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Eventos

AgendaArteEventosNoticias

Hammershøi en el Thyssen: la poética del silencio

by Emain Juliana 23/12/2025
written by Emain Juliana

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta, del 17 de febrero al 31 de mayo de 2026, Hammershøi. El ojo que escucha, la primera gran retrospectiva en España dedicada a Vilhelm Hammershøi (1864–1916). Comisariada por Clara Marcellán, la exposición reúne cerca de noventa óleos y dibujos del artista —junto a obras de algunos de sus contemporáneos— y ofrece una lectura amplia y matizada de una producción breve pero singular: algo más de cuatrocientas piezas realizadas a lo largo de apenas cincuenta y un años de vida.

Hammershøi ocupa un lugar central en la pintura danesa de finales del siglo XIX y comienzos del XX, aunque su nombre quedó eclipsado durante décadas tras la consolidación de las vanguardias. Desde los años ochenta del pasado siglo, varias exposiciones internacionales han reactivado el interés por su obra, pero en España su presencia había sido hasta ahora fragmentaria. Esta retrospectiva corrige esa ausencia y permite comprender la coherencia y radicalidad de un pintor que hizo del silencio, la contención y la depuración formal un lenguaje propio.

El recorrido se abre con una obertura que sitúa los primeros años del artista. Tras su formación académica y su paso por las Frie Studieskoler, Hammershøi define muy pronto los motivos y la paleta que lo acompañarán siempre: interiores austeros, figuras ensimismadas, paisajes deshabitados y una gama restringida de blancos, grises, marrones y negros. Obras como Retrato de Ida Ilsted (1890) o Tarde en el salón. La madre y la mujer del artista (1891) muestran ya esa inclinación por escenas suspendidas, próximas al simbolismo y al esteticismo de Whistler, a quien conoció a través de grabados y de la Exposición Universal de París de 1889.

Retrato de Ida

Los retratos y figuras constituyen aproximadamente una cuarta parte de su producción y permiten reconstruir su entorno inmediato: artistas, músicos y amigos. La música, la espera o el recuerdo de un concierto se convierten en motivos recurrentes, como en El violonchelista. Retrato de Henry Bramsen. Hammershøi elimina cualquier elemento narrativo superfluo y recurre a fondos neutros que refuerzan la sensación de tiempo detenido. En Tres mujeres jóvenes (1895), Ida y sus cuñadas aparecen reunidas en una escena doméstica que parece ajena a toda anécdota.

La figura de Ida Ilsted atraviesa buena parte de la exposición. Esposa del pintor desde 1891, aparece tanto como presencia idealizada como desde una cercanía más frágil. Los retratos dobles de la pareja le sirven a Hammershøi para explorar la relación entre figuras, desde composiciones frontales de inspiración clásica hasta soluciones más complejas, como Dos figuras, donde el propio artista se representa de espaldas, separado de Ida por una mesa.

Sala de estar, madre y mujer

El núcleo más conocido de su obra, los interiores, se despliega en dos vertientes: habitaciones con figuras y espacios completamente vacíos. Las estancias de sus viviendas —especialmente el apartamento de Strandgade 30, donde vivió entre 1898 y 1909— funcionan como laboratorio pictórico. Mujeres de espaldas, puertas entreabiertas, paredes desnudas y una luz medida con precisión construyen escenas de una intensidad contenida. En los interiores vacíos, Hammershøi insiste en una misma vista, alterando mínimos detalles. En Rayos de sol o luz del sol. Motas de polvo bailando en los rayos de sol (1900), la escena se reduce a una puerta cerrada, una ventana y una luz que convierte lo cotidiano en algo casi abstracto.

Los paisajes y vistas urbanas prolongan esa misma lógica. Copenhague aparece desierta y elevada, alejada de cualquier agitación real. Plazas, edificios y calles adquieren una quietud casi irreal. También los paisajes rurales daneses, planos y sobrios, comparten esa ausencia humana, apenas interrumpida por caminos o construcciones. Sus vistas de Londres, escasas pero significativas, conectan con el simbolismo europeo, especialmente con figuras como Fernand Khnopff.

En los años finales, Hammershøi recupera el estudio del cuerpo humano en grandes desnudos y vuelve al autorretrato tras casi quince años de silencio. En 1911 se pinta pincel en mano, afirmando su condición de pintor. Poco después, instalado en Strandgade 25, continuará explorando ese lenguaje depurado hasta su muerte en 1916.

Tras su paso por Madrid, la exposición viajará a la Kunsthaus Zürich. Una oportunidad decisiva para entender a un artista que hizo de la contención una forma de intensidad y de la calma una postura radical frente a su tiempo.

Violonchelista

Vida y obra de Vilhelm Hammershøi

Vilhelm Hammershøi (Copenhague, 15 de mayo de 1864 – 13 de febrero de 1916) fue uno de los pintores daneses más singulares de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Procedente de una familia acomodada, recibió formación artística desde joven y estudió en la Real Academia Danesa de Bellas Artes, completando su aprendizaje en las Frie Studieskoler, donde empezó a alejarse del academicismo dominante y a definir un lenguaje propio.

