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siglo xx

CineNoticias

Muere Brigitte Bardot, icono indómito del cine

by Uve Magazine 28/12/2025
written by Uve Magazine

Brigitte Bardot ha muerto a los 91 años y con ella se apaga una de las figuras más reconocibles, incómodas y determinantes del cine europeo del siglo XX, una mujer que fue convertida en mito antes incluso de tener margen para decidir qué hacer con ese lugar que le asignaron. Su fallecimiento, ocurrido en su casa de Saint-Tropez, cierra una vida marcada por la exposición constante, por una fama que nunca terminó de aceptar y por una retirada temprana que fue, más que un gesto caprichoso, una forma de supervivencia. Bardot no fue solo una actriz célebre: fue un fenómeno social que alteró la forma en que se miraba el deseo, el cuerpo femenino y la libertad en una Europa todavía rígida, moralmente constreñida y profundamente hipócrita.

Convertida en estrella internacional tras Y Dios creó a la mujer, Bardot encarnó una sensualidad  derrochadora y que, precisamente por eso, fue celebrada y castigada a partes iguales, admirada como símbolo de emancipación y reducida al mismo tiempo a objeto. A lo largo de su carrera, que incluyó más de cuarenta películas y colaboraciones con cineastas clave del cine francés, quedó claro que su magnetismo iba mucho más allá de la imagen, aunque ella misma rechazara el sistema que la explotaba. En 1973 decidió abandonar el cine cuando aún estaba en lo más alto, cansada de la presión, del juicio constante y de una industria que nunca le permitió ser simplemente una persona.

Desde entonces, Bardot volcó toda su energía en la defensa de los animales, una causa que asumió con la misma intensidad con la que antes había vivido la fama, fundando en 1986 la Fundación Brigitte Bardot y convirtiéndose en una activista feroz, incómoda y sin filtros, lo que también la situó en el centro de numerosas polémicas. Su figura, llena de contradicciones, no admite lecturas simples: fue mito, fue icono y fue conciencia. Una mujer que nunca encajó del todo en el lugar que el mundo le reservó y que, aun así, dejó una huella permanente en la cultura.

28/12/2025 0 comments
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ArteEventos

Warhol y Pollock, juntos en el Thyssen

by Uve Magazine 11/09/2025
written by Uve Magazine

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta del 21 de octubre de 2025 al 25 de enero de 2026 la exposición «Warhol, Pollock y otros espacios americanos», comisariada por Estrella de Diego. La muestra reúne más de un centenar de obras de Andy Warhol y Jackson Pollock, dos figuras fundamentales del arte del siglo XX, junto a creadores como Lee Krasner, Helen Frankenthaler, Marisol Escobar, Sol LeWitt, Cy Twombly y Robert Rauschenberg. Procedentes de más de treinta instituciones de Norteamérica y Europa, muchas de estas piezas nunca han sido vistas en España.

Warhol y Pollock, en apariencia opuestos, coincidieron en su interés por revisar la tradición pictórica, cuestionar la relación entre figura y fondo y explorar nuevas estrategias espaciales. El recorrido revela a un Pollock no siempre definido como “maestro abstracto” y a un Warhol más complejo que el artista desapasionado de la cultura de masas. Ambos, desde registros distintos, trastocaron la noción de fondo y figura y desarrollaron estrategias de ocultamiento y camuflaje en sus proyectos pictóricos, donde a menudo aparecen huellas autobiográficas.

La exposición, organizada con la colaboración de la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid, se articula en seis capítulos que muestran los diálogos entre abstracción y figuración, más allá de las etiquetas tradicionales. El primero confronta los inicios figurativos de Pollock y Krasner con dos versiones de la célebre Coca-Cola de Warhol. La sección Rastros y vestigios reúne obras de artistas como Audrey Flack, Marisol Escobar, Anne Ryan, Perle Fine y Rauschenberg, donde la figuración aparece fragmentada y camuflada. En El fondo como figura destacan piezas icónicas de Warhol como Liz en plata como Cleopatra (1963), Un solo Elvis (1964) y Jackie II (1966).

El apartado Repeticiones y fragmentos se centra en la serialidad y las duplicaciones de Warhol con series como Flores, Calaveras, Sillas eléctricas y los célebres accidentes automovilísticos, entre ellos Choque óptico de automóviles (1962) y Desastre blanco I (1963). Espacios sin horizontes presenta ocho pinturas oxidadas de Warhol junto a dos piezas de Helen Frankenthaler, en un diálogo con las últimas obras de Pollock. La muestra concluye con El espacio como metafísica, dedicado a la serie Sombras de Warhol (1978-79), que se enfrenta a Sin título (Verde sobre morado) (1961) de Mark Rothko en un encuentro marcado por la ausencia y la desmaterialización de la figura.

