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siglo xix

ArteCineLiteraturaPersonajes

Frankenstein de Mary Shelley

by Valeria Cruz 08/03/2025
written by Valeria Cruz

En el verano de 1816, un grupo de escritores se refugió en la Villa Diodati, una mansión situada a orillas del lago Lemán, Suiza. Entre ellos estaban Lord Byron, Percy B. Shelley, su amante Mary Godwin (después conocida como Mary Shelley), su hermanastra Claire Clairmont y el médico John Polidori. La erupción del volcán Tambora en 1815 había provocado un enfriamiento global que llevó a que 1816 fuera conocido como “el año sin verano”. En este ambiente gótico y melancólico, Byron propuso un concurso: cada uno debía escribir una historia de terror. De esta velada nacería Frankenstein o el moderno Prometeo, una de las obras más influyentes de la literatura universal.

Mary Shelley nació el 30 de agosto de 1797 en Londres. Era hija de dos figuras intelectuales de gran peso en su época: el filósofo y escritor político William Godwin, autor de Una investigación acerca de la justicia política, y Mary Wollstonecraft, una de las pioneras del feminismo y autora de Vindicación de los derechos de la mujer. Sin embargo, su madre falleció pocos días después de dar a luz, dejando a Mary en manos de su padre, quien la educó en un ambiente de gran estimulación intelectual. A pesar de la gran influencia de Godwin en la formación de su hija, su segunda esposa no tuvo el mismo nivel de interés en el desarrollo intelectual de Mary, lo que la llevó a sentirse algo marginada en su propio hogar. Su refugio fue la lectura, los escritos de su madre y los círculos filosóficos y literarios de su padre, donde conoció a Percy Bysshe Shelley, un joven poeta radical y admirador de Godwin. La relación entre ambos se volvió apasionada, pero también escandalosa, ya que Percy estaba casado en ese momento.

En 1814, Mary y Percy huyeron juntos a Francia, viajando a través de Europa en condiciones difíciles. Durante los siguientes años, Mary vivió tanto alegrías como profundas tragedias, incluida la pérdida de varios de sus hijos en la infancia. En 1816, la pareja llegó a Suiza, donde se reunieron con Lord Byron y Claire Clairmont en Villa Diodati. George Gordon Byron, conocido como Lord Byron, era una de las figuras más controvertidas de la literatura romántica. Poeta, aventurero y libertino, Byron había escapado de Inglaterra tras una serie de escándalos personales y políticos. En Suiza, estableció su residencia en Villa Diodati, donde su vida de excesos y genio literario influyó profundamente en sus acompañantes. El médico personal de Byron, John Polidori, también jugó un papel fundamental en aquel verano. De la misma velada en la que Mary Shelley concibió Frankenstein, Polidori escribió El vampiro, una historia que daría forma a la imagen del vampiro aristocrático que más tarde influiría en Drácula de Bram Stoker.

El ambiente intelectual en Villa Diodati estaba impregnado de discusiones sobre filosofía, ciencia y literatura gótica. Se hablaba de galvanismo y de experimentos que pretendían reanimar tejidos muertos. Fue en ese entorno que Mary Shelley tuvo su pesadilla visionaria sobre un científico que creaba un ser monstruoso. La novela no solo es una historia de terror, sino también una profunda reflexión sobre los límites de la ciencia y la responsabilidad del creador frente a su creación. Victor Frankenstein encarna al científico ambicioso que, movido por el deseo de conocimiento, traspasa los límites de la naturaleza. Las ideas del siglo XVIII sobre el galvanismo, las disecciones y la posibilidad de la reanimación artificial influyeron enormemente en la novela. Erasmus Darwin, abuelo de Charles Darwin, había especulado sobre la capacidad de la electricidad para otorgar vida a la materia inerte, lo que también resonaba en el pensamiento de Shelley.

Mary Shelley

El personaje del monstruo es una de las creaciones más complejas de la literatura. A diferencia de su representación en el cine, donde es una criatura torpe y brutal, en la novela es inteligente, sensible y elocuente. Aprender a leer y a hablar a través de libros como El paraíso perdido, Las desventuras del joven Werther y Las vidas paralelas le da una profunda conciencia de su propia tragedia. El monstruo no nace malvado, sino que es rechazado por su creador y por la humanidad. Su deseo de afecto se convierte en rabia y venganza cuando es marginado y perseguido. Este dilema moral ha hecho que Frankenstein sea interpretado como una crítica a la sociedad y a la discriminación basada en la apariencia.