Desde muy temprano encontró los motivos que marcarían toda su trayectoria: interiores domésticos austeros, figuras ensimismadas, retratos sobrios y paisajes deshabitados, resueltos con una paleta muy restringida de grises, blancos, negros y marrones. Su pintura, aparentemente serena, evita la anécdota y la narración explícita, y se apoya en la luz, el espacio y la repetición de motivos para generar una tensión silenciosa. Estas características lo han vinculado tanto al simbolismo como a la tradición de los maestros holandeses del siglo XVII, así como a la obra de James McNeill Whistler, a quien conoció a través de grabados y exposiciones internacionales.

En 1891 se casó con Ida Ilsted, que se convirtió en una presencia constante en su obra, ya fuera como retrato íntimo o como figura anónima integrada en sus interiores. Ese mismo año participó en la fundación de la Frie Udstilling, un salón independiente creado como alternativa a los circuitos oficiales daneses, donde su pintura había generado rechazo y admiración a partes iguales.

Hammershøi desarrolló la mayor parte de su producción en Copenhague, especialmente en los apartamentos de la calle Strandgade, que utilizó como vivienda y estudio y que se convirtieron en el escenario casi exclusivo de sus interiores más conocidos. Aunque viajó por Europa y expuso en ciudades como París, Berlín o Londres, apenas pintó paisajes fuera de Dinamarca, con la excepción de algunas vistas londinenses de atmósfera brumosa.

Tras su muerte, su obra cayó progresivamente en el olvido, eclipsada por la irrupción de las vanguardias. No fue hasta finales del siglo XX cuando comenzó a ser redescubierta y revalorizada internacionalmente. Hoy Hammershøi es reconocido como un artista radical en su contención, capaz de transformar lo cotidiano y lo aparentemente inmóvil en una experiencia profundamente inquietante.

23/12/2025 0 comments
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EventosLos fantasmas olvidados

Donde el agua guarda nombres: El Fantasma del Pantano

by Verónica García-Peña 14/12/2025
written by Verónica García-Peña

Dicen que el agua es una tumba paciente que espera; y mientras espera, guarda. En los pantanos de nuestra geografía, tan comunes y tranquilos a primera vista, encontramos pueblos hundidos, vidas cambiadas y nombres que jamás hallaron lugar donde reposar. Entre muros sumergidos y campanas muertas que ya no repican, surge un espectro distinto que no vaga entre la niebla. Un espectro que se agita en un nimbo líquido cuyos ojos, hechos por entero de rocío, no saben más que llorar. Se trata del fantasma del pantano.

Entre 1933 y 1970, España vivió una de las mayores oleadas de infraestructuras hidráulicas de Europa. El llamado ‘Plan Nacional de Obras Hidráulicas’ —primero de la II República y retomado con fuerza durante el franquismo— anegó pueblos enteros como Riaño, La Muedra, Mediano, Mansilla de la Sierra, Portomarín, Benagéber, y decenas más. Documentos del Instituto Geográfico Nacional y los listados oficiales de la Confederación Hidrográfica del Duero y del Ebro recogen más de 60 localidades desplazadas o sumergidas. Hubo iglesias que fueron trasladadas piedra a piedra, pero algunos de sus cementerios, en cambio, nadie los pudo mover. Muertos y casas, escuelas y comercios, que desaparecieron bajo una profundidad medida en metros y también en silencios.

Cuando el pantano de Mediano, en Huesca, baja lo suficiente —como ocurrió en los veranos de 1993, 2007 o 2022— de las tierras empapadas emerge la torre románica de la que fue su iglesia. Solitaria, desnuda, rasga el cielo con sus piedras marcadas por el desgaste incesante del agua. Los vecinos dicen que, cuando asoma, es como si el pasado se desordenara y lo que tenía que estar enterrado se despierta, como lo hacen los recuerdos. Los buenos y los malos. Todos ellos. Lo mismo sucede en Riaño Viejo, donde el cierre de la presa se produjo a finales de 1987. Las familias tuvieron solo cinco días para abandonar sus casas. Sus ruinas reaparecieron en 2017. Calles enteras volvieron como si el tiempo hubiese respirado hacia atrás y devuelto evocaciones de un ayer que es hoy imposible.

Imagen de Verónica García-Peña

Y es en estas ocasiones en las que el embalse pierde su máscara de agua y deja ver lo que en realidad esconde, cuando el fantasma del pantano aparece. No tiene nombre, porque su nombre es el de todos los que allí moran bajo una tierra eternalmente húmeda, aunque el murmullo popular, a veces, le ponga rostro. En Ávila, por ejemplo, los lugareños del pantano de El Burguillo hablan del espíritu de un capataz que pereció durante la obra. Dicen que su figura solitaria se yergue junto a lo que antes fueron los muros de una casa, ancorados sus pies en el camino hundido.