Con este proyecto, el Thyssen propone una nueva lectura de dos artistas clave del siglo XX y de sus contemporáneos, mostrando cómo, desde diferentes posiciones, compartieron una misma obsesión por reinventar el espacio pictórico y transformar radicalmente la relación entre abstracción y figuración.

11/09/2025 0 comments
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LiteraturaPensamiento

Tsunami, la ola que arrasa el tiempo

by Emain Juliana 30/07/2025
written by Emain Juliana

El tsunami, esa ola inmensa que lo traga todo, ha estado presente en el imaginario literario mucho antes de que la ciencia le pusiera un nombre. Desde los mitos más antiguos hasta los relatos modernos han descrito una fuerza descomunal que se traga la tierra, a veces se presenta como castigo, otras como limpieza o ruptura, pero siempre como algo que tras la devastación obliga a comenzar de nuevo. 

A lo largo del tiempo, las olas gigantes no se han visto solo como un fenómeno natural, sino como algo que escapa a cualquier intento de control. En Japón, por ejemplo, forman parte de la memoria colectiva, de una experiencia vivida y repetida con cierta asiduidad. En Europa, en cambio, han representado más bien el miedo a lo desconocido, la sensación de que por muy avanzada que sea una sociedad, la naturaleza siempre puede imponerse. En los libros, el tsunami ha servido para hablar de eso que irrumpe y lo destruye todo, sin previo aviso.

En los textos antiguos, lo que hoy llamaríamos un tsunami aparece muchas veces disfrazado de diluvio. No como un fenómeno aislado, sino como una especie de reset cósmico. En La epopeya de Gilgamesh, uno de los primeros relatos escritos de la humanidad, los dioses deciden exterminar a los hombres con una gran inundación, pero solo Utnapishtim, advertido a tiempo, logra construir una embarcación y sobrevivir. La historia es muy parecida a la del Génesis bíblico, donde Noé también se salva del castigo divino construyendo un arca. En la mitología griega, Deucalión y Pirra escapan de la gran ola enviada por Zeus, y en la tradición hindú, el sabio Manú recibe el aviso de un pez que resulta ser una deidad. En todos los casos, el agua aparece como lo que borra lo anterior y deja espacio para algo nuevo. El mar no solo castiga, también limpia, y lo que llegará después será distinto, aunque no necesariamente mejor.

En Japón, donde los tsunamis forman parte de la historia nacional, la relación con el mar es distinta. No es una figura mitológica ni una metáfora lejana, es una realidad que se repite de manera bastante cotidiana. Desde el siglo VIII, los registros dan cuenta de terremotos y olas gigantes, durante el periodo Edo, se documentaron con detalle en crónicas, mapas y grabados, pero también en canciones populares y en la poesía. La literatura japonesa, especialmente el haiku, ha sabido expresar ese miedo con una sobriedad conmovedora. No hace falta nombrar la ola para que se sienta su peso, a veces está en el silencio previo al desastre, en la arena que se ensancha, en el grito que se apaga. El tsunami, en estos versos tan breves, no es una catástrofe ruidosa, sino una ausencia de sonido. Un momento suspendido en el tiempo que se vuelve irreversible.

En Europa, no se tomó conciencia del tsunami como un fenómeno real hasta el siglo XVIII, con el terremoto de Lisboa en 1755. Aquel día, la ciudad fue sacudida por un seísmo brutal, arrasada por un maremoto y devorada por el fuego, fallecieron decenas de miles de personas. El desastre fue tan inmenso que no cabía en los esquemas mentales de la época, y para colmo sucedió en el Día de Todos los Santos, con las iglesias llenas. Muchos se preguntaron por qué una ciudad tan religiosa era castigada así. ¿Dónde estaba Dios? ¿Qué lógica podía tener aquello? Voltaire, en Cándido, se burla de quienes decían que todo sucede para bien. El terremoto y el tsunami hicieron añicos la idea de que el mundo era un lugar ordenado y justo, y desde entonces la naturaleza empezó a verse no solo como algo hermoso o admirable, sino también como una fuerza capaz de arrasar sin un motivo, simplemente porque sí.

El Romanticismo abrazó esa visión. El mar se convirtió en el escenario de tormentas interiores, de pérdidas, de luchas imposibles. Lord Byron escribió sobre mares embravecidos donde «el alma se disuelve». Víctor Hugo, en Los trabajadores del mar, convirtió al océano en un personaje: un adversario poderoso e indiferente. El mar ya no era solo un decorado de fondo, sino algo que tomaba protagonismo, como un personaje más, capaz de reflejar lo insignificante que puede llegar a ser el ser humano.

