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Tag:

memoria histórica

Los fantasmas olvidados

Donde habita el olvido: El Fantasma del sanatorio

by Verónica García-Peña 10/01/2026
written by Verónica García-Peña

España todavía conserva, como cicatrices mal cerradas, los huesos de sus antiguos sanatorios. Son edificios levantados en el silencio, allí donde la medicina de finales del XIX y principios del XX dictaba que el aire puro y la helioterapia —la exposición directa al sol para fortalecer la sangre y aniquilar bacterias— eran la única cura posible para algunas enfermedades como la tuberculosis, la lepra, el raquitismo o la anemia crónica. Por eso sus fachadas estaban presididas por amplios corredores y soláriums orientados al mediodía. Estructuras concebidas para captar hasta el último rayo de sol y permitir que los enfermos recibieran baños de luz en laderas boscosas y montes batidos por el viento. Aire, aislamiento y disciplina. Ese era el lema, y con él se protege el fantasma del sanatorio.

Bajo el pretexto de la salud, en aquellos lugares fueron a parar cuerpos enfermos y otros, en realidad rotos. Se mezclaban tuberculosos, hombres ‘agotados’, niños de pecho débil, mujeres ‘nerviosas’, y pobres que no tenían más techo que el de la caridad pública. Entraban con un diagnóstico confuso y salían, en muchas ocasiones, convertidos en un expediente cerrado y guardado bajo llave.

Sanatorio antituberculoso de Agramonte.

En las faldas del Moncayo, el Sanatorio de Agramonte (Zaragoza) permanece hoy como un resto fósil de una época en la que la enfermedad era motivo de destierro. Su historia guarda una ironía que no sé si calificar de cruel, pero que, desde luego, es chocante. Este edificio nació en 1911 como el ‘Gran Hotel del Moncayo’, un destino de lujo para la burguesía que buscaba aire puro por placer; mas, tras la Guerra Civil, el lujo fue desmantelado y las habitaciones se llenaron de camas de hierro para mujeres y niños sin recursos. De hotel a sanatorio; de la luz a la sombra. Sus archivos son, a mi juicio, un inventario de soledades. Documentan defunciones que nadie reclamó y remiten a un pequeño cementerio, hoy devorado por la maleza a pocos metros del recinto, donde los cuerpos terminaron bajo lápidas sin nombre o en el olvido de la caridad pública.

Cuando la estreptomicina —el primer antibiótico eficaz contra la tuberculosis— comenzó a llegar a España de forma regular, entre los años 1946 y 1950, estos gigantes de piedra perdieron su sentido casi de la noche a mañana. El milagro de la medicina vació los pasillos, pero el cierre definitivo de algunos, como el de Agramonte, por ejemplo, que lo hizo en 1978, tardó en llegar; y cuando sus puertas se cerraron, el tiempo, en cierto modo, quedó suspendido. Permanecieron las camas alineadas y la sensación de que todavía hoy, alguien, sentado en un pasillo vacío, sigue esperando una visita que nunca llega.

Hospital Tórax de Tarrasa

Algo similar ocurre con el Hospital del Tórax de Terrassa, inaugurado oficialmente el 8 de junio de 1952. Allí, la tuberculosis y la silicosis devoraron a centenares de obreros inmigrantes. Hoy, aquel inmenso complejo ha cambiado su función. Tras su cierre definitivo a finales de los noventa, el complejo fue reconvertido e incluido dentro del Parque Audiovisual de Cataluña. Donde antes hubo silencio y enfermedad, hoy hay platós de cine y estudios de televisión, aunque la estructura original sigue recordando su pasado clínico.

Si bajamos la mirada hacia el sur, hacia el Preventorio Infantil de Aigües de Busot (1936-1967), en Alicante, encontraremos las ruinas de un purgatorio. El edificio fue originalmente, como el Sanatorio de Agramonte, un hotel de lujo, el Hotel Miramar, pero se convirtió en preventorio antituberculoso en 1936; si bien, su mayor actividad se dio tras la Guerra Civil. Allí enviaban a los niños a ‘fortalecerse’, lejos del abrazo materno. Los archivos del Patronato Nacional Antituberculoso reflejan una triste realidad, la de los niños que fallecieron allí y cuyas familias, por falta de recursos o por la distancia, nunca pudieron reclamar sus restos. Se quedaron para siempre en la tierra del sanatorio acompañados tan solo por la que llaman la Dama Blanca.  