Desde su publicación, Frankenstein ha inspirado numerosas adaptaciones teatrales y cinematográficas. La versión de 1931 de Universal Studios, protagonizada por Boris Karloff, consolidó la imagen del monstruo con tornillos en el cuello y andar torpe. En 1994, Frankenstein de Mary Shelley, dirigida por Kenneth Branagh, intentó ser más fiel al material original, presentando a un monstruo con una profundidad emocional más cercana al libro. El legado de Mary Shelley también se extiende a la ciencia. Hoy, el término “frankensteiniano” se usa para describir avances tecnológicos o científicos que generan dilemas éticos, como la clonación o la inteligencia artificial.

Frankenstein, 1931

Frankenstein sigue siendo una obra fundamental porque plantea cuestiones universales sobre la naturaleza humana, la responsabilidad moral y los peligros de la ambición desmedida. La historia de Mary Shelley, una joven que transformó su visión en una de las obras más influyentes de la literatura, es también un testimonio de su propio talento y determinación. Su monstruo, lejos de ser un simple ser terrorífico, es un reflejo de nuestros propios miedos, esperanzas y tragedias. Más de dos siglos después de su publicación, el dilema de la criatura de Frankenstein sigue interpelándonos y recordándonos que la verdadera monstruosidad no reside en la apariencia, sino en la indiferencia de la humanidad hacia aquellos a quienes ha condenado al abandono.

08/03/2025 0 comments
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ArteLiteratura

Carmen de Burgos y María Lejárraga, voces que transformaron España

by Uve Magazine 04/10/2024
written by Uve Magazine

La Biblioteca Nacional de España, en colaboración con el Ministerio de Política Territorial, Memoria Democrática y Acción Cultural Española (ACE), presenta dos exposiciones que rinden homenaje a Carmen de Burgos y María Lejárraga, figuras clave en la historia cultural y social de España. Estas muestras, que también cuentan con el apoyo del Gobierno de La Rioja, se desarrollan como parte de la conmemoración del 150º aniversario del nacimiento de Lejárraga y del 50º aniversario de su fallecimiento.

Ambas exposiciones, abiertas desde el 27 de septiembre de 2024 hasta el 5 de enero de 2025, comparten el espacio de la sala Recoletos-Jorge Juan de la Biblioteca Nacional en Madrid. A pesar de su individualidad, la proximidad física y temporal de ambas exposiciones subraya las similitudes entre estas dos escritoras, que destacaron no solo por su talento literario, sino también por su compromiso con la lucha por los derechos de las mujeres y la modernización de la sociedad española.

Dos mujeres comprometidas con el progreso y la igualdad

Carmen de Burgos y María Lejárraga fueron protagonistas de una época marcada por cambios sociales y políticos en España, pero también sufrieron las limitaciones impuestas por su condición de mujeres. Ambas destacaron como escritoras prolíficas, maestras y activistas feministas, luchando por derechos como el voto femenino y el divorcio en una sociedad que no siempre estaba preparada para sus ideas. Sin embargo, la guerra, el exilio y la desigualdad de género contribuyeron a que sus logros fueran relegados al olvido durante décadas. Estas exposiciones pretenden rectificar esa omisión, devolviendo a estas autoras el lugar que merecen en la historia.

Carmen de Burgos: pionera del periodismo y defensora de los derechos de la mujer

Carmen de Burgos, conocida también como Colombine, fue una de las primeras mujeres en ocupar un lugar destacado en el periodismo español. En 1903 se convirtió en la primera redactora con una columna diaria, y en 1909 fue la primera corresponsal de guerra española. A lo largo de su carrera, publicó miles de artículos en prensa nacional e internacional, defendiendo la educación de las mujeres, el divorcio y el sufragio femenino.

La exposición dedicada a Burgos, comisariada por Concepción Núñez Rey, recorre su prolífica trayectoria a través de obras que incluyen sus novelas, ensayos y biografías. Entre los elementos destacados, figura su retrato pintado por Julio Romero de Torres, símbolo de su relevancia en la vida cultural de la época. Además de su producción literaria, la muestra destaca su papel como una de las voces más influyentes en el feminismo español, contribuyendo con campañas en prensa a favor de la igualdad.

Por su parte, María Lejárraga es recordada no solo por su obra literaria, sino también por la peculiar circunstancia de que muchos de sus escritos fueron firmados por su marido, Gregorio Martínez Sierra. A pesar de esta invisibilidad pública, Lejárraga fue una de las escritoras más prolíficas de su tiempo, autora de libretos, novelas y dramas que hoy son reconocidos como fundamentales en la historia de la literatura española.