En el siglo XX, los tsunamis dejaron de ser un mito para convertirse en hechos documentados y analizados por sismógrafos, observados por científicos y periodistas. En Japón, el gran tsunami de Sanriku en 1933 provocó más de tres mil muertes, y aunque las narraciones que surgieron de aquel desastre no alcanzaron gran difusión internacional, marcaron un cambio en el tono, empezó a ser contado como herida y trauma, como un acontecimiento que transforma para siempre la relación de una comunidad con su territorio. La literatura reflejó ese giro, no siempre a través de novelas, pero sí mediante memorias, poemas, canciones populares o diarios personales que luego circularon como parte de lo vivido.

En Occidente, mientras tanto, encontró un nuevo espacio en la literatura especulativa; en novelas como The Drowned World de J. G. Ballard (1962), el mundo ya no es arrasado por una ola puntual, sino que queda sumergido por completo: las ciudades reposan bajo el agua, el paisaje es una ruina líquida y ya no hay castigo, ni juicio, ni drama moral, sino transformación. En estas narraciones, la ola no representa un final, sino una mutación, y lo que surge después no es lo que había antes, sino otra cosa: otro mundo, otro cuerpo  y otro orden.

En el siglo XXI, se convirtió en una realidad inmediata, vivida en directo a través de las televisiones, porque la tragedia del océano Índico en 2004, seguida por el desastre de Fukushima en 2011, transformó para siempre la forma en que se perciben estos fenómenos. Ya no se trataba de imaginar la destrucción, sino de verla avanzar en tiempo real mientras arrasaba ciudades, y esa visibilidad cambió también su lugar en la literatura, que comenzó a responder no solo desde la ficción sino también desde la necesidad de dar testimonio. Obras como Wave de Sonali Deraniyagala, donde la autora relata la pérdida de toda su familia en Sri Lanka, o antologías como March Was Made of Yarn, que recogen testimonios tras Fukushima, no buscan explicar lo ocurrido sino sostener lo que queda, hablar sobre el duelo y el miedo persistente, la reconstrucción lenta y los silencios que apenas se pueden nombrar.

Desde entonces, la escritura ha convertido estas catástrofes en una presencia real, en memoria colectiva. Ya no se representa como un giro dramático o un evento distante, sino como una vida partida en dos, con un antes y un después que es imposible de borrar. En este nuevo ciclo, las olas recuperan su protagonismo no como escenario romántico ni como fondo simbólico, sino como una fuerza que es tangible y su impacto influye no solo por lo que destruyen, sino por todo lo que obligan a reconstruir: el lenguaje, los vínculos, la memoria, el paisaje y las certezas. De este modo, lo verdaderamente devastador no siempre es el agua en movimiento, sino el vacío que deja cuando todo ya ha quedado en silencio.

30/07/2025 0 comments
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Literatura

Sylvia Plath entre la intensidad y la creación

by Sara Petricor 11/02/2025
written by Sara Petricor

Sylvia Plath encarna la complejidad de una mente brillante atrapada en el contraste entre el mundo interior y las expectativas externas. Su obra no puede desligarse de su vida, pues la una nutrió a la otra con una intensidad pocas veces vista en la literatura del siglo XX. Poeta, novelista, madre, esposa y eterna buscadora de una identidad que le permitiera existir sin los corsés de su tiempo, su legado es el resultado de una lucha constante entre la genialidad y el dolor.

Desde su infancia, la relación con su madre y la pérdida temprana de su padre marcaron su desarrollo emocional y creativo. En su escritura temprana ya se evidenciaba la obsesión por la perfección, una autoexigencia que la llevaría tanto al éxito académico como a crisis emocionales. Su incursión en la literatura comenzó con poemas y cuentos que revelaban una mente minuciosa y detallista, siempre en busca de reconocimiento y validación.

Durante sus años universitarios en Smith College, destacó como una estudiante brillante, aunque sus diarios revelan la presión que sentía por cumplir con las expectativas impuestas por la sociedad y por ella misma. La dualidad entre la joven socialmente aceptable y la artista atormentada se acentuó con el tiempo. Fue en este período cuando sufrió su primera gran crisis depresiva, reflejada en La campana de cristal, una novela que disecciona el impacto de la rigidez social en la mente de una joven talentosa pero alienada.

El encuentro con Ted Hughes en Cambridge fue un punto de inflexión en su vida. La pasión con la que se entregó a su relación con Hughes parecía reflejarse en su producción poética. Sin embargo, la complejidad de su carácter y la dificultad de compartir su espacio creativo con otra figura literaria fuerte generaron tensiones que no tardaron en convertirse en conflictos irreconciliables.