Algunos testigos como pescadores, operarios o senderistas han descrito, en diferentes entrevistas que se pueden leer en cabeceras locales como El Heraldo de Aragón o La Nueva Crónica, la misma sensación en otros lugares. La de un reflejo extraño que no armoniza con ninguna cara concreta, una sombra que no debería estar ahí y un aire frío y pastoso que no proviene del viento sino del fondo. Dicen también que, cuando aparece, el agua de los alrededores se queda completamente quieta. Como si escuchara. No es un fantasma que se acerque. Se queda inmóvil, a la espera, siempre a la espera, y señala.

Esta idea me recuerda, quizá, a La tierra de Alvargonzález, de Machado. A aquellos hermanos parricidas que arrojaron su crimen a la Laguna Negra de Soria creyendo que el agua lo sepultaría para siempre. Mas, si la literatura puede destilar la culpa en verso, los pantanos del mundo real abrazan la memoria con un fango tan espeso que jamás permite que el pasado se asiente.

Imagen de Verónica García- Peña

En Portomarín, parte del cementerio quedó bajo el agua y su historia es un rumor firme que viaja con la corriente. Cuando las aguas del Miño se retiran, dejando ver las entrañas de la tierra acuosa, se desvela el contorno difuso de lo que fue un último lugar de reposo. No es piedra lo que emerge. Es la certeza de que bajo esa capa líquida, a merced de las nimias corrientes de un agua estancada, recordación convertida en légamo, hay algo que no termina de descansar. Los vecinos, por respeto, evitan bogar sobre esa zona, sabedores de que el embalse es un hipogeo que, a veces, devuelve los nombres que un día tragó.

El fantasma del pantano nace de ese no descanso. Es el resultado de los que no pudieron salir, de los que nunca se trasladaron y permanecen allí, olvidados, y se manifiesta cuando la sequía deja ver las cicatrices del fondo. Es entonces cuando alguien asegura verlo en el límite del agua, como si aún intentara orientarse en un pueblo presentemente ahogado. A veces mira hacia un lugar concreto, como si buscara la puerta de su casa. Otras, permanece de espaldas, contemplando un horizonte que solo él conoce. Su figura es una frontera entre lo que hubo y lo que queda; entre lo que se enterró y lo que insiste en salir a flote.

Dicen que todo pantano es doble porque está lo que se ve y lo que no. Tal vez por eso este fantasma, cuando el agua vuelve a subir, se hunde con ella, paciente, como si supiera que tarde o temprano regresará, pues nada se entierra del todo en el humedal. Ni los pueblos. Ni los nombres. Ni los que, desde el fondo, siguen esperando ser recordados.

Imagen de Verónica García-Peña
14/12/2025 0 comments
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EventosMúsicaReseñas

Witch fever, Bush y Volbeat convierten Halloween en una misa del rock

by Sandra Marquez 05/11/2025
written by Sandra Marquez

El Palacio de Vistalegre se transformó el 31 de octubre en el epicentro del rock en Madrid. Nada de fiestas temáticas ni calabazas: la noche de Halloween fue de guitarras, volumen y tres bandas que dejaron el listón altísimo —Witch Fever, Bush y Volbeat—.

Las primeras en pisar el escenario fueron las británicas Witch Fever, que salieron decididas a arrasar desde el primer acorde. Con su nuevo disco Fevereaten recién lanzado, mezclaron punk, metal y un toque de caos bien medido. Amy Walpole no paró de moverse, alternando gritos desgarrados con momentos más melódicos, en una actuación tan visceral como hipnótica. Pese a que el público aún se estaba acomodando, lograron que nadie permaneciera indiferente.

Luego llegó Bush, y el ambiente cambió por completo. Gavin Rossdale demostró que la veteranía no es sinónimo de calma: su presencia sobre el escenario fue magnética. Abrieron con Everything Zen y, desde ahí, todo fluyó. El repertorio combinó clásicos infalibles como Machinehead y Swallowed con material nuevo que sonó tan fresco como contundente. La interpretación de Glycerine en solitario fue el momento más íntimo de la noche, con el público acompañando cada verso entre luces de móvil y un silencio cómplice.

Y entonces apareció Volbeat, y el recinto se vino abajo. Desde los primeros compases de The Devil’s Bleeding Crown quedó claro que Michael Poulsen es uno de los grandes frontmen del rock actual. Canta con potencia, domina el escenario y tiene una conexión increíble con el público. A su lado, el ya no tan recién incorporado Flemming C. Lund, que también comparte escenario con Poulsen en su otra banda, Asinhell, encajó sin esfuerzo y aportó frescura y buena química.

La banda alternó clásicos como Lola Montez o Fallen con nuevos temas de God Of Angels Trust, entre ellos Demonic Depression, In the Barn of the Goat Giving Birth to Satan’s Spawn in a Dying World of Doom —con ese aire sureño que sacó lo mejor de Poulsen a nivel vocal, y By a Monster’s Hand, cuyo riff hizo temblar el recinto. En ese momento, el grupo sonó especialmente sólido, con una crudeza que recordó por qué Volbeat es una banda de directo.