¿Quién es la Dama Blanca? Según algunas leyendas de la zona, recogidas en diversas crónicas de misterio y la tradición oral alicantina, se trata de la esposa de uno de los antiguos dueños del hotel, cuya presencia parece haber quedado atrapada en los espejos del edificio. Los testigos hablan de una figura etérea, vestida de gala, que recorre las estancias con una mezcla de melancolía y una sonrisa inquietante, como si el tiempo del lujo y el de la tragedia convivieran en el mismo reflejo. Para otros, como recoge la Guía de la España Misteriosa, de Pedro Amorós, es en realidad el alma de una madre que, tras perder a su hijo en el preventorio, quedó atrapada en los espejos del antiguo salón de baile, esperando eternamente un reencuentro que la muerte le negó. Espejos de hoy que muestran el ayer congelado o, quizá, espejos de ayer que muestran un hoy constante. Sin pasado ni futuro. Solo un hoy eterno congelado en el cristal.

Preventorio Busot

El fantasma del sanatorio, en cierto modo, me recuerda al del páramo, pues no vaga de forma errante porque está anclado a un lugar; a su lugar en el mundo cuando estaba vivo. Se sienta al borde de una cama y espera. Se asoma a un espejo y espera. Baja unas escaleras y espera. Es el espectro de quienes fueron ingresados para curarse y acabaron fundidos con el olor sedante de las paredes y el silencio de las sábanas albas, tal como retrató Camilo José Cela en su novela Pabellón de reposo (1943), donde los pacientes contaban los días en una espera infinita. Escrita desde su propia experiencia como paciente tuberculoso, Cela describe ese limbo donde el nombre del enfermo se borra y solo queda el número de la habitación. Una espera infinita donde el final es el olvido.

Hospital Isla Pedrosa

Durante la postguerra, estos lugares —junto a psiquiátricos como el de Santa Isabel en Leganés o La Barranca en Navacerrada, cuyos muros fueron finalmente derribados en 2024— se convirtieron también en el último refugio para los olvidados. A ellos iban a parar mujeres diagnosticadas de histeria, hombres rotos por el frente o ancianos sin recursos. Muchos murieron allí dentro sin que quedara más rastro de ellos que una fecha, y se cuenta que en algunos de estos lugares, aunque hoy el bosque haya recuperado su sitio o los edificios hayan cambiado de nombre, las luces se encienden en alas completamente vacías para alumbrar las vidas de los fantasmas que las habitan. Espectros que se niegan a marcharse porque son, en el fondo, como una historia sin final.

10/01/2026 0 comments
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EventosLos fantasmas olvidados

Donde el agua guarda nombres: El Fantasma del Pantano

by Verónica García-Peña 14/12/2025
written by Verónica García-Peña

Dicen que el agua es una tumba paciente que espera; y mientras espera, guarda. En los pantanos de nuestra geografía, tan comunes y tranquilos a primera vista, encontramos pueblos hundidos, vidas cambiadas y nombres que jamás hallaron lugar donde reposar. Entre muros sumergidos y campanas muertas que ya no repican, surge un espectro distinto que no vaga entre la niebla. Un espectro que se agita en un nimbo líquido cuyos ojos, hechos por entero de rocío, no saben más que llorar. Se trata del fantasma del pantano.

Entre 1933 y 1970, España vivió una de las mayores oleadas de infraestructuras hidráulicas de Europa. El llamado ‘Plan Nacional de Obras Hidráulicas’ —primero de la II República y retomado con fuerza durante el franquismo— anegó pueblos enteros como Riaño, La Muedra, Mediano, Mansilla de la Sierra, Portomarín, Benagéber, y decenas más. Documentos del Instituto Geográfico Nacional y los listados oficiales de la Confederación Hidrográfica del Duero y del Ebro recogen más de 60 localidades desplazadas o sumergidas. Hubo iglesias que fueron trasladadas piedra a piedra, pero algunos de sus cementerios, en cambio, nadie los pudo mover. Muertos y casas, escuelas y comercios, que desaparecieron bajo una profundidad medida en metros y también en silencios.