La maternidad trajo consigo un nuevo dilema: la lucha entre su identidad como madre y su necesidad de escribir. Si bien su vida familiar le proporcionó momentos de felicidad, también intensificó su sensación de pérdida de sí misma. Su poesía se tornó más oscura, más descarnada, y alcanzó una calidad sin precedentes en los meses previos a su muerte. Ariel, su obra póstuma, es testimonio de una voz que se alzó contra el mundo con una fuerza arrolladora y una honestidad radical.

La producción literaria de Sylvia Plath es vasta y compleja, marcada por una evolución constante de su estilo y sus temáticas. The Colossus and Other Poems (1960), su primer poemario, exhibe una técnica depurada y un dominio del lenguaje que ya anticipaban su grandeza. Sin embargo, es en Ariel (1965) donde su poesía alcanza una intensidad feroz y descarnada, explorando temas como la muerte, la identidad y la maternidad con imágenes impactantes y un ritmo cortante que redefine la lírica contemporánea. Su novela La campana de cristal (1963), con tintes autobiográficos, retrata la lucha de una joven contra las imposiciones sociales y la enfermedad mental, convirtiéndose en un referente del realismo psicológico. Sus diarios y correspondencia, publicados póstumamente, arrojan luz sobre el proceso creativo y la angustia existencial que marcaron su vida, consolidando su figura como una de las voces más relevantes del siglo XX.

Las circunstancias de su muerte no pueden desvincularse de su arte, pero reducir su legado a su trágico final sería injusto. Sylvia Plath fue más que una poeta atormentada; fue una escritora visionaria cuya obra sigue inspirando a generaciones de lectores que encuentran en sus palabras un espejo de su propia vulnerabilidad y fuerza.

11/02/2025 0 comments
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LiteraturaPensamientoPersonajes

Ante la ley, relato de Franz Kafka

by Uve Magazine 07/02/2025
written by Uve Magazine

Ante la ley de Franz Kafka (1915) es una breve parábola que encapsula la angustia existencial y la burocracia impenetrable, temas recurrentes en la obra del autor.

Este cuento, incluido en El proceso, ilustra la impotencia del individuo frente a sistemas inescrutables y sugiere la inutilidad de la espera pasiva ante las barreras impuestas por el poder. Su ambigüedad ha dado pie a múltiples interpretaciones, desde una lectura existencialista hasta una alegoría sobre la inaccesibilidad de la verdad o la justicia.

Ante la ley se alza un guardián. Llega un hombre del campo y solicita entrar en la ley. Pero el guardián le dice que, por ahora, no puede permitirle la entrada. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde se le permitirá entrar.

—Es posible —dice el guardián—, pero no ahora.

Puesto que la puerta de la ley está abierta, como siempre, y el guardián se aparta a un lado, el hombre se inclina para mirar a través de la puerta, hacia el interior. Al notar esto, el guardián suelta una carcajada y dice:

—Si tanto te tienta, prueba a entrar a pesar de mi prohibición.

—Pero advierte: soy poderoso. Y no soy más que el primer guardián. Entre las salas hay otros guardianes, cada uno más poderoso que el anterior. Ni siquiera yo puedo soportar la mirada del tercero.

El hombre del campo no esperaba tales dificultades; la ley debería estar siempre accesible para todos, piensa. Pero al observar más detenidamente al guardián, su abrigo de piel, su gran nariz puntiaguda, su larga y fina barba negra tártara, decide aguardar hasta obtener el permiso para entrar.

El guardián le entrega un taburete y le permite sentarse a un lado de la puerta.

Allí se sienta durante días y años. Hace innumerables intentos por ser admitido y fatiga al guardián con sus súplicas. Este, de vez en cuando, le somete a pequeños interrogatorios, le pregunta por su tierra natal y por muchas otras cosas, pero tales cuestiones son indiferentes, como las que formulan los grandes señores, y al final siempre le repite que aún no puede dejarle entrar.

El hombre, que ha emprendido su viaje bien provisto, emplea cuanto posee, por valioso que sea, para sobornar al guardián. Este lo acepta todo, pero dice:

—Solo lo tomo para que no pienses que has dejado de hacer algo.

A lo largo de los años, el hombre ha observado casi sin descanso al guardián. Poco a poco, olvida a los otros guardianes, y este primero le parece el único obstáculo para entrar en la ley.

Maldice la desdichada coincidencia, al principio con impaciencia y a grandes voces; más tarde, cuando envejece, solo gruñe para sí mismo. Se vuelve infantil, y como en sus años de observación del guardián ha llegado incluso a distinguir las pulgas en el cuello de piel de su abrigo, les ruega también a ellas que le ayuden y logren ablandar el corazón del guardián.

Con el tiempo, su vista se debilita, y ya no sabe si la oscuridad a su alrededor es real o si sus ojos le engañan. Pero ahora, en medio de las tinieblas, distingue un resplandor que se filtra inexorablemente a través de la puerta de la ley.