Heaven Nor Hell, coreada a una sola voz por un público completamente entregado, antes de sumergirnos en una de las mejores interpretaciones de la noche The Devil Rages On, del Servant of the Mind.

Del Rewind, Replay, Rebound rescataron Die To Live, y Poulsen desplegó toda su faceta rockabilly con una voz que llenó el recinto. Fue uno de los momentos más celebrados del concierto, una mezcla perfecta entre energía, humor y virtuosismo.

El cierre fue una auténtica fiesta: Black Rose, Seal the Deal, For Evigt y, por supuesto, Still Counting y A Warrior’s Call, con miles de personas gritando “fight, fight, fight!” a todo pulmón.

Volbeat demostraron una vez más por qué son una de las bandas más queridas del metal actual. Su directo es potente, cercano y sin artificios. En Halloween no hubo trucos ni tratos, solo una gran noche de rock que dejó a todo el mundo con la misma sensación: ojalá todas las fiestas dieran tanta vida.

05/11/2025 0 comments
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AgendaArteEventosNoticias

Picasso y Klee en el Thyssen

by Uve Magazine 01/10/2025
written by Uve Magazine

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza prepara para el otoño una de las exposiciones más sugerentes de los últimos años. Del 28 de octubre de 2025 al 1 de febrero de 2026 se mostrará en Madrid Picasso y Klee en la colección de Heinz Berggruen, un recorrido de medio centenar de obras que permitirá asistir a un diálogo artístico de enorme intensidad entre dos creadores fundamentales del siglo XX y, al mismo tiempo, recuperar la figura de uno de los coleccionistas más influyentes del pasado siglo: Heinz Berggruen.

El proyecto nace de la colaboración con el Museum Berggruen de Berlín, institución que custodia el legado reunido por el marchante alemán y que, durante la remodelación de su sede, ha impulsado desde 2022 una serie de itinerancias internacionales en Japón, China, Australia y varias ciudades europeas. Madrid se suma ahora a esa lista, acogiendo un conjunto de piezas que permiten mirar de nuevo a Picasso y Klee desde la perspectiva de un coleccionista que los consideraba no solo esenciales en la historia del arte moderno, sino también complementarios en sus búsquedas creativas.

La muestra, comisariada por Paloma Alarcó y Gabriel Montua, se articula en torno a cuatro grandes núcleos temáticos: retratos y máscaras, paisajes, objetos y arlequines y desnudos. En cada sección se ponen en paralelo obras de ambos artistas que, pese a sus diferencias de temperamento, revelan afinidades profundas. Picasso aparece como un creador terrenal, excesivo, sensual, con una energía meridional que lo lleva a deformar la realidad con una audacia desbordante. Klee, en cambio, se nos presenta como un artista introspectivo, espiritual, cargado de un lirismo intelectual que transforma cada motivo en metáfora. Y, sin embargo, ambos comparten un mismo espíritu de experimentación, un interés por lo grotesco y lo satírico, por la distorsión del cuerpo humano, por la caricatura como herramienta para desvelar verdades ocultas.

Los retratos y máscaras ocupan un lugar central en este diálogo. En el caso de Picasso, las deformaciones que aplica a las figuras femeninas, como en sus representaciones de Dora Maar, muestran hasta qué punto concibió el retrato no como reproducción fiel de la apariencia, sino como un campo de metamorfosis en el que lo grotesco se convierte en revelación. La influencia de las máscaras africanas y oceánicas se advierte en obras como los estudios para Las señoritas de Aviñón, donde el artista hallaba un potencial mágico y transformador. Klee, por su parte, llevó su fascinación por los rostros enmascarados hacia una investigación de lo invisible. Inspirado por el museo etnográfico de Múnich y los teatros de marionetas, buscaba reflejar aquello que permanece oculto tras la superficie, a menudo mediante un grafismo de apariencia ingenua que sin embargo revela una carga inquietante, como en Dama con lacre o La señora R. viajando por el sur.

El paisaje constituye otro de los territorios de encuentro. Para Picasso fue un campo de experimentación decisivo en la gestación del cubismo, con ejemplos célebres como las panorámicas de Horta del Ebro. Aunque no cultivó el género con la misma constancia, algunas piezas incluidas en la exposición, como Naturaleza muerta delante de una ventana, Saint-Raphaël o Vista de Saint-Malo, muestran su capacidad para reinventar la tradición. En el caso de Klee, el viaje a Túnez en 1914 marcó un punto de inflexión. Allí encontró la clave para un lenguaje que ya no buscaba imitar la naturaleza, sino dialogar con ella en un plano más profundo. Obras como Ciudad de ensueño o Casa giratoria revelan cómo integró influencias cubistas en un mundo visual propio, hecho de geometrías flotantes y arquitecturas oníricas.