Cuando el pantano de Mediano, en Huesca, baja lo suficiente —como ocurrió en los veranos de 1993, 2007 o 2022— de las tierras empapadas emerge la torre románica de la que fue su iglesia. Solitaria, desnuda, rasga el cielo con sus piedras marcadas por el desgaste incesante del agua. Los vecinos dicen que, cuando asoma, es como si el pasado se desordenara y lo que tenía que estar enterrado se despierta, como lo hacen los recuerdos. Los buenos y los malos. Todos ellos. Lo mismo sucede en Riaño Viejo, donde el cierre de la presa se produjo a finales de 1987. Las familias tuvieron solo cinco días para abandonar sus casas. Sus ruinas reaparecieron en 2017. Calles enteras volvieron como si el tiempo hubiese respirado hacia atrás y devuelto evocaciones de un ayer que es hoy imposible.

Imagen de Verónica García-Peña

Y es en estas ocasiones en las que el embalse pierde su máscara de agua y deja ver lo que en realidad esconde, cuando el fantasma del pantano aparece. No tiene nombre, porque su nombre es el de todos los que allí moran bajo una tierra eternalmente húmeda, aunque el murmullo popular, a veces, le ponga rostro. En Ávila, por ejemplo, los lugareños del pantano de El Burguillo hablan del espíritu de un capataz que pereció durante la obra. Dicen que su figura solitaria se yergue junto a lo que antes fueron los muros de una casa, ancorados sus pies en el camino hundido.

Algunos testigos como pescadores, operarios o senderistas han descrito, en diferentes entrevistas que se pueden leer en cabeceras locales como El Heraldo de Aragón o La Nueva Crónica, la misma sensación en otros lugares. La de un reflejo extraño que no armoniza con ninguna cara concreta, una sombra que no debería estar ahí y un aire frío y pastoso que no proviene del viento sino del fondo. Dicen también que, cuando aparece, el agua de los alrededores se queda completamente quieta. Como si escuchara. No es un fantasma que se acerque. Se queda inmóvil, a la espera, siempre a la espera, y señala.

Esta idea me recuerda, quizá, a La tierra de Alvargonzález, de Machado. A aquellos hermanos parricidas que arrojaron su crimen a la Laguna Negra de Soria creyendo que el agua lo sepultaría para siempre. Mas, si la literatura puede destilar la culpa en verso, los pantanos del mundo real abrazan la memoria con un fango tan espeso que jamás permite que el pasado se asiente.

Imagen de Verónica García- Peña

En Portomarín, parte del cementerio quedó bajo el agua y su historia es un rumor firme que viaja con la corriente. Cuando las aguas del Miño se retiran, dejando ver las entrañas de la tierra acuosa, se desvela el contorno difuso de lo que fue un último lugar de reposo. No es piedra lo que emerge. Es la certeza de que bajo esa capa líquida, a merced de las nimias corrientes de un agua estancada, recordación convertida en légamo, hay algo que no termina de descansar. Los vecinos, por respeto, evitan bogar sobre esa zona, sabedores de que el embalse es un hipogeo que, a veces, devuelve los nombres que un día tragó.

El fantasma del pantano nace de ese no descanso. Es el resultado de los que no pudieron salir, de los que nunca se trasladaron y permanecen allí, olvidados, y se manifiesta cuando la sequía deja ver las cicatrices del fondo. Es entonces cuando alguien asegura verlo en el límite del agua, como si aún intentara orientarse en un pueblo presentemente ahogado. A veces mira hacia un lugar concreto, como si buscara la puerta de su casa. Otras, permanece de espaldas, contemplando un horizonte que solo él conoce. Su figura es una frontera entre lo que hubo y lo que queda; entre lo que se enterró y lo que insiste en salir a flote.

Dicen que todo pantano es doble porque está lo que se ve y lo que no. Tal vez por eso este fantasma, cuando el agua vuelve a subir, se hunde con ella, paciente, como si supiera que tarde o temprano regresará, pues nada se entierra del todo en el humedal. Ni los pueblos. Ni los nombres. Ni los que, desde el fondo, siguen esperando ser recordados.