No le queda ya mucho tiempo de vida.

Antes de su muerte, todas las experiencias de aquellos años se condensan en su mente en una única pregunta que hasta entonces no había formulado al guardián. Le hace una seña, pues ya no puede enderezar su cuerpo entumecido. El guardián tiene que inclinarse profundamente hacia él, pues con los años la diferencia de tamaño ha cambiado en gran perjuicio del hombre.

—¿Qué más quieres saber ahora? —pregunta el guardián—. Eres insaciable.

—Todos aspiran a entrar en la ley —dice el hombre—, ¿cómo es posible, entonces, que en todos estos años nadie, salvo yo, haya solicitado entrar?

El guardián, viendo que el hombre se halla en su último aliento, le grita al oído:

—Nadie más podía entrar por aquí, porque esta puerta estaba destinada solo para ti. Ahora voy a cerrarla.

Marino Costa

07/02/2025 0 comments
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ArteLiteratura

Carmen de Burgos y María Lejárraga, voces que transformaron España

by Uve Magazine 04/10/2024
written by Uve Magazine

La Biblioteca Nacional de España, en colaboración con el Ministerio de Política Territorial, Memoria Democrática y Acción Cultural Española (ACE), presenta dos exposiciones que rinden homenaje a Carmen de Burgos y María Lejárraga, figuras clave en la historia cultural y social de España. Estas muestras, que también cuentan con el apoyo del Gobierno de La Rioja, se desarrollan como parte de la conmemoración del 150º aniversario del nacimiento de Lejárraga y del 50º aniversario de su fallecimiento.

Ambas exposiciones, abiertas desde el 27 de septiembre de 2024 hasta el 5 de enero de 2025, comparten el espacio de la sala Recoletos-Jorge Juan de la Biblioteca Nacional en Madrid. A pesar de su individualidad, la proximidad física y temporal de ambas exposiciones subraya las similitudes entre estas dos escritoras, que destacaron no solo por su talento literario, sino también por su compromiso con la lucha por los derechos de las mujeres y la modernización de la sociedad española.

Dos mujeres comprometidas con el progreso y la igualdad

Carmen de Burgos y María Lejárraga fueron protagonistas de una época marcada por cambios sociales y políticos en España, pero también sufrieron las limitaciones impuestas por su condición de mujeres. Ambas destacaron como escritoras prolíficas, maestras y activistas feministas, luchando por derechos como el voto femenino y el divorcio en una sociedad que no siempre estaba preparada para sus ideas. Sin embargo, la guerra, el exilio y la desigualdad de género contribuyeron a que sus logros fueran relegados al olvido durante décadas. Estas exposiciones pretenden rectificar esa omisión, devolviendo a estas autoras el lugar que merecen en la historia.

Carmen de Burgos: pionera del periodismo y defensora de los derechos de la mujer

Carmen de Burgos, conocida también como Colombine, fue una de las primeras mujeres en ocupar un lugar destacado en el periodismo español. En 1903 se convirtió en la primera redactora con una columna diaria, y en 1909 fue la primera corresponsal de guerra española. A lo largo de su carrera, publicó miles de artículos en prensa nacional e internacional, defendiendo la educación de las mujeres, el divorcio y el sufragio femenino.

La exposición dedicada a Burgos, comisariada por Concepción Núñez Rey, recorre su prolífica trayectoria a través de obras que incluyen sus novelas, ensayos y biografías. Entre los elementos destacados, figura su retrato pintado por Julio Romero de Torres, símbolo de su relevancia en la vida cultural de la época. Además de su producción literaria, la muestra destaca su papel como una de las voces más influyentes en el feminismo español, contribuyendo con campañas en prensa a favor de la igualdad.

Por su parte, María Lejárraga es recordada no solo por su obra literaria, sino también por la peculiar circunstancia de que muchos de sus escritos fueron firmados por su marido, Gregorio Martínez Sierra. A pesar de esta invisibilidad pública, Lejárraga fue una de las escritoras más prolíficas de su tiempo, autora de libretos, novelas y dramas que hoy son reconocidos como fundamentales en la historia de la literatura española.

Comisariada por Carmen Domingo, la exposición dedicada a Lejárraga explora las múltiples facetas de su vida a través de manuscritos, fotografías y objetos personales. Entre las piezas más significativas se encuentra el documento en el que Gregorio Martínez Sierra reconoce que sus obras fueron escritas en colaboración con su esposa. Además, se expone el libreto de El amor brujo, escrito en colaboración con Manuel de Falla, como ejemplo del importante legado cultural que dejó tras de sí.