Comisariada por Carmen Domingo, la exposición dedicada a Lejárraga explora las múltiples facetas de su vida a través de manuscritos, fotografías y objetos personales. Entre las piezas más significativas se encuentra el documento en el que Gregorio Martínez Sierra reconoce que sus obras fueron escritas en colaboración con su esposa. Además, se expone el libreto de El amor brujo, escrito en colaboración con Manuel de Falla, como ejemplo del importante legado cultural que dejó tras de sí.

Un reconocimiento a su legado

Estas exposiciones no solo buscan poner en valor la obra literaria de Carmen de Burgos y María Lejárraga, sino también destacar su papel como pioneras del feminismo en España. A través de un recorrido por sus logros, se pretende recuperar su legado y hacer justicia a su impacto en la modernización de la sociedad española, así como en la defensa de los derechos de la mujer.

04/10/2024 0 comments
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Personajes

Eugene-François Vidocq y la revolución de la criminología

by Clara Belmonte 11/05/2024
written by Clara Belmonte

Eugene-François Vidocq, una figura que parece sacada de las páginas de una novela de aventuras, no solo vivió una vida de altibajos dramáticos, sino que también sentó las bases de la criminología moderna. Comparado a menudo con Sherlock Holmes, combinó una vida de delincuencia con una carrera revolucionaria en la fuerza policial, lo que lo llevó a ser reconocido como el “padre” de la criminología.

Vidocq fue un maestro del disfraz, un habilidoso espadachín que escapó de los convencionalismos de su época para sumergirse en el submundo criminal. Su habilidad para adoptar diversas personalidades era tan avanzada que incluso fue contratado para matarse a sí mismo en un audaz plan de engaño. Este no era un hombre ordinario; su vida estuvo llena de acción, desde duelos hasta audaces escapadas de prisión. En una ocasión, después de ser encarcelado en el temido presidio de Toulon,  consiguió escapar exitosamente a pesar de estar fuertemente encadenado, ganándose una reputación de casi leyenda.

A diferencia de Sherlock Holmes, Vidocq no era un personaje ficticio y su vida no estaba exenta de escándalos. Fue un conocido mujeriego y, antes de su carrera en la ley, un astuto ladrón. Su pasado como criminal le proporcionó una perspectiva única para su futuro papel como detective. Fernando Cardini, un renombrado criminólogo y toxicólogo forense, sostiene que “para ser un buen investigador criminal, hay que ser en potencia un buen criminal”. Esta filosofía parece haber sido adoptada por Vidocq, quien utilizó sus conocimientos del crimen para anticipar y resolver casos con una eficacia sin precedentes.

Su capacidad para infiltrarse entre los criminales utilizando disfraces y su habilidad para recopilar información le permitieron establecer en 1811 la Brigada de la Sûreté, que más tarde se convertiría en la Sûreté Nationale. Vidocq no solo actuaba después de los delitos, sino que también trabajaba proactivamente para prevenirlos. Durante su gestión, introdujo métodos innovadores en la policía, como un sistema de fichas detalladas para delincuentes, estudios de balística y la toma de moldes de huellas en las escenas del crimen.

A pesar de sus éxitos, Vidocq no estuvo libre de controversias. En 1832, fue acusado de un crimen y tuvo que dejar su puesto. Intentó continuar su carrera fundando una de las primeras agencias de detectives privados, pero enfrentó problemas legales nuevamente en 1842 por detenciones ilegales. Aunque fue absuelto, decidió no volver a trabajar como detective.

Vidocq también incursionó en la literatura, vertiendo sus experiencias en memorias y novelas que influyeron a escritores como Edgar Allan Poe, quien creó el personaje de Auguste Dupin, y Victor Hugo, quien se inspiró en Vidocq para sus personajes en “Los Miserables”.

Eugene-François Vidocq murió el 11 de mayo de 1857, dejando un legado complejo y multifacético. De ladrón a leyenda, su vida y obra continúan fascinando y enseñando a futuras generaciones sobre la delgada línea entre ser un criminal y atraparlos. Su influencia en el campo de la criminología y su metodología investigativa siguen siendo relevantes, demostrando que a veces, las figuras más improbables pueden tener un impacto duradero en la historia.