Imagen de Verónica García-Peña
14/12/2025 0 comments
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LiteraturaNoticiasPersonajes

El legado de Lorca entra en la era digital

by Valeria Cruz 09/12/2025
written by Valeria Cruz

La digitalización del archivo de Federico García Lorca marca uno de los hitos culturales más relevantes de los últimos años en España. Manuscritos, cartas, dibujos, fotografías, programas teatrales y documentos personales del poeta han pasado del papel frágil a la pantalla, abriendo un acceso sin precedentes a uno de los legados literarios más importantes del siglo XX. Sin embargo, esta apertura convive con una realidad más compleja: el archivo está vivo, en expansión, y sigue incompleto.

El núcleo del legado está custodiado por la Fundación Federico García Lorca, con sede en el Centro Federico García Lorca de Granada. Allí se conserva el mayor conjunto documental del autor: materiales literarios, documentos personales, correspondencia, bocetos, carteles, libros anotados y fotografías que recorren su vida creativa y su entorno intelectual. Desde 2020, este archivo cuenta con la máxima protección legal al haber sido declarado Bien de Interés Cultural, lo que garantiza su preservación y control institucional.

El proceso de digitalización no es nuevo, pero ha alcanzado ahora una fase decisiva. Parte sustancial del archivo ya puede consultarse a través de plataformas digitales de la Fundación y proyectos asociados como Edad de Plata, una iniciativa que reúne fondos documentales de los grandes intelectuales de principios del siglo XX. Esta digitalización permite que investigadores, lectores, estudiantes y centros culturales de todo el mundo accedan directamente a los documentos originales sin depender de desplazamientos físicos ni de permisos complejos.

El valor de este acceso es enorme. Por primera vez, se pueden estudiar borradores de poemas, tachaduras, correcciones manuscritas, diseños escénicos y cartas privadas que revelan la cocina creativa de Lorca. El escritor deja de ser solo una figura mitificada de los manuales escolares para convertirse en un autor tangible, contradictorio, obsesivo, vulnerable. La digitalización no solo conserva: humaniza.

Pero el archivo no es un conjunto cerrado. Una investigación reciente ha demostrado que aún faltan piezas relevantes del legado. Grabaciones sonoras de la voz del poeta, determinadas cartas, manuscritos teatrales completos y otros documentos siguen sin aparecer o permanecen dispersos en colecciones privadas de difícil acceso. La propia historia del archivo está marcada por traslados, conflictos legales, herencias y décadas de opacidad que han condicionado su conservación.

Esa condición fragmentaria se hizo visible con especial fuerza en la exposición «Lorca y el archivo. Memoria en movimiento», celebrada en Granada, que reunió alrededor de 460 piezas procedentes de más de cincuenta archivos de España y América. El proyecto puso de relieve hasta qué punto el legado de Lorca está repartido por el mundo y cómo su reconstrucción sigue siendo una tarea abierta, casi arqueológica.

La digitalización, por tanto, no es solo una operación técnica: es una herramienta de reparación histórica. Durante décadas, el cuerpo documental de Lorca estuvo marcado por el trauma de su asesinato, la censura, el exilio de su familia y la dispersión forzada de sus papeles. Convertir ese legado en patrimonio accesible supone devolverlo a la comunidad cultural y a la ciudadanía.

Desde el ámbito académico, el impacto ya es notable. El acceso digital facilita estudios comparativos entre versiones de textos, análisis genéticos de las obras y nuevas lecturas críticas que antes eran inviables por las restricciones físicas del archivo. En el ámbito educativo, permite que institutos y universidades trabajen directamente con fuentes primarias, rompiendo la distancia entre el alumnado y los documentos originales.

Sin embargo, la digitalización también abre debates incómodos: ¿hasta qué punto debe exponerse la vida privada de un autor?, ¿todo documento debe hacerse público?, ¿quién decide qué se digitaliza primero?, ¿qué ocurre con los fondos aún en manos particulares? El archivo de Lorca no es solo una herencia literaria; es también un territorio de poder simbólico, económico y político.

A día de hoy, puede afirmarse que una parte sustancial del legado ya está preservada en formato digital y al alcance del público. Pero también es cierto que el archivo sigue incompleto y que su reconstrucción continúa. Nuevas cartas aparecen, nuevos documentos se identifican, nuevos fondos salen a subasta. El archivo de Lorca no es un monumento estático: es un organismo en movimiento.