Un reconocimiento a su legado

Estas exposiciones no solo buscan poner en valor la obra literaria de Carmen de Burgos y María Lejárraga, sino también destacar su papel como pioneras del feminismo en España. A través de un recorrido por sus logros, se pretende recuperar su legado y hacer justicia a su impacto en la modernización de la sociedad española, así como en la defensa de los derechos de la mujer.

04/10/2024 0 comments
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LiteraturaPersonajes

Federico García Lorca, arte y pasión

by Uve Magazine 19/08/2024
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Federico García Lorca es una de las figuras más influyentes del siglo XX, no solo en España, sino en todo el mundo. Su vida y obra están marcadas por una profunda sensibilidad hacia la cultura popular, la injusticia social y los conflictos internos que derivan del amor, la muerte y la identidad.

Nació el 5 de junio de 1898 en el municipio granadino de Fuente Vaqueros, en el seno de una familia acomodada. Su madre, Vicenta Lorca Romero, fue maestra y fomentó en su hijo un profundo amor por la literatura y las artes. Desde pequeño, Federico mostró un talento natural para la música, una pasión que desarrolló a lo largo de su vida, estudiando piano con el reconocido maestro Antonio Segura Mesa. Sin embargo, su camino artístico lo llevaría a convertirse en uno de los poetas más grandes de la lengua española.

A los seis años, su vida cambió cuando se trasladó a Almería para vivir con su tutor, Antonio Rodríguez Espinosa. Fue un período breve pero significativo que marcó el inicio de su relación con la enfermedad, un tema recurrente en su obra. Al enfermar, regresó a Granada, donde continuó sus estudios en el Sagrado Corazón de Jesús. Aunque en su adolescencia su interés principal estaba en la música, comenzó a desarrollar una voz literaria única que, con el tiempo, se consolidaría.

En 1914, García Lorca se matriculó en la Universidad de Granada para estudiar Filosofía y Letras y Derecho. Durante estos años, se integró en la tertulia “El Rinconcillo”, un grupo de jóvenes intelectuales que se reunían en el café Alameda. Estas tertulias fueron cruciales para su desarrollo como escritor, permitiéndole conectar con otros jóvenes con intereses similares y comenzar a definir su estilo literario. Los viajes que realizó por diversas ciudades españolas con su profesor Martín Domínguez Berrueta fueron determinantes en su formación. Estos viajes inspiraron su primer libro en prosa, Impresiones y paisajes, publicado en 1918. Este libro refleja sus primeras inquietudes estéticas y políticas, y es un claro precursor de la profundidad y complejidad que caracterizarían su obra posterior.

En 1919, Lorca se trasladó a Madrid para continuar sus estudios en la Residencia de Estudiantes, un importante centro cultural e intelectual que influyó decisivamente en su obra. Allí, entró en contacto con algunas de las figuras más destacadas del mundo intelectual y artístico de la época, como Salvador Dalí, Luis Buñuel, y Rafael Alberti. Este ambiente estimulante, junto con su aversión al ambiente provinciano de Granada, consolidó su identidad como escritor y artista. Durante su estancia en la Residencia, publicó Libro de poemas y estrenó su primera obra de teatro, El maleficio de la mariposa, marcando el inicio de una carrera literaria prolífica y profundamente influyente.

Primera representación de El maleficio de la mariposa.

La relación de Lorca con Salvador Dalí es uno de los aspectos más fascinantes de su vida personal y artística. Esta amistad, intensa y compleja, dio lugar a una fructífera colaboración. Fruto de esta relación es la “Oda a Salvador Dalí”, uno de los poemas más destacados de Lorca, publicado en 1926. Lorca también mantuvo una estrecha amistad con el compositor Manuel de Falla, con quien colaboró en varios proyectos, como la promoción del cante jondo, una forma de flamenco primitiva y profunda que Lorca consideraba esencial para la cultura andaluza. Esta colaboración reflejaba su interés por las tradiciones populares y su deseo de integrarlas en su obra literaria.

Federico García Lorca es uno de los miembros más destacados de la llamada Generación del 27, un grupo de poetas que se reunieron en 1927 para conmemorar el tricentenario de la muerte de Luis de Góngora. Esta generación se caracteriza por la fusión de las formas poéticas tradicionales con las vanguardias, y por un enfoque común en temas como la muerte, el amor y la injusticia social. Obras como Romancero gitano (1928) consolidaron la reputación de Lorca como un poeta profundamente conectado con las raíces populares y al mismo tiempo innovador en su forma y estilo.