11/05/2024 0 comments
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Literatura

Benito Pérez Galdós. Entre la pluma y la política

by Uve Magazine 10/05/2024
written by Uve Magazine

Primeros años

Benito Pérez Galdós nació en Las Palmas de Gran Canaria el 10 de mayo de 1843, en el seno de una familia de clase media, siendo hijo de Sebastián Pérez, un teniente coronel del Ejército, y de Dolores Galdós. Desde su infancia, Galdós mostró un talento precoz para la música, el dibujo y, sobre todo, la literatura, lo que presagiaba su futura vocación como escritor. Criado en un ambiente cargado de debates políticos y sociales, el joven Galdós desarrolló una sensibilidad especial hacia las problemáticas de su tiempo, lo cual se reflejaría más adelante en su vasta producción literaria.

Carrera literaria

A los diecinueve años, Galdós se trasladó a Madrid, donde su vida tomaría un giro decisivo. En la capital española, se vio profundamente influenciado por figuras destacadas como Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza, quien le introdujo al krausismo y alentó sus primeros pasos en la escritura. Su incursión en el periodismo como colaborador en publicaciones como La Nación y El Debate marcó el inicio de su carrera, donde sus artículos y críticas reflejaban una preocupación constante por el contexto social y político de España.

Sus primeras novelas, como La Fontana de Oro (1870), La Sombra (1871) y El Audaz (1871), muestran influencias del Romanticismo, pero pronto daría paso a una etapa de mayor madurez literaria con obras como Doña Perfecta (1876) y Fortunata y Jacinta (1886-1887). Esta última es un vasto mural de la sociedad madrileña de la época y es considerada una de sus obras cumbre, esta novela relata las vidas cruzadas de dos mujeres de distinta extracción social unidas por un destino funesto,  en ella explora las complejidades del alma humana a través de un realismo que hace presagiar la llagada del Naturalismo Francés a España.

Galdós fue un maestro del Realismo, un estilo que buscaba representar la vida y la sociedad con precisión y detalle minucioso. 

Uno de los aspectos más destacados de la obra de Galdós es su compromiso con los problemas sociales de su tiempo. A través de sus novelas y su participación activa en la política, abordó temas como la injusticia social, la corrupción, y la lucha entre la tradición y la modernidad. Este compromiso no solo lo estableció como un cronista de su época, sino también como un pensador progresista cuya visión podría ayudar a entender y resolver problemas contemporáneos. Generaciones de escritores y pensadores han encontrado en Galdós un modelo de cómo la literatura puede influir y reflejar cambios sociales.

Episodios Nacionales

En 1873, Galdós comenzó a publicar los Episodios Nacionales, una serie de novelas que constituyen un fresco histórico sin parangón de la España del siglo XIX. A través de estas obras, Galdós no solo pretendía narrar los grandes eventos y personajes de su país, sino también dar voz a los ciudadanos comunes, aquellos cuyas vidas se veían moldeadas por las corrientes de la historia. Desde las guerras carlistas hasta la Restauración borbónica, los Episodios Nacionales ofrecen una perspectiva crítica y a menudo desencantada de la política y la sociedad españolas.

Vida personal y últimos años

Galdós nunca se casó, pero su vida personal estuvo marcada por relaciones significativas, incluidos amoríos con figuras literarias como Emilia Pardo Bazán. Su correspondencia revela un hombre de profundos afectos y convicciones, comprometido con un ideal de amor libre y sincero, aunque crítico de las costumbres licenciosas de su tiempo. En los últimos años de su vida, la ceguera y las dificultades económicas ensombrecieron su existencia, pero no menguaron su producción literaria. A pesar de estos desafíos, Galdós continuó escribiendo, completando la monumental serie de los Episodios Nacionales y participando activamente en la vida política española hasta su muerte en 1920.

La obra de Galdós, profunda y extensa, lo establece no solo como el novelista más importante de España después de Cervantes, sino también como un cronista lúcido de la vida y los conflictos de su tiempo. Su legado perdura, ofreciendo una visión crítica y compasiva de la sociedad que le tocó vivir.

10/05/2024 0 comments
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ArteLiteratura

Marie Bashkirtseff, la pintora que le ganó al olvido

by Diana Nastasescu 03/01/2024
written by Diana Nastasescu

Marie Bashkirtseff (1858-1884) vivió su corta vida entre Rusia y Francia durante la segunda mitad del siglo XIX. Murió en 1884, a la temprana edad de veinticinco años, de tuberculosis. Hija de una familia noble, recibió una educación exquisita de manos de diferentes tutores mientras viajaba por Europa. Tenía pleno dominio de siete idiomas, dos de los cuales clásicos; le gustaba cantar y tocaba siete instrumentos. La ópera parecía su vocación en la vida, pero con dieciséis años comenzó a perder su voz y oído, por lo que abandonó la música para centrar sus esfuerzos en la pintura. En París ingresó en una de las pocas escuelas de arte que aceptaban en sus aulas a las mujeres, la Académie Julien, donde coincidió con Catherine Breslau y centró sus obras en el lado más desfavorecido de la sociedad.