Quizá esa condición inacabada sea, paradójicamente, la forma más fiel de representar al propio Lorca: una figura abierta, atravesada por el deseo, el conflicto, la belleza y la herida. La digitalización no cierra su historia. La mantiene viva.

09/12/2025 0 comments
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ArteLiteratura

Carmen de Burgos y María Lejárraga, voces que transformaron España

by Uve Magazine 04/10/2024
written by Uve Magazine

La Biblioteca Nacional de España, en colaboración con el Ministerio de Política Territorial, Memoria Democrática y Acción Cultural Española (ACE), presenta dos exposiciones que rinden homenaje a Carmen de Burgos y María Lejárraga, figuras clave en la historia cultural y social de España. Estas muestras, que también cuentan con el apoyo del Gobierno de La Rioja, se desarrollan como parte de la conmemoración del 150º aniversario del nacimiento de Lejárraga y del 50º aniversario de su fallecimiento.

Ambas exposiciones, abiertas desde el 27 de septiembre de 2024 hasta el 5 de enero de 2025, comparten el espacio de la sala Recoletos-Jorge Juan de la Biblioteca Nacional en Madrid. A pesar de su individualidad, la proximidad física y temporal de ambas exposiciones subraya las similitudes entre estas dos escritoras, que destacaron no solo por su talento literario, sino también por su compromiso con la lucha por los derechos de las mujeres y la modernización de la sociedad española.

Dos mujeres comprometidas con el progreso y la igualdad

Carmen de Burgos y María Lejárraga fueron protagonistas de una época marcada por cambios sociales y políticos en España, pero también sufrieron las limitaciones impuestas por su condición de mujeres. Ambas destacaron como escritoras prolíficas, maestras y activistas feministas, luchando por derechos como el voto femenino y el divorcio en una sociedad que no siempre estaba preparada para sus ideas. Sin embargo, la guerra, el exilio y la desigualdad de género contribuyeron a que sus logros fueran relegados al olvido durante décadas. Estas exposiciones pretenden rectificar esa omisión, devolviendo a estas autoras el lugar que merecen en la historia.

Carmen de Burgos: pionera del periodismo y defensora de los derechos de la mujer

Carmen de Burgos, conocida también como Colombine, fue una de las primeras mujeres en ocupar un lugar destacado en el periodismo español. En 1903 se convirtió en la primera redactora con una columna diaria, y en 1909 fue la primera corresponsal de guerra española. A lo largo de su carrera, publicó miles de artículos en prensa nacional e internacional, defendiendo la educación de las mujeres, el divorcio y el sufragio femenino.

La exposición dedicada a Burgos, comisariada por Concepción Núñez Rey, recorre su prolífica trayectoria a través de obras que incluyen sus novelas, ensayos y biografías. Entre los elementos destacados, figura su retrato pintado por Julio Romero de Torres, símbolo de su relevancia en la vida cultural de la época. Además de su producción literaria, la muestra destaca su papel como una de las voces más influyentes en el feminismo español, contribuyendo con campañas en prensa a favor de la igualdad.

Por su parte, María Lejárraga es recordada no solo por su obra literaria, sino también por la peculiar circunstancia de que muchos de sus escritos fueron firmados por su marido, Gregorio Martínez Sierra. A pesar de esta invisibilidad pública, Lejárraga fue una de las escritoras más prolíficas de su tiempo, autora de libretos, novelas y dramas que hoy son reconocidos como fundamentales en la historia de la literatura española.

Comisariada por Carmen Domingo, la exposición dedicada a Lejárraga explora las múltiples facetas de su vida a través de manuscritos, fotografías y objetos personales. Entre las piezas más significativas se encuentra el documento en el que Gregorio Martínez Sierra reconoce que sus obras fueron escritas en colaboración con su esposa. Además, se expone el libreto de El amor brujo, escrito en colaboración con Manuel de Falla, como ejemplo del importante legado cultural que dejó tras de sí.

Un reconocimiento a su legado

Estas exposiciones no solo buscan poner en valor la obra literaria de Carmen de Burgos y María Lejárraga, sino también destacar su papel como pioneras del feminismo en España. A través de un recorrido por sus logros, se pretende recuperar su legado y hacer justicia a su impacto en la modernización de la sociedad española, así como en la defensa de los derechos de la mujer.

04/10/2024 0 comments
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