El terreno de la naturaleza muerta, o de las cosas, se presenta como otro espacio de afinidad. Si en el siglo XVII este género remitía a la fugacidad de la vida, en el siglo XX Picasso y Klee lo convirtieron en un laboratorio formal. Picasso, influido por Cézanne, fragmentó la materia y el espacio, e introdujo objetos reales en sus composiciones para fundir lo representado con lo tangible. Su Naturaleza muerta con racimo de uvas de 1914, con periódicos y serrín incorporados a la tela, marca el nacimiento del cubismo sintético. Klee, en cambio, buscó la esencia de los objetos en su estructura interna, defendiendo que su verdadero ser iba más allá de lo visible. Obras como Porcelana china o Flor y fruta revelan esa voluntad de captar un dinamismo orgánico en elementos aparentemente inanimados.

La sección final reúne arlequines y desnudos, dos universos que Picasso abordó de manera obsesiva a lo largo de su vida. Desde los Dos bañistas de 1921 hasta Silenos con danzantes de 1933, pasando por sus múltiples arlequines —entre ellos el célebre Arlequín sentado de 1905—, se despliega un repertorio de cuerpos fragmentados, sensuales, teatrales. El circo y el desnudo aparecen como escenarios donde la vitalidad y la vulnerabilidad se entrelazan. Klee se acercó al mundo circense desde una óptica distinta, en la que la figura humana se funde con la arquitectura y el color, como en Arlequín en el puente o Despertar, donde la silueta reclinada parece integrarse con el fondo en un todo armónico.

La exposición no es solo una oportunidad de contemplar obras maestras, sino también de entender el papel decisivo de Heinz Berggruen. Nacido en Berlín en 1914 y exiliado durante el nazismo, trabajó en el San Francisco Museum of Art y colaboró con Diego Rivera antes de regresar a Europa tras la guerra. En París abrió en 1948 su primera galería y, más tarde, la célebre Galerie Berggruen & Cie. Durante décadas fue una figura clave en el mercado internacional, rescatando obras de colecciones privadas y acercándolas a mecenas contemporáneos. A partir de los años ochenta se volcó en el coleccionismo personal, con una clara preferencia por Picasso y Klee. Su colección fue adquirida en el año 2000 por el gobierno alemán, dando lugar al Museum Berggruen, parte de la Nationalgalerie. El paralelismo con Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza, cuya colección también acabó en manos de un Estado, es evidente: ambos entendieron el coleccionismo no solo como acumulación de bienes, sino como una forma de transmisión cultural al servicio del público.

Que hoy Madrid acoja esta selección significa recuperar no solo la huella de dos de los artistas más influyentes de la modernidad, sino también el gesto generoso de un coleccionista que supo ver en ellos los pilares de una época. En sus memorias, Berggruen los definió como “los dos creadores fundamentales de la primera mitad de nuestro siglo”. La exposición confirma esa convicción, mostrando cómo dos lenguajes distintos podían coincidir en la misma voluntad de transformación: alterar las formas para revelar lo invisible, deformar lo humano para acercarse a lo esencial, convertir lo trivial en un campo de descubrimiento.

Los visitantes encontrarán en el Thyssen no solo cuadros célebres como Dora Maar con uñas verdes, Mujer con lacre o Arlequín sentado, sino también la oportunidad de comprender cómo la pintura del siglo XX fue capaz de reinventar el modo de mirar. El humor corrosivo de Picasso y la delicadeza metafórica de Klee se dan la mano en una muestra que es, más que una confrontación, una conversación sin tiempo.

01/10/2025 0 comments
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ArteEventos

Warhol y Pollock, juntos en el Thyssen

by Uve Magazine 11/09/2025
written by Uve Magazine

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta del 21 de octubre de 2025 al 25 de enero de 2026 la exposición «Warhol, Pollock y otros espacios americanos», comisariada por Estrella de Diego. La muestra reúne más de un centenar de obras de Andy Warhol y Jackson Pollock, dos figuras fundamentales del arte del siglo XX, junto a creadores como Lee Krasner, Helen Frankenthaler, Marisol Escobar, Sol LeWitt, Cy Twombly y Robert Rauschenberg. Procedentes de más de treinta instituciones de Norteamérica y Europa, muchas de estas piezas nunca han sido vistas en España.

Warhol y Pollock, en apariencia opuestos, coincidieron en su interés por revisar la tradición pictórica, cuestionar la relación entre figura y fondo y explorar nuevas estrategias espaciales. El recorrido revela a un Pollock no siempre definido como “maestro abstracto” y a un Warhol más complejo que el artista desapasionado de la cultura de masas. Ambos, desde registros distintos, trastocaron la noción de fondo y figura y desarrollaron estrategias de ocultamiento y camuflaje en sus proyectos pictóricos, donde a menudo aparecen huellas autobiográficas.

