mata Hari 1905, Walery, París
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LiteraturaPersonajes

Leopoldo Lugones. El escuerzo

by Uve Magazine 06/08/2024
written by Uve Magazine

Leopoldo Lugones es una figura fundamental de la literatura argentina. Nacido en 1874 en Villa de María del Río Seco, Lugones se destacó por su talento versátil como poeta, ensayista y narrador, abarcando una amplia gama de géneros y estilos literarios.

Con su obra, Lugones no solo exploró la rica tradición literaria de Argentina, sino que también se aventuró en innovaciones estilísticas que influenciaron a generaciones posteriores de escritores. Desde sus primeros poemas modernistas hasta sus cuentos fantásticos y sus ensayos políticos, su legado es un testimonio de su inagotable creatividad y su compromiso con la cultura.

El escuerzo

Un día de tantos, jugando en la quinta de la casa donde habitaba la familia, me di con un pequeño sapo que, en vez de huir como sus congéneres más corpulentos, se hinchó extraordinariamente bajo mis pedradas. Tenía horror a los sapos y era mi diversión aplastar cuantos podía. Así es que el pequeño y entonado batracio no tardó en sucumbir a los golpes de mis piedras. Como todos los muchachos criados en la vida semicampestre de nuestras ciudades de provincia, yo era un sabio en lagartos y sapos. Además, la casa está situada cerca de un arroyo que cruza por la ciudad, lo cual contribuía a aumentar la frecuencia de mis relaciones con tales reptiles. Entro en estos detalles, para que se comprenda bien cómo me sorprendí al notar que el atrabiliario sapito me era enteramente desconocido. Circunstancia de consulta, pues. Y tomando mi víctima con toda la precaución del caso, fui a preguntar por ella a la vieja criada, confidente mía en las primeras empresas de cazador. Tenía yo ocho años y ella sesenta. El asunto había, pues, de interesarnos a ambos. La buena mujer estaba, como de costumbre, sentada a la puerta de la cocina, y yo esperaba ver acogido mi relato con la acostumbrada benevolencia, cuando apenas hube empezado, la vi levantarse apresuradamente y arrebatarme de las manos el despanzurrado animalito.

—¡Gracias a Dios que no lo hayas dejado! —exclamó con muestras de la mayor alegría. En este mismo instante vamos a quemarlo.

—¿Quemarlo? —dije yo—; pero ¿qué va a hacer, si ya está muerto?

—¿No sabes que es un escuerzo—replicó en tono misterioso mi interlocutora—y que este animalito resucita si no se quema? ¿Quién te mandó matarlo? ¡Eso habías de sacar al fin con tus pedradas! Ahora voy a contarte lo que le pasó al hijo de mi amiga la finada Antonia, que en paz descanse.

Mientras hablaba, había recogido y encendido algunas astillas sobre las cuales puso el cadáver del escuerzo.

¡Un escuerzo, decía yo, aterrado bajo mi piel de muchacho travieso; un escuerzo! Y sacudía los dedos como si el frío del sapo se me hubiera pegado a ellos. ¡Un sapo resucitado! Era para enfriarle la médula a un hombre de barba entera.

—Pero ¿usted piensa contarnos una nueva batracomiomaquia? —interrumpió aquí Julia con el amable desenfado de su coquetería de treinta años.

—De ningún modo, señorita. Es una historia que ha pasado.

Julia sonrió.

—No puede usted figurarse cuánto deseo conocerla…

—Será usted complacida, tanto más cuanto que tengo la pretensión de vengarme con ella de su sonrisa.

Así, pues, mientras se asaba mi fatídica pieza de caza, la vieja criada hilvanó su narración que es como sigue:

Antonia, su amiga, viuda de un soldado, vivía con el hijo único que había tenido de él, en una casita muy pobre, distante de toda población. El muchacho trabajaba para ambos, cortando madera en el vecino bosque, y así pasaban año tras año, haciendo a pie la jornada de la vida. Un día volvió, como de costumbre, por la tarde, para tomar su mate, alegre, sano, vigoroso, con su hacha al hombro. Y mientras lo hacían, refirió a su madre que en la raíz de cierto árbol muy viejo había encontrado un escuerzo, al cual no le valieron hinchazones para quedar hecho una tortilla bajo el ojo de su hacha.

La pobre vieja se llenó de aflicción al escucharle, pidiéndole que por favor la acompañara al sitio para quemar el cadáver del animal.

—Has de saber —le dijo—, que el escuerzo no perdona jamás al que lo ofende. Si no lo queman, resucita, sigue el rastro de su matador y no descansa hasta que puede hacer con él otro tanto.

El buen muchacho rió grandemente del cuento, intentando convencer a la pobre vieja de que aquello era una paparrucha buena para asustar chicos molestos, pero indigna de preocupar a una persona de cierta reflexión. Ella insistió, sin embargo, en que la acompañara a quemar los restos del animal.

