Auge del vinilo en la era del streaming

by Uve Magazine

Hace unos años, hablar del vinilo era hablar de nostalgia, de coleccionistas resistentes en medio del dominio digital. Ahora ya no. El vinilo ha recuperado presencia de una forma muy clara y, lo más curioso, lo ha hecho en un momento en que casi toda la música se escucha en plataformas. A primera vista puede parecer raro, aunque en realidad tiene bastante sentido.

La música hoy está en todas partes y al mismo tiempo en ninguna. La escuchamos en el móvil, en el ordenador, en altavoces pequeños, en listas automáticas, en canciones sueltas que van entrando y saliendo del día sin dejar apenas rastro material. Todo eso resulta cómodo, claro, porque permite acceder a casi cualquier disco en cuestión de segundos, aunque también ha hecho que la relación con la música se vuelva más rápida, más ligera y bastante menos tangible. En ese contexto, el vinilo ha recuperado un atractivo que va mucho más allá del sonido.

Lo que mucha gente compra cuando adquiere un vinilo no es solo un soporte para escuchar canciones. Compra una portada grande, un objeto que pesa, que ocupa sitio, que se puede abrir, guardar, colocar en una estantería y mirar de vez en cuando y también una sensación de permanencia. En una época en la que casi todo pasa por pantallas y archivos invisibles, tener un disco entre las manos sigue produciendo efecto, porque da la impresión de que esa música existe de una forma más estable y más cercana.

Por eso no sorprende tanto que buena parte de los compradores más jóvenes se hayan acercado al vinilo sin haber crecido con él. Para muchos ni siquiera es un regreso, porque nunca fue parte de su rutina. No están volviendo a nada. Lo están descubriendo como un objeto distinto y con una presencia que otros formatos no tienen. Ahí está una de las claves del fenómeno. El vinilo no ha resucitado como reliquia, ni como capricho de cuatro nostálgicos. Se ha convertido en un objeto cultural que encaja bastante bien en el presente.

Los datos de 2025 dejan poco margen para la duda. En Estados Unidos, The Life of a Showgirl de Taylor Swift fue el vinilo más vendido del año con 1,601 millones de copias, muy por delante de Man’s Best Friend de Sabrina Carpenter, con 292.000, y GNX de Kendrick Lamar, con 279.000. En Reino Unido volvió a ocupar el primer puesto con 147.000 copias, mientras que la IFPI lo situó también como el vinilo número uno a escala global.

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