El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza inaugura el próximo 23 de febrero Dentro y fuera del marco, una exposición dedicada a la obra de Irma Álvarez-Laviada que podrá visitarse hasta el 3 de mayo de 2026 en las salas Post Pop. La muestra, comisariada por Rocío de la Villa, se integra en el programa Kora y reúne 47 obras realizadas por la artista en la última década, en un recorrido que pone el foco en los límites materiales y conceptuales de la pintura contemporánea.
Lejos de plantearse como una retrospectiva, la exposición propone una lectura centrada en los procesos y en los elementos que tradicionalmente han quedado en un segundo plano dentro del relato artístico. Marcos, bastidores, pedestales o soportes dejan de ser piezas invisibles para convertirse en parte activa del discurso. A partir de materiales industriales concebidos para proteger, aislar o embalar —espumas, lijas, cartones o poliuretanos—, Álvarez-Laviada sitúa la pintura en un terreno intermedio que cuestiona la división entre lo considerado esencial y aquello que ha sido relegado a lo funcional o accesorio.
El recorrido se articula a través de varios diálogos con obras de la colección permanente del museo, una de las claves de la exposición. Estas relaciones no buscan establecer jerarquías ni filiaciones directas, sino señalar continuidades y tensiones entre la tradición pictórica y las prácticas actuales. La relación entre pintura y arquitectura, la ausencia de la figura o el papel del soporte como elemento estructural aparecen como cuestiones compartidas que atraviesan épocas distintas y que aquí se reformulan desde una mirada contemporánea.
Uno de los ejes centrales de la muestra es la aproximación a la abstracción geométrica desde una perspectiva crítica. Atributos como lo vertical y lo horizontal, lo duro y lo blando, lo lleno y lo vacío, asociados históricamente a oposiciones de género, son revisados mediante procesos de repetición y variación que desplazan el sentido de estas categorías. En series como Idea as Model, las obras remiten a maquetas y estructuras incompletas, situando la pintura en un estado de provisionalidad que evita la idea de obra cerrada o definitiva.
La noción de vacío y de espacio negativo atraviesa buena parte de la exposición. En trabajos donde se muestra el reverso de cajas abiertas y embalajes, aquello que normalmente permanece oculto adquiere protagonismo y pone de relieve su papel dentro del sistema del arte. En otras piezas, el pedestal aparece desprovisto de función, convertido en imagen de una ausencia que cuestiona la lógica monumental y celebratoria asociada a la exhibición artística.
La experiencia del espectador ocupa también un lugar relevante en el planteamiento expositivo. La muestra propone una relación con las obras que no se limita a la mirada, sino que apela a una percepción más amplia a través de superficies que sugieren aspereza, blandura, densidad o silencio. Lijas y espumas de insonorización conviven en un mismo espacio, activando una lectura sensorial que rompe con la jerarquía tradicional de los sentidos y subraya la dimensión física de la pintura.
La exposición se cierra con un proyecto específico desarrollado para la última sala, inspirado en el collage y en la lógica del ensamblaje. Una gran pintura y varios volúmenes reproducidos a escala condensan las principales líneas de trabajo de Álvarez-Laviada: la fragmentación, la repetición y la construcción de una poética que se apoya en lo menor y en lo aparentemente secundario para replantear los modelos heredados.