La exposición, organizada con la colaboración de la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid, se articula en seis capítulos que muestran los diálogos entre abstracción y figuración, más allá de las etiquetas tradicionales. El primero confronta los inicios figurativos de Pollock y Krasner con dos versiones de la célebre Coca-Cola de Warhol. La sección Rastros y vestigios reúne obras de artistas como Audrey Flack, Marisol Escobar, Anne Ryan, Perle Fine y Rauschenberg, donde la figuración aparece fragmentada y camuflada. En El fondo como figura destacan piezas icónicas de Warhol como Liz en plata como Cleopatra (1963), Un solo Elvis (1964) y Jackie II (1966).

El apartado Repeticiones y fragmentos se centra en la serialidad y las duplicaciones de Warhol con series como Flores, Calaveras, Sillas eléctricas y los célebres accidentes automovilísticos, entre ellos Choque óptico de automóviles (1962) y Desastre blanco I (1963). Espacios sin horizontes presenta ocho pinturas oxidadas de Warhol junto a dos piezas de Helen Frankenthaler, en un diálogo con las últimas obras de Pollock. La muestra concluye con El espacio como metafísica, dedicado a la serie Sombras de Warhol (1978-79), que se enfrenta a Sin título (Verde sobre morado) (1961) de Mark Rothko en un encuentro marcado por la ausencia y la desmaterialización de la figura.

Con este proyecto, el Thyssen propone una nueva lectura de dos artistas clave del siglo XX y de sus contemporáneos, mostrando cómo, desde diferentes posiciones, compartieron una misma obsesión por reinventar el espacio pictórico y transformar radicalmente la relación entre abstracción y figuración.

11/09/2025 0 comments
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ArteEventos

Gaza a través de sus ojos

by Uve Magazine 06/09/2025
written by Uve Magazine

El Museo Thyssen muestra la vida en Gaza a través de los ojos de sus fotoperiodistas

Madrid. El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza acoge, del 23 de septiembre al 19 de octubre de 2025, la exposición Gaza a través de sus ojos. La muestra, de entrada gratuita y situada en el hall central, reúne una treintena de fotografías tomadas por fotoperiodistas locales que, desde octubre de 2023, han documentado la vida en la franja bajo el asedio.

Gaza, un territorio de apenas 365 kilómetros cuadrados donde viven más de 2,1 millones de personas, ha sufrido en los últimos dos años una devastación sin precedentes. Bombardeos constantes, desplazamientos forzados y el colapso de los servicios básicos han sumido a la población en una crisis humanitaria extrema: familias enteras enfrentan la falta de alimentos, agua potable, medicinas y refugio.

La exposición pone el foco en una realidad marcada por la destrucción. Barrios completos, hospitales, escuelas e incluso instalaciones de Naciones Unidas han sido arrasados, a pesar de su protección bajo el derecho internacional humanitario. Más de 360 trabajadores de la Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina (UNRWA) han perdido la vida en Gaza, muchos de ellos junto a sus familias, mientras desarrollaban labores de asistencia humanitaria.

El proyecto es fruto de la colaboración entre el Museo Thyssen, UNRWA y el Departamento de Protección Civil y Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea (ECHO). La Unión Europea, a través de financiación y apoyo logístico, ha contribuido a garantizar el suministro de agua, saneamiento, artículos de primera necesidad y actividades educativas para la infancia en la franja.

En un contexto en el que las autoridades israelíes han prohibido la entrada de medios internacionales y más de 200 periodistas palestinos han sido asesinados, la labor de los fotoperiodistas locales resulta esencial. Su trabajo, desarrollado en condiciones de riesgo extremo, da testimonio de la vida cotidiana bajo el asedio. Sin embargo, por razones de seguridad, sus nombres no se harán públicos en la exposición.

Gaza a través de sus ojos no solo presenta imágenes: es, sobre todo, un testimonio y un llamamiento a la conciencia internacional. Una invitación a mirar de frente una realidad silenciada.

06/09/2025 0 comments
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EventosPensamiento

Cuando arde la memoria

by Emain Juliana 18/08/2025
written by Emain Juliana

Hoy, cada incendio que arrasa hectáreas de Castilla y León, Galicia, Extremadura o Asturias no es un accidente aislado, sino un síntoma. Es la expresión de una fractura entre lo urbano y lo rural, es la expresión de una fractura social y ambiental que nace del abandono del territorio y de una gestión forestal insuficiente, agravada por el impacto del cambio climático, pero también hay que decir que en torno al noventa y seis por ciento de los incendios son provocados. No hablamos solo de negligencias, descuidos o accidentes, sino también de acciones totalmente deliberadas, de intereses económicos ocultos y de una violencia ejercida contra la tierra que se traduce en humo y devastación. El fuego, en su mayor parte, no es fruto del azar ni de la naturaleza indómita, lo que lo convierte en un espejo aún más duro de nuestra responsabilidad colectiva.

