La extinción del pensamiento crítico

by Ana Vega

“El mundo no es humano simplemente porque está hecho por seres humanos y no se vuelve humano puramente porque la voz humana resuene en él, sino solo cuando se ha convertido en objeto de discurso… Humanizamos aquello que está sucediente en el mundo y en nosotros mismos por el mero hecho de hablar sobre ello, y mientras lo hacemos, aprendemos a ser humanos”.
Hannah Arendt

Quizá ha llegado la hora de preguntarse si el nivel de censura es tal (el que se aplica en redes, el que nos aplicamos nosotros y nosotras mismas, el que aplica el Estado) que quizá debamos preguntarnos si realmente podemos expresarnos libremente.
Más allá del pensamiento único y del adoctrinamiento absoluto en todos los ámbitos y sentidos, puesto que es algo que vemos tanto en humanidades, ciencias, movimientos sociales, salud, cuestiones derivadas del ámbito de la salud mental, la absoluta compra del discurso de la psicología positivista, más allá de todo esto, cabe preguntarse no sólo si existe pensamiento sino más bien si es posible. No solo el pensamiento se ha detenido en algún momento de estos últimos años sino que el ser humano que piensa lo ha hecho con él; y no ha opuesto fuerza alguna, cuál es la razón, debería ser la premisa base de nuestra preocupación máxima y más urgente, aunque veo pocas cabezas echando humo en estos momentos…

Quizá realmente desconocemos el alcance de esta grave situación, quizá no nos hemos parado a pensar lo que implica como seres humanos pero también en cuestión de derechos, de dignidad, porque nos están arrancando lo más importante, toda opción de defendernos; en cada titular, noticia, hecho que trasciende, en el trasfondo, si sabemos descifrar el código, traducir esa verdad que venden cómo única, se esconde el engaño, se esconde la máscara de la falsa emoción, se esconde la cobardía de quien teje los hilos de un lugar que ni atisbamos ver pero es quien realmente controla nuestras vidas.

Leo con terror cómo en niños muy pequeños se aprecian ya rasgos que dificultan la escritura, la lectura, la mera comunicación, un hecho claro que nos convierte en objetos no humanos, pero en brillantes esclavos futuros. Pero la clave no está siempre en las nuevas generaciones sino en quienes ya hemos vivido otra y otras vidas, quienes sí conocemos la historia, y por tanto, sí estamos obligados a dirigir nuestra mirada al hoy porque también nos pertenece, y por supuesto porque en la falta de referentes intelectuales que dificulta el paso al pensamiento, el grupo, la sociedad, la comunidad ha de dar un paso al frente del pensamiento.
No podemos permitir que el mercado o el capital inunde la lectura, física, el libro, pero también el mundo, que nos marque el camino a seguir, porque el capital y el mercado siempre ganan —como la banca— y poco o nada les interesa un pueblo hecho a sí mismo, independiente, insumiso, bravo, con coraje, pero principalmente con pensamiento propio: podría comenzar a plantearse que más allá de deberes también tiene derechos. Y no solo eso, podría llegar a exigirlos y si se da el caso, podría llegar a exigirlos con total y absoluta violencia. ¿Está en su derecho? El pensamiento es tan lejano que esta cuestión incluso nos resultará molesta, ajena o incluso difícil. Prueben a abordarla, a hacerla suya, desde su vida, sus entrañas…
Seremos felices y no tendremos nada… Probablemente eso ya ha llegado pero cegados por cuestiones de pan y circo y ruido y tonterías que no alcanzan un mínimo de gravedad (porque la palabra gravedad también ha sido desvirtuada y desposeída de su significado) no somos capaces de ver la única verdad que tenemos ante nosotros: esto, no va bien.

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