En 1929, Lorca viajó a Nueva York, un viaje que marcó un punto de inflexión en su obra. En la Gran Manzana, quedó impresionado por la modernidad y, al mismo tiempo, horrorizado por la deshumanización que percibía en la vida urbana. Estas experiencias dieron lugar a Poeta en Nueva York, una de sus obras más complejas y oscuras, que no se publicó hasta después de su muerte. Este libro es una denuncia del capitalismo y una exploración de la alienación del ser humano en la sociedad moderna. Al regresar a España, continuó su prolífica producción literaria, destacando en el teatro con obras como Bodas de sangre (1933), Yerma (1934) y La casa de Bernarda Alba (1936). Estas tragedias rurales abordan temas como la opresión social, el honor y el deseo, y son consideradas algunas de las mejores obras del teatro español del siglo XX.

El estallido de la Guerra Civil Española en 1936 marcó el inicio de una etapa oscura en la vida de Lorca. Aunque no estaba directamente involucrado en la política, sus simpatías hacia la República y su asociación con figuras de la izquierda lo convirtieron en un blanco para las fuerzas franquistas. Rechazó la oferta de exilio que le hicieron amigos preocupados por su seguridad, creyendo que no corría peligro en su Granada natal. Sin embargo, el 18 de agosto de 1936, Federico García Lorca fue arrestado y fusilado, y su cuerpo fue enterrado en una fosa común que hasta el día de hoy no ha sido localizada.

19/08/2024 0 comments
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ArtePersonajes

Alphonse Mucha. El maestro del Art Noveau

by Clara Belmonte 22/07/2024
written by Clara Belmonte

Alphonse Mucha, nacido el 24 de julio de 1860 en Ivančice, una pequeña ciudad del sur de Moravia, es uno de los nombres más reconocidos del Art Nouveau. Su vida y obra son una oda a la belleza y la creatividad, con un legado que sigue inspirando a artistas y diseñadores hasta el día de hoy.

Desde sus primeros años, Mucha mostró una inclinación por el arte, aunque su camino hacia la profesionalización fue arduo debido a los modestos ingresos de su familia. Su padre, Ondřej, era ujier de la corte y su madre, Amálie, hija de un molinero. Mucha trabajó en diversos empleos de pintura decorativa en Moravia y, en 1879, se mudó a Viena para trabajar con una compañía de diseño teatral.

El destino le jugó una mala pasada en 1881 cuando un incendio destruyó el Ringtheater, el principal cliente de su firma. Este revés lo llevó de regreso a Moravia, donde empezó a hacer retratos y arte decorativo. Su talento llamó la atención del conde Eduard Khuen Belasi, quien lo contrató para pintar murales en su residencia. Este trabajo le abrió las puertas a una educación formal en la Academia de Bellas Artes de Múnich, patrocinada por el conde.

En Viena, Mucha descubrió el trabajo de Hans Makart, un pintor académico destacado, conocido por sus murales y retratos históricos. La grandiosidad y el detalle en las obras de Makart dejaron una huella profunda en Mucha, orientándolo hacia un estilo que combinaba la narrativa histórica con una rica ornamentación.

En 1887, Mucha se mudó a París, donde continuó sus estudios en la Académie Julian y la Académie Colarossi. Paralelamente, empezó a producir ilustraciones para revistas y publicidad. Su gran oportunidad llegó en 1895, cuando creó un cartel para la obra “Gismonda” de Victorien Sardou, protagonizada por la famosa actriz Sarah Bernhardt. El cartel fue un éxito rotundo, catapultando a Mucha a la fama. Bernhardt quedó tan impresionada que le ofreció un contrato exclusivo de seis años. Durante este tiempo, Mucha no solo diseñó carteles, sino también escenografías y vestuarios para el Théâtre de la Renaissance. Su estilo, caracterizado por líneas sinuosas, figuras femeninas estilizadas y elementos florales, se convirtió en sinónimo del Art Nouveau.

El éxito de Mucha en París lo llevó a colaborar con el joyero Georges Fouquet. Fascinado por los adornos en las mujeres de los carteles de Mucha, Fouquet le encargó diseños para una serie de joyas que se presentaron en la Exposición Universal de París en 1900. Mucha también diseñó los interiores de la joyería de Fouquet, creando un espacio que era una obra de arte en sí misma.

A pesar de su éxito en Francia, Mucha siempre soñó con proyectos que reflejaran su herencia eslava. Entre 1906 y 1910, visitó los Estados Unidos, pero finalmente regresó a su tierra natal para establecerse en Praga. Allí, decoró el Teatro de Bellas Artes y otros edificios emblemáticos. Con la independencia de Checoslovaquia después de la Primera Guerra Mundial, Mucha diseñó sellos postales, billetes y otros documentos oficiales para la nueva nación. Sin embargo, su proyecto más ambicioso fue la “Epopeya eslava” (Slovanská epopej), una serie de veinte enormes pinturas que narran la historia de los pueblos eslavos. Esta obra monumental fue donada a la ciudad de Praga en 1928 y representa el pináculo de su carrera artística.