No es casualidad que los lugares más afectados sean a menudo los mismos que cargan con décadas de abandono y despoblación: aldeas donde apenas queda una veintena de vecinos, pueblos que vieron marchar a sus jóvenes hacia las ciudades, campos convertidos en maleza porque ya no hay manos que los limpien. El fuego encuentra allí su camino, y al avanzar no solo destruye paisajes, sino también la débil red de vínculos que todavía mantenía en pie la vida comunitaria.

Desde un punto de vista social, los incendios también exponen la desigualdad territorial. Allí donde hay pueblos pequeños y recursos escasos, la defensa contra el fuego depende en gran medida de la ayuda estatal o de la solidaridad improvisada de los vecinos. En cambio, en zonas turísticas o próximas a áreas urbanas, la respuesta es más rápida, más contundente. Esto genera una herida de fondo: la sensación de que hay vidas que valen menos, territorios que pueden arder sin que al conjunto de la sociedad le importe demasiado. Ese sentimiento alimenta el desencanto y el resentimiento de la España rural, que percibe cómo sus tragedias solo se hacen visibles cuando adquieren la magnitud suficiente para convertirse en espectáculo mediático.

Las cifras oficiales hablan de hectáreas quemadas, número de efectivos desplegados, de millones de euros en pérdidas, carreteras y líneas de tren cortadas pero lo que rara vez reflejan son las vidas rotas tras cada incendio. Las víctimas no son una abstracción: son familias que ven cómo las llamas devoran sus casas en cuestión de minutos, pequeños negocios que desaparecen sin posibilidad de una reconstrucción inmediata, agricultores y ganaderos que pierden la base de su sustento, ancianos que deben abandonar de golpe el lugar donde han vivido siempre. Los desalojados cargan con la incertidumbre de no saber si podrán regresar, y quienes logran salvar la vida llevan consigo una herida invisible, hecha de miedo y desarraigo. En cada incendio hay nombres y rostros concretos que el fuego convierte en exiliados de su propia tierra, y ese impacto humano es la parte más dolorosa y menos reparable de la tragedia.

No quisiera cerrar estas líneas como si la cuestión estuviera concluida, porque no lo está. Cerrar sería una forma de dar por terminada una historia que en realidad permanece abierta, y tal vez la única honestidad posible sea dejar estas palabras así, incompletas. Y no lo cierro tampoco porque sé que volverá a suceder, siempre sucede, porque no se invierte en prevención, las personas no se hacen responsables de sus actos y ahora mismo todo se siente como si el incendio formara ya parte inevitable de nuestra manera de vivir y de recordar.

18/08/2025 0 comments
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AgendaArteEventos

Duane Michals, el arte de fotografiar lo invisible

by Clara Belmonte 24/07/2025
written by Clara Belmonte

Duane Michals, uno de los nombres más influyentes de la fotografía contemporánea, llegó a Madrid el pasado mes de mayo con una gran retrospectiva organizada por la Fundación Canal. Bajo el título Duane Michals. El fotógrafo de lo invisible, la muestra —incluida en la sección oficial de PHotoESPAÑA 2025— permanecerá abierta al público hasta el 24 de agosto en la Sala Mateo Inurria 2. A falta de un mes para su clausura, aún es posible adentrarse en el universo creativo de un artista que transformó para siempre el lenguaje fotográfico.

La exposición, comisariada por Enrica Viganò y realizada en estrecha colaboración con el propio artista, reúne 51 obras compuestas por 150 fotografías que abarcan seis décadas de trabajo, desde 1964 hasta sus creaciones más recientes. A sus 93 años, Michals continúa produciendo obra con la misma lucidez crítica que lo convirtió en una de las voces más singulares de la fotografía del siglo XX.

Autodidacta y al margen de las convenciones del medio, Michals fue pionero en incorporar la narrativa secuencial y el texto manuscrito a la fotografía, desplazando el foco del documento a la emoción, la metáfora y la introspección. Su trabajo, más cercano a la literatura y al cine que al fotoperiodismo, plantea interrogantes sobre la identidad, el tiempo, la muerte, el amor o la espiritualidad.

La muestra se articula en torno a seis grandes ejes temáticos —Imaginación, Visualización, Sensación, Intuición, Indignación y Revelación— que permiten explorar la evolución y profundidad de su pensamiento visual. Desde secuencias icónicas como Encuentro casual (1970) o Las cosas son raras (1973), hasta retratos de Duchamp, Warhol o Magritte y vídeos recientes donde el propio Michals reflexiona sobre su obra, el recorrido ofrece una mirada íntima, filosófica y profundamente humana.

Quienes aún no la hayan visitado están a tiempo de descubrir a un artista que desafió los límites del medio y abrió la fotografía a lo invisible.

24/07/2025 0 comments
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AgendaArteEventos

Anna Weyant entre espejos y herencias

by Emain Juliana 18/07/2025
written by Emain Juliana

El Museo Thyssen-Bornemisza acoge la primera exposición monográfica en un museo de la artista canadiense Anna Weyant (Calgary, 1995), dentro del programa dedicado a la colección de Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza. La muestra, comisariada por Guillermo Solana, reúne 26 obras entre lienzos y trabajos sobre papel pertenecientes a su producción más reciente, y se podrá visitar del 15 de julio al 12 de octubre de 2025.