Comenzó a escribir su diario con solamente doce años y lo hizo hasta días antes de su fallecimiento. Escribió sin pensar en ser leída, aunque pretendiendo ser leída, y por ello lo hizo con una sinceridad que desarma. Marie escribe su vida para ser descubierta una vez ya no tenga edad y, en su cometido, se compara con Edmond de Goncourt y Guy de Maupassant –con quienes mantuvo correspondencia. Se rebelaba así a la amenaza constante de la muerte:  «¿Morir? Sería absurdo. Y, sin embargo, me parece que voy a morir. No puedo vivir. No soy un ser normal». En el prólogo que escribió poco antes de fallecer, Marie expresó su temor al olvido. Que una vida tan llena de ambición acabe en la nada la espantaba y, tanto su obra artística como su diario, eran las armas con las que pretendía combatirlo: «¡Vivir, tener tanta ambición, sufrir, combatir y, por último, el olvido! El olvido… Como si no hubiese existido nunca».

Marie Bashkirtseff

Su diario tiene el carácter de un documento histórico sobre la vida de las mujeres nobles en el siglo XIX y sobre la enfermedad. La misma autora, un año antes de su fallecimiento y desconocedora si antes de abandonar la vida habría llegado a ser ilustre o no –aunque afirmó, de forma categórica, que los únicos caminos válidos serían la celebridad o la muerte–, sostiene que el interés del diario también radica en la descripción de la cotidianidad, de la vida privada, ya que «siempre es curiosa la vida de una mujer día a día, sin afectación, como si nadie en el mundo hubiera de leerlo nunca». Asimismo, en el decurso del diario podemos observar la evolución de la joven, quien comienza despreciando a aquellas mujeres que profanan el matrimonio por dejarse ver por sus maridos con los rizadores puestos, y acaba declamando contra la desigualdad social y pidiendo la misma libertad de ir y venir de los hombres, sin la cual consideraba que nadie podía llegar a ser un gran artista: «¡Oh, cuánto me desespera ser mujer!».

Las molestias de los hombres les proporcionan honores, gloria y popularidad, en tanto que las de las mujeres no proporcionan nada. (…) ¡Las mujeres no serán nunca más que mujeres! Y, sin embargo… Si se las educase de la misma manera que a los hombres, la desigualdad que deploro quedaría anulada, y solo quedaría la que es inherente a la naturaleza misma.

Es inquietante adentrarse en la lectura del diario de Marie, porque existió, fue una persona real que mantuvo un registro de sus experiencias día a día. Y, aunque el género es marcado por la subjetividad y la autorrepresentación, con el paso de los días la imagen de la autora se escapa a su propio control. Marie es una joven egoísta, arrogante, materialista y superficial. Una todavía niña de catorce años que piensa que sabe lo que es el amor cuando queda prendada del duque de Hamilton sin siquiera haber hablado con él, y al que espera conquistar deslumbrándolo a través de su triunfo en el escenario. Una historia de amor que, por otro lado, recuerda a las novelas románticas de Jane Austen por las reflexiones de la joven: «cuando no se habla a nadie de la persona a quien se ama, ese amor es más intenso; en tanto que si se habla de ella constantemente (…) el amor se torna menos intenso. El amor es como un frasco de esencia: si permanece tapado, el olor es fuerte, mientras que, si queda abierto, se evapora». Pero también es una mujer ambiciosa e inteligente, con mucho talento para las artes.

La Marie de su Diario no es un simple personaje ni se reduce a estos rasgos, sino que es una persona tan viva que parece hablarnos a través de sus páginas. La autorreflexión de Marie intensifica la sensación de realidad, pues la autora revisa las entradas anteriores y parece prever su futuro –se pregunta: «¿Llegaré a morir de repente, presa de alguna enfermedad?»–, un futuro trágico que las lectoras ya conocemos. Marie fue una una feminista avant la lettre: una mujer que amó, que soñó con la gloria y legó más de cuarenta cuadros a museos de todo el mundo, que sufrió la degradación de su cuerpo, que se quejó de las normas del decoro que limitaban las vidas de las mujeres y que le ganó al olvido gracias a su diario.

03/01/2024 0 comments
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