Uno de los trabajos más destacados de Mucha en su tierra natal fue el vitral de la Catedral de San Vito en Praga, instalado en 1930 en la nave norte. Este vitral, patrocinado por el Banco Slavia, representa a San Wenceslao, patrón de los eslavos, como infante junto a su abuela, Santa Ludmila. Alrededor de estas figuras centrales, se encuentran escenas de la vida de los Santos Cirilo y Metodio, quienes esparcieron la cristiandad entre los eslavos. En la parte inferior del vitral, se aprecia la alegoría de La Eslavia, debajo de Cristo, reflejando el orgullo y la identidad eslava. Este vitral no solo es una obra de arte magnífica, sino también un símbolo del renacimiento cultural y espiritual de Checoslovaquia. Una reproducción de este vitral se exhibe en el Museo Mucha de la República Checa, permitiendo a los visitantes apreciar la maestría y el simbolismo de esta obra.

La invasión alemana de Checoslovaquia en 1939 fue un golpe devastador para Mucha. Fue arrestado e interrogado por la Gestapo, y nunca se recuperó del trauma. Murió el 14 de julio de 1939 en Praga, a causa de una pulmonía, y fue enterrado en el cementerio de Vyšehrad. Aunque al momento de su muerte su estilo se consideraba pasado de moda, el interés por su obra resurgió en la década de 1960 y ha continuado desde entonces. Gran parte de este renacimiento se debe a su hijo, Jiri Mucha, quien escribió extensamente sobre su padre y dedicó su vida a preservar y promover su legado.

El estilo de Mucha es inconfundible. Sus obras frecuentemente presentan mujeres jóvenes y hermosas, vestidas con atuendos neoclásicos y rodeadas de exuberantes flores. Aunque este estilo fue imitado en su época y se convirtió en un símbolo del Art Nouveau, Mucha siempre insistió en que su arte tenía un propósito espiritual y no meramente comercial. A lo largo de su carrera, Mucha produjo una vasta cantidad de trabajos que abarcan desde pinturas y pósteres hasta diseños para joyería, alfombras y decorados teatrales. Su enfoque en la figura femenina y la ornamentación floral ha influenciado a numerosos artistas y diseñadores contemporáneos.

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ArteEventos

En el ojo del huracán. Vanguardia en Ucrania

by Uve Magazine 29/11/2022
written by Uve Magazine
Desde el 29 de noviembre se podrá disfrutar en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de la muestra En el ojo del huracán. Vanguardia en Ucrania, 1900-1930, esta exposición exhibe el desarrollo de la vanguardia ucraniana durante las primeras décadas del siglo XX, mostrando las diferentes tendencias artísticas.

La exposición se organiza cronológicamente, incluyendo la obra de los principales maestros de la vanguardia ucraniana, tales como Oleksandr Bohomazov, Vasyl Yermilov, Viktor Palmov y Anatol Petrytskyi. También se muestra todo el amplio abanico de estilos e identidades que van desde las pinturas neobizantinas de los seguidores de Mykhailo Boichuk o las obras experimentales de la Kultur Lige, que buscaban promover su visión del arte contemporáneo ucraniano y yidis, respectivamente, a las piezas de Kazymyr Malevych y El Lissitzky, artistas por excelencia de la vanguardia internacional que trabajaron en Ucrania y dejaron una huella significativa en el desarrollo de la escena artística nacional. Del mismo modo, se presentan ejemplos de figuras de renombre internacional que nacieron y comenzaron sus carreras en Ucrania, como Alexandra Exter, Wladimir Baranoff-Rossiné y Sonia Delaunay. La muestra consta de un total de 69 obras.

Se trata del estudio más completo realizado hasta la fecha del arte ucraniano de vanguardia, que cuenta con numerosos e importantes préstamos del National Art Museum of Ukraine y del Museum of Theatre, Music and Cinema of Ukraine, y con el que el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza quiere celebrar el dinamismo y la diversidad de la escena artística ucraniana, al tiempo que salvaguarda el patrimonio del país durante la intolerable ocupación actual de su territorio por parte de Rusia. Tras su presentación en Madrid, la muestra viajará al Museum Ludwig de Colonia.

En el ojo del huracán. Vanguardia en Ucrania, 1900-1930

En el ojo del huracán. Vanguardia en Ucrania, 1900-1930.

Organiza: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

Sede y fechas: Madrid, Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, del 29 de noviembre de 2022 al 30 de abril de 2023. Colonia, Museum Ludwig, del 3 de junio al 24 de septiembre de 2023.

Comisariada por: Konstantin Akinsha, Katia Denysova y Olena Kashuba-Volvach.

Comisaria técnica en Madrid: Marta Ruiz del Árbol, conservadora de pintura moderna del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

Más información: www.museothyssen.org

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