Formada en la Rhode Island School of Design y con una breve estancia en la China Academy of Art en Hangzhou, Weyant se trasladó a Nueva York, donde su carrera despegó con fuerza desde su primera exposición individual en 2019. En apenas unos años, ha pasado de vender dibujos por 400 dólares en ferias locales a alcanzar más de 1,5 millones en subastas internacionales, convirtiéndose en una de las figuras más destacadas del arte figurativo contemporáneo. En 2022 se convirtió en la artista más joven representada por la prestigiosa galería Gagosian, donde ha celebrado exposiciones como Baby, It Ain’t Over Till It’s Over o Who’s Afraid of the Big Bad Wolves?, consolidando su presencia internacional.

El trabajo de Weyant se sitúa en un terreno de afinidades históricas y disonancias contemporáneas. Con una estética figurativa que remite al Barroco y a movimientos artísticos de la primera mitad del siglo XX, la artista construye una iconografía donde lo cotidiano se entrelaza con lo onírico, y donde los géneros tradicionales del arte —retrato, bodegón, escena de interior— son revisitados desde una mirada cargada de ironía, melancolía y un subtexto feminista muy actual. Esta conexión con el pasado se materializa en el diálogo que Weyant establece entre sus piezas y una cuidada selección de cinco obras de la colección permanente del museo, elegidas por ella misma, entre las que figuran autores como Mattia Preti, Magritte y Balthus.

Conocida por sus retratos de jóvenes mujeres inmersas en espacios que evocan casas de muñecas o paisajes suburbanos, Weyant aborda la adolescencia femenina como un espacio ambiguo entre la inocencia y el desencanto. Sus personajes —de apariencia serena, pero emocionalmente contenida— parecen habitar un mundo suspendido, atravesado por el deseo, la fragilidad y una cierta amenaza latente. Este mismo clima emocional se extiende a sus naturalezas muertas, donde globos a medio inflar, flores marchitas o lazos deshechos sugieren un estado de transición o colapso inminente.

Feted, 2020. Óleo sobre lienzo. Anna Weyant

La exposición subraya también el interés de la artista por lo siniestro y lo ilusorio. Obras como El concierto de Mattia Preti o el Retrato de una joven de perfil con una máscara en la mano derecha de Piazzetta refuerzan la idea de un tiempo detenido y enmascarado. En esa misma línea, la inclusión de El retrato del Dr. Haustein de Christian Schad o La llave de los campos de Magritte añade una tensión entre lo visible y lo que se oculta, entre la apariencia y lo que amenaza con irrumpir.

Conceptualmente, Weyant combina un dominio técnico muy riguroso —influido por los viejos maestros— con una sensibilidad contemporánea que no rehúye el humor negro ni la crítica velada. En palabras de la propia artista, solo produce pinturas que realmente son significativas para ella, y ha llegado a eliminar obras completas si no cumplen con su estándar emocional. Su reciente serie sobre joyas, presentada en TEFAF Nueva York, plantea una reflexión sobre el lujo y el artificio, utilizando un trompe-l’œil impecable que sugiere tanto opulencia como vacío simbólico.

Con esta exposición, el Museo Thyssen-Bornemisza no solo reconoce a una de las voces más interesantes y singulares del arte actual, sino que también plantea un diálogo entre tradición y contemporaneidad, e historia del arte y sensibilidad crítica. Lejos de ser una simple revelación del mercado, Anna Weyant se confirma aquí como una artista con visión, profundidad y una estética tan perturbadora como refinada.

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AgendaEventos

La fotografía como vía hacia lo invisible

by Uve Magazine 12/06/2025
written by Uve Magazine

Desde sus inicios, la fotografía ha sido mucho más que un simple acto de documentación. Para numerosos autores, la cámara se ha transformado en una herramienta de introspección, capaz de traducir lo intangible en imágenes que hablan del tiempo, los sueños o el misterio. Este enfoque artístico convierte la fotografía en un espacio de interpretación simbólica y poética, donde lo visible se subordina a lo que apenas puede nombrarse.

Con motivo de la exposición Duane Michals. El fotógrafo de lo invisible, la Fundación Canal organiza un encuentro único con David Jiménez, uno de los fotógrafos más destacados del panorama español actual. Acompañado por Javier Díaz-Guardiola, Jiménez compartirá su mirada sobre la fotografía como medio de revelación, capaz de trascender lo evidente y convertirse en lenguaje emocional y filosófico.

📅 1 de julio de 2025
🕡 De 18:30 a 20:00 h
📍 Auditorio de la Fundación Canal (Mateo Inurria, 2)
Toda la recaudación se destinará al Centro de día de patología dual de la Fundación Proyecto Hombre Madrid.

Reserva aquí tu entrada

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