Inútil fue toda broma, toda indicación sobre lo distante del sitio, sobre el daño que podía causarle, siendo ya tan vieja, el sereno de aquella tarde de noviembre. A toda costa quiso ir y él tuvo que decidirse a acompañarla.

No era tan distante; unas seis cuadras a lomas. Fácilmente dieron con el árbol recién cortado, pero por más que hurgaron entre las astillas y las ramas desprendidas, el cadáver del escuerzo no apareció.

—¿No te dije? —exclamó ella echándose a llorar—; ya se ha ido; ahora ya no tiene remedio esto. ¡Mi padre San Antonio te ampare!

—Pero qué tontera, afligirse así. Se lo habrán llevado las hormigas o lo comería algún zorro hambriento. ¡Habrase visto extravagancia, llorar por un sapo! Lo mejor es volver, que ya viene anocheciendo y la humedad de los pastos es dañosa.

Regresaron, pues, a la casita, ella siempre llorosa, él procurando distraerla con detalles sobre el maizal que prometía buena cosecha si seguía lloviendo; hasta volver de nuevo a las bromas y risas en presencia de su obstinada tristeza. Era casi de noche cuando llegaron. Después de un registro minucioso por todos los rincones, que excitó de nuevo la risa del muchacho, comieron en el patio, silenciosamente, a la luz de la luna, y ya se disponía él a tenderse sobre su apero para dormir, cuando Antonia le suplicó que por aquella noche siquiera, consintiese en encerrarse dentro de una caja de madera que poseía y dormir allí.

La protesta contra semejante petición fue viva. Estaba chocha, la pobre, no había duda. ¡A quién se le ocurría pensar en hacerle dormir con aquel calor, dentro de una caja que seguramente estaría llena de sabandijas!

Pero tales fueron las súplicas de la anciana, que como el muchacho la quería tanto, decidió acceder a semejante capricho. La caja era grande, y aunque un poco encogido, no estaría del todo mal. Con gran solicitud fue arreglada en el fondo la cama, metiose él adentro, y la triste viuda tomó asiento al lado del mueble, decidida a pasar la noche en vela para cerrarlo apenas hubiera la menor señal de peligro.

Calcula ella que sería la medianoche, pues la luna muy baja empezaba a bañar con su luz el aposento, cuando de repente un bultito negro, casi imperceptible, saltó sobre el dintel de la puerta que no se había cerrado por efecto del gran calor. Antonia se estremeció de angustia.

Allí estaba, por fin, el vengativo animal, sentado sobre las patas traseras, como meditando un plan. ¡Qué mal había hecho el joven en reírse! Aquella figurita lúgubre, inmóvil en la puerta llena de luna, se agrandaba extraordinariamente, tomaba proporciones de monstruo. ¿Pero, si no era más que uno de los tantos sapos familiares que entraban cada noche a la casa en busca de insectos? Un momento respiró, sostenida por esta idea. Mas el escuerzo dio de pronto un saltito, después otro, en dirección de la caja. Su intención era manifiesta. No se apresuraba, como si estuviera seguro de su presa. Antonia miró con indecible expresión de terror a su hijo; dormía, vencido por el sueño, respirando acompasadamente.

Entonces, con mano inquieta, dejó caer sin hacer ruido la tapa del pesado mueble. El animal no se detenía. Seguía saltando. Estaba ya al pie de la caja. Rodeola pausadamente, se detuvo en uno de los ángulos, y de súbito, con un salto increíble en su pequeña talla, se plantó sobre la tapa.

Antonia no se atrevió a hacer el menor movimiento. Toda su vida se había concentrado en sus ojos. La luna bañaba ahora enteramente a pieza. Y he aquí lo que sucedió: el sapo comenzó a hincharse por grados, aumentó, aumentó de una manera prodigiosa, hasta triplicar su volumen. Permaneció así durante un minuto, en que la pobre mujer sintió pasar por su corazón todos los ahogos de la muerte. Después fue reduciéndose, reduciéndose hasta recobrar su primitiva forma, saltó a tierra, se dirigió a la puerta y atravesando el patio acabó por perderse entre las hierbas.

Entonces se atrevió Antonia a levantarse, toda temblorosa. Con un violento ademán abrió de par en par la caja. Lo que sintió fue de tal modo horrible, que a los pocos meses murió víctima del espanto que le produjo.

Un frío mortal salía del mueble abierto, y el muchacho estaba helado y rígido bajo la triste luz en que la luna amortajaba aquel despojo sepulcral, hecho piedra ya bajo un inexplicable baño de escarcha.

LEOPOLDO LUGONES

06/08/2024 